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El ‘Bestiario Moderno’ del pintor al que todos olvidaron

20 agosto 2013
Pinturas de Domenico Gnoli

Pinturas de Domenico Gnoli

El estilo pictórico de Domenico Gnoli (1933-1970) es inusual y atractivo, plano y brillante, una combinación de surrealismo contenido y candidez. Cerradísimos planos de una trenza, el nudo de una corbata, el cuello de una camisa femenina, el plano cenital de una cama de matrimonio en la que se adivina la silueta de dos cuerpos en reposo… Todo tiene un ánimo lúdico y a la vez ceremonioso.

Tras acudir tres días a la Academia de Bellas Artes de Roma, como si supiera que no iba a vivir lo suficiente como para hacer todo lo que tenía en mente, decidió no perder más tiempo y ponerse a diseñar escenarios y trajes para teatro. En su corta carrera, el artista triunfó como escenógrafo y trabajó en teatros de varias ciudades italianas, Londres y París. Además, era ilustrador y pintor. Gnoli —al que ya trajimos a este blog para hablar de sus inusuales cuadros— era atractivo, tenía talento y no sufría traspies. Como si se tratara de una broma de mal gusto, unas semanas antes de cumplir los 37 años y en un momento de creciente éxito profesional, murió de un cáncer fulminante.

Domenico Gnoli en Mallorca en 1969

Domenico Gnoli en Mallorca en 1969

Olvidado de manera inexplicable, a diferencia de otros autores santificados por su temprana muerte, no es una figura conocida ni celebrada, en Internet apenas se encuentran un puñado de referencias a su paso por el mundo. En 2001 se organizó una retrospectiva en una galería de Módena y en 2012 una exposición monográfica en una galería de Nueva York, los libros con obra del artista son escasos y en su mayoría están descatalogados; no hay biografías sobre él.

De entre la producción ampliamente desconocida del autor italiano hay una colección de ilustraciones en tinta que creó en 1968 —dos años antes de morir— y tituló Bestiario Moderno. La serie, también llamada Cos’è un mostro (¿Qué es un monstruo?) es un enigmático compendio de dibujo en blanco y negro de animales inventados, híbridos de aves, mamíferos y peces. Los escenarios aumentan el aura surrealista de los trabajos: las criaturas ni siquiera posan en un hábitat natural, se encuentran perdidas en salas de estar, bañeras, dormitorios, ascensores…

Acorde con el profundo olvido de la obra de Gnoli, el bestiario —que imaginaba a un serio rinoceronte gallináceo o a un angustiado pez con concha de caracol y cuerno de unicornio boqueando sobre un sofá— no fue publicado hasta 1983 y ahora sencillamente no se encuentra. Estas ilustraciones (existen más) son las únicas que circulan por la red, silenciosas y ocultas como un puercoespín con patas y pico de ave en un armario.

Helena Celdrán

Domenico Gnoli - closet

Domenico Gnoli - fish-snail

Domenico Gnoli - cat

Domenico Gnoli - rhino

Domenico Gnoli - sole

Domenico Gnoli - turtle

No hay dos gotas de tinta iguales

19 julio 2011
'Bubble 15' - Roland Flexner

'Bubble 15' - Roland Flexner

La gota nunca cae igual dos veces.

Mi primera impresión al ver los dibujos-gota del artista francés residente en Nueva York Roland Flexner fue que también podrían pasar por haikus japoneses.

Los remolinos de tinta que descansan sobre el papel apenas miden 12 por 17 centímetros. Son explosiones, planetas, esferas con degradados de grises, arañas aplastadas, retinas afectadas por una extraña enfermedad, rostros desconocidos, canicas…

Me sorprendió descubrir la larga trayectoria de Flexner como artista, sus devaneos iniciales con el pop-art, sus obras conceptuales. Pero claro, habiéndo nacido en 1944 supongo que a uno le da tiempo de cambiar y de tirarlo todo a la basura varias veces.

La técnica es sencilla hasta lo insultante. Sólo hace falta un tubo de plástico: “Meto el tubo en la mezcla, soplo la pompa, revienta y sólo tengo unos segundos para modificarla”. En esos segundos no se sabe si actúa a la loca o realmente sabe lo que quiere. Es posible que ni él lo sepa.

'Bubble 1' - Roland Flexner

'Bubble 1' - Roland Flexner

Traigo estas gotas volcánicas a la sección de Obsesiones porque su autor parece estar embebido por el azar de estas manchas redondas, igual que ellas se dejan capturar casi al instante por la porosidad del papel.

Se declara una persona muy paciente y, sin embargo, confiesa que en cada pompa le invade la euforia del resultado inmediato.

Su modo de proceder está inspirado en el suminagashi (tinta flotante en japonés), una técnica japonesa que nació en la Edad Media.

A grandes rasgos, consiste en verter en una misma bandeja agua, gelatina y tinta para después manipular la superficie.

El resultado es una imagen marmolada y caprichosa.

Flexner ha creado así obras mayores, paisajes completos en un éxtasis de oscuridad. También para ellos el tiempo está limitado a unos pocos movimientos en el segundero de un reloj.

Con las gotas sin embargo da un giro a esta técnica ancestral japonesa. Concentra todas las posibilidades en un movimiento, un soplido casual, para que un pegote de tinta aterrice en el papel y cuente una historia.

Helena Celdrán