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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

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No se debe aprender a ser veterinario siendo cruel con los animales #BeaglesUCM

Esa es la cara compungida y temerosa que tiene mi perra Troya en la consulta del veterinario. No es que haya tenido ninguna experiencia terrible. Nuestro veterinario es amable, de hablar sosegado. Ella ha gozado siempre de buena salud, por eso tal vez ha llegado a cumplir diecisiete años (doce con nosotros). Pero regularmente han tocado inyecciones o algún punto para cerrar cortes en las patas causadas por restos de botellones. Eso ha bastado para que entrar en la consulta haga que meta el rabo entre las piernas, se niegue a aceptar golosinas (¡con lo que ella es para el comer!) y esté deseando marcharse.

beagleUn reportaje imprescindible publicado hoy mismo por Marina Valero en El Confidencial y titulado Bronca en Veterinaria de la Complutense por el estado de los perros para prácticas me ha dejado desolada al imaginar a los beagles de la facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid condenados a vivir siendo sometidos constantemente a pruebas que se consideran menores, como sondajes, electrocardiogramas o exámenes, pero que a ellos les resultan desconcertantes, molestas y traumáticas al formar parte de su rutina. Una vida entera sin una familia y sufriendo.

Ya solo eso sería motivo para poner el grito en el cielo. ¿Acaso los médicos necesitan tener a unos cuantos humanos en el sótano de su facultad para aprender a hacer las cosas más básicas? ¡De locos! Mejor dicho: del siglo pasado y de personas sin sensibilidad.

Pero es que hay más. Esos perros jamás salen a la calle y, según denuncian los estudiantes y puede apreciar cualquier que sepa mínimamente de perros viendo el vídeo y leyendo las condiciones en las que están, tienen problemas de conducta, algunos están aterrados, se pelean entre ellos, se autolesionan…

De vergüenza absoluta todo. Y por lo que veo es algo generalizado. De hecho en facultades de Perú o México es incluso peor, llevando a cabo sacrificios e intervenciones innecesarias. Así no se aprende más que a ser de piedra.

¿Quieren hacer prácticas con animales? Entiendo que llegado un momento de la carrera lo necesiten, pero que lo hagan como los médicos, en clínicas veterinarias, con casos reales y supervisión. Seguro que en perreras y protectoras estarían encantados de que acudieran allí a revisar el estado de salud de los animales y a echar una mano, bajo supervisión colegiada, con esterilizaciones, vacunaciones y demás intervenciones.

Y algo consuela saber de todos esos estudiantes de veterinaria que están protestando y han logrado hacerse oír en los medios de comunicación.

Todos los estudiantes de la Universidad Complutense consultados por El Confidencial dicen buscar una mejora inmediata de las condiciones de estos animales para garantizar su bienestar, algo que llevan reclamando desde hace tiempo. “También son nuestros perros. Tenemos que dar ejemplo, y más en una facultad de Veterinaria que está en el puesto 43º del ‘ranking’ mundial”. Ya en 2015 hubo una recogida de casi 500 firmas con las que se pedía “proporcionar a los perros paseos frecuentes cada semana en zonas verdes externas a las instalaciones”, como se hacía en el pasado. Desde el decanato de Veterinaria defienden que la transparencia del centro “es del 120%” porque no hay nada que esconder. “Si los estudiantes notan alguna incidencia, estaremos encantados de solucionarla”.

Esos son los veterinarios con los que yo querría dejarme el dinero y no en el veterinarios como el director del departamento de Fisiología de la facultad de Veterinaria de la Complutense. Como explican en El Confidencial: “Juan Carlos Illera es asesor del comité y conocido por un polémico trabajo científico en el que asegura que los toros de lidia no sufren en la corrida porque liberan elevadas cantidades de endorfinas”.  Tal vez este señor esté tan ciego, tan autoengañado o tan carente de empatía que crea que los perros tampoco estan sufriendo. Por cierto, por comité se refieren al Comité de Ética de Experimentación Animal (CEEA), autorizado por la Comunidad de Madrid. Manda narices.

Hay que sacar a esos perros de ahí. Y la manera de lograrlo es hacer que se sepa. Lo que está en las sombras, permanece invisible. Por eso os pido que hagáis saber (de manera educada por favor) vuestra disconformidad con el trato que se está dando a estos animales al correo del decano decanato@vet.ucm.es, en la página de Facebook y a la cuenta de Twitter de la facultad @veterinariaUCM y os propongo usar el hashtag #beaglesUCM

Este sábado es el #DíaPerroSinRaza, llenemos las redes de fotos que muestren lo maravillosos que son

moduloEste sábado es 28 de mayo, el día que 20minutos impulsó como del Perro sin Raza, un día al año para visibilizar a los perros sin raza, a los chuchos, a los mestizos, a los cruces, a esos perros maravillosos llenos de vigor híbrido que además son los que en mayor porcentaje ocupan perreras y protectoras. Perros únicos y originales que merecen ser puestos en valor.

Con el Día de los Perros sin Raza no queremos ir en detrimento de los perros de raza. ¡Ni mucho menos!. Ellos también son perros antes que ejemplares de determinada raza. Sobra decir que también son animales merecedores de cariño y cuidados durante toda su vida. Y ahí tenéis razas como los galgos, los podencos y muchas otras de caza, que también necesitan infinidad de ayuda, que he mostrado en mi blog innumerables veces y a los que seguiré apoyando desde este blog tanto como pueda. Igual que me he acordado de las perras de pura raza explotadas como fábricas de producir cachorros, o de los pitbull (que me encantan) o de los labradores y golden retrievers…

¿Cómo podéis ayudar? Si os gusta la iniciativa, si nos queréis ayudar a dedicar un día para reivindicar las virtudes de los sin raza, podéis utilizar vuestros blogs y redes sociales y el hashtag #DíaPerroSinRaza para hacerles protagonistas, subiendo fotos con ellos o de ellos, hablando de sus virtudes, contando anécdotas suyas…

No olvidéis visitar el especial del Día del Perro sin Raza. Allí tenéis muchos contenidos interesantes, el manifiesto de este día, una campaña de recogida de firmas, material gráfico para que podáis sumaros a la campaña, y podréis ver los apoyos y padrinos que tenemos.

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¿Sabes cómo funciona la perrera de tu municipio? ¿Quién tiene la gestión? ¿Si se esfuerzan en salvar vidas?

Permitidme empezar con un resumen rápido y simplificado de lo que está pasando en toda España: hay perreras municipales y hay protectoras. Vayamos primero con las protectoras, que son organizaciones privadas, con diferencias en sus modos de obrar y que no están obligadas a recoger más que a los animales que quieran o para los que tengan capacidad. Hay protectoras que funcionan bien, mal y regular por distintos motivos y circunstancias, en algunos casos más comprensibles que otros, no nos vamos a engañar. A menudo hay más voluntad que medios, a veces falla la organización, la cooperación con otras entidades, la concepción de lo que es un animal por el que merece la pena luchar…

Por regla general suelen operar mucho mejor que las perreras municipales. Las perreras, aunque por temas de imagen se las llame con muchos otros nombres, son un servicio de recogida de animales que es obligatorio que los ayuntamientos tengan, unidos a otros en caso de poblaciones pequeñas. Están obligados a recoger a todos los perros y gatos de su municipio, así que no pueden poner límites a las entradas de animales. Pocas veces están gestionadas por entidades protectoras (que sería lo ideal), con demasiada frecuencia están en manos de empresas con poco o ningún ánimo de ayudar a los animales que gestionan, gente que tenía un terrenito en las afueras y buenos contactos en el ayuntamiento, empresas que llevan otras tareas como el servicio de limpieza, personas más interesadas en el dinero o la influencia que puedan obtener con esa gestión.

Dinero de todos, dinero público que debería destinarse a salvar vidas, a lograr el mayor número posible de adopciones, de segundas oportunidades para los perros y gatos que albergan. Dinero en grandes cantidades ya que estamos hablando de multitud de ayuntamientos, dinero que nadie se ha molestado en controlar, en elaborar un informe preciso de cuánto supone.

Tampoco los ciudadanos de a pie, incluso los que aman a los animales, se molestan en informarse de cómo funciona ese servicio de recogida de animales en su ayuntamiento, de cómo se gestiona y quién tiene la concesión. Y deberían, deberíamos. Deberíamos saberlo y pedir que se rindan cuentas. Los ayuntamientos deberían ser transparentes dando números sobre cuántos animales entran en sus instalaciones cada año, cuántos son sacrificados y cuántos encuentran un nuevo hogar. Deberían… vamos a dejarlo ahí.

¿Sabes cómo funciona tu perrera municipal? ¿Quién tiene la gestión? ¿Si se esfuerzan en salvar vidas? Pues tal vez deberías.
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Atacando el comportamiento de los niños no se defiende a los perros

Leo los comentarios de mi anterior post y veo aparecer de nuevo a amantes de los animales que para defenderlos arremeten contra los niños. Pasa con demasiada frecuencia y siempre me entristece, esa no es la manera.

La cosa es siempre así: primero yo escribo un post informativo o reivindicativo sobre la presencia de animales en entornos laborales, playas, hoteles, transportes públicos… Luego llegan aquellos que no lo ven con buenos ojos y se quejan de la suciedad, los pelos, los ladridos, los alérgenos o el miedo que provocan. A continuación siempre aparecen los que saltan a defender la presencia de los perros en estos lugares atacando a los niños, que chillan, alborotan, ensucian y, en definitiva, molestan.

Es absurdo y equivocado que para defender a nuestros perros ataquemos a los niños. Ese no es el camino. No pasa nada si lo habéis hecho en el pasado, pero recapacitad. No se puede pedir tolerancia siendo intolerante.

Padres y dueños debemos tener sentido común suficiente para saber dónde llevar a nuestros hijos y perros, porque claro que hay sitios que no están pensados para ir con ellos; para educarlos lo mejor que sepamos y para saber que, incluso el niño o el animal mejor educado puede estar un día enfermo o nervioso y comportarse regular y saber reaccionar, si es necesario marchándonos.

Otra cosa, ni los niños mejor educados son estatuas de escayola ni los perros más tranquilos pueden evitar a veces soltar algún pelo y algún ladrido. Hay que asumirlo. Y no pasa nada. Si un poco de alboroto infantil, unos pocos pelos o un ladrido suelto es un drama para alguien, tal vez ese alguien deba hacérselo mirar si quiere pasar por esta vida siendo razonablemente feliz.

Arremeter contra todo el colectivo de niños o a todos los perros por los prejuicios que arrastremos es intolerante e injusto. Una cosa es que pueda haber niños o perros concretos que merezcan reprobación por su comportamiento o falta de educación, que siempre es responsabilidad de sus padres o sus dueños, y otra muy distinta que por eso tengan que pagar todos los niños y los perros.

¿Prohibimos la entrada a Mallorca a todos los ingleses y alemanes por los desmanes de un puñado de ellos?

Como un par de #cachorros. Es una delicia verles #jugar.

Una foto publicada por Melisa Tuya (@melisatuya) el 18 de May de 2016 a la(s) 1:58 PDT

Tengo dos gatos, dos perros y dos niños. Uno de ellos con una discapacidad que no es aparente al primer vistazo y comportamientos que pueden parecer fuera de lugar a veces. Sé bien de lo que hablo. Verles jugar juntos es maravilloso, los niños y los animales pueden ser unos compañeros fantásticos. Dejemos de enfrentarlos. Dejemos de atacar a unos para defender a los otros, ellos no estarían de acuerdo con ese proceder. Vivir en sociedad requiere de un umbral de tolerancia más alto. Relajarse, disfrutar y procurar que no todo lo que nos rodea sea una molestia o un ataque personal facilita tu propia existencia, creedme.

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Houdini lleva ya cinco años en el albergue, es el veterano de la protectora El amigo fiel de Córdoba. Me cuentan que “necesita una adopción más que ninguno y conocer lo que es un hogar de verdad. Es un perro cariñoso, listo, sociable, tranquilo y de tamaño pequeño”. Un perro ideal, pero incomprensiblemente invisible.

Debe su nombre a que gracias a sus reflejos e inteligencia, escapó a los laceros de la perrera. “Se encontraba en un pueblo de Córdoba, donde ‘molestaba’ a los vecinos, por lo que llamaron al centro de control animal para que se lo llevaran. Cuando lo cazaron, al meterlo en el interior del furgón, en un intento desesperado de supervivencia, Houdini pegó un salto y salió corriendo como alma que lleva el diablo. Entonces, se pasó meses vagabundo por el pueblo hasta que se pudo rescatar. De esto hace ya muchos años… demasiados”.

Houdini se entrega en adopción con seguimientos, contrato, vacunas, microchip, pasaporte europeo, desparasitado, esterilizado, analíticas y con revisión veterinaria. Se puede trasladar a cualquier parte de España.

Contacto: informacion@amigofielcordoba.org

Adiestramiento en positivo a perros y visitas a protectoras como terapia para menores tutelados

YDRAY-fundacion-affinity-3508La fundación Affinity tendrá detrás una empresa con sus intereses económicos, eso está claro, pero no deja de ser una fundación que goza de mis simpatías. Ya desde aquellos inolvidables anuncios con el mastín en medio de la carretera para concienciar en contra del abandono en una época en la que la conciencia animalista estaba en pañales. De ellos procede también, por poner otro ejemplo, el estudio mas completo (aunque falten muchas víctimas) sobre el abandono de animales en España recabando información de protectoras y perreras.

No es lo único que hacen, tienen cada vez más estudios y programas interesantes. Uno de ellos es el programa Buddies, una Terapia Asistida con Animales de compañía que ya se lleva estaba llevando a cabo en Estados Unidos y otros países de Europa y que mejora aspectos emocionales, comunicativos y de convivencia de adolescentes cuyos padres han perdido su custodia por causas diversas (negligencia, maltrato, abandono, etc.) y que ahora están bajo la tutela de la Generalitat.

Maribel Vila, encargada de Terapias Asistidas de la Fundación Affinity, ha estado presente en todo el proceso que en este programa, que se prolonga a lo largo de catorce sesiones un día por semana:”han participado unos veinte perros propios de las técnicos en terapias asistidas con animales además de ‘visitantes’ que han pasado por el programa como es el caso de perros de protectora. A pesar de que muchos ya tienen un buen adiestramiento el programa va más allá de una cuantas pautas. Los jóvenes aprenden a adiestrar a los perros mediante clicker y refuerzo en positivo tanto en obediencia básica como en habilidades, además también se hace hincapié en el bienestar animal y en que reconozcan síntomas de estrés, miedo o agresión entre otros. Básicamente lo que e intenta con Buddies es que los jóvenes aprendan conceptos y lecciones que luego les pueda ser útiles en su vida. Al empezar el programa nos marcamos unos objetivos con los educadores de los chicos, que abarcan desde la mejora de la empatía, conseguir que sean más sociables hasta reconducir conductas. Es esencial la coordinación e implicación de los profesionales involucrados en este tipo de programas y en ese sentido, la experiencia ha sido inmejorable”.

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La protección animal merece tener al menos un diputado en el Congreso

Una activista antitaurina muestra un trozo de sábana con un dibujo y una inscripción en contra del Toro de la Vega de Tordesillas. (JORGE PARÍS)

Una activista antitaurina en Tordesillas. (JORGE PARÍS)

El voto es secreto y hay muchos que se lo toman al pie de la letra. Abundan los que no gustan de contar que andan votando. Ni siquiera con amigos o familiares con los que sobra la confianza. Tal vez por evitar discusiones, ser etiquetados o tener que reconocer el haber errado con aquellos en los que depositaron su confianza en forma de papeleta. Están en su derecho, claro está.

Mi gremio es especialmente pudoroso en ese punto. A los periodistas nos cuesta especialmente confesar lo que votamos. Bueno, hay bastantes a los que, aunque no lo digan, se les sabe o se les supone con un grado razonable de certeza. Pero os aseguro que en una redacción eso de a qué vota cada cual es normalmente secreto, secretísimo. Puedes saber de tu compañero las filias que le ponen o su truco para hacer una bechamel de estrella Michelin, pero es difícil que diga abiertamente a qué partido apoya.

Por la independencia, por informar sin etiquetas, sin ser cuestionado por tanto, sin que se supongan resabios u oscuras intenciones. Es completamente lógico. Pese a lo profesional que uno sea (y por denostado que esté mi oficio está lleno de buenos profesionales), mejor no jugársela con los lectores, los compañeros, los jefes y las fuentes. Probablemente hacen bien. Pero las princesas se siguen tirando pedos y los periodistas votan.

Yo soy periodista y voto, siempre lo he hecho y nunca lo hecho en blanco. No siempre estando lo debidamente informada, lo reconozco. Llevo votando sin falta y con muy poca fidelidad desde los dieciocho años, siempre a partidos minoritarios, partidos de corte verde que nunca lograron ninguna representación. Aún recuerdo las peloteras con mi suegro, que decía que tiraba mi voto, que defendía con pasión el voto útil. Yo siempre contestaba que al menos jamás me había sentido estafada por aquellos a los que había votado, que era más de lo que podía decir él.

No creo que ninguno de mis votos se tirase a la basura como él decía, tampoco quiero caer en la trampa del voto útil.

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Se debería pasar el chip a los animales atropellados, firma por ello

Hace más de un año pude entrevistar a la portavoz de la Asociación de Policías por la Defensa Animal (APDA), integrada por policías y guardias civiles que tienen claro que las leyes que protegen a los animales están ahí para cumplirse. Hablando con ella, tratamos muy por encima el tema de los perros atropellados, de qué se hace con ellos, que en la práctica totalidad de España es únicamente retirarlos de la vía:

También son grandes detectores de fallos en el sistema a los que no es tan complicado ponerles remedio: “en colaboración con FAADA hemos conseguido que la empresa de conservación de carreteras en Barcelona que recogía los animales atropellados ahora tenga un lector de chip. Antes de eso detectamos que a esos animales se los recogía e incineraba o enterraba en el bosque sin más, sin comprobar si ese perro podía haber sido robado, usado para peleas, estar perdido… Tuvimos el caso de un perro con correa puesta atropellado, del que sus dueños nunca llegaron a saber nada”.

Suerte tienen en Barcelona, en el resto del territorio siguen produciéndose esos casos en mayor medida de lo que pudiera aparecer. Perros y gatos con chip, con dueños desesperados por encontrarles, enterrados o incinerados sin que nadie haya pasado un lector, sin que saya llamado siquiera por teléfono al número que aparecía en la chapa de su collar.

Eso es lo que pasó con Luna, una golden que se perdió en Nochevieja, una noche en la que por culpa de los petardos se pierden muchos perros. La foto de Luna se difundió sin descanso, pero Luna ya había muerto. Y su muerte dio lugar a una petición de firmas en Change que os animo a que firméis. Yo ya lo he hecho.

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Ya la hemos encontrado atropellada y fallecida. Gracias por el apoyo de todas formas. Escribo esto porque quería AVISAR sobre el procedimiento que se sigue en estos casos.

Mi hermana llamo a la policía, después a la guardia civil y estos le dijeron que contactara con el “servicio y mantenimiento de carreteras”. Parece ser que las órdenes que tienen son palabras textuales “cogerlos y apartarlos de la carretera” básicamente es lo que hacen, además de ENTERRARLOS en el descampado mas cercano.

El caso es que ellos no hacen ningún tipo de chequeo de chips, ni tan siquiera llaman a la perrera o al seprona para identificar a un posible dueño. Tanta es la desconsideración que la empleada que atendió la llamada les dio un punto de enterramiento distinto y mi hermana llegó a desenterrar un PASTOR ALEMÁN. La chica no tenía un registro del anterior trabajador en condiciones, no identifican ni dan partes de incidencias con los datos del suceso (raza, edad, sexo, hora del incidente,…) ya que mi hermana sin ayuda de nadie ha desenterrado un perro que de seguro, tiene dueño.

Al final y gracias a la colaboración de una vecina que dijo verla en la cuneta y tras mucho insistir y llamar, ha conseguido dar con la persona que la cogió y la enterró en un descampado.

Con esto quiero denunciar el procedimiento penoso que se está llevando a cabo. Las personas que estén en la misma situación que mi hermana con perros perdidos, que tengan en cuenta esta posibilidad y llamen al servicio y mantenimiento de carreteras para que descarten esta posibilidad. Esa misma noche enterraron a otros cuatro perros según me ha dicho mi hermana.

Pido a las autoridades españolas que las personas encargadas de recoger a los animales muertos en la vía pública, ya sean carreteras nacionales o provinciales, comarcales, calles de una ciudad o un pueblo, lleven un lector de chip, ya que es obligatorio ponérselo, por lo menos que sirva de algo y que si por desgracia nuestros “amigos peludos” mueren atropellados, sepamos dónde están.

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Doce años, una vida de perro

Un puente de mayo hace doce años acudimos a una protectora en busca de un nuevo miembro de nuestra familia. Una familia escueta, dos adultos que no llegaban a los treinta años y dos gatos adolescentes, que había perdido a uno de sus miembros dos semanas antes.

No pretendía sustituir a Mina con una nueva adopción, pero sí lograr que no doliera entrar en casa sin que un alboroto de rabo y lengua acudiera a saludar, sí que quería recuperar la rutina de paseos, de alimentación y cuidados que echaba de menos.

Recorrimos los cheniles de ANAA acompañados por Laura. “A tí te doy el perro que quieras” recuerdo que me dijo. Yo ya tenía este blog, aunque no alojado aún en 20minutos. Tenía también un boletín que enviaba semanalmente a todos mis contactos aún a riesgo de que me aborrecieran, ya había hecho algunos rescates y había sido canguro.

Acompañados de Laura recorrimos los cheniles. Mi única petición fue que fuera compatible con gatos, que tuviera buen carácter y, a ser posible, el pelo corto.

Aún recuerdo el primer perro que me enamoró. Un braco chocolate con los ojos dorados y lleno de energía. Tiraba de la correa como un caballo de tiro, pero no me preocupó. Ya le enseñaría yo. El problema es que hicimos allí mismo la prueba con gatos y era incompatible.

También valoramos la adopción de una cruce de galgo de color gris, de unos dos o tres años y con los dientes dañados por haber sobrevivido a la parvo de cachorra. ¿O era al moquillo? Me falla la memoria.

De ambos tuve noticias a posteriori. A la galguita la vi compitiendo en el concurso de perros sin raza del siguiente año, acompañando una familia con niños. Y la dueña del braco me escribió tras oírme hablar de él en mi blog contándome que estaba feliz con él.

Ojalá supiera que ha sido de ellos.

Troya fue la perra que se vino a casa con nosotros, asustada al principio de casi todo: las escaleras, los hombres de mediana edad, el palo de la escoba… En la protectora la habían llamado Raspa, así de flaca la encontraron.

Era una perra de unos cinco o seis años me dijeron, cruce de caza de 25 kilos. Tenía perdigones en el cuerpo y leishmania. No eran tan fácil que saliera en adopción pese a ser buena como el pan. Y ella me ganó cuando entré en su chenil y se tumbó sobre mí, con su cabeza en mi regazo, quedándose dormida casi al instante.

Era una atleta. Corría como el viento, saltaba como jamás he visto saltar a un perro.

Han pasado doce años de aquel puente de mayo, han pasado dos hijos, enfermedades en la familia, varios cambios de trabajo y uno de casa.

Y a Troya le han crecido las canas y le han mermado las fuerzas.

Ahora miro las fotos de la Troya de hace doce años y me cuesta reconocer a la perra joven, mis días están llenos de la anciana a la que este puente de mayo haré cumplir diecisiete años.

No entiendo a los que, tras amar y perder un perro, no desean tener más. Se sufre sí, el peaje es obligado y me llegará pronto tener que pagarlo, pero yo me niego a perderme la maravilla de su devoción y de verles envejecer felices, así tenga que llorar cien veces y guardar su recuerdo sangrando siempre un poco en mi corazón.

Feliz día del trabajo a todos los voluntarios que se dedican a tapar el sol con una mano

Esto lo escribí hace tres años. El día del trabajo me ha parecido un buen momento para recuperarlo y recordar a todos los voluntarios que dedican su tiempo a tapar el sol abrasador con una mano. Voluntarios en protección animal y en cualquier otra actividad.

Gracias.

La Asociación Protectora de Animales Pintor José María Párraga, cuyo lema es “la única lucha perdida es la que se abandona”. Estoy completamente de acuerdo con ellos.

Existe un gran problema de protección animal en este país
; con miles de perros abandonados y mal atendidos, otros tantos que son ejecutados o maltratados sin apenas consecuencias, con camadas de raza naciendo todos los días para cubrir caprichos mientras la protectoras están llenas de animales que necesitan un hogar, con esa cría sin regular adecuadamente, con millones mirando hacia otro lado y muy pocos esforzándose por mejorar esa situación…
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Por eso es normal que esos pocos desesperen, que abandonen voluntariados en protectoras, que el cinismo semille en ellos o que pierdan en parte la fe en el género humano. Se sienten como si taparan el sol con una mano y tentados de abandonar.

Pero, escuchadme, es que hace falta tapar el sol con la mano para no cegarse. Y hay que creer que llegará la noche, que llegará el momento en que la mayoría de la gente esté concienciada sobre ese problema de protección animal que vosotros conocéis tan bien. Comparad nuestra generación con la precedente. Imaginad la generación futura.

En los días más duros
recordad que estamos avanzando, poco a poco, con tanta sangre derramada como en el desembarco de Normandía, pero avanzando sin pausa.

Y seguid tapando ese sol que ciega, por favor. Yo os ayudaré en lo que pueda.

Cuatro libros de perros, clásico, español, extranjero e infantil, en el #DíadelLibro

Hace pocas semanas me preguntaron por Twitter qué libros con temática perruna recomendaría. Decidí entonces que mis breves respuestas serían un post aquí el Día del libro.

No hay un gran número de libros de calidad en los que los perros tengan especial protagonismo, de hecho esta temática está a años luz de ser considerada género. Diría más, diría que a determinado sector de literatos con prejuicios les hace arrugar el gesto de entrada que los perros figuren mucho.

Pero aunque sean pocos, aunque muchos no los tomen en serio, sí que hay buenos libros que merecen la pena. Por eso he decidido recomendar aquí cinco libros que merecen la pena, cinco libros muy distintos: un clásico adaptado numerosas veces al cine, un autor reciente extranjero y otro español, un libro infantil y un cuento.

Empecemos por el clásico, aunque solo sea por tirar de orden cronológico. En realidad también estaría en primer lugar entre mis preferencias si tuviera que hacer un ranking. Hablo de Jack London. Excelente escritor de calidad incuestionable, fue probablemente pionero en girar el foco hacia perros, lobos y sus mestizos, con el marco de la fiebre del oro y el desierto helado del norte de América. Todo lo que ha escrito merece la pena, pero Colmillo blanco y La llamada de la selva son magníficos. Equivocadamente clasificado como juvenil y carente de interés para los adultos, encierra mundos enteros de etología intuida, observación del comportamiento animal de primera mano, aventuras crudas y una exploración de la naturaleza humana y de nuestra relación con la naturaleza y con otros animales. No os podéis conformar con haber visto alguna de las películas, hay que leerlo.

Vayamos con el infantil. Tentada estoy de incluir esa maravilla recientemente publicada que es Galgui, que me emociona cada vez que lo leo, pero sí tengo que destacar solo uno tiene que ser Gran Lobo Salvaje. Fue uno de los primeros libros que leí sola siendo muy niña. De hecho mi primer perro se llamó Tritus en honor a su protagonista. Os hablé de él largo y tendido hace tiempo:

Su autor es René Escudié (Clermont-Ferrand, 1941) un escritor y dramaturgo que vive en un pequeño pueblo cerca de Montpellier, Cournonsec. Está escrito con delicadeza, con tino, por alguien que se nota que sabe mucho de los perros y sabe transmitirlo. Y transmite muchísimos valores, no solo de respeto a la vida animal, sino de compañerismo, resolución de conflictos personales, compromiso…

Una maravilla, os lo aseguro. Si tenéis niños cerca, no dudéis en regalarles este libro. A partir de los cuatro años sé lo podéis leer vosotros y lo entenderán perfectamente y los pequeños lectores seguro que lo disfrutarán solos. Realmente merece ser leído a cualquier edad.

Pete Nelson es el autor contemporáneo que os recomiendo. No va a optar al Nobel, pero de lo que he leído reciente su Te daba por muerto es lo que me conquistó. Stella es una mestiza anciana que acompaña a Paul, un tipo completamente creíble, de esos que todos podríamos conocer. Una mestiza con la que mantiene conversaciones en las que el punto de vista del animal está cargado de cordura y tranquila felicidad. Si nuestros perros nos hablasen, es muy probable que lo hicieran como ella.
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Nelson ha escrito una novela corta, amena y bien escrita, sin pretensiones, en la que se percibe claramente su amor por los perros y el conocimiento que tiene de ellos. Tuve la suerte de poder comprobar de primera mano que Pete Nelson, efectivamente, además de un escritor recomendable es un amante de los perros, sobre todo de los sin raza: “Me gustan mucho los mestizos. Por una razón: tienden a ser más saludables y vivir más que los de pura raza. Recientemente tuve una perra pastor australiana llamada Alice, pero actualmente tengo una mestiza llamada Lucy. Creo que no han pasado más de 7 u 8 años en total en mi vida sin tener perro, tanto mestizos como de raza.

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En último lugar (alguien tenía que estar al final, está un escritor español al que conocí este mismo año y cuyo Un perro me cautivó. Se trata de Alejandro Palomas. Todo hay que decirlo, los perros (porque no hay solo uno) son más un hilo conductor muy presente y el objeto de catarsis personales que los verdaderos protagonistas.

Un perro, es un retrato perfilado a golpe de sentimiento, reflexión, anécdotas y dichos de los miembros de una familia. Es un viaje al interior de un núcleo familiar en el que hay una madre sagaz tras sus excentricidades, una hija que triunfa y limpia para no enfrentarse a sus fantasmas, otra a la que nadie le dura y Fer, un hijo acorazado en la pérdida que será nuestro anfitrión a lo largo de sus páginas.

También hay una abuela sabia y amarga como un buen té fuerte, porque con frecuencia los que ya no están siguen siendo miembros de nuestra familia más incluso que otros que aún viven. “Hay que ser idiota para decidir querer a alguien que sabes que no va a sobrevivir”, aseguraba. Y tenía razón pero al mismo tiempo se equivocaba. No hay idiotez más enriquecedora.

Leer es volar. También volar a mundos poblados de animales. No hay mejor día que un 23 de abril para comenzar un nuevo libro si es que no tenemos ninguno entre manos, o para decidir cuál será el siguiente si ya estamos enfrascados en uno.

Espero que estas pocas recomendaciones que hago desde el corazón os hayan sido de utilidad, tanto si es para vosotros como si es para un regalo.

Si tenéis más recomendaciones de libros buenos o interesantes de temática me encantaría que me lo dijeseis.

Por cierto, a comienzos de este mes terminé la revisión de Mastín, la novela que escribí aquí semana a semana, capítulo a capítulo, como una kamikaze hasta tener trescientas páginas al cabo de un año. Falta hacía una buena corrección. Espero poder contar pronto que habrá una versión impresa que podáis leer y regalar, también con causa benéfica como Galatea.