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En busca de una segunda oportunidad En busca de una segunda oportunidad

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado- 'El Principito'. Antoine de Saint-Exupéry.

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La protección animal merece tener al menos un diputado en el Congreso

Una activista antitaurina muestra un trozo de sábana con un dibujo y una inscripción en contra del Toro de la Vega de Tordesillas. (JORGE PARÍS)

Una activista antitaurina en Tordesillas. (JORGE PARÍS)

El voto es secreto y hay muchos que se lo toman al pie de la letra. Abundan los que no gustan de contar que andan votando. Ni siquiera con amigos o familiares con los que sobra la confianza. Tal vez por evitar discusiones, ser etiquetados o tener que reconocer el haber errado con aquellos en los que depositaron su confianza en forma de papeleta. Están en su derecho, claro está.

Mi gremio es especialmente pudoroso en ese punto. A los periodistas nos cuesta especialmente confesar lo que votamos. Bueno, hay bastantes a los que, aunque no lo digan, se les sabe o se les supone con un grado razonable de certeza. Pero os aseguro que en una redacción eso de a qué vota cada cual es normalmente secreto, secretísimo. Puedes saber de tu compañero las filias que le ponen o su truco para hacer una bechamel de estrella Michelin, pero es difícil que diga abiertamente a qué partido apoya.

Por la independencia, por informar sin etiquetas, sin ser cuestionado por tanto, sin que se supongan resabios u oscuras intenciones. Es completamente lógico. Pese a lo profesional que uno sea (y por denostado que esté mi oficio está lleno de buenos profesionales), mejor no jugársela con los lectores, los compañeros, los jefes y las fuentes. Probablemente hacen bien. Pero las princesas se siguen tirando pedos y los periodistas votan.

Yo soy periodista y voto, siempre lo he hecho y nunca lo hecho en blanco. No siempre estando lo debidamente informada, lo reconozco. Llevo votando sin falta y con muy poca fidelidad desde los dieciocho años, siempre a partidos minoritarios, partidos de corte verde que nunca lograron ninguna representación. Aún recuerdo las peloteras con mi suegro, que decía que tiraba mi voto, que defendía con pasión el voto útil. Yo siempre contestaba que al menos jamás me había sentido estafada por aquellos a los que había votado, que era más de lo que podía decir él.

No creo que ninguno de mis votos se tirase a la basura como él decía, tampoco quiero caer en la trampa del voto útil.

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Se debería pasar el chip a los animales atropellados, firma por ello

Hace más de un año pude entrevistar a la portavoz de la Asociación de Policías por la Defensa Animal (APDA), integrada por policías y guardias civiles que tienen claro que las leyes que protegen a los animales están ahí para cumplirse. Hablando con ella, tratamos muy por encima el tema de los perros atropellados, de qué se hace con ellos, que en la práctica totalidad de España es únicamente retirarlos de la vía:

También son grandes detectores de fallos en el sistema a los que no es tan complicado ponerles remedio: “en colaboración con FAADA hemos conseguido que la empresa de conservación de carreteras en Barcelona que recogía los animales atropellados ahora tenga un lector de chip. Antes de eso detectamos que a esos animales se los recogía e incineraba o enterraba en el bosque sin más, sin comprobar si ese perro podía haber sido robado, usado para peleas, estar perdido… Tuvimos el caso de un perro con correa puesta atropellado, del que sus dueños nunca llegaron a saber nada”.

Suerte tienen en Barcelona, en el resto del territorio siguen produciéndose esos casos en mayor medida de lo que pudiera aparecer. Perros y gatos con chip, con dueños desesperados por encontrarles, enterrados o incinerados sin que nadie haya pasado un lector, sin que saya llamado siquiera por teléfono al número que aparecía en la chapa de su collar.

Eso es lo que pasó con Luna, una golden que se perdió en Nochevieja, una noche en la que por culpa de los petardos se pierden muchos perros. La foto de Luna se difundió sin descanso, pero Luna ya había muerto. Y su muerte dio lugar a una petición de firmas en Change que os animo a que firméis. Yo ya lo he hecho.

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Ya la hemos encontrado atropellada y fallecida. Gracias por el apoyo de todas formas. Escribo esto porque quería AVISAR sobre el procedimiento que se sigue en estos casos.

Mi hermana llamo a la policía, después a la guardia civil y estos le dijeron que contactara con el “servicio y mantenimiento de carreteras”. Parece ser que las órdenes que tienen son palabras textuales “cogerlos y apartarlos de la carretera” básicamente es lo que hacen, además de ENTERRARLOS en el descampado mas cercano.

El caso es que ellos no hacen ningún tipo de chequeo de chips, ni tan siquiera llaman a la perrera o al seprona para identificar a un posible dueño. Tanta es la desconsideración que la empleada que atendió la llamada les dio un punto de enterramiento distinto y mi hermana llegó a desenterrar un PASTOR ALEMÁN. La chica no tenía un registro del anterior trabajador en condiciones, no identifican ni dan partes de incidencias con los datos del suceso (raza, edad, sexo, hora del incidente,…) ya que mi hermana sin ayuda de nadie ha desenterrado un perro que de seguro, tiene dueño.

Al final y gracias a la colaboración de una vecina que dijo verla en la cuneta y tras mucho insistir y llamar, ha conseguido dar con la persona que la cogió y la enterró en un descampado.

Con esto quiero denunciar el procedimiento penoso que se está llevando a cabo. Las personas que estén en la misma situación que mi hermana con perros perdidos, que tengan en cuenta esta posibilidad y llamen al servicio y mantenimiento de carreteras para que descarten esta posibilidad. Esa misma noche enterraron a otros cuatro perros según me ha dicho mi hermana.

Pido a las autoridades españolas que las personas encargadas de recoger a los animales muertos en la vía pública, ya sean carreteras nacionales o provinciales, comarcales, calles de una ciudad o un pueblo, lleven un lector de chip, ya que es obligatorio ponérselo, por lo menos que sirva de algo y que si por desgracia nuestros “amigos peludos” mueren atropellados, sepamos dónde están.

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Doce años, una vida de perro

Un puente de mayo hace doce años acudimos a una protectora en busca de un nuevo miembro de nuestra familia. Una familia escueta, dos adultos que no llegaban a los treinta años y dos gatos adolescentes, que había perdido a uno de sus miembros dos semanas antes.

No pretendía sustituir a Mina con una nueva adopción, pero sí lograr que no doliera entrar en casa sin que un alboroto de rabo y lengua acudiera a saludar, sí que quería recuperar la rutina de paseos, de alimentación y cuidados que echaba de menos.

Recorrimos los cheniles de ANAA acompañados por Laura. “A tí te doy el perro que quieras” recuerdo que me dijo. Yo ya tenía este blog, aunque no alojado aún en 20minutos. Tenía también un boletín que enviaba semanalmente a todos mis contactos aún a riesgo de que me aborrecieran, ya había hecho algunos rescates y había sido canguro.

Acompañados de Laura recorrimos los cheniles. Mi única petición fue que fuera compatible con gatos, que tuviera buen carácter y, a ser posible, el pelo corto.

Aún recuerdo el primer perro que me enamoró. Un braco chocolate con los ojos dorados y lleno de energía. Tiraba de la correa como un caballo de tiro, pero no me preocupó. Ya le enseñaría yo. El problema es que hicimos allí mismo la prueba con gatos y era incompatible.

También valoramos la adopción de una cruce de galgo de color gris, de unos dos o tres años y con los dientes dañados por haber sobrevivido a la parvo de cachorra. ¿O era al moquillo? Me falla la memoria.

De ambos tuve noticias a posteriori. A la galguita la vi compitiendo en el concurso de perros sin raza del siguiente año, acompañando una familia con niños. Y la dueña del braco me escribió tras oírme hablar de él en mi blog contándome que estaba feliz con él.

Ojalá supiera que ha sido de ellos.

Troya fue la perra que se vino a casa con nosotros, asustada al principio de casi todo: las escaleras, los hombres de mediana edad, el palo de la escoba… En la protectora la habían llamado Raspa, así de flaca la encontraron.

Era una perra de unos cinco o seis años me dijeron, cruce de caza de 25 kilos. Tenía perdigones en el cuerpo y leishmania. No eran tan fácil que saliera en adopción pese a ser buena como el pan. Y ella me ganó cuando entré en su chenil y se tumbó sobre mí, con su cabeza en mi regazo, quedándose dormida casi al instante.

Era una atleta. Corría como el viento, saltaba como jamás he visto saltar a un perro.

Han pasado doce años de aquel puente de mayo, han pasado dos hijos, enfermedades en la familia, varios cambios de trabajo y uno de casa.

Y a Troya le han crecido las canas y le han mermado las fuerzas.

Ahora miro las fotos de la Troya de hace doce años y me cuesta reconocer a la perra joven, mis días están llenos de la anciana a la que este puente de mayo haré cumplir diecisiete años.

No entiendo a los que, tras amar y perder un perro, no desean tener más. Se sufre sí, el peaje es obligado y me llegará pronto tener que pagarlo, pero yo me niego a perderme la maravilla de su devoción y de verles envejecer felices, así tenga que llorar cien veces y guardar su recuerdo sangrando siempre un poco en mi corazón.

Feliz día del trabajo a todos los voluntarios que se dedican a tapar el sol con una mano

Esto lo escribí hace tres años. El día del trabajo me ha parecido un buen momento para recuperarlo y recordar a todos los voluntarios que dedican su tiempo a tapar el sol abrasador con una mano. Voluntarios en protección animal y en cualquier otra actividad.

Gracias.

La Asociación Protectora de Animales Pintor José María Párraga, cuyo lema es “la única lucha perdida es la que se abandona”. Estoy completamente de acuerdo con ellos.

Existe un gran problema de protección animal en este país
; con miles de perros abandonados y mal atendidos, otros tantos que son ejecutados o maltratados sin apenas consecuencias, con camadas de raza naciendo todos los días para cubrir caprichos mientras la protectoras están llenas de animales que necesitan un hogar, con esa cría sin regular adecuadamente, con millones mirando hacia otro lado y muy pocos esforzándose por mejorar esa situación…
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Por eso es normal que esos pocos desesperen, que abandonen voluntariados en protectoras, que el cinismo semille en ellos o que pierdan en parte la fe en el género humano. Se sienten como si taparan el sol con una mano y tentados de abandonar.

Pero, escuchadme, es que hace falta tapar el sol con la mano para no cegarse. Y hay que creer que llegará la noche, que llegará el momento en que la mayoría de la gente esté concienciada sobre ese problema de protección animal que vosotros conocéis tan bien. Comparad nuestra generación con la precedente. Imaginad la generación futura.

En los días más duros
recordad que estamos avanzando, poco a poco, con tanta sangre derramada como en el desembarco de Normandía, pero avanzando sin pausa.

Y seguid tapando ese sol que ciega, por favor. Yo os ayudaré en lo que pueda.

Cuatro libros de perros, clásico, español, extranjero e infantil, en el #DíadelLibro

Hace pocas semanas me preguntaron por Twitter qué libros con temática perruna recomendaría. Decidí entonces que mis breves respuestas serían un post aquí el Día del libro.

No hay un gran número de libros de calidad en los que los perros tengan especial protagonismo, de hecho esta temática está a años luz de ser considerada género. Diría más, diría que a determinado sector de literatos con prejuicios les hace arrugar el gesto de entrada que los perros figuren mucho.

Pero aunque sean pocos, aunque muchos no los tomen en serio, sí que hay buenos libros que merecen la pena. Por eso he decidido recomendar aquí cinco libros que merecen la pena, cinco libros muy distintos: un clásico adaptado numerosas veces al cine, un autor reciente extranjero y otro español, un libro infantil y un cuento.

Empecemos por el clásico, aunque solo sea por tirar de orden cronológico. En realidad también estaría en primer lugar entre mis preferencias si tuviera que hacer un ranking. Hablo de Jack London. Excelente escritor de calidad incuestionable, fue probablemente pionero en girar el foco hacia perros, lobos y sus mestizos, con el marco de la fiebre del oro y el desierto helado del norte de América. Todo lo que ha escrito merece la pena, pero Colmillo blanco y La llamada de la selva son magníficos. Equivocadamente clasificado como juvenil y carente de interés para los adultos, encierra mundos enteros de etología intuida, observación del comportamiento animal de primera mano, aventuras crudas y una exploración de la naturaleza humana y de nuestra relación con la naturaleza y con otros animales. No os podéis conformar con haber visto alguna de las películas, hay que leerlo.

Vayamos con el infantil. Tentada estoy de incluir esa maravilla recientemente publicada que es Galgui, que me emociona cada vez que lo leo, pero sí tengo que destacar solo uno tiene que ser Gran Lobo Salvaje. Fue uno de los primeros libros que leí sola siendo muy niña. De hecho mi primer perro se llamó Tritus en honor a su protagonista. Os hablé de él largo y tendido hace tiempo:

Su autor es René Escudié (Clermont-Ferrand, 1941) un escritor y dramaturgo que vive en un pequeño pueblo cerca de Montpellier, Cournonsec. Está escrito con delicadeza, con tino, por alguien que se nota que sabe mucho de los perros y sabe transmitirlo. Y transmite muchísimos valores, no solo de respeto a la vida animal, sino de compañerismo, resolución de conflictos personales, compromiso…

Una maravilla, os lo aseguro. Si tenéis niños cerca, no dudéis en regalarles este libro. A partir de los cuatro años sé lo podéis leer vosotros y lo entenderán perfectamente y los pequeños lectores seguro que lo disfrutarán solos. Realmente merece ser leído a cualquier edad.

Pete Nelson es el autor contemporáneo que os recomiendo. No va a optar al Nobel, pero de lo que he leído reciente su Te daba por muerto es lo que me conquistó. Stella es una mestiza anciana que acompaña a Paul, un tipo completamente creíble, de esos que todos podríamos conocer. Una mestiza con la que mantiene conversaciones en las que el punto de vista del animal está cargado de cordura y tranquila felicidad. Si nuestros perros nos hablasen, es muy probable que lo hicieran como ella.
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Nelson ha escrito una novela corta, amena y bien escrita, sin pretensiones, en la que se percibe claramente su amor por los perros y el conocimiento que tiene de ellos. Tuve la suerte de poder comprobar de primera mano que Pete Nelson, efectivamente, además de un escritor recomendable es un amante de los perros, sobre todo de los sin raza: “Me gustan mucho los mestizos. Por una razón: tienden a ser más saludables y vivir más que los de pura raza. Recientemente tuve una perra pastor australiana llamada Alice, pero actualmente tengo una mestiza llamada Lucy. Creo que no han pasado más de 7 u 8 años en total en mi vida sin tener perro, tanto mestizos como de raza.

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En último lugar (alguien tenía que estar al final, está un escritor español al que conocí este mismo año y cuyo Un perro me cautivó. Se trata de Alejandro Palomas. Todo hay que decirlo, los perros (porque no hay solo uno) son más un hilo conductor muy presente y el objeto de catarsis personales que los verdaderos protagonistas.

Un perro, es un retrato perfilado a golpe de sentimiento, reflexión, anécdotas y dichos de los miembros de una familia. Es un viaje al interior de un núcleo familiar en el que hay una madre sagaz tras sus excentricidades, una hija que triunfa y limpia para no enfrentarse a sus fantasmas, otra a la que nadie le dura y Fer, un hijo acorazado en la pérdida que será nuestro anfitrión a lo largo de sus páginas.

También hay una abuela sabia y amarga como un buen té fuerte, porque con frecuencia los que ya no están siguen siendo miembros de nuestra familia más incluso que otros que aún viven. “Hay que ser idiota para decidir querer a alguien que sabes que no va a sobrevivir”, aseguraba. Y tenía razón pero al mismo tiempo se equivocaba. No hay idiotez más enriquecedora.

Leer es volar. También volar a mundos poblados de animales. No hay mejor día que un 23 de abril para comenzar un nuevo libro si es que no tenemos ninguno entre manos, o para decidir cuál será el siguiente si ya estamos enfrascados en uno.

Espero que estas pocas recomendaciones que hago desde el corazón os hayan sido de utilidad, tanto si es para vosotros como si es para un regalo.

Si tenéis más recomendaciones de libros buenos o interesantes de temática me encantaría que me lo dijeseis.

Por cierto, a comienzos de este mes terminé la revisión de Mastín, la novela que escribí aquí semana a semana, capítulo a capítulo, como una kamikaze hasta tener trescientas páginas al cabo de un año. Falta hacía una buena corrección. Espero poder contar pronto que habrá una versión impresa que podáis leer y regalar, también con causa benéfica como Galatea.

Doce años no bastan para olvidar a un perro

imageNo, doce no bastan. Ni veinte, ni cincuenta. Un día como hoy hace doce años tuve que despedirme de Mina, darle el último regalo para que no sufriera más, pagar el peaje obligado que supone amar a alguien que vivirá menos que tú.

Mina fue la primera perra que tuve como adulta. Cuando a los veinticinco años me fui a vivir a mi propia casa lo primero que hice fue acudir a una protectora, a Proa. Allí me conquistó este cruce de pitbull que se convirtió en la madre adoptiva de todos los gatos que fueron llegando o pasando por casa, rápida en tumbarse panza arriba, que haciéndose amiga del mastín más malhumorado del barrio trajo a mi vida a los mejores amigos que se puede tener.

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Un día como hoy, soleado y cálido, acudí a trabajar a este mismo periódico con el estómago hecho una piedra y rota por dentro, con la imagen de su marcha grabada a fuego, para llorar nada más cruzar la recepción en cuanto mi jefe me dijo “hola”.

Esto fue lo que escribí entonces, para curarme un poco. Los ritos son necesarios para superar la muerte y el mío es escribir.

Tras una leucemia que la ha tenido postrada desde el sábado, esta mañana mi pobrecita preciosa niña se ha dormido para siempre. En su camita y en mis brazos. Yo sabía que la iba a enterrar. Los perros viven pocos años. Pero no me imaginaba que fuese tan pronto. Sé que ha sido muy feliz conmigo estos pocos años, igual que yo con ella, pero eso tal vez me consuele dentro de unos días. Hoy no.

Ya no volveré a verla recibirnos en una explosión de alegría con un hueso en la boca y dar con la pata en la puerta cerrada del dormitorio, ni dar giros completos con el rabo cuando me veía coger la correa, ni pondrá su cabeza encima de la mesa mientras cenamos, temblando de pura gula. Al menos esta semana santa ha podido despedirse de la playa de gijón, que tanto le gusta.

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Te hemos querido mucho. Y tú nos has querido mucho. Y dejas un buen puñado de gente que te llora. Y has vivido muchos días muy felices. Imagino que muchos perros se cambiarían contigo pese a este final tan abrupto.

Su muerte pasó por el periódico. Por aquel entonces, cuando aún no había una web de 20minutos, escribía una pequeña seccioncita de consejos para una tenencia responsable y Mina, Flash y Maya la protagonizaron con frecuencia. Aquel día el consejo eran en realidad una esquela, aunque pocos se dieron cuenta.
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La lloramos mucho. Se fue demasiado pronto, aunque en realidad nunca se fue del todo.

Hoy, la lluvia de Madrid también la recuerda.

 

El azufre no evita que orinen los perros y puede ser peligroso, denúncialo #aquíhayazufre

No lo digo yo (que también), lo dicen con mucha frecuencia @policia y @guardiacivil en sus redes sociales. El azufre es veneno, es peligroso y contaminante. Y además no hay eficacia probada en eso de alejar a los perros de las fachadas.

Dada su peligrosidad está prohibido en la mayor parte de los municipios. Valga Madrid como ejemplo:

azufre

Eso sí, incluso estando prohibido y sancionado, es frecuente que cuando un ciudadano lo denuncia aquello quede en nada. Como siempre, somos muy de aprobar prohibiciones y dejarlas ahí, como papel mojado.

Sería de agradecer que las autoridades municipales hicieran caso a sus vecinos cuando se toman la molestia de denunciar algo que, efectivamente, está prohibido y es dañino con el medio ambiente y peligroso para seres vivos.

Os voy a proponer que a partir de ahora usemos un hashtag para centralizar nuestras denuncias: #aquíhayazufre, que hagamos fotos cuando veamos azufre en nuestras ciudades, pongamos la ubicación y lo subamos a redes con ese hashtag y copiando a la policía municipal y al ayuntamiento en el que haya sucedido, si es que tienen cuentas creadas. Por lo menos, cuando toque protestar por el poco caso que nos hacen, lo tendremos todo bien organizado.

Los perros, grandes compañeros para las personas con autismo #DíaMundialAutismo

imageHoy es 2 de abril, el día mundial por la concienciación del autismo. Un día para para dar visibilidad a este trastorno que afecta a un 1% de la población y reivindicar todo aquello a lo que tienen derecho: una detección y atención temprana, educación que atienda todo su potencial, empleo, una vida adulta plena y digna.

Los perros ponen su granito de arena para que así sea, siendo su soporte en terapia y asistencia. Siendo simplemente (que no es poco) buenos compañeros. He tenido la suerte de conocer unos cuantos de estos maravillosos animales, en mi propio hogar y en distintos reportajes que he realizado:

Por eso hoy, desde este blog, he querido recordar la labor que estos animales hacen, pero sobre todo a todas las personas que tienen autismo y a sus familiares. Hoy este blog se viste también de azul, el color que simboliza el autismo.

Troya se suma a la campaña Pásalo por el autismo, a la que también apoya 20minutos. Vosotros también podéis hacerlo, vistiendo de azul y mediante los hashtags #DiaMundialAutismo y #PasaloporelAutismo.

Por cierto, no sólo los perros, también los gatos pueden ser grandes compañeros de las personas con autismo, aunque la terapia y la asistencia no sea tanto lo suyo. Ahí dejo a Flash con su testigo azul.

Algunos consejos para llevar con seguridad el perro a la nieve

Troya es de las que disfrutan, incluso a sus 16 años.

Troya es de las que disfrutan, incluso a sus 16 años. Esa foto es del año pasado en León.

Ahora que al fin hay nieve mas o menos cerca, cualquiera puede verse tentado de pasar unas horas en familia jugando con la nieve. No sólo los niños disfrutan corriendo y resbalando, también la mayoría de los perros se divierten lo indecible triscando por la nieve y el hielo, así que no hay motivo para no ir con ellos también de excursión.

Pese a que todos los canes, por regla general, soportan mejor el frío que el calor excesivo y una pequeña excursión por la nieve no debería suponer ningún problema, conviene tener en cuenta algunas sencillas recomendaciones antes de meter a nuestro perro en el coche o el tren rumbo a Navacerrada.

Lo que más hay que vigilar son las patas. Antes de salir de casa frota las almohadillas de las patas, sin duda la parte de su anatomía que más puede sufrir, con aceite corporal o algún producto específico, que ya los hay y muy buenos. De regreso al hogar, limpia bien las patas con agua tibia y sécalas a conciencia. Al menor síntoma de cojera, acude al veterinario. Si ha podido pisar sal o anticongelante (que es muy tóxico), asegúrate de que no se las chupa.
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Hay que tener especialmente cuidado con perros de tamaño pequeño, de patas cortas que tngan muy pegada la barriga al suelo y con razas frioleras. No es mala idea llevar una toalla para poder secarles. Puede que sea preciso ir con abrigo, mejor si es impermeable y fluorescente. En la nieve hay más posibilidades de que se pierdan, bien porque se despista ellos, bien porque nosotros dejemos de verlos. La chapa con nuestro número de teléfono móvil a la vista es siempre recomendable, también en excursiones a la nieve.

Por supuesto, tenlo controlado. Que no invada corriendo las zonas por las que hay gente esquiando o deslizándose con trineos o skates. Por su bien y por el de los demás.

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El libro de ‘Los gatos del Retiro’, de los duendes que pasan desapercibidos en el parque madrileño

imageAhí está Flash, cómodo en el sillón, caliente y seguro. Así ha estado los catorce años que ya tiene. Envejeciendo atendido, dejando atrás juegos y saltos por sus sueños de gato.

Delante de él hay otros gatos, muchos. Los que forman parte del libro Los gatos del Retiro, los que viven en las colonias existentes en el parque madrileño. Es un parque hermoso, lleno de vida y de historia, que resulta una delicia recorrer. Un parque en el que habitan estos animales, a modo de duendes de un mundo mágico que suelen pasar desapercibidos.

Pero seguro que muchos de estos gatos preferirían estar en el lugar de Flash. Aunque ellos también tienen gente que los atiende, que procura que vivan en las mejores condiciones posibles. La misma gente que ha creado este libro en el que la belleza de los gatos se una a la del Retiro, un libro solidario cuya venta redundará en mejor calidad de vida para los gatos.

Se trata de la Asociación de Amigos de los Gatos del Retiro (AGAR), que siempre están buscando cómo obtener fondos para seguir con su labor de captura, esterilización y suelta (método CES), encontrando hogar para muchos de esos animales, atendiendo heridos, guardando su bienestar en definitiva.

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