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España y Grecia, dos realidades similares

Por Ángel Villegas Bravo

Deberíamos empezar por diferenciar entre “Grecia” y “los griegos”. No estoy tan informado como tantos periodistas, tertulianos y público en general, que hablan de Grecia como si la hubieran vivido de siempre.

Se me ocurre, no obstante, que no diferirán mucho los griegos de los españoles, todos seres humanos, todos europeos y con una forma de vida semejante. Supongo que la inmensa mayoría de los griegos, como la inmensa mayoría de los españoles, trabajan y luchan, día a día, para salir adelante y vivir, simplemente vivir. Y creo que no son los griegos de a pie, como no somos los españoles de a pie, los que han causado esta crisis. Supongo que ellos también tienen sus “bankias”, sus “tarjetas negras”, sus “Gürtel” y sus “Púnicas”. Y supongo que son sus gobernantes y sus especuladores y evasores de impuestos los que han endeudado hasta lo imposible al país.

Ciudadanos atenienses aguardan una cola ante un cajero del Banco Nacional de Grecia. (GTRES)

Ciudadanos atenienses aguardan una cola ante un cajero del Banco Nacional de Grecia. (GTRES)

Sufren, por tanto, a sus espaldas, una crisis que ellos no han causado, tan injusta como la que arrastramos en España, sufriendo recortes y más recortes, mientras la corrupción nos rodea y nos avergüenza.

No sería malo que pensáramos que los griegos no son bichos raros. Y que Grecia y España no están tan lejos una de otra.

Inmunizados a los ahogamientos en el Mediterráneo

Por Agustín Arroyo

África, nuestra cálida y reseca madre primigenia, sigue empujando y despidiendo con lágrimas en sus ojos y con el quebranto de su inmenso corazón compungido, a miles de sus hijos e hijas a las costas de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia.

La negritud subsahariana y miles de otros ciudadanos del norte de África, de Siria y de otros países del próximo Oriente que se alejan y huyen de la guerra se hacinan, con las manos vacías y el miedo en sus ojos, en las costas y en barcazas renqueantes, engañados por mafias que trafican con sus ansias y esperanzas de vivir con dignidad en una Europa meridional que también llora la diáspora de muchos de sus hijos hacia otros países más ricos, estables y hospitalarios.

Un grupo de inmigrantes rescatado por la embarcación RBD llega al puerto de Corigliano Calabro (Italia). (EFE/ FRANCESCO ARENA)

Un grupo de inmigrantes rescatado por la embarcación RBD llega al puerto de Corigliano Calabro (Italia). (EFE/ FRANCESCO ARENA)

Italia es uno de los países del Mediterráneo que se encuentra impotente y desbordada ante esta incontenible marea humana. Ya se han pedido más ayudas a la UE y mayor coordinación de las políticas de inmigración del club de los 28. Europa y el Magreb, como zona estratégica, no pueden cerrar los ojos y seguir consistiendo que el Mediterráneo se convierta en una gran fosa común de ahogamientos a mansalva.

España, no es ajena a esta tragedia que se repite, mes tras mes y año tras año, como una fúnebre melodía de fondo a la que nos vamos acostumbrando y casi inmunizando. África susurra con desgarro: “¡Marchaos hijos, antes de morir de hambre, de sed, de enfermedad o de pena! No os rindáis ante la inmensa boca azul del mar ruidoso. Me destrozáis el corazón, pero os prefiero lejos y sanos que junto a mí sin poderos dar de comer, ni poder curaros cuando enferméis. Os echaré de menos. No me olvidéis y volved prósperos”.

La vida en Bruselas no es fácil para un licenciado

Por María T. P.

Soy ingeniera química, llevo cinco años fuera de España, de los cuales el último viviendo en Bruselas. Quería hacer una pequeña consideración, ahora que se acerca el día de ir a las urnas.

Los trabajadores de la UE no pagan impuestos, el sueldo de un licenciado que trabaje para una de las instituciones es prácticamente el doble que el de otro licenciado en Bélgica con similar edad y experiencia.

Como consecuencia, los precios de los apartamentos son bastante caros en relación calidad/precio. Me han llegado a pedir 700 euros al mes por un estudio con una ducha portátil al lado del fregadero de la cocina. Y como anécdota cuando buscas piso, los caseros se piensan que si no trabajas en la Comisión no eres capaz de pagar el alquiler… 

La sede de la UE, en Bruselas (ARCHIVO)

La sede de la UE, en Bruselas (ARCHIVO)

-¿Trabajas para la Comisión?

-No, trabajo en una empresa química en Bruselas. Perdone señor, ¿y la cocina no incluye el horno?

-¿Para qué? La gente de la Comisión no cocina, sólo llegan a casa a dormir.

Después de aquella conversación entendí por qué los restaurantes cercanos a las instituciones sólo abren entre semana, ya ganan bastante como para tener que abrir el fin de semana.

Espero que aquellos que lean este artículo se piensen dos veces a quien dan el voto el próximo domingo.

Es difícil vivir en un país con un clima frío y lluvioso, con cultura diferente a España. Pero no es tan difícil, a pesar del clima, si te puedes permitir un apartamento caro, en una barrio céntrico de Bruselas, comidas y cenas en los mejores restaurantes, viajes por toda Europa…; todo subvencionado por el resto de ciudadanos europeos. Es al revés, la vida en Bruselas no es fácil para un licenciado con contrato normal, que paga impuestos como el resto de europeos.