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Dibuja ‘La noche Estrellada’ de Van Gogh sobre agua negra

El ebru es una técnica de pintura antigua que te transporta con sus dibujos a orillas del imperio otomano. Una disciplina que consiste en usar tintes sobre una superficie líquida que hace las veces de lienzo. Se crea el diseño sobre el agua, para después, una vez terminado el motivo, añadir un papel especial que absorba la tinta que flota en el receptáculo.

Usando pinturas y materiales que aumentan la viscosidad, se obtienen bellos patrones, un dibujo de trazo ondulado en una acuarela única. Se trata en definitiva de pintar sobre el agua con pinceles. Un lago poético. Un arte de origen ignoto -pudo haber sido inventado en Turkmenistán, vieja encrucijada de caminos y culturas- que ha cruzado las estepas y los siglos, de la India a Persia, del desierto de Dasht-e Lut a Estambul. En Europa a esta técnica se la conoce por “papel turco”, ya que está considerada como una de las artes más antiguas de esa región, y desde el siglo XV los pintores del imperio Otomano fueron sus máximos exponentes.

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Un cuadro del siglo XIX puesto patas arriba

'Painter's Mansion' (1855) - Ivan Khrutsky - Foto: Wikimedia commons

‘Painter’s Mansion’ (1855) – Ivan Khrutsky – Foto: Wikimedia commons

El niño juguetea con las cuerdas de la guitarra que tiene en el regazo; la niña, de perfil, sostiene lo que parece un papel enrollado. Mansión del pintor (1855) es una composición armónica, una de las escenas costumbristas que su autor, el bielorruso Ivan Khrutsky (1810-1885), produjo con placidez académica.

Además de ser famoso por pintar bodegones y retratos, era  apreciado como diseñador de interiores y tenía una cartera de clientes de clase alta que le confiaban la apariencia de sus viviendas. En el cuadro, cada objeto de la habitación, aislado, podría ser un bodegón en sí mismo: el samovar dorado, la taza de porcelana, la silla tallada de madera y tapicería azulada… En las paredes hay todo un museo —pinturas ocultas en la gran pintura— paisajes, imágenes religiosas y mundanas adornando el hogar burgués.

Es frecuente encontrar en la Red avalanchas de versiones de La Gioconda, el Guernica o La noche estrellada, ya sean artísticas, satíricas o recreadas con fideos para la sopa, pero las pequeñas joyas escapan del radar, no son reconocibles y a nadie le importa que se altere su aspecto original. La artista rusa Arina Shabanova, sin embargo, rompe con ese esquema y utiliza Mansión del pintor para ponerlo patas arriba y darse así un festín creativo.

'Painter's Mansion' - Arina Shabanova

‘Painter’s Mansion’ – Arina Shabanova

Con una producción centrada en la ilustración y la imagen en movimiento, Shabanova se inclina por lo esquemático y plano, los colores vivos y las formas redondeadas. En sus manos, la pintura original se transforma en un delirio.

Los niños desaparecen y la mujer del cuadro de la esquina superior derecha posa sensual y gigantesca, el samovar en blanco y negro protagoniza una viñeta de cómic, las pinturas brillan como neones, la artista hasta arranca la habitación del resto de la casa y la recoloca en uno de los paisajes que hay en la pared, desconcertando al estilo de René Magritte. En la quietud doméstica que representa Khrutsky, los niños juegan sin tener ni una leve sospecha de las locuras que esconde la habitación.

Helena Celdrán

'Painter's Mansion' - Arina Shabanova

‘Painter’s Mansion’ – Arina Shabanova

'Painter's Mansion' - Arina Shabanova

‘Painter’s Mansion’ – Arina Shabanova

'Painter's Mansion' - Arina Shabanova

‘Painter’s Mansion’ – Arina Shabanova

'Painter's Mansion' - Arina Shabanova

‘Painter’s Mansion’ – Arina Shabanova

'Painter's Mansion' - Arina Shabanova

‘Painter’s Mansion’ – Arina Shabanova

'Painter's Mansion' - Arina Shabanova

‘Painter’s Mansion’ – Arina Shabanova