Entradas etiquetadas como ‘ingeniería’

Planos arquitectónicos creados sólo para despistar

'Over Aalt', uno de los bocetos de 'Pointless Diagrams'

‘Over Aalt’, uno de los bocetos de ‘Pointless Diagrams’

Hasta el profesional más experimentado puede pasar horas intentando desentrañar la lógica de los dibujos, seguir las flechas, y las líneas discontinuas; imaginar dobleces y trayectorias: los planos, aunque aparentes, no tienen otro fin que el despiste.

Pointless Diagrams (Diagramas sin sentido) es el recién estrenado pasatiempo diario del estadounidense Josh Lewandowski (Minneapolis, 1983). “Empecé este blog porque, desde que tengo uso de razón, siempre he dibujado y garabateado bocetos en tres dimensiones con una incorregible carencia de significado“, explica el diseñador y arquitecto.

La inspiración para cada obra la busca en “la arquitectura, en el diseño de muebles, la ingeniería, la geometría, las cajas de cereales, las construcciones de Lego y el Telesketch“, un revoltijo de elementos que se traducen en imágenes que en un primer momento parecen realizables y serias, pero que en el fondo no son más que puro producto del constante garabateo.

En el fondo del disparate, la creciente colección se perfila como una serie de ejercicios que estimulan la creatividad, sirven de calentamiento y de motivación. Para la página web, Lewandowski se ha propuesto crear cada día uno de estos planos imposibles revelando caprichosas estructuras, construcciones sin principio ni fin, rampas sin un determinado final… Comenzó a dibujar el 7 de septiembre y planea continuar durante un año con el proyecto, siempre realizando los bocetos a tinta, “porque borrar es para cobardes”.

Helena Celdrán

Required Amenities for the Modern Dweling-ok

Headwaters

trifecta

Can't Stop

Not so Twin Towers

La ‘rueda de libros’, el e-book del renacimiento

La 'rueda de libros' de Agostino Ramelli

La ‘rueda de libros’ de Agostino Ramelli

A veces los inventos del pasado se presentan como precursores mágicos de lo que ahora todos damos por hecho. Que el lector pudiera tener a su disposición varios libros a la vez, abiertos por una página en particular y ordenados de un modo eficiente para su rápida localización era un privilegio que propiciaba el estudio conjunto y la relación de varias disciplinas . La creación facilitaba el proceso de investigación de los humanistas, que —al contrario de lo que nos sucede en el presente— no veían fronteras entre la ciencia, la filosofía y el arte: todo era conocimiento.

En el siglo XVI el ingeniero italiano Agostino Ramelli (1531-1608?) —reconocido en su época como uno de los más brillantes inventores que estuvieron al servicio del ejército— publicó el libro Le Diverse et artificiose machine (1588), ahora una pieza esencial de la historia de la ingeniería. El tomo, ilustrado con 194 grabados, detalla cómo construir todos los proyectos que propone el autor y constituye uno de los primeros testimonios impresos detallados de la técnica del renacimiento.

La rueda de libros es una de las joyas ocultas en el brillante volumen. El ingenio es una especie de noria mecánica con capacidad para almacenar una docena de libros abiertos a conveniencia del usuario. Lo que puede parecer a simple vista una idea naíf, en realidad es un antecesor del hipertexto, una innovadora manera de unir fuentes y relacionar escritos que es tendador comparar con Internet o el libro electrónico.

La rueda 'mejorada' de Nicolas Grollier de Servière

La rueda ‘mejorada’ de Nicolas Grollier de Servière

Ramelli planeaba construir la rueda con un engranaje planetario (compuesto por varios engranajes externos que rotan sobre uno central, ahora muy común en la transmisión de los coches). El sistema, entonces utilizado en los relojes astronómicos, garantizaba que los estantes permanecerían en el mismo ángulo en cualquier posición en la que estuviera la noria.

A pesar del detalle en la descripción de la rueda de libros, parece ser que el italiano nunca la construyó, pero la idea siguió seduciendo a bibliófilos, artistas e ingenieros. El diseño fue copiado en 1611 por el alemán Heinrich Zeising en su manual Theatrum Machinarium (que ahondaba en la relación de las máquinas con los libros) y el inventor francés Nicolas Grollier de Servière (1596-1689) criticó la complejidad de la máquina y la simplificó en una nueva versión.

400 años después de su primera aparición, el arquitecto Daniel Libeskind construyó en 1986 una máquina de leer para la Bienal de Arquitectura de Venecia. En 2012, la artista francesa Léa Lagasse recuperó la creación renacentista en The Awaken Dreamer, una instalación en la que el participante debía seleccionar pasajes de entre las novelas de Vladimir Nabokov almacenadas en la rueda.

Helena Celdrán

El pato mecánico que hacía la digestión

Una hipótesis sobre el interior del pato de Vaucanson

Una hipótesis sobre el interior del pato de Vaucanson

Era capaz de comer de la mano, tragar los granos de maíz, digerirlos y expulsarlos convertidos en heces. El Canard Digérateur (El pato que digiere) era obra del francés Jacques de Vaucanson (1709-1782), ingeniero especializado en autómatas, al que se le atribuyen inventos revolucionarios, como el primer telar automático.

Fabricado en cobre recubierto de oro, con más de 400 piezas móviles y del tamaño de un pato de verdad, el ave mecánica parpaba, flexionaba sus patas y se tragaba la comida de modo realista, moviendo el cuello para que se deslizara mejor. Pero lo más importante, lo que lo elevó al invento del momento, era su capacidad de producir excrementos.

El pato se había convertido en una estrella. Su mecanismo a la vista permitía al público deleitarse con el proceso digestivo. Vaucanson (que incluso había dotado al animal con un tubo de goma por el que viajaba el alimento) explicaba que en el interior había “un pequeño laboratorio químico” que recreaba la descomposición de la comida con jugos gástricos artificiales, pero lo cierto es que el milagro no era verdadero: un compartimento secreto contenía una papilla verde que simulaba el alimento digerido y la comida se depositaba en otro depósito, algo que no se supo hasta mucho después.

Autodidacta y aficionado desde niño a los mecanismos, en una época en la que los autómatas fascinaban a las cortes europeas de la Ilustración, representaba el espíritu de la intelectualidad de la época: sus autómatas reflejaban un interés enciclopédico por la técnica, la anatomía y el arte. Entre sus admiradores estaba Voltaire, que veía en el ingeniero “un prometeo moderno”.

Su primera creación famosa, en el año 1738, fue la figura de un flautista, del tamaño de un hombre, capaz de tocar 12 melodías. No se trataba de un truco barato, el autómata reproducía el sonido con la mecánica de sus músculos artificiales. El inventor recreó el funcionamiento de una tráquea y la complejidad de la lengua con sistemas de fuelles y tubos. Los dedos del flautista eran de madera recubierta de una tela que imitaba la textura de la piel, indispensable para obtener la sensibilidad necesaria al tacto con el instrumento.

Pero el pato era su carta de presentación. Tras haber ganado mucho dinero, cansado de dedicarse al entretenimiento y viendo que corría el riesgo de encasillarse, decidió mandar de gira a sus autómatas y aprovechar el entusiasmo del rey Luis XV (fascinado por el ave), que poco después nombró a Vaucanson inspector de manufacturas de seda, confiándole las mejoras técnicas de la importante industria, amenazada por los avances de Inglaterra.

El audaz ingeniero vendió sus juguetes y poco más se supo de ellos. Parece ser que el pato apareció en el sótano de una casa de empeños de Alemania unas décadas después. Johann Wolfgang von Goethe tuvo la oportunidad de ver en 1805 al ave artificial ya maltrecha, en poder de un coleccionista. “Todavía devoraba copos de avena con brío, pero había perdido sus poderes digestivos”, escribió Goethe en su diario.

Helena Celdrán