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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

¿Cometió este hombre el mayor robo de arte de la historia?

Captura del vídeo difundido por la Fiscalía de Massachusetts

Captura del vídeo difundido por la Fiscalía de Massachusetts

Mientras la muy puritana Boston dormía la acostumbrada borrachera del Día de San Patricio, uno de los rituales etílico-profanos más celebrados en la ciudad, dos hombres que se identificaron como agentes de la Policía local y vestían los uniformes reglamentarios, entraron en el Museo Isabella Stewart Gardner. Pasaban veinte minutos de la una de la madrugada del 18 de marzo de 1990. Una hora más tarde habían culminado el mayor robo de arte de la historia, sin resolver desde hace 25 años.

Si usted sabe algo del hombre que pasa frente al mostrador de entrada del museo en la imagen de arriba puede obtener los cinco millones de dólares de recompensa que ofrece la pinacoteca por alguna pista que conduzca a la recuperación del botín: seis lienzos de Rembrandt, Manet, Flinck y Vermeer y cinco dibujos de Degas —además, capricho de última hora de los ladrones, de un florero chino de la dinastía Shang y un águila napoleónica—. La tasación de las obras remite con insistencia a la expresión “valor incalculable desde un punto de vista artístico”, pero algunos expertos calculan que no resulta nada exagerado hablar de 500 millones de dólares.


El vídeo, que acaba de ser difundido por la Fiscalía de Massachusetts un cuarto de siglo después del robo, permite ver a una persona entrando en la pinacoteca un día antes del golpe y más o menos a la misma hora en que la sustracción sería cometida en la siguiente madrugada. Hay una anomalía sospechosa: el museo estaba cerrado y la directiva de seguridad impedía a los guardias que lo vigilaban dar acceso a las instalaciones a ningún visitante fuera del horario establecido.

El fiscal y el FBI sospechan que el hombre que cruza el plano está implicado y los demás nos preguntamos por qué han tardado tanto en dejar que la opinión pública acceda a la grabación. Para mayor desconcierto, los investigadores afirman que es bastante probable que los ladrones hayan fallecido, lo que deja el caso en un limbo que puede convertirse en eterno.

Richard Abath fue encontrado así por la Policía - Foto del libro 'Master Thieves', de Stephen Kurkjian

Richard Abath fue encontrado así por la Policía – Foto del libro ‘Master Thieves’, de Stephen Kurkjian

El vídeo añade más misterio y preguntas sin respuesta al desconcertante suceso y sólo parece una cortina de humo de los investigadores para intentar justificar su ineficacia durante 25 años, tal como sostiene el influyente The New York Times en una reciente recapitulación sobre el caso.

El diario recuerda que el FBI filtró en un primer momento la posibilidad de que los ladrones contaran con la complicidad interna de uno de los guardias, Richard Abath, que apareció amordazado con cinta americana tras, según su testimonio, dar entrada al museo a los dos falsos agentes policiales. Fuentes cercanas a la investigación se encargaron de airear, como si en ello hubiese motivo de sospecha, que Abath, que entonces tenía 23 años, tenía melena, era “hippie”, tocaba la guitarra en el grupo de rock Ukiah y a veces acudía a trabajar bajo los efectos de drogas.

En el fragmento de vídeo, de imagen sucia aunque no confusa y en cuyos primeros minutos aparece también el segundo guardia, vemos al visitante llegar en coche, aparcar frente a la puerta para empleados, la misma que usarían los ladrones la noche siguiente, y acceder al edificio cuando Abath le facilita la entrada para después saludarlo y entregarle un pequeño paquete.

El exguardia de seguridad, que no fue acusado de manera formal de delito alguno, tiene ahora 49 años y trabaja como profesor. Nunca pidió asistencia de abogados cuando fue interrogado por el FBI y, afirma, se sometió dos veces por voluntad propia al detector de mentiras. “Sólo era el hippie al que nadie tenía en cuenta. Al día siguiente estaba en el objetivo de todos por el robo de arte más grande de la historia”, declaró en una entrevista reciente. El museo, que le pagaba 7,35 dólares por hora, lo despidió un año después del suceso.

Los siete grandes cuadros robados en Boston en 1990

Las seis obras más importantes robadas en Boston en 1990

Los ladrones —que el FBI sitúa en la órbita de algún grupo del crimen organizado del noreste de los EE UU— sabían lo que hacían. Se llevaron El concierto, uno de los apenas entre 34 y 36 cuadros de Johannes Vermeer que quedan en el mundo; dos de Rembrandt van Rijn, entre ellos La tormenta en el mar de Galilea, la única marina que pintó; un retrato de Manet, y varios dibujos de Degas.

Todos los lienzos del poco protegido museo —la alarma fue anulada con un simple golpe de martillo— fueron cortados con precisión para separarlos de los bastidores y marcos y poderlos enrollar, pero los ladrones, que parecían venir con la lección bien aprendida, dejaron inexplicablemente atrás dos óleos de Rafael, uno de Boticelli y el Rapto de Europa de Tiziano.

"¿Que veis? El concierto. Vermeer" © Sophie Calle/ADAGP, Paris, 2015. Courtesy Galerie Perrotin and Paula Cooper Gallery

“¿Que veis? El concierto. Vermeer” © Sophie Calle/ADAGP, Paris, 2015. Courtesy Galerie Perrotin and Paula Cooper Gallery

Desde el robo, la pinacoteca de Boston decidió dejar vacíos los espacios que ocupaban los lienzos sustraídos en un simbólico duelo abierto a la esperanza de que las telas regresen. Hace unos meses, la fotógrafa Sophie Calle, como ya contamos en este blog, retrató a los conservadores, vigilantes y otros empleados del museo posando ante los marcos vacíos. Luego, en un juego de reconstrucción de lo ausente, les pidió que describieran los objetos desaparecidos.

La joven de la foto escribió esto sobre la pieza más valiosa del robo, el Vermeer:

Veo un marco que muestra una ausencia. Veo un placer negado a todos. Veo una ausencia indescriptible. Veo algo que no puedo ver. • Hoy solo veo terciopelo, pero hay mucho más que eso, por supuesto. • Como mi tarea es encontrar la obra, veo mi fracaso. Ese vacío ocupa mis pesadillas. Hay un coche y, sobre un asiento, un objeto cubierto con una bolsa de plástico. Levanto la bolsa y no es el cuadro que busco. Pero sé que un día, en plena noche, recibiré una llamada: “Vermeer ha vuelto”.

Isabella Stewart Gardner (1888 pintada por John Singer Sargent - Wikipedia

Isabella Stewart Gardner (1888) pintada por John Singer Sargent – Wikipedia

En el retrato que le hizo en 1888 John Singer Sargent, el más admirado de los clasicistas estadounidenses del siglo XIX, no hay nada que pruebe el carácter excéntrico de Isabella Stewart Gardner, patrona del museo. Llamada durante su vida (1840-1924) Belle, Donna Isabella e Isabella of Boston, descendía de un rey gaélico y era una generadora de chismes en los círculos más rancios de Boston con su impetuosa personalidad y el exotismo del vestuario que lucía.

Frecuentó la amistad de literatos, pintores, artistas y bohemios y gastó con alegría la fortuna que heredó de su marido, el multimillonario John Lowell Gardner II, con intereses en los ferrocarriles, la minería y las navieras. Anotar el nombre de los barcos de carga de la familia huele a travesías por un mundo donde la emoción todavía era posible:  Arabia, Bunker Hill, California, Democrat, Duxbury, Eclipse, Gentleman, Grotius, Lenore, Lepanto, Lotos, Marquis de Somerulas, Mars, Monterey, Nabob, Napke, Naples, Pallas,Pioneer, Plant, Plato, Ruble, Sappho, Shawmut, St Paul, Sumatra, Thetis, Unicorn.

Cuando murió a los 84 años por el último de una serie de ataques cardíacos, la filántropa dejó estipulado en el testamento que la colección de arte que había acumulado debía permanecer en el museo, fundado en 1903, y no ser alterada.

Me atrevo a suponer que el sufrimiento de Donna Isabella de estar viva cuando sucedió el robo, sobre todo por la pérdida del Vermeer que había comprado en una subasta en París en 1892 y fue la piedra fundacional de su colección, sería templado porque los ladrones no tocaron su cuadro favorito: la escena flamenca El jaleo, un cuadro casi monocromático y vibrante pintado por Sargent en 1882 tras una larga estancia en Andalucía y el norte de África.

Jose Ángel González

"El jaleo" (1882) - John Singer Sargent (Dominio público)

“El jaleo” (1882) – John Singer Sargent (Dominio público)

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