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El big data del alma

La serie ‘Antidisturbios’ es una obra maestra, cuando la has visto ya no puedes dejar de vivir en ella

La serie Antidisturbios es muy muy buena: sales de verla y no reconoces la calle, ni te acuerdas de tu vida anterior.

Luego, poco a poco, recuperas ambas cosas, la calle, tu vida. Pero los personajes se te aparecen por todas partes. Especialmente dentro de ti. Se infiltran y ahí se quedan.

Te metes hasta el fondo de los polis, vives la presión horrible que viene de un trabajo durísimo y de una situación espantosa en España: la onda expansiva del CRACK del 2008, que nunca ha cesado. Aunque.

La tensión viene del fondo de la historia, inmigrantes hacinados (¡y esperanzados!), un sistema que se resquebraja, un mundo desquiciado, parejas que no se hablan… el lema punk hecho carne: NO HAY FUTURO

Las relaciones están rotas; la comunicación, bloqueada; la violencia es ya invisible. Ese fondo asoma en cada secuencia: Antidisturbios expresa el alma rota de la década.

Cada escena está currada al límite: se cierra la puerta de un coche y la oyes, por fin, como si estuvieras dentro (o fuera, depende).

Eso es la realidad. Colocar el micro en su sitio, posproducir las emociones.

Las historias, potentísimas, confluyen y se enroscan entre sí, todo es hiperreal. Incluyendo esa ingenuidad de que a los propios polis les sorprenda la corrupción estructural. Por eso (y por el puto covid) es una serie histórica de 2016 (2014-17): un guión de ahora ya daría por hecho que casi todo está destroy y que nada funciona.

“Histórica” también en el sentido literal: enmarcada –cercada– por los hechos de esos años. Hasta se escucha la voz tenue de Rajoy y otras noticias que hacen temblar. La irrupción de Villarejo (personaje inspirado en él) es tan espectacular como necesaria, tal como estamos viendo hoy, octubre del 20.

La serie tiene que continuar por fuerza: es los episodios nacionales/Wire de este momento. Social, política, miseria, corrupción, hondura, hemisexo efímero…

Es una genialidad absoluta, de principio a fin. Mucho talento, mucho dinero (¡por fin!), vale la pena leer el interminable rulo de créditos.

(Luego sigo)

(Conseguirá, además, que nos aprendamos el himno de la Policía Nacional que, por cierto, se titula: Tesón de hierro)

Pilar Ruíz: Cuando el sistema nos alcance. CTXT

Áurea Ortiz Villeta: ‘Antidisturbios’: Todo bien. En Valencia Plaza

Omar Little, en El destilador cultural

Pablo Elorduy: Los antidisturbios y el resto del mundo. El salto diario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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