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¿Impedir la bofetada o hacer la foto?

"Living with the enemy" (Donna Ferrato, 2005)

"Living with the Enemy" (Donna Ferrato, 1991)

Living with the Enemy es uno de los libros de fotografía documental más conocidos y aplaudidos de los últimos veinte años. Acaban de reeditarlo.

Su autora, Donna Ferrato, pasó más de seis mil horas con unidades policiales dedicadas a casos de violencia y maltratos contra mujeres. Retrató el lado pavoroso de la intimidad enferma, de la dominación silenciosa: acuchillamientos, moratones, miedo, apaleamientos, hogares convertidos en tumbas, escenarios de sucesos, prólogos de partes de defunción…

El libro es una de las escasas publicaciones fotográficas que ha conseguido algo más que la notoriedad artística o formal para su autora y el aplauso de la crítica y las ventas: ha alcanzado el grado de manual de ayuda y bandera de una causa, la lucha contra la pesadilla de la violencia machista.

La organización Abuse Aware recomienda Living with the Enemy como lectura obligada y Ferrato organiza talleres para formar a nuevos reporteros que se mantengan ojo avizor contra el maltrato y los maltratadores.

Donna Ferrato

Donna Ferrato

El libro, la necesidad imperiosa de afrontar y enfrentar un camino azaroso, complejo y peligroso, nació de una bofetada, de una agresión. También de una inicial cobardía, de la respuesta a la pregunta que todo reportero debe hacerse en algún momento: ¿hago la foto o detengo, o al menos intento detener, la barbarie de la que estoy siendo testigo, es decir, cómplice por omisión?

Ferrato, acaso por miedo, acaso por la certeza de que se trataba de una de esas fotos que justifican toda una obra, acaso porque con una cámara en la mano dejamos de ser humanos, permitió que el hombre golpeara a su pareja.

El espejo muestra al agresor, a la agredida y también a la fotógrafa, testigo que admite el mal menor de los golpes para poder documentar el instante irrepetible de la barbarie.

Donna Ferrato

Donna Ferrato

Las fotos no son una simulación. El suceso ocurrió en el cuarto de baño de una mansión de Nueva Jersey (EE UU) y los protagonistas se llaman Garth y Lisa. La fotógrafa los seguía porque estaba trabajando en un reportaje sobre el mundo del intercambio de parejas que rodeaba a finales de los años setenta y principios de los ochenta al templo neoyorquino del swinging, el club Plato’s Retreat.

En una entrevista publicada ayer por Lens, el excelente blog de fotografía del New York Times, Ferrato dice que hizo el par de fotos (“cerré los ojos”, suelta en una pobre justificación; “era muy joven”, añade en otra) y luego intentó detener la agresión: “Le dije: ‘¿Qué estás haciendo? Vas a hacerle daño’. Él me apartó y respondió: ‘No voy a hacerle daño, es mi esposa. Conozco el límite de mi fuerza y tengo que enseñarle que no puede mentirme”.

Donna Ferrato

Donna Ferrato

Las fotos cambiaron la vida de la reportera, que se consagró en cuerpo y alma a ayudar, educar y convivir con las mujeres maltratadas. A la primera, Lisa, no fue capaz de ayudarla.

Sin poner en duda el compromiso manifiesto de Ferrato, la pregunta sigue siendo la misma: ¿debió la fotógrafa hacer las fotos o intentar desde el primer momento enfrentarse al maltratador?

El dilema es moral, personal y, sólo en último término, fotográfico. Se han enfrentado a él, casi siempre en décimas de segundo y en un ambiente cargado de adrenalina, los reporteros de guerra. ¿Consentir el balazo en la sien o bajar la cámara y tratar, de cualquier modo, de ayudar a la víctima?

No deseo verme nunca en la necesidad de responder. Temo mi respuesta más que la pregunta.

Ánxel Grove