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Cuando la pequeña pantalla se comió a la grande

Boss, el desierto del poder

Una mariposa aletea sobre su cabeza. Pero la mariposa no existe. Sólo en el interior del perturbado cerebro de Tom Kane, el Boss de Chicago. Es un símbolo de la enfermedad neurológica que pugna por destruirle. Y ésta no es la única de sus alucinaciones. Porque el alcalde ahora ve lagartos, un desierto donde está solo. Y fantasmas. Su antiguo asesor, Ezra Stone, le susurra al oído todo lo que el Boss no quiere escuchar. Su suegro, antecesor en el trono de Chicago, también viene a verle. Cuando menos se lo espera.

Las paranoias, el cinismo más escalofriante, la lucha despiadada por no caer y una dura crítica al sistema sociopolítico actual, donde quedan reflejados problemas como los rescates financieros, el uso fraudulento del dinero público, los recortes sociales en las capas más desfavorecidas de la población (dónde no se obtiene rédito político), los pactos en las altas esferas, la indignación popular y los desahucios, son los elementos definitorios de la segunda temporada de Boss, redonda en su concepción y desarrollo. 

Si en la anterior temporada ya se plantearon temas como la hipocresía, la ambición desmedida, la falta de escrúpulos para la consecución de objetivos egoístas, la total desconfianza, la traición, la imposibilidad de ser feliz y la soledad, el nuevo arco argumental continúa profundizando en estos aspectos, pero incluye nuevas y sugerentes propuestas que abren la historia a una merecida tercera temporada aún sin confirmar.

El espíritu de Ezra (Atención, Spoilers)
Como el fantasma de las navidades pasadas que visita a Scrooge en Cuento de Navidad, lo más perturbador de esta temporada han sido las apariciones espectrales de Ezra Stone. «La mesura de un hombre se ve en cómo maneja el poder», sentencia a su antiguo jefe. Stone encarna la conciencia del Boss por todos sus crímenes, pasados y presentes. Pero, a diferencia de Scrooge, las apariciones no sirven para redimir al alcalde. El Boss se mantiene fiel a su propio código moral delirante y nauseabundo, que le permite mantener su status y hacer morder el polvo a sus enemigos.

Las alucinaciones visuales y auditivas de Kane están llenas de simbolismo. El desierto, donde se enfrenta solo a la muerte y a la enfermedad. Los reptiles, que le persiguen sacando su lengua venenosa, son la esencia de su propia maldad, carente de pasión, taimada, perversa. Y no lo compadecemos, porque este personaje carece de humanidad. No hay, a lo largo de la historia, ni un atisbo de bondad. Al igual que le ocurre a su homónimo, el famoso Citizen Kane al que tanto nos recuerda el protagonista, el poder se convierte en un desierto donde se está condenado a vagar solo para, finalmente, morir.

Mrs. Kane, digna adversaria

Damas en la sombra
Una de las bazas fuertes de esta temporada ha sido la indagación en el alma de las mujeres de los poderosos: Meredith Kane (Connie Nielsen), la esposa del boss, y Maggie Zajac (Nicole Forester), la mujer del Tesorero del Estado y futurible gobernador. Ambas, tan ambiciosas y letales como sus maridos, con un dominio magistral de las apariencias, de la sonrisa hipócrita, de la manipulación y del control de las emociones.

Las dos, capaces de todo para llegar a lo más alto, ayudando a sus maridos en sus conspiraciones, actuando para aparentar la imagen de una familia sólida y feliz que, en realidad, está resquebrajada por la traición y las infidelidades. De hecho, uno de los momentos más impactantes es cuando Meredith, tras despertar en el hospital después de haber sido víctima de un atentado, le espeta a Kane con un hilo de voz: «¿Me has hecho tú esto?». Una frase que hiela la sangre y evidencia la aberrante falacia de su existencia: capaz de vivir con alguien al que odia, pero al que le une un vínculo tan difícil de romper como la complicidad de sus crímenes. Y que espera con paciencia el momento para devolver los golpes.

También es extremadamente delirante la relación entre Ben Zajac y su esposa, una mujer a la que únicamente le interesa su marido por su posición social, y que no duda en regresar con él aun habiendo sufrido el bochorno público de sus infidelidades (hecho que recuerda a Hillary Clinton con Monica Lewinsky). Porque, aunque no queda claro y parezca que se están divorciando, cuando estalla el escándalo de la senadora y se relanza la carrera de su marido, ella vuelve. Sola. Sin los niños. Dispuesta para el sexo que sólo utiliza como moneda de cambio. Y por su sonrisa lobuna reconocemos sus deseos. 

¿La denuncia del cuarto poder?
El papel del periodismo en la lucha contra la corrupción también es desmoralizador en Boss. De nada sirve intentar revelar crímenes y delitos cuando los medios de comunicación comparten intereses con el poder político. Además, enfrentarse al lobby mafioso da miedo. Mucho. Tal como comprobamos cuando la periodista y amiga del editor del Chicago Sentinel, Sam Miller (Troy Garity), le devuelve el pen con información vital para desvelar la enfermedad de Kane. Hay un límite hasta donde una persona corriente puede llegar, sobre todo cuando está en juego su medio de vida. Y, quizás, su integridad física.

Mona Fredicks es la nueva asesora

Una ingenuidad poco probable
La incorporación de los nuevos asesores, Mona Fredricks (Sanaa Lathan) e Ian Todd (Jonathan Groff), marca la dirección de la narración con dos historias opuestas aunque complementarias: por una parte, las diferencias de carácter que logran el mantenimiento en el puesto de trabajo. Por otra, la imposibilidad de mantenerse íntegro en un cargo semejante y lograr un beneficio social en un sistema corrupto, como le ocurre a Fredicks.

La historia de la ilusa asesora es, quizás, la más floja de la temporada, ya que no podemos entender su ingenuidad habiendo trabajado como ayudante de un concejal tan ambicioso como el propio Kane. Además, como personaje resulta un tanto insulso si lo comparamos con la frialdad despiadada de Kitty O’Neil, o con la mezquindad de Ian, el hijo ilegítimo del alcalde, que entra a trabajar para él utilizando todos los medios a su alcance: sexo, mentiras y manipulación.

Kitty O’Neil, la más fría

Una moral vacía
De nuevo, como ocurrió en la primera temporada, el personaje de Kitty O’Neil (Kathleen Robertson) −aunque en esta ocasión se mantenga en segundo plano−, es uno de los mejor construidos. Su habilidad para comprender los mecanismos de la supervivencia política, su desapasionada utilización del sexo como herramienta de poder y su incapacidad para la empatía (recordemos con qué desdén y extrañeza mira a la senadora cuando ésta le pone la mano en el hombro agradeciéndole su trabajo) la convierten en una suerte de replicante sin alma o de suicida en potencia, que no duda en volver con su amo aun sabiendo lo que le ha sucedido a su excompañero Ezra Stone.

Con esta temporada, Boss ha conseguido situarse como una de las series más interesantes del panorama televisivo. No sabemos si le esperan premios relevantes, porque es cierto que posee una complejidad no apta para las grandes audiencias. Sin embargo, va camino de convertirse en una de esas series de culto que logran un mayor éxito con el paso del tiempo. Y no hace falta decir que, al igual que en la primera temporada, Kelsey Grammer está magnífico.

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10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Lledó AP

    Si tuviera tiempo…

    29 octubre 2012 | 15:01

  2. Dice ser elclubsilencio

    Ya sabes que yo también soy fan de Boss. Me ha gustado mucho el papel de las mujeres, como bien apuntas: la temporada ha reflejado muy bien el papel de Meredith (es como una reina de película, en seiro), y también me ha gustado su contraria, Mona (no me extrañaría que después de lo que le ha hecho sea de las próximas alucinaciones de Kane).Un saludo!!

    29 octubre 2012 | 15:35

  3. Dice ser ainho

    Fantástico post!!! Como ya habíamos comentado previamente, muy de acuerdo en tus planteamiento. Y has dejado a la mejor para el final: sobresaliente Kitty. Para mi lo mejor, al igual que lo peor Mona.

    29 octubre 2012 | 15:37

  4. Dice ser Cecilia García

    Para ver esta serie fantástica hay que sacar tiempo!! You know… 🙂

    29 octubre 2012 | 15:49

  5. Dice ser Cecilia García

    Jajaja, ¡seguro!! En el post soy más finolis, pero en el comentario no me corto: el Boss es un MOTHERFUCKER con todas la letras!! Le deseo lo peor!! Gracias por el comentario, tu post sobre Boss me pareció muy, muy bueno, bytheway…

    29 octubre 2012 | 15:51

  6. Dice ser Cecilia García

    Qué personaje es Kitty! Sin duda alguna, uno de mis preferidos de todas las series. Ella lo borda, pero lo cierto es que el personaje está muy bien escrito. Es dramático y odioso a la vez. Y cuando regresa… hasta lo siento por ella. ¡Gracias por el comentario, Ainho!

    29 octubre 2012 | 15:53

  7. Dice ser Nuncio

    He visto la primer temporada y muero por ver la segunda. No la encuentro en los canales de cable de Argentina. Ruego por favor me indiquen un lugar en internet donde pueda verla… URGENETEEEEEE…Norberto

    30 octubre 2012 | 12:45

  8. Dice ser Cecilia García

    Hola! Te la puedes bajar de thepiratebay.se Un saludo!

    30 octubre 2012 | 13:20

  9. Me ha encantado el post!Yo creo que a Mona la han metido para ver el contrapunto y que no todo está perdido en la política, que hay gente que puede ser buena y preocuparse por el interés general. Es una batalla que sabemos desde el principio que está perdida

    18 noviembre 2012 | 17:22

  10. Dice ser Cecilia García

    Hola Noelia, ante todo me alegro mucho de que te haya gustado el post! Respecto a lo que comentas, creo que sí hay gente honesta que entra en política con ganas de cambiar las cosas. Sin embargo, en la mayoría de los casos, deben enfrentarse a un sistema donde la corrupción lo impregna todo. Y es ahí cuando es difícil conseguir fines honestos. Ojalá algún día pueda decir lo contrario. Nada me gustaría más.

    18 noviembre 2012 | 17:48

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