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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

El hombre que se convirtió en “el Caruso del silbido”

Retrato autografiado de Guido Gialdini

Retrato autografiado de Guido Gialdini

En las escasas fotos que se conservan de él, Guido Gialdini (¿1878-?) posa bien vestido y con la cabeza alta, con la actitud de un prestigioso cantante de ópera. De perfil distinguido y labios finos, había ganado fama internacional por ser un prodigio del silbido: era capaz de silbar cualquier melodía que escuchara, de ejecutar con precisión valses de Strauss, arias de ópera, canciones folclóricas o sincopados ragtimes.

El nombre italiano era sólo artístico. En realidad se llamaba Kurt Abramowitz y había nacido en Alemania, en Berlín. Tras una breve carrera como comerciante, en los primeros años del siglo XX comenzó a ser consciente de su talento y consiguió abrirse un hueco en la música silbando para otros artistas, haciéndo pequeños solos y arreglos en canciones de música ligera.

En años en que todavía convivían el gramófono y el fonógrafo (un aparato inventado por Edison y que reproducía sonidos grabados en un cilindro de cera), la incipiente industria musical se fijó en la destreza de Abramowitz y registró sus versiones silbadas. Poco antes de que estallara la I Guerra Mundial ya era una estrella de los espectáculos de variedades, se hablaba de él como “el Caruso silbador” y existen recortes de prensa que registran giras y conciertos en el resto de europa, en los EE UU en 1910/11 y a finales de 1911 hasta en Australia.

En sus grabaciones —todas ya libres de derechos y algunas fácilmente localizables en Internet— lo acompaña una gran orquesta. Sopla con ligereza, haciéndo arabescos invisibles con el aire que surge de su boca. A ratos podría pasar por un theremín, si no fuera porque el instrumento pionero de la electrónica no se inventaría hasta 1919.

Poco más se sabe de la vida y la trayectoria profesional de Abramowitz. Su rastro se pierde por completo en los años treinta. De origen judío, tiene peso la teoría de que murió en el campo de concentración nazi de Auschwitz durante la II Guerra Mundial.

Helena Celdrán

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