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Archivo de la categoría ‘Curvas’

El exhibicionismo que reina en los vestuarios de los gimnasios

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Puedo afirmar categóricamente que he regresado a los gimnasios. Desde hace varios meses la nuestra era una relación de virtuosísimo desapego: cada uno en su orilla, sin odiarnos, sin amarnos, ajenos.

Y aunque no sé qué empuja a los individuos a acudir a estos templos de tortura en los que la gente sufre y regurgita pavo, en octubre he recuperado los guantes anticallos, mi inseparable plátano negro que me acompaña en una bolsa de plástico durante días y mi flamante tarjeta de socia en la que se me ve con un entusiasmo inusitado, pese al esfuerzo que me supone acudir regularmente a desgastar las articulaciones, ya que lo más parecido a las odiosas series de repeticiones que hago en mi vida diaria es cuando saco del carro de la compra los yogures.

Así pues, tras meses atrincherada a los triglicéridos que tanto me gustan, vuelvo a familiarizarme con los que convocan las orejas vecinas levantando pesas y dificultad respiratoria, los sudorosos sin toalla y los de tirantes ínfimos que andan inflados y garrosos, todo humildad

Pero lo que más me perturba, sin duda, es el momento vestuario, motivo por el que ya decidí hace tiempo no hacer gasto de agua e irme cuanto antes a casa. Porque vamos a ver, compañeros y compañeras de gimnasio, una cosa es ir a la ducha desnudos y otra hacer vida social en paños menores o con el badajo a la fresca. Lo sé porque en la primera toma de contacto con mi gimnasio, todavía perdida, me introduje con paso decidido y frialdad clínica al vestuario de hombres, en vez de al que me correspondía (en el mismo lugar, pero en diferente planta) y al verme en mitad de un “huerto de pepinos”, me di cuenta de que debía correr hacia la salida antes de poner cara a esas hortalizas y que cambiara todo para siempre.

En el de mujeres, la cosa no mejora. Es agacharme a coger un calcetín y, a lo que me descuido, toparme con un culo en pompa a escasos centímetros de mi cara, mientras me pregunto dónde quedó la distancia de seguridad necesaria para evitar sobresaltos.

Y ojo, que está muy bien que vivamos la naturalidad de los cuerpos desnudos como animales gregarios que somos en un vestuario, pero a las adelfas que optan -todo betacaroteno y piel marrón – por secarse el pelo en pelotas, mientras se les va la vida en un espejo y te chocan, como si de una palmada se tratara, con los implantes mamarios en el lavabo, mientras te escoras pudorosa, las condenaría a ganar grasa en las caderas hasta no encontrar vaquero.

Por otro lado, tan extendida está la depilación integral entre nosotras, que miedo me da que vuelvan las melenas y en esos montes ya no surja la vida, como cuando te arrancas por error un pelo de la ceja y ya no vuelve a crecer.

En el lado opuesto, están todos aquellos que, más chulos que un ocho, después de una clase de spinning con un body y pantalón, lo hacen multifunción como las navajas suizas y abandonan el vestuario, sin desvestirse, en dirección a la piscina con su “bañador” resudado, mientras tú recoges los enseres y juras no meterte en esa misma charca a no ser que se eche tal cantidad de cloro que creas tener un unicornio en el establo. Apercibimiento máximo.

Vamos, que no sé que es peor.

Os deseo una maravillosa semana mientras sufro el vaivén de los cuerpos de vestuario, ahora que el deporte alumbra mi camino magro.

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Avec tout mon amour,

AA

El fin de décadas de esclavitud: adiós al 90-60-90

Kim Kardashian En Los ángeles hace diez días (GTRES)

Kim Kardashian en Los Ángeles hace diez días (GTRES)

Vogue ama las curvas y los anuncios publicitarios se empeñan en resaltar la importancia de que exista la diversidad en cuanto a mujeres se refiere.

Un reclamo que, pese a lo impostado -es evidente que no se pretende cambiar el mundo o las proporciones de las mujeres, sino vender un determinado producto conectando con todas nosotras y haciendo uso del neuromarketing- no deja por ello de ser positivo. El cerebro y las compras. Resaltar lo que nos hace diferentes, querernos, mimarnos, romper las reglas de la moda, de la vida o cambiar la percepción de cómo vemos las cosas son mensajes que apelan a nuestras emociones y que consiguen su cometido, que empaticemos con la marca que hay detrás, aunque a ratos me dé la sensación de que sea una zancadilla a la inteligencia femenina por lo fingido que resulta.

Y lo cierto es que, a fuerza de pedirlo todo el mundo, están consiguiendo que nos lo creamos, lo cual es positivo ya que nos encontramos ante cánones de belleza menos inalcanzables y un modo de ver la vida más respetuoso con nosotras mismas.

No hay que olvidar que celebrities como Kim Kardashian son las verdaderas culpables del cambio. Aunque el pandero desproporcionado de Kim -que crece en cada aparición como el kéfir- a muchos nos parezca un espanto y a ella también, en vista a las últimas declaraciones en las que deseaba volver a la retaguardia que lucía hace años y que ahora trata de disimular trasladando toda la atención a sus enormes pechos que muestra al mundo como único y meritorio “talento”, famosas como ella –Rihanna, Beyoncé o Shakirahan conseguido que los culos voluminosos ya no sean el blanco de críticas despiadadas y pasen no sólo a ser volúmenes a los que honrar y respetar, sino carnes a las que rendir pleitesía.

Y, en ese sentido, he de destacar la plasticidad de mi cerebro, ya que entre todos han conseguido que las míticas proporciones del 90-60-90 ya no me resulten sugerentes, ni siquiera a mí que las veneraba como si de Anna Wintour me tratara, por haber vivido de la moda en el extranjero hasta que decidí ponerme a estudiar la carrera y dejarme de viajes, de escuchar ridículas prioridades y a gente opinando demasiado.

Ahora me niego a servir ya de percha a nadie, ni la nueva Barbie quiere ser perfecta. El año pasado pesaba 54 kilos y hoy peso en ayunas 62 y, qué queréis que os diga, estoy más guapa que nunca.

Culpa de la genética, la verdad es que lo andrógino de mi antiguo cuerpo ya no me gusta; y me encantaba. Maldita sea, ahora me busco en youtube y sólo veo nariz y boca. Y era real, tan real como cualquier mujer porque, aunque no lo creáis, no sólo las gordas (antónimo de delgadas) ostentan ese título que discrimina positivamente a la grasa y que me resulta tan estúpido. Las delgadas no son holografías, creedme, existen.

Pero no puedo evitar sentirme súper contenta con esos centímetros que ahora hacen que mi pecho sea más generoso y me plantee incluso aumentarlo, mis caderas más cómodas cuando duermo de lado y mi culo pellizcable y menos masculino.

Así que, pese a la horrenda estética artificial que exhiben algunas de las que menciono, no puedo hacer otra cosa que darles las gracias por conseguir cambiar los cánones de belleza. A ellas y a la publicidad.

Adiós, esclavo 90-60-90, me da que no te vamos a echar de menos.

¡Disfrutemos todas de una vida más sana!

Avec tout mon amour,

AA

Cómo evitar sentirte como un globo de agua

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Tres cuartas partes del cuerpo humano son agua, aunque a veces siento que toda yo soy un tanque y que esa proporción no sería la correcta. Y es que, en ocasiones, los líquidos se atrincheran en nuestro cuerpo y desearíamos tener un grifo en el pie que vomitara los vasos que nos sobran.

En los meses calurosos, antes de la regla, al viajar en aviones o tras una sabrosa comida nos hinchamos como un globo de agua que estamparías contra el suelo hasta reventarlo.

Pues bien, os voy a contar qué truquitos utilizo para que la presa no se desborde. Por supuesto, lo mejor es consultar cada una con vuestro médico antes de llevarlo a cabo.

La primera medida que tomo es reducir la sal. No la elimino por completo porque, aunque los alimentos contienen un sinfín de sales minerales que proporcionan a nuestro organismo lo que necesita para funcionar correctamente y así evitar desajustes, es importante el yodo, un mineral necesario para la formación de la tiroxina, una hormona imprescindible para la vida que produce la glándula tiroides. Tampoco hay que olvidar que existen alimentos, como el riquísimo jamoncito ibérico, que podrían fardar de tener un alto contenido en sodio, así que si os gusta tanto como a mí, mejor coged uno soso y de esta manera no os veréis obligadas a prescindir de esta maravilla de la madre naturaleza.

En mi plan de ataque, no me olvido del agua. Aunque parezca una incongruencia, beber agua (o infusiones) mantiene el cuerpo depurado para que sea capaz de drenar mejor los líquidos. No hay que esperar a tener sed para tomar unos sorbos, de lo contrario implicaría que ya nos estamos deshidratando.

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Mi carro de la compra estos días se llena de frutas y verduras, como el de una top model de esas que presumen de zumos green en sus redes -con una pinta horrorosa- y parecen no acusar el paso del tiempo, sus embarazos chicle, ni la gravedad.

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Ni que decir tiene, que hay que reducir al máximo los tóxicos que torpedean el buen funcionamiento del organismo. A mi favor diré que no fumo, no abuso de los medicamentos (entre un Orfidal y una tila me decanto por esta última, como hacía mi bisabuela) y no tomo bollería industrial.

La cola de caballo es bastante diurética, pero esta vez me he decantado por una fórmula de farmacia, a base de extractos naturales para mejorar el bienestar vascular y el drenaje de los líquidos corporales, compuesta por trigo sarraceno, rusco, vara de oro, hojas de ortosifón y diente de león. Sabe a rayos, pero espero que tenga la velocidad de uno de ellos a la hora de hacer efecto, porque tengo programada una sesión de fotos en paños menores en un par de días y quiero ahorrarle al fotógrafo, en lo posible, los retoques con Photoshop.

También cocer, a fuego lento, en una olla una cebolla grande, unas ramas de apio y perejil, para luego bebernos lo que resulta de colar la pócima, sienta de maravilla. Yo tomo de 2 a 3 tazas al día. Además, tiene la ventaja de que es saciante.

Como no puedo ir estos días al gimnasio, debido a la lesión en mi talón derecho, me subo a la bici, 30 minutitos al día (variando velocidades) y hago una tabla de ejercicios para el culete en mi colchoneta azul. Siendo constante, no necesito más para activar la circulación, las grasas del cuerpo y acelerar el metabolismo el resto del día.

Respecto a la cosmética corporal, no me gustan las cremas en las que no entiendo las etiquetas y, después de exfoliar mi piel mojada con un guante de crin y acabar con una ducha en la que alterno el frío y el calor, me regalo un masaje ascendente y circular en las piernas con una mezcla muy sencilla que yo misma elaboro en casa a base de aceite de almendras y unas gotitas de aceite esencial de abedul o de ciprés, que optimizan la función del sistema linfático, estimulan la circulación sanguínea y eliminan las impurezas de la piel.

En el spa del gimnasio, procuro meter las piernas en la pileta de agua fría (cómo muerde la condenada) e inmediatamente después en el agua caliente. Repito el proceso hasta en 10 ocasiones, cada vez que venzo la pereza de ponerme el bañador. Ahora, con las cintas de kinesiología, no puedo hacerlo, pero me va genial.

La presoterapia con botas y el drenaje linfático manual son otras opciones que desinflaman. Sin embargo, la rubia que os escribe tiene las venitas muy sensibles, la piel muy fina y a ella los contrastes de agua le van mejor.

Por último, ver la tele con las piernas en alto y tirar millas con unas antiestéticas medias de compresión (cortas en esta época) son otras medidas que tomo y alivian.

Y para situaciones desesperadas, un masajito con Thrombocid… ¡y listas para volar livianas!

Espero haberos ayudado. ¡Os enseñare pronto el resultado de las fotos!
globo

Avec tout mon amour,

AA

Busco a Jacq’s

reciclaje

El pasado martes 17 de mayo fue el Día Mundial del Reciclaje y yo ostento el título de madrina de excepción, junto con mis otros compañeros de fatiga.

Cuando me propusieron grabar la versión ecológica del memorable Busco a Jacq’s, para la campaña La esencia del reciclaje de Ecovidrio, admito que la niña que hay en mí comenzó a dar saltos de alegría sobre un contenedor verde, loca por calzarse el látex cereza de la despampanante muchacha de mis sobremesas de verano, que víctima de la ola de calor, pobriña, se bajaba una cremallera que llegaba hasta el ombligo y revivía, a lomos de una moto, incluso a los pulpos ya salpimentados que había sobre la mesa.

Así que, con el entusiasmo que me caracteriza me fui, toda ética y pasión como el punto limpio que soy (aseada y con el pelo reluciente), a convertirme en el reclamo televisivo más conocido de los últimos tiempos, capaz de frenar el cambio climático. O al menos el clima del rodaje, como mi antecesora, que nadie sabe si encontró a ese hombre que no se detenía ante nada y dejaba tras de sí un aroma único e inconfundible.

Tras hacer alarde de curvas y buen comer en mis redes sociales, el equipo tuvo a bien prepararme, en lugar de polvos de talco, un paquete de harina de trigo por si el mono se me resistía cual fardo rubio, un chiste si tenemos en cuenta que soy celíaca y, por lo tanto, gluten free.

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Pero me subestimaron, el muy osado entró como la seda y, con unos trucos mágicos -y más relleno que un pavo en Acción de Gracias- lucí como Sabrina Salermo en sus buenos tiempos.

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A mí lado, un gallardo Carlos Baute me rogaba que no le hiciera reír con una perilla pegada a su barbilla adolescente y más cresta que Barei en Eurovisión, a punto de emular al desafiante gitanillo de Solo Loewe y antes de irse a ver el partido Real Madrid- Manchester City.

Y, a lo lejos, la simpática pareja formada por Laura Sánchez y David Ascanio, olía en paños menores almohadones, para su excitante Gaultier.

No sabía que pesaban tanto las motos hasta que me subí a la del set de rodaje. Unos mozos de brazos robustos me la sujetaban hasta que fuera de mi casco se escuchaba: “¡acción!”. Allí eché de menos un ventilador, a lo Paulina Rubio, que agitara mi melena de leona; aunque, debo admitir, lo que más temí es que se fueran a tomar viento fresco mis extensiones, con clips incluidos. Es lo que tenemos las mujeres de hoy en día, que somos un fiasco, nada es lo que parece, y qué gusto poder admitirlo sin perder una miaja de sex appeal.

Aquí quizá a algunos y algunas se les haya caído un mito y dejen de leer. Para los más entregados, continuaré con mi post en aras del medio ambiente. Porque yo, desde que soy una renacuaja (algo tenía que tener de buena y auténtica) lo practico. Mi cocina parece la de una chica con un trastorno basado en la acumulación de bolsas, en las que separo escrupulosamente los plásticos, el papel y el vidrio. Pero sabed que acabo de darme cuenta que las colonias y perfumes también pueden, por muy lindos que sean, contribuir a un mundo más sostenible: ¡yo ya he encestado dos en el círculo green!

L’eau de Vitrüm captura la esencia del reciclaje y yo ya me he agenciado varios frascos para ser la primera en bajarlos a la calle, en zapatillas y una afrodisíaca bata de guatiné. Tal vez por esto, el maravilloso equipo de Ecovidrio tuvo el detalle de regalarme en la rueda de prensa de El Corte Inglés el mono rojo, para que hiciera alarde de la motorista que llevo dentro y baje digna a reciclar, con este nuevo ‘homewear’.

Avec tout mon amour,

AA

Especial culos

En vista de los últimos acontecimientos que han marcado mi vida, creo que va siendo hora de ir con temas que de verdad importan: las imágenes de glúteos para cascar nueces que se asoman a las revistas.

 Hay un mes del año en el que un gran culo protagoniza la portada de varias de ellas. Se trata del ‘Especial culos’. Es un acontecimiento anual, como Eurovisión o el discurso del rey en Navidad. Dos gajos, maravillosamente torneados, parecen moverse y formar una boca chica, más propia de un ventrílocuo, que nos llama a silbidos para impresionar. Me desborda que esos mofletes jueguen al despiste en cada kiosco.

El "Especial culos" existe desde mi más tierna infancia.

El ‘Especial culos’ existe desde mi más tierna infancia.

Podría ser políticamente correcta; pero qué mierda de portada es esa en la que un maldito pandero aprovecha la coyuntura para burlarse de todas nosotras y recordarnos las magdalenas, las bolas de yuca con queso, las palomitas con mantequilla y los deliciosos brownies gluten free que han inundado de felicidad nuestro cuerpo.

Si esperáis que me haga prescriptora de buena voluntad en este blog, al menos hoy, de cómo conseguir un ‘derièrre’ de infarto, vais apañadas… sobre todo porque este verano voy mal, muy mal.

Y no por solidaridad.

Y por si no fuera suficiente desgracia la mía, la ciudad comienza a llenarse de minúsculos shorts -que prohibiría por pura envidia- y que se pasean por ahí como si esto fuera Sodoma y Gomorra. Ni un helado es capaz de endulzar la amarga visión.

¡Con lo que una ha sido! Poco menos que un “trasero de libro”, como proclamaba este verano la revista Cuore. Matrícula de honor en el 2015. ¡Y sin beca! Sólo con sudor, candados en la nevera y una buena luz de tarde… porque a la playa no hay que ir JAMÁS cuando el sol está en lo más alto, ya que los paparazzis pueden hacerte un roto más grande que Hacienda. Este año, señores de la revista Cuore, deberíamos firmar una amnistía y la retirada de cargos atribuibles a la buena vida.

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Y es que culos los hay de todo tipo: ochenteros (largos y estirados), de manzana (con un corazón- si se les mira por detrás- entre las piernas… e increíblemente fotogénicos), ergonómicos (se desparraman y adaptan a cualquier silla, como un cojín), flacos (poco turgentes y escurridizos), terrenales (simulan las grandes dunas del Sáhara), de pera (de coordenadas incomprendidas), alistados en las fuerzas armadas (duros, blindados y poco hospitalarios), redonditos (con buenas dosis de donaire), fruto de una sesión de bricolaje (a lo Kim Kardashian: de silicona, con proyección para sacarte un ojo y altamente inflamables) y mediáticos (feos, pero adorados).

Como veis, hay posaderas para todos los gustos y de todos los tamaños. Os propongo un juego: adivinad a qué tipo pertenecían las mías (porque no pienso desvelar a cuál pertenecen ahora).

Y mientras reto con la mirada a ése que me silba, pienso: qué lástima que los culos no sean intercambiables.

AARG!

especial

Avec tout mon amour,

AA