El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

¡Gracias Mankiewicz! Por ‘Eva al desnudo’ o ‘La huella’…

Cápsulas de cine

La última película que dirigió fue en 1972, La huella (Sleuth), un malicioso juego del gato y el ratón entre un presuntuoso escritor de novelas de intriga (Laurence Olivier) y el amante de su mujer, un peluquero (Michael Caine). No era coincidencia que eligiera la adaptación de una obra teatral, de Anthony Shaffer, o que uno de sus dos únicos protagonistas fuera un escritor. Joseph Leo Mankiewicz, procedente de una familia de judíos berlineses pero nacido en 1909 en Pensilvania, siempre concibió el cine como imagen y palabra. Tanto el teatro como el cine expresionista alemán de los años veinte marcaron su vocación.

Director y guionista, cuando se retiró lo hizo motivado porque sentía que ya no encajaba en el cine, que no se concedía la suficiente atención a los guiones y diálogos, que Hollywood o el público parecía más interesado en la acción y un envoltorio bonito o con abundantes efectos especiales que en las palabras que también tanto amaba. Y si eso era a inicios de los 70. ¿Qué pensaría ahora?

Mankiewicz-Cleopatra

( Joseph L. Mankiewicz con Elizabeth Taylor y Richard Burton en el set de ‘Cleopatra’ ©Fox )

Puede que sus películas se consideren actualmente demasiado teatrales, pero Mankiewicz fue uno de los grandes y el segundo director en lograr el Óscar a la mejor dirección dos años consecutivos, en 1950 y 1951 (el primero fue John Ford, y el tercero, más reciente, el mexicano Alejandro González-Iñárritu). Su puesta en escena precisa y elegante, el trabajo con el encuadre prodigioso, su dirección de intérpretes, especialmente con los personajes femeninos, de los mejores que ha dado el séptimo arte. Y ser uno de los grandes maestros significa que en su trayecto nos dejó unas cuantas obras maestras.

Está su testamento cinematográfico, La huella, o Eva al desnudo (All About Eve, 1950), una de las visiones más demoledoras y geniales de la naturaleza y condición de actriz o actor. Los oropeles de la fama y el éxito por un lado, y de sus miserias, egos y puñaladas traperas por el otro. Le valió su segunda estatuilla.

Repasando algunas de sus mejores obras, tuvo un prometedor debut con El castillo de Dragonwyck (Dragonwyck, 1946); e inolvidables fueron el cautivador romanticismo de El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, 1947); la modélica adaptación de una obra de Shakespeare con excelentes interpretaciones en Julio César (1950); el encanto crepuscular, cínico y desmitificador de La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954); o su incursión en el musical con Ellos y ellas (Guys and Dolls, 1955).

De la morbosa y perturbadora obra original de Tennessee Williams De repente, el último verano (Suddenly, Last Summer, 1959) extrajo un no menos oscuro tratamiento; escenificó otro juego perverso con personajes encerrados, un millonario y sus tres amantes, en Mujeres en Venecia (The Honey Pot, 1967); y la colosal, en todos los sentidos, Cleopatra (1963) con Liz Taylor, Richard Burton y Rex Harrison le costaría la salud.

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( Ida Lupino entregándole el Óscar al mejor director en 1951 por ‘Eva al desnudo’ ©Oscars.org/Youtube )

Todas ellas magníficas. Pero he dejado tres para el final. Quizá mis tres preferidas, junto con Eva al desnudo, y mis favoritas porque tal vez nunca gozaron de la popularidad de otras. Una es Operación Cicerón (5 Fingers, 1952), un relato de espionaje, en la Segunda Guerra Mundial, que contiene la que posiblemente sea la mejor interpretación de James Mason. La segunda Carta a tres esposas (A Letter to Three Wives, 1949) que le aportó su primer Óscar como actor, y un título con el que prácticamente empecé a descubrir su cine, hace años. De ahí mi singular aprecio.

Me falta citar El día de los tramposos (There Was a Crooked Man, 1970), un western cínico y socarrón, igualmente perverso y con otro duelo entre el gato y el ratón entre un sheriff retirado, impoluto y honesto, reconvertido en alcaide de una aislada prisión en Arizona, y un carismático y pícaro ladrón (encarnados por Henry Fonda y Kirk Douglas). El alma humana podía ser blanca o negra, pero estaba llena de matices, recovecos y grises.

Y a todo esto que Mankiewicz, uno de los cineastas mayúsculos, esenciales, de la historia del cine, falleció hace 25 años. El 5 de febrero de 1993.

 

4 comentarios

  1. Dice ser Darko

    Uno de los grandes del cine, de cuando Hollywood hacía buenas películas de verdad y no los remakes cansinos hasta la saciedad de ahora. Dejo una curiosidad sobre Cleopatra, que siempre se la recuerda como una de las mejores, pero tuvo bastante problemas en salir adelante:

    http://rodajesdepeliculas.blogspot.com/2017/05/el-rodaje-de-cleopatra-la-pelicula.html

    05 febrero 2018 | 13:53

  2. veinte-segundos

    Para disfrutar sin parar. Obras maestras. Gracias!

    05 febrero 2018 | 17:35

  3. Dice ser Charo Osorio

    Manckiewicz siempre ha sido uno de mis preferidos. A mí también me encantan Operación Cicerón, Carta a tres esposas y El día de los tramposos. Siempre me ha gustado la limpieza de su narración (en sus películas no sobra ni falta nada). En cuanto a que su cine pueda hoy parecer demasiado teatral, yo pienso que muchos elementos del teatro casan perfectamente con el cine. Además, creo que Manckiewicz domina perfectamente el lenguaje cinematografico: tratamiento del tiempo y el espacio, luz, encuadres, etc. Además, para mí Manckiewicz es uno de los grandes magos del suspense (en eso no le tiene ninguna envidia a Hitchcock). Gracias por el artículo, que me parece muy bueno y bien escrito. Qué lástima que ya no se hagan películas así.

    05 febrero 2018 | 21:03

  4. Dice ser Lola

    ¡Me encanta El fantasma y la señora Muir! Y El día de los tramposos, es genial.

    06 febrero 2018 | 15:56

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