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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Joyce Ballantyne, ilustradora de ‘pin-ups’ y creadora del anuncio de Coppertone

'Pin-up' de Joyce Ballantyne

‘Pin-up’ de Joyce Ballantyne

Arte popular, sin pretensiones de pasar a la posteridad, barato, masivo y satisfactorio. Las ilustraciones pin-up llenaron calendarios y revistas estadounidenses de los años treinta a los cincuenta. Su nombre venía de la condición de recortable: se trataba de pinchar —to pin up— con una chincheta aquella imagen feliz y descarada, fijarla a la pared de un taller mecánico, a la puerta de una taquilla o al lateral de un armario.

Calientes pero no prohibidas, las microescenas equilibran belleza femenina y erotismo con una feliz candidez algodonosa. Durante la ya tardía participación de los EE UU en la II Guerra Mundial —en diciembre de 1941, tras el ataque japonés a la base militar de Pearl Harbor— las chicas de papel desempeñaron el rol de ideal femenino del soldado estadounidense, se vendían como el motivo para volver a casa e incluso desde el ejército se pidió la distribución de revistas de pin-ups como herramienta para subir la moral de las tropas.

En apariencia de dominio masculino, porque eran ellos quienes soñaban con aquella voluptuosidad pícara, entre los artistas a menudo mencionados no pueden faltar Alberto Vargas, Gil Elvgren o George Petty, pero no siempre eran hombres quienes dibujaban.

'Pin up' de Joyce Ballantyne

‘Pin up’ de Joyce Ballantyne

Joyce Ballantyne (1918-2006) se abrió paso con éxito en la ilustración de pin-ups. Había nacido en Norforlk —una pequeña localidad que entonces contaba con unos 8.000 habitantes de Nebraska— y creció en Omaha, la ciudad más grande del estado del Medio Oeste. De niña se divertía haciendo recortables y durante la Gran Depresión ya vendía las muñecas de papel a un dolar la pieza.

Tras estudiar arte en Omaha y Chicago, se casó a los 25 años, pero sus planes no pasaban por abandonar la carrera y volcarse en la vida doméstica. Consiguió empleo en un estudio gráfico, ilustró diccionarios, mapas y murales para películas. La II Guerra Mundial jugó en su favor porque una mujer no sería reclutada, a pesar de que ella, por diversión, había aprendido a pilotar pequeños aeroplanos. Comenzó a trabajar en los Stevens-Gross Studios gracias a la recomendación del que había sido su profesor en la universidad, Gil Elvgren, que ya era un reconocido ilustrador de pin-ups. Los calendarios que ilustró Ballantyne llegaron a agotarse.

Boceto para el mes de marzo de un calendario ilustrado por Ballantyne en 1956

Boceto para el mes de marzo de un calendario ilustrado por Ballantyne en 1956

Zoë Mozert y Pearl Frush completan el trío de ases de las ilustradoras que triunfaron dibujando aquellas mujeres deseadas, con una destreza e imaginación comparable a la de Vargas, Petty o el mismo Elvgren. A diferencia de los autores masculinos, estaban interesadas en la belleza en sí misma, reflejaban lo mejor de la anatomía y la expresión femenina aunque también practicaran el erotismo contenido que define el género.

“El truco está en hacer una pin-up insinuante. Pero no lo haces sucio. La chica tiene que parecerse un poco a tu hermana, o a lo mejor a tu novia, o a la vecina de al lado. Es una chica agradable, inocente, pero la has pillado en una situación incómoda y un poco sexy”, contaba Ballantyne ya anciana (a los 86, sólo dos años antes de morir) en una entrevista al periódico de Florida St.Petersburg Times. Cuidó siempre las proporciones del cuerpo de sus chicas, no hacía pechos demasiado grandes y buscaba caras expresivas. A menudo ella era su propia modelo, algo que también practicaron Mozert y Frush.

Boceto para el mes de junio de un calendario ilustrado por Ballantyne en 1956

Boceto para el mes de junio de un calendario ilustrado por Ballantyne en 1956

Aunque como artista del género pícaro es una leyenda, la gran imagen atemporal de su carrera es otra muy diferente. En 1959 recibiría un encargo publicitario de los muchos que hizo, se trataba de una ilustración para Coppertone, la crema solar.

El anuncio de Coppertone ilustrado por Joyce Ballantyne en 1959

El anuncio de Coppertone ilustrado por Joyce Ballantyne en 1959

“No seas un rostro pálido. Usa Coppertone”, dice el pequeño eslogan en la parte inferior del cartel. Una niña pequeña, rubia y con coletas, se le ven las nalgas aunque se sujeta el bañador, del que tira un travieso perro.

La modelo original fue su hija Cheri, entonces de 3 años. Le hizo unas fotos en el jardín y poco más le hizo falta para crear uno de los grandes iconos publicitarios estadounidenses. Molesta por ser recordada por una obra que consideraba poco representativa en su carrera, decía al St.Petersburg Times: “Hice a Cheri algo mayor y le puse piernas más cortas. Les gustaron mis pinturas y conseguí el trabajo. Sólo fue otro anuncio. Otro anuncio de bebés. Bastante aburrido”.

Helena Celdrán

'Pin-up' de Joyce Ballantyne

‘Pin-up’ de Joyce Ballantyne

'Pin-up' de Joyce Ballantyne

‘Pin-up’ de Joyce Ballantyne

'Pin-up' de Joyce Ballantyne

‘Pin-up’ de Joyce Ballantyne

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