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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

El ‘statement’ de la artista-homeless Lee Godie

Lee Godie

Lee Godie

Ese fingimiento que en el arte y sus bazares llaman corpus, statement, proyecto, about o press kit y que casi siempre se reduce a palabrería, quimera, fabulación, mercadotecnia, es cualquier cosa menos arte: caja registradora, balance contable, asiento de ingresos, tarifa…

Hay consorcios, negociados y oficinas de comunicación que se dedican a diseñar y redactar esas blandas declaraciones.

Hay artistas que pagan, hay clientes que tragan. Hay grants, subvenciones a la creación, becas y otras formas de prostitución de tiros largos, esperando bolsillo.

Cindy Sherman, una de las fotógrafas más respetadas y queridas por la comunidad  mercantil de museos, galerías, ferias, marchantes y coleccionistas, tiene statements que dejan a Deleuze y Guattari a la altura de parvulitos con déficit de comprensión.

Están preparando una retrospectiva sobre su obra en el MoMA y dicen que se trata de una “elocuente y provocativa exploración de la identidad contemporánea“, porque sus “hábiles mascaradas (…) han creado una sorprendente e intrigante variedad de caracteres que resuenan profundamente en nuestra cultura visual”.

Si quita usted los cinco adjetivos y el adverbio de modo, todos vacíos (aunque dinámicos, cinéticos, nerdos), sólo queda aire, principio activo de todo buen statement. El aire no pesa, no tiene ideología, no hace daño.

Lee Godie (1908-1994) nunca dijo demasiado. No dijo casi nada si exceptuamos su gran reclamo de venta, que repetía a todo aquel que entrase en el museo del Art Institute de Chicago, en cuyas regias escalinatas pasaba los días: “¿Le gusta el impresionismo? Compre uno de mis cuadros, son mejores que los de Cézanne. Son cinco dólares”. Ese era su statement.

Lee Godie

Lee Godie

La existencia de Jamot Emily Godie se descompuso, según dicen, porque una de sus hijas murió de difteria. La madre se había negado a que la cría recibiese ayuda médica porque no creía en la ciencia de los bata blanca.

Con el alma fracturada eligió vivir en la calle los últimos 25 años de su vida. Otros eligen hacerse amigos de todo bicho viviente con cuenta en Facebook o Twitter y sostienen que lo hacen para “dar a conocer” sus fotos, dibujos u ocurrencias no siempre divertidas.

Ambas opciones encubren una inmensa soledad. La primera, la vida en la calle, es más valiente. Es el más caliente de los statements.

Lee Godie pintaba. Sus cuadros, según la mafia del arte (que vive en los mejores barrios de Facebook, DF), son outsider art. Bajo la apariencia de una denominación compasiva pero correcta -arte ajeno, diferente, extraño, desconocido, fuereño-, la categoría incluye a toda forma expresiva que elimine la intermediación. La incluye, claro, para excluirla. La gente como Lee nunca cotiza.

“No hay margen” significa lo mismo que “no existes” en el mundo del arte entendido como cash flow.

Mientras los objetivos no enfocaron a Lee Godie, la ecuación era simple y la vida también: “yo le vendo un cuadro mejor que los de Cézanne y usted me da unos dólares a cambio”. Todos contentos.

Pero en esto llegó la mafia, que, como siempre, se sirvió de los escuadrones de zapadores de los media. En cuanto Lee Godie apareció en el primer diario (el titular podemos presentirlo en retrospectiva: “Mejor que Cezánne y a cinco dólares”), la “pintora francesa impresionista y homeless” empezó a cotizar.

Lee Godie también hacía fotos -por eso la traigo hoy a Xpo-. Se metía en el fotomatón de la terminal de los autobuses Greyhound y posaba. Luego manipulaba las imágenes con un bolígrafo. De modo elocuente siempre trazaba un óvalo en torno a sus ojos. No aceptaba la mirada biológica, quería reponer los globos oculares, disfrazarlos. A veces dormía en la cabina del fotomatón, quizá soñando que residía bajo los cielos sin afinar de un cuadro impresionista.

Lee Godie

Lee Godie

La artista homeless se engendraba en las fotos. Era una proto Cindy Sherman, pero sin dinero para el equipo o ayuda del MoMA -cuyo elenco de patrocinadores no difiere demasiado de la posible lista de invitados VIP al cumpleaños de Satanás-. Lee Godie se lo hacía solita en la cabina. No creo que la Sherman llegase a tanto con los mismos medios.

El dilema vino con la fama. Lee Godie se convirtió en una de las atracciones de Chicago. Excursiones de galeristas y gente de la misma calaña acudían a verla, charlar, sentirse padres de la outsider. “Huele mal, ¡pero es tan auténtica!”. Cada uno se llevaba a casa un cuadro, un buen tema de conversación entre un triple seco y el siguiente.

Lee Godie aceptó la invitación para exponer en un local de tiros largos. Su dueño, Carl Hammer, se convirtió en su marchante. Fijó los precios de venta de cada cuadro en un mínimo de 6.500 dólares. No se vendió ni uno. Sucede con los putrefactos: pagan 10 dólares a una homeless por una pieza outsider, “¿pero 6.500?, ¡vamos hombre!, por esa tarifa me hago con un Basquiat o un Haring”.

Con el tiempo la salud de Lee Godie se quebró. En 1991 fue internada en un asilo de caridad con síntomas de Alzheimer. En 1994 murió, a los 85 años.

Lee Godie

Lee Godie

En los Estados Unidos, tierra de plenitud capitalista, no te perdonan ni los céntimos de una deuda: te cobran por cambiarte el pañal, por secarte el sudor, por agarrarte del brazo para que te arrastres hasta la cama .

Alguien debía hacerse cargo de la minuta médica de Lee Godie durante sus tres años en el asilo de caridad capitalista. Los juzgados intervinieron la obra artística para intentar llenar los bolsillos de los acreedores.

La moraleja de la historia, el statement, nos conduce a los terrenos de la casquería: muerde, perro, para eso estás en el mundo.

En una de sus fotos Lee Godie sostiene tres billetes de diez dólares con el mismo donaire que si se tratase de un manojo de acelgas. Los ojos, retocados, miran en sentido contrario. Están inmensamente abiertos.

Eso también es un statement, una “provocativa exploración de la realidad contemporánea” pero anti pija, de verdad.

Ánxel Grove

6 comentarios

  1. Dice ser Ender

    El articulo es interesante. Y cualquier estudiante de arte asqueado del mundillo, como es mi caso, te dara la razon. Lo unico que no entiendo es por que tienes que intentar siempre defenestrar a un artista para aupar a otro. Que la obra de esta señora sea interesante, que el mundillo no sean mas que unos cuantos pseudointelectualoides cansinos adictos a la autofelatio y que el medio del que pretendemos vivir de todo el asco que te puedas imaginar ( y es algo que vivo de primera mano , cuando los profesores te dicen directamente que estas en esta carrera para aprender a mentir y vender tu obra, que de algo hay que comer)
    no es un motivo para despreciar la obra de Cindy Sherman. Que si, que es un engranaje mas de esa maquina de hacer dinero que es el arte, y que se presta a esos juegos. Pero eso no empobrece su obra, que tiene muchas mas virtudes que defectos. Y sinceramente, de las pocas cosas que he descubierto en 3 años de bellas artes, la obra de cindy sherman es de lo poco que no me hace reirme a carcajadas por no llorar

    18 Agosto 2011 | 23:38

  2. Ender,

    Tu razonable y justo comentario me da que pensar. Que te pida disculpas por las malas pulgas (que las tengo, como todos) no quiere decir que modifique mi opinión: por muy divertida que sea la obra de Cindy Sherman, su status me resulta indigno y chocante, como el de cualquier artista, por lo demás, que cultive el pesebrismo y busque la financiación pública o privada sin deternerse a mirar si las manos que entregan el dinero están manchadas de sangre (pienso en toda esa caterva de seudo artistas, y tú pareces conocer el percal mejor que yo, que se pliegan -o se despliegan, según se mire- frente, por ejemplo, a las fundaciones de las entidades bancarias).

    Gracias y ánimo en tu peripecia académica.

    Cuando los carcamales te aconsejen venderte, recuérdales a Degas: “Un cuadro debe ser pintado con el mismo sentimiento con que un criminal comete un crimen”.

    19 Agosto 2011 | 01:10

  3. Dice ser Petra Pakar

    Excelente iniciativa para recordar a artistas que tal vez sean mejores (o al menos diferentes) que los “habituales y establecidos”. Hay tantos genios olvidados o no suficientemente reconocidos: Joe Jackson, Tesla,etc. que hicieron una gran labor y al final son desconocidos por el gran publico que se conforma con migajas que les vomitan los medios.

    19 Agosto 2011 | 06:39

  4. Dice ser NENU

    y nadie se le ocurrió ir + allá a la pna?ayudarla psiquicamente?sacarla de la calle?noooo,claro, es + exótico ir a ver a la vagabunda pintora….nadie pagó un asilo decente o hizo una recaudación…eso sí q guay soy llendo a verla,intentando exprimirla o hablando de ella en un artículo de su tiempo…q asco de sociedad superficial…

    19 Agosto 2011 | 06:54

  5. Dice ser style tipps

    El arte y la calle suelen ir de la mano demasiado a menudo. Quizás la calle sea imprescindible para sacar lo que uno lleva dentro.

    19 Agosto 2011 | 10:00

  6. Dice ser carol

    A mi, sin querer entrar en la polémica de arte/no arte, la obra de Sherman, además del reproche ético que comparto, me parece paupérrima, no le doy estatuto artístico. Podrá hacer reír, sí, lo mismo que una tía enrollada que se disfraza cada año para hacer reír a sus sobrinos pequeños. Yo me río con otras cosas. Podrán tener cierta calidad sus fotos y su producción, pero un maquillador de efectos especiales hace cosas muchísimo más asombrosas y no las ponen en los museos. Además, una artista que no haga otra cosa durante 30 años, con todas las posibilidades que podría descubrir solamente sabe disfrazarse y fotografiarse, no sé, encontró una fórmula cómoda que le da dinero y ya.

    19 Agosto 2011 | 10:36

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