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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Entradas etiquetadas como ‘trail running’

Los Cien Mil hijos de San Trail

Ayer alcanzaron los 100.000 ‘me gusta’ en Facebook. Lo celebraban viéndose muy por encima de eventos como el Maratón de París (56k) y a escasa distancia del ¡Maratón de Nueva York! (125k). En efecto: los Poletti, apellido ligado a la dirección deportiva del Ultra Trail de Mont Blanc, estaban ayer de celebración.

De indudable capacidad mediática, un maratón masivo como los históricos que todos tenemos en mente anda en estos momentos por los cincuenta mil amigos en facebook. Berlín y París dan esa cifra. El monstruo londinense acumula menos de noventa mil. Para que os hagáis una idea de lo que mueve una opinión en las redes sociales emitida desde esas organizaciones, nuestro maratón de Barcelona reúne una tercera parte de seguidores.

Pues bien. El señor Ultra Trail de Mont Blanc y sus señores organizadores tienen pendientes de las actualizaciones de la red social de las carreras a más gente que las de los principales maratones del mundo.

Estamos hablando de una carrera de una especialidad muy joven del mundo del correr. Una modalidad del correr que ha estado alejada hasta hace unos escasos meses de las cadenas de televisión. Recordemos que únicamente Eurosport ha emitido un resumen de larga duración (que podéis consultar en este vídeo) y que ni se emite en directo, salvo las cámaras de ultratrail.tv. Es probable que, si en algún evento se están dando pasos de gigante hacia la globalización del llamado ‘trail running’ (correr por la montaña, en esencia), sea en el UTMB.

Likes, no likes.

Y, entre tanto ¿es una medición significativa lo que una carrera acumule en términos de popularidad de las redes sociales? Creo que sí. Mucho.

No significa que sea mejor o más bonito. Es la medición de que, un mensaje emitido desde la carrera, salta automáticamente a un número creciente y gigantesco de usuarios, fans, potenciales clientes o aficionados a las andanzas en el monte.

¿Es sintomática de algo?

Al menos es evidente que la expectación está creada. La proporción de quienes lo siguen y optan por un dorsal es exagerada, comparado con las cifras de participación de los grandes circuitos de ruta. Chicago o Londres acumulan diez veces más corredores que las diversas distancias que terminaremos en Chamonix.

En 1823 eran aproximadamente cien mil los defensores del Antiguo Régimen, los que echaron una mano al reaccionario Fernando VII. Creo que las cosas han cambiado mucho y ahora, contar hasta cien mil, podría ser hasta un síntoma de buena salud.

¿Y tú? ¿Has pasado a hacer click por su perfil en facebook?

[-10] para Montblanc: detalles que lo convierten en una carrera casi perfecta

¿Qué es eso que tanto se habla de que la organización del UTMB es prácticamente perfecta? ¿Es para tanto? ¿De verdad se acerca tanto a un Tour de Francia o a un Maratón de Nueva York de las carreras de montaña?

No emitiré juicio hasta que no lo vea con mis propios ojos de cordera agotada. Falta ver la logística, la resolución de conflictos cuando la meteorología o los inconvenientes del momento lo requieran, el trato al corredor, mil cosas.

Pero, para ir entrando en materia, os daré unas pistas del material que llega a mis manos. Una de las maneras de chequear el estado de salud de un evento o una empresa es ver cuánto se trabaja en las oficinas de comunicación de la carrera.

Todos recordamos nombres y eventos de lo contrario. Donde uno se entera de los cambios 48 horas antes, cancelaciones o modificaciones, o notas de prensa donde predomina la información menos relevante, las fotos con los políticos de la zona.

Pues bien, en las últimas dos semanas, las personas que movilizan el departamento de prensa del Ultra Trail del Mont Blanc han logrado lo que parecía imposible: la avalancha de información me ha sobrepasado. Han tenido el cuidado de mantenernos al día de (agarraos):

1. Resumen personalizado de horarios y alojamiento.

2. Invitación a probar una nueva línea de frontales Petzl con uno de los corredores más famosos del orbe montañero: Seb Chaigneau.

3. Recordatorio de que visitemos y cumplimentemos el espacio ‘salud para el corredor’, donde quedará grabada tu información de emergencia médica

4. Algunos nombres a seguir entre los 100 mejores que asistirán según la Asociación Internacional de pruebas trail (ITRA)

5. La Web tv en la que se podrá seguir cada una de las cinco carreras: en ultratrail.tv

6. Métodos de seguimiento LiveTrail® para facebook, twitter, vamos, de lo mejor en materia de seguimiento en línea en pruebas al aire libre. O por SMS para familiares y amigos.

7. Conferencias que se celebrarán en ese sarao fantástico donde las marcas quieren estar: el Salón del Ultra-Trail

Es una buena batería de asuntos, como veis. ¡Y en solo dos semanas! Espero que sirva como guía y que alguien pase a alguien el enlace de este post. De los detalles del buen trabajo se aprende y todo mejorará. Con esa metodología y medios no habrá burbuja que valga sino crecimiento de calidad.

Me queda una duda. Si cuidan así a los medios de comunicación, ¿cómo no cuidarán a los auténticos protagonistas de la aventura, los corredores?

© The North Face® Ultra-Trail du Mont-Blanc® – Clément Vaillant

[-23] para Montblanc: y ¿de entrenar, cuánto?

Ay. Esa es la madre del cordero. ¿Cuánto es “ir entrenado” para una carrera de estas características?

¿Podré o no podré? ¿Qué llevo en las piernas y qué me falta amén de esa ‘experiencia demostrada’ con los puntos en pruebas previas?

Veintitrés días por delante para una de las cinco carreras del gran festival de la course nature. Días que muchos emplean en afinar entrenamientos y en casi, casi, descansar después de las grandes sesiones de montaña. Mis amigos de Ciudad Real se pasan por la piedra un tríptico por la sierra de Guadarrama. Fijaos como es que muchos corredores de élite ya han viajado a los valles Alpinos para empaparse de las sendas y conocer al dedo todas las curvas y rampas.

Acumular kilómetros, acumular desniveles… pero algunos tenemos un carromato de tareas que impiden, pongámoslo así, un entrenamiento ideal. Bueno. Quizá ideal sea una palabra rimbombante para este caso. Decente. Incluso decente sería injusto conmigo. Le pega más decir mínimamente suficiente.

Apuesto casi todo a mi experiencia acumulada. Solemos decir los perros viejos que el corredor guarda un fondo mínimo con los años. En realidad solemos decirlo cuando los demás declaran todo lo que han entrenado y a nosotros nos da reparo ir con la verdad por delante.

Acumulado un mes de reposo y con una semana de mochileo que me queda por delante, mi entrenamiento es el habitual en una semana estándar. Apuntad para despellejarme o para patentar el método: dos días de correr por campo, otro día o dos de gimnasio para fortalecer la birria de cuerpo, y tres más que quedan para lamernos las heridas, fundamentalmente.

Mi entrenamiento más intenso fueron las diecisiete horas de tortura subido al Gran Trail Peñalara. Ochenta kilómetros en los que me dí cuenta de la dureza de esa prueba. Pero también que será lo más extremo a lo que me enfrente en bastante tiempo, conectando la gigantesca prueba con semanas (muchas) arrastrando cansancio y falta de sueño por los motivos que a medio mundo le preocupan. No hace falta dar más detalles.

Aparte, los dolores.

Ser mayor significa tener machacadas muchas articulaciones y tendones. Ser mayor y dueño de una sociedad de inversión con capital en Bahamas no es lo mismo que ser mayor y haber corrido durante los últimos 34 años. Adivinad en qué grupo se encuentran mis tendones de aquiles, rodillas, gemelos o vértebras.

Tengo que optar por, bien recuperarme del mes pasado y enfrentarme con ganas a los cien kilómetros de mi Courmayeur-Champex-Chamonix, o bien a entrenar como un imbécil pensando en que he perdido un pico de forma muy interesante. Ojo, no os estoy llamando imbéciles a los que entrenáis. Solamente a los que encaráis una durísima prueba tras otra porque el cuerpo todavía no se está quejando mucho.

Pero lo hará. Siempre duele. Preguntad a los corredores profesionales si duele.

PD. Si esperabais que os destripase los secretos de cómo entrenar, lo siento en el alma.


Foto: © The North Face® Ultra-Trail du Mont-Blanc® – Franck Oddoux

[-25] para Mont Blanc: ¿qué es el material obligatorio?

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Poneos en situación.

Organizas un evento deportivo por montaña. Este se populariza. Tanto, en tus manos está la seguridad de miles de personas. Inevitablemente, como organizador, has de establecer unos filtros de calidad.

Pero ¿Correr no era uno de los deportes más democráticos?

Vamos por partes. Sigue imaginando. Ese evento deportivo sube a los participantes a zonas donde la meteorología no es amable. Un tobillo dañado o una ráfaga de aire frío puede poner en peligro a un corredor que se quede parado a, por ejemplo, 2.500 metros de altitud. Aunque sea verano.

Esta situación de riesgo podría solventarse con un buen equipo de rescate y unas dosis de paciencia. Pero hemos apuntado antes que el evento se populariza. El UTMB va a aglutinar más de siete mil participantes. Esto no se soluciona con tres ejércitos de montaña implicados y las compañías aseguradoras temblando como hojas de álamo blanco. Las bases de la prueba, amén de movilizar los ejércitos de Francia, Suiza y de Italia, se establecen sobre un principio doble:

1. Has de tener experiencia corriendo en montaña

2. Tendrás que portar un material obligatorio.

El primer punto, como os comenté en ocasiones anteriores, se solventa con la exigencia de acumular carreras puntuables. Esto demostrará que no eres un inconsciente que gasta lo que haya que gastar por ascender esos collados y luego, si ocurre algo, que te recojan, que tu seguro multimillonario asegura cubrir toda eventualidad.

El segundo lleva a esta siguiente lista, de carácter OBLIGATORIO para todos, y que podríamos decir que se cumple desde el primer corredor hasta el último, o eso aseguran todos los implicados.

Teléfono móvil con opción Roaming activa. Grabar el numero de emergencias de la organización en los contactos. 
Vaso de al menos15cl
Contenedor para reserva de agua de 1 litro mínimo
Linternas en buen estado de funcionamiento con pilas de recambio para cada una
Manta de supervivencia de 1,40 x 2m mínimo. 
Silbato
Venda elástica adhesiva que permite hacer una cura o un taping (mini 100cm x 6 cm.)
Reserva alimentaria
Chaqueta con capucha que permita soportar el mal tiempo en montaña y fabricada con una membrana (Gore-Tex o similar) impermeable y transpirable 
Pantalones o mallas largas, o combinación de un pirata con calcetines altos de manera que cubran totalmente las piernas.
Gorra o bandana
Segunda capa térmica adicional: una segunda capa térmica de manga larga (algodón excluido) de un peso mínimo de 180 grs. 
Guantes calientes e impermeables
Sobre-pantalón impermeable.

Interesante, ¿eh? Pues todo esto ha de caber en la mochila que llevemos encima, donde habrá que meter líquido y comida para asegurarnos, como se pide de modo literal “que a la salida de cada avituallamiento tengamos sólido y líquido para llegar al siguiente”.

Y es que la montaña no es un juego. Supone una inversión previa en horas y meses de preparación, y otra inversión en material que nos pueda traer de vuelta y contar el lado bello a nuestras amistades.

Por si alguien empieza a inquietarse sobre el berenjenal en que 20Minutos ha metido a su corresponsal o si no había sido mejor enviar a Chema Martinez, mañana os prometo contar con qué herramientas y preparación voy.

[-28] para el Mont Blanc: llegar a Chamonix

Veintiocho días para el Mont Blanc. Vamos con las logísticas, que la sesión de spinning y trote de hoy ya la hemos finiquitado.

Ayer volví a curiosear en algunas de las páginas donde los expertos de la participación alpina detallan sus preparativos. Id a Google y buscad los blogs de Iván Vivo o del imprescindible Sergio Garasa (con su buen carrerasdemontaña.com). Lo cierto es que la logística para un UTMB se ha convertido en poco menos que preparar (y presupuestar) unas vacaciones completas.

Chamonix es un animado esquinazo de Francia con las paredes de su jardín adosadas a Suiza y a Italia. La manera más eficaz de ir desde España, y así lo hacen también muchos otros corredores de todo el mundo, es volar hasta Ginebra. Cien kilómetros al este, monte arriba.

Piensa uno que es decidirse con antelación, otra tarea más amén de la de entrenar, probar materiales. Vamos, la cosa de ir hasta allá.

Por que volver, a malas, ya repatriarán nuestros cuerpos.

Alguien que ha sido capaz de inscribirse online, que maneja habitualmente la red y que adora visitar y reservar páginas de vuelos, piensa que sí. “Ginebra. Bah, eso está tirado. Hay opciones de todos los colores”. Y lo comentas entre los otros corredores. No le das más importancia. Es en ese momento cuando otro experimentado corredor dice lo de “Corre porque ya no hay casi alojamiento y los vuelos están subiendo”

¿Casi no queda alojamiento? ¿En Febrero?

Las cifras del UTMB son mareantes y la capacidad de los valles alpinos es finita. A pesar de albergar durante la temporada de esquí a miles de visitantes, se estima que a Chamonix y pueblos colindantes acuden un total de siete mil quinientos corredores e igual número de acompañantes, voluntarios y personas desplazadas por la zona. Hay que reservar y agachar la cabeza ante los precios ofrecidos (¡y es temporada baja!) o tirar de contactos o compartir apartamentos entre varios corredores.

Si bien volar hasta los Alpes desde Madrid es económico (mi vuelo ha rondado los ochenta euros) y desplazarse en los buses y servicios de transporte hasta Chamonix es relativamente caro (calculad otros treinta pavos largos por cien kilómetros), lo del alojamiento necesita de sus dosis de tolerancia frente a lo disponible.

Estamos en temporada alta vacacional, con lo que es interesante moverse en cuanto sepas que la lotería te ha agraciado con una plaza para participar en la carrera. Si necesitas conectar con otro vuelo via Madrid, sigue la máxima: “la doble antelación, siempre mejor que la mera antelación”.

Da la impresión que este viaje transeuropeo podría salir por un pico. De eso podríamos hablar mañana, porque por medio están el material obligatorio y los ‘porsiacasos’.

[-29] para el Mont Blanc

Bien. Manos a la obra.

Ya conocéis por las descripciones de este blog, prensa, vídeos y hasta programas de televisión qué colosal barbaridad inventaron los Michel y Catherine Poletti. Dar la vuelta al macizo del Mont Blanc, reciclando un tradicional sendero excursionista en una prueba de carreras de montaña. Comparte por lo tanto la esencia de cualquier prueba deportiva: convertir algo cotidiano en un reto.

¿Qué es y qué debería ser el UTMB para un corredor aficionado?

Sientiéndolo mucho, hay que olvidarse de Kilian Jornet o de Iker Karrera o Miguel Heras. Aunque sean de nuestro pueblo o un día nos hayan devuelto el saludo, o nos hayamos hecho una foto con ellos. Pertenecen a una esfera fantástica pero inalcanzable.

Ya nos acordaremos de ellos y de su maldita estampa cuando estemos bien fastidiados (fijaos con qué delicadeza no he dicho ‘convenientemente jodidos’) en mitad de un descenso con esa sensación de que nos han rellenado los muslos con cristales rotos.

Alguien que corre, que ha tenido la suerte de aficionarse a la montaña y que ya tiene experiencia y años acumulando kilómetros en sus piernas, pasa por unas fases típicas:

1. quizá un año corra

2. ¿y si echo la lotería del Mont Blanc?

3. unos colegas han ido, eso tiene que ser la repera

El paso siguiente es empezar a recalcular las vacaciones y los dineros. Estás metido hasta las orejas en ello. Mañana os contaré parte de esa logística. Pero el primer paso es convertir el UTMB en el centro de los entrenamientos y planificación de casi año y medio. Por que… hay que acumular kilómetros, puntos y horas de vuelo.

El famoso sistema de puntos es lo que te rodeará durante dos años.

El circulito azul con el tío sudando como un pollo. Lo verás y lo buscarás. Es la etiqueta identificativa de que una prueba ha sido autorizada a darte puntos de experiencia para el UTMB.

¿Cómo dice?

El sistema que medirá tus progresos como corredor de montaña te otorgará un punto si corres un maratón por los cerros y el recorrido de este tiene al menos mil metros de desnivel. Te dará dos puntos en cuanto esa carrera sea más chicha que limoná y te acerque a los ochenta o noventa kilómetros. Y tres, si pasas de los cien kilómetros y desniveles de varios miles.

En el momento de inscribirte para el Mont Blanc tienes que haber acumulado durante año y medio largo una serie de puntos. Muchos, como puedes imaginar. La organización no quiere gente sin experiencia en montaña. Se juegan tener que evacuar a cientos de inexpertos de un momento de apuro a más de dos mil metros.

Lo divertido empieza cuando echas cuentas de qué rige tus trotes durante esos meses. Pero es la magia de la aventura, ¿no?

Mañana, [-28].

[-30] para el Mont Blanc

© The North Face® Ultra-Trail du Mont-Blanc® – Pascal Tournaire

Treinta días. Ya está a la vuelta de la esquina.

A partir de hoy desgranaré brevemente cómo ir de cara y sin miedo a una de las pruebas más exigentes del mundo para un corredor.

Sobra deciros que no estoy recomendando a nadie que piense en ir. O sí. Pero que nadie minusvalore la trastada. Participaré en la Courmayeur-Champex-Chamonix, la prueba menor del gran bucle alpino, el Ultra Trail del Mont Blanc. Nada más y nada menos que veintiséis horas de tiempo límite para recorrer 3/4 partes del giro al macizo del príncipe Europeo. Sí, vale, son cien kilómetros.

Por otro lado, esto tampoco será la crónica épica de un cuarentón vigoréxico. Resumiendo. Si seguís este blog, creo que sabéis de qué va la cosa.

Hoy he dado rienda suelta al cuerpo. Después de estar casi un mes descansando del intenso Gran Trail de Peñalara, que me dió un simpático revolcón pasados ochenta kilómetros, tocaba comenzar con los deberes.

El gimnasio ha acogido los primeros circuitos de fuerza. Para no iniciados, digamos que correr implica mover las piernas y un poco los brazos y hombros. Correr por terrenos variados exige más de todo el cuerpo. Pues correr por montaña, y caminar por montaña (que será lo que haga durante muchas horas) pide al tren superior un trabajo doble. Y los que corremos solemos ser unos birrias de cintura para arriba. Preguntádselo a nuestras parejas.

Por lo tanto, en mitad de las calorinas de mi ciudad, como escribe mi amiguete el bicioso Pedro Bravo, sudores y más sudores para tirar de pesas, hombros, brazos, remo, y entre medias recuperación subidos en las bicicletas de spinning y la cinta de trote cochinero. Dicho de otro modo, sufrimiento innecesario aunque imprescindible para poder ganar algo de músculo.

Mañana, [-29].

Permaneced atentos.

¿Están quemando tu bosque? Denúncialo

Foto: EFE

Unos amigos de la sierra de Algeciras, en concreto los archiconocidos corredores de fondo autodenominados Kroquetas, denuncian en las redes sociales que los incendios de la zona están cargándose su magnífica y excepcional sierra. Sí, un espacio verde donde Iván, Azarías, Sergio Pérez o Manué entrenan, respiran y viven el campo. Su libertad, la que el bosque da para todos, como menciona Sergio.

 Arde mi casa, la zona de recreo donde he compartido visita con buenos amigos. Mi casa es así de hospitalaria, caben todos los que quieran, es muy grande. Pero lo siento, no os puede acoger ahora, esta ardiendo. 

El compañero de TV Alvaro Gallardo tuiteaba el otro día con esa mezcla de desesperación y de no poder hacer más que denunciarlo.

La semana pasada teníamos corredores como Tito Parra haciendo turnos para apagar el incendio tremendo de Guadalajara. Sí, corredores de montaña, los que son acusados de degradarla. Tito es un profesional de los bosques. Los salva de arder.

En el incendio se veían afectadas más de mil hectáreas de un parque de elevado interés ecológico. De nuevo.

¿Está desangrándose tu bosque?

¿Salta el fuego desde las manos del hombre a las sendas y árboles por los que corres o paseas?

Denúncialo.

Grita alto. Me ocuparé de mantener abierto este post y reenviaré los comentarios que dejéis para que no se olvide la gente de una cosa: la masa forestal de nuestros montes y bosques nos llegó de nuestros padres y la tendremos que dejar intacta a nuestros hijos.

Ya no se trata de correr o de no correr. Es la cubierta vegetal de nuestro planeta.

La extrema dureza de un deporte

Corremos. Lo recomendamos a amistades, conocidos o desconocidos porque es bueno. Es sano. Vendemos incluso humo a su alrededor. Todo es tan idílico que olvidamos que está delimitado por áreas difusas. Oscuras.

Correr en la montaña es una de esas áreas-límite. Hace ahora dos semanas que participé en el Gran Trail Peñalara. Una de esas áreas complicadas de entender. Ciento doce kilómetros, la distancia entre Madrid y Ávila. A pie. Subiendo y bajando. Noche y día. Por piedras y barrancos. Una organización casi militarizada para que todo salga a la perfección.

Hay mucho en juego. Y es que esto ya no es running. La pasión desmedida de las ultradistancias está ya lejos de las fotos de corredores sonrientes y de corredoras riendo y haciendo estiramentos. Tonterías, las justas.

A las diez de la noche, mientras la humanidad descansa de una jornada laboral -el que puede presumir de ella- quinientos corredores preparaban mochilas, ropa, zapatillas. Corredores de los duros. De los que parecen eternamente mal afeitados. Piernas llenas de nervios y duros tendones.

No ‘salen a correr’. Ese término podría ser el remate perfecto de una pesada jornada de junio, un viernes rematado con un trote de media hora y chapuzón en la piscina. Que va.

La música atronaba y el locutor, el inimitable Depa, nos espabilaba para afrontar distancias inasumibles. Treinta horas por la montaña por delante. Cinco, cuatro, tres, nada desconocido. Rock and roll y caras serias.

Tres horas después éramos una serpiente de luces por la montaña madrileña. Habíamos subido a más de dos mil metros de altitud prácticamente a oscuras. Habíamos descendido por una senda de cabras hasta el parque de ocio montañero de la Pedriza. Alguno se había caído de bruces o llevaba enganchones por la roca, los piornales, insistimos. El glamour del running lleva el ‘prénom‘ de trail. El nombre propio del hermano mayor de la distancia sin lógica humana.

Nuestros gestos indican que debemos estar disfrutando mucho pero que lo escondemos bajo una máscara de concentración y de eternas preguntas.

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Fuente: KaikuLand.com

Delante iban los Pedro Bianco o Marcel Batlle. Ellos coronaban collados al galope y bajaban a todo trapo mientras los demás parábamos para pisar bien. Las manos a los bastones, sobre las rodillas. El lógico cansancio de correr, repito, durante las horas de descanso.

A las seis de la mañana amanecía mientras trataba de no quedarme dormido. No dormirse corriendo. No dormir mientras corres por una senda de montaña. A mil ochocientos metros de altitud y después de cuarenta kilómetros. Nunca me había visto tan cerca de un cierre de control.

Nunca me habían abofeteado.

Un amigo me tuvo que espabilar de dos tortas. ¿Dónde está el límite? ¿Recomendaríamos esta épica a un conocido, a trotar mecánicamente después de siete horas y media? Ahora entiendes los gestos ásperos de los cientos de participantes que aguardábamos en la línea de salida.

No es correr. No es el deporte de moda sino una versión inmediatamente inferior al vagar mientras aguanten las fuerzas. Mucho cuidado cuando leáis estas líneas y sintáis que os estoy motivando a una experiencia extrema.

Si sentís la curiosidad de asomaros a ese extremo, hay carreras por centenares. El Gran Trail de Peñalara es una de las más solemnes oportunidades. Perfectamente organizada.

He visto amigos en meta a los que hay que inyectar suero por la deshidratación. Muñecas hinchadas como la de Berna, a la que una caída en la noche supuso una luxación seria y que terminó los ciento doce kilómetros con una mano como una raqueta de pádel. Tipos duros como rocas sentados con la cabeza en las manos dormidos en una silla.

Hasta que luego llega un momento de lucidez y el corredor se levanta y sigue. La concentración es necesaria para no matarte por un barranco. O para discurrir por una cresta como la milenaria pasarela entre bloques de piedra de los Claveles del Guadarrama. Sí, por ahí teníamos que pasar. Llevábamos en las piernas sesenta kilómetros.

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Foto: KaikuLand.com

En ese momento mides el dolor y lo asumes. Lo guardas en uno de los compartimentos de la mochila. Y tiras unas cuantas horas más esperando que las SLab no te machaquen los pies y que tus rodillas sigan sirviendo.

Diecisiete horas y media después, la decisión.

Diecisiete horas y media después de haber salido de Navacerrada paré un momento y me senté. Posiblemente fui otro de esos rostros que aparecen en los grandes reportajes que ahora se elaboran sobre la versión extrema del deporte de correr. Diecisiete horas y media después de un día entero trabajando, el remate de una semana de tensión, y tras haber ascendido la Maliciosa, haber cruzado la Pedriza por la gran Cañada, ascender la Morcuera aún de noche, cruzar el valle del Lozoya y mirar a esa ascensión de dos horas por el Reventón. Diecisiete horas y media más tarde, ascendidas las cimas más altas del Guadarrama y bajados los pinares a La Granja, y sumar cuatro mil metros de ascensión en un sábado de Julio, pensé que ya era demasiado.

Hay que vivir. Hay una familia, unas piernas que tendrán que mantenerte corriendo durante muchos años más. Si es lo que deseas.

Los momentos posteriores, las reflexiones, la estrategia de una semana, de esa carrera, son parte de la gestión de estos titanes deportivos. Podría haberme arrastrado unas cuantas horas más. Tenía por delante treinta kilómetros, todo el Eresma, el cordal de Siete Picos, el puerto de Navacerrada, la Barranca, territorio ya conocido.

¿Apurar la tarde y la anochecida? ¿Intentar ser finisher otras diez horas después?

La gloria de pisar la alfombra de la plaza de Navacerrada contra una segunda noche sin dormir. ¿Hay límite? Esta vez una oportuna concatenación de dolores me puso sobre aviso. Tres horas con los pies machacados, las uñas de los pulgares ennegrecidas por los golpes continuados contra las rocas, y otras tres horas con el interior de la rodilla siendo una sorda tortura.

No hay vergüenza en parar. No hay deshonra en sobrevivir. Afortunadamente, hablamos de un extremo.

En el deporte de moda no se llega a estos extremos, tenedlo en cuenta. Podéis respirar.

¿Cómo se prepara la logística de un ultra trail?

¿Sientes curiosidad por ese amigo tuyo que te habla de los ultras? ¿Quieres saber cómo dejamos todo preparado? ¿Qué llevar en una de estas carreras más allá del asfalto, del maratón y de la sensatez? ¿Qué dejar a mano por si las moscas? Pues sigue leyendo.

Pasado mañana estaremos en la salida de una de las pruebas de más calado entre las tremendas ultras del territorio español. Aunque hay diferentes distancias, seremos de la nómina del Gran Trail de Peñalara. Resumiendo, intentar dar la vuelta entera a los macizos de Peñalara-Siete Picos en menos de treinta horas.

Sí, una barbaridad.

¿Cómo afrontar todo esto?

Faltan dos días y todo ha comenzado. En realidad ha comenzado días antes con la planificación de qué comer y beber (de aquella manera, ojo, esto no es el blog de Chema). Hidratos, legumbres, derivados de harinas, líquido, más líquido, lo típico pero en cantidades exageradas.

Lo que no puedes determinar es si el plan de dormir bien se cumplirá. Es más que previsible que los nervios te vayan comiendo y no duermas una mierda. No es la situación ideal porque estaremos una noche en danza, corriendo por la montaña. Pero no viajaremos, ni estaremos en el hotel de concentración como nuestro equipo de fútbol. La cosa empeora si además vives cerca y trabajas esa semana. Empalmarás los nervios con la jornada laboral y con las -mínimo- veinte horas de prueba. Sin siesta por medio. ¿Quién dijo miedo?

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En la sede de la RSEA Peñalara se oían, a partes iguales, comentarios jocosos respecto de la paliza, encuentros entre amigos y la famosa discusión sobre el material idóneo:

¿Qué meto, virgen de los desesperados?

Correremos sujetos a un material obligatorio. Es por nuestra seguridad. Manta térmica de supervivencia, silbato, un sistema de hidratación, una reserva alimentaria, gorra, linterna-frontal, móvil y un chubasquero o cortavientos de manga larga. El asunto es el siguiente: con el mercado de material para running en plena ebullición y cientos de internautas dando su opinión con más o menos tino (y siempre buena voluntad), las dudas son constantes. Una variación podría suponer unos gramos más o menos y esto es como la cuadratura del círculo. A quién hacer caso. Veamos las posibilidades que nos mantienen entretenidos los días previos a la carrera.

¿Aseguramos en comodidad y protección, meto un poco más de alimento a costa de llevar 700 gramos extra?

Acostumbrados como estamos a las matemáticas, la locura es inmediata. Si calculamos aproximadamente un kilo más de peso x 800 zancadas/km x 110 kilómetros es un acumulado de, digamos, 110 toneladas-impacto que se lleva nuestro sistema locomotor: las piernas.

Contrario sensu, la ligereza nos llevaría a ahorrar trillones de minigramitos pero nos podríamos encontrar bajo un fuerte viento a más de 2.200 metros de altitud y quedarnos helados. Recordaremos que se discurrirá, de noche, por La Maliciosa, que supera esa cifra. También por los Claveles y Peñalara, la cima absoluta de la sierra de Guadarrama, con más de 2.400 metros.

Es un equilibrio que nos lleva a mal vivir y pendientes de ese amigo fiel o ese funesto contrincante, según nos vaya el frío o el calor. sí, hablamos de las predicciones meteorológicas. “La página de la aemet”, como se conoce por todos lados.

Os confesaré que aborrezco el calor. No he dicho, ojo, que aborrezca todavía los países donde hace calor. Mi sistema térmico, la circulación de mi torrente sanguíneo y una capa de vello negro y gris me hacen semejante a un lobo con cara de cabreado. Pero que vive mejor cuando cae el invierno.

Y estas pruebas tienen un patrón climático fijo. Se comienzan a disputar con el mes de mayo y terminan cuando septiembre dice adiós. Vamos, en lo mejor para mí.

Este año parece que tendremos una suerte loca. Carlor suave y viento fresco en las cumbres.

Esta semana desquiciante habrá sido una locura para elegir vestido camino del trabajo o de unas copas. Pues imagina para nosotros, que ya no corremos bien equipados sino que nos hemos convertido en unos ciclotímicos indecisos. ¡Me pongo la naranja! ¡No, la blanca! ¡no, que esa me roza la tetilla! ¡La naranja, esa no roza! ¡No, mantengamos el minimalismo!

Yo aseguraré con la magnífica camiseta de Trailxtrem, la tienda de mi buen amigo Jorge Gil. Los pantalones que más comodidad me han ofrecido los machaqué bien en primavera. En los pies, alternaré pares con buen acolchado. Salomon, cuyo material pruebo un poco a mi manera, me ofrece garantías con las SLab SoftGround así que esa será mi equipación completa de parranda… digo de combate. Unos calcetines de compresión y arreando. En la mochila tendrá que ir lo demás, no escatimaré en lonchas de embutido porque la reposición de sales es imprescindible.

Recordad que no estaré pugnando por arañar minutos ni gramos. Mi objetivo es llegar dentro de las treinta horas y contar todo a partir de la semana que viene.

De momento, el dorsal está recogido. y, la pulsera identificativa, en su sitio. Es la que nos dan para repatriar los cadáveres. Como para perderla…

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