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Gisel ya sonríe y Blessing gatea sin parar

La vida es así: se nace, se vive, se muere. Punto y final. El único problema es que no es cierto, nunca se termina, ni siquiera hay una pausa. Tras un último latido, tras un último aliento, la vida continúa inexorable. Una persona se ha ido, pero el resto se quedan.

Hoy quería dedicar unas palabras a ellos, a los que se quedan: Gisel y Blessing. El que se fue, su hermano, fue otro niño más de los que nos arrebató el sarampión, la demora y la contrimedicine. Ellos también cayeron enfermos pero acuciados por el miedo de la pérdida, los trajeron antes y pudimos ayudarlos.

Gisel y Blessing con su madre.

Gisel y Blessing con su madre.

Apenas dos semanas después descubrí que Gisel sabía sonreír y pude ver la piel sin cuartear del bebé Blessing. Hoy viven en el hospital esperando poder pagar la factura de su estancia y medicinas. No pueden salir y dependen de la bondad de las hermanas para comer. Es duro, posiblemente más de lo que se puede llegar a entender.

Pero Blessing gatea alegremente mientras ríe cubierto de babas. Todo el mundo puede decir cuántos dientes le faltan a la sonrisa de Gisel. Viven. Y frente a eso, el resto deja de importar.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Antonio Larrosa

    La vida es muy dura y si no hubiesen personas buenas, aún sería más.

    Clica sobre mi nombre

    23 Noviembre 2015 | 12:18 pm

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