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Rajoy, quizás ante el recorte del recorte

26 marzo 2012

Ni María Dolores de Cospedal ni Javier Arenas, los dos máximos dirigentes del PP que salieron anoche, interpretaron políticamente los resultados electorales. Los había descolocado la pírrica victoria en Andalucía y el hecho de que en Asturias no superaran a Álvarez Cascos, cuando todos los sondeos les habían dicho que en el sur lograrían una mayoría absoluta holgada y en el norte serían la lista de derechas más votada. Imagino que ya se han preguntado qué pasó ayer, y que estarán llegando a algunas conclusiones. El líder del PP y presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, viajaba esta madrugada a Seúl, y en las largas horas de vuelo estará teniendo mucho tiempo para la reflexión.

¿Qué pasó realmente ayer? ¿Pagó el PP su primera factura de desgaste tras menos de 100 días en el Gobierno? ¿Fue más bien que los electores no le quisieron dar aún más poder del mucho que acapara? ¿O fue porque la augurada incomparecencia del adversario socialista -muchos de sus simpatizantes se iban a quedar en casa, decían todos los pronósticos- en realidad no fue tal? ¿Decidieron los ciudadanos que ya era suficiente el castigo dado al PSOE en las municipales y autonómicas de mayo pasado y en las generales de noviembre, y que ahora había que aflojar en el castigo?

Probablemente hubo de todo un poco, y quizás a esa conclusión hayan llegado también las cabezas pensantes del PP. ¿Cómo reaccionará Rajoy? ¿Influirá el 25-M en el 30-M, en las decisiones de más recortes y más ajustes que tendrá que proponer el presidente del Gobierno el viernes próximo al aprobar los Presupuestos Generales del Estado? “He entendido el mensaje de los ciudadanos: quieren el cambio del cambio”, dijo Felipe González en junio de 1993, cuando contra todo pronóstico y encuesta ganó las elecciones generales a José María Aznar. ¿Qué mensaje habrá entendido Rajoy ahora? ¿Que hay que hacer ajustes y recortes, pero sin pasarse, sin abusar? ¿Que tiene que hacer el ajuste del ajuste, el recorte del recorte?

El 25-M, en 7 claves

26 marzo 2012

1. El PP logra una gran victoria electoral y dos fracasos políticos. La victoria, en Andalucía. Los fracasos, en Andalucía también, porque no va a gobernar, que es a lo que Rajoy aspiraba y los sondeos auguraban; y en Asturias, porque sigue siendo el tercer partido, por detrás del escindido Cascos.
2. Los electores le dan a Rajoy un aviso. Sea por los recortes o porque no quieren otorgarle a su partido más poder, lo cierto es que el PP retrocede respecto a los resultados de las generales, hace cinco meses. En Andalucía, 5 puntos porcentuales y 415.000 votos menos. Mucho desgaste en tan corto periodo gobernando.
3. Alivio para el PSOE. Los datos indican que el enorme castigo electoral que sufre por la crisis desde hace 9 meses (autonómicas y locales de mayo 2011, y generales de noviembre) puede haber llegado a su fin. Es una buena noticia para Rubalcaba, si bien en clave interna de lucha de poder en el partido no lo es tanto: Andalucía y Griñán estuvieron más cerca de Chacón que de Rubalcaba en el reciente congreso socialista.
4. IU se refuerza como la alternativa de izquierdas. Sube muchísimo en votos totales, en porcentajes y en escaños. Sobre todo en Andalucía, donde es clave para que el PSOE gobierne.
5. UPyD sigue creciendo, sobre todo en votos, pero le sigue costando mucho convertirlos en escaños. Sus casi 130.000 sufragios andaluces no le dan un solo escaño.
6. Los ciudadanos, muy alejados de los políticos. La participación es baja en ambos comicios, pese a lo mucho que se jugaban ayer Andalucía y Asturias.

7. Si los éxitos previstos del PP iban a enfriar la huelga, ¿los fracasos van a calentarla?

La huelga del 29M, parecida y diferente a la del 20J de 2002

13 marzo 2012

La huelga general convocada para el próximo 29 de marzo tiene un precedente con muchos puntos en común hace casi 10 años. El 20 de junio de 2002, UGT (ya liderada por Cándido Méndez) y Comisiones Obreras le hicieron una huelga a otro Gobierno del PP, el de José María Aznar, que también contaba con mayoría absoluta, y le ganaron el pulso. El Ejecutivo, que había aprobado una reforma laboral que los sindicatos consideraban lesiva para los asalariados, tuvo que rectificar. Aquella reforma, conocida como el ‘decretazo’, disponía que un parado se quedara sin subsidio si rechazaba tres veces una oferta de empleo “adecuada”, y consideraba que esta lo era, entre otras cosas, si el puesto de trabajo estaba a menos de 30 kilómetros del domicilio del desempleado.

La jornada de huelga fue muy movida. Los sindicatos cifraron el seguimiento en el 80%, el Gobierno lo redujo al 16%. La industria, la construcción y el transporte fueron los sectores que más pararon. Según el ministro del Interior, “hubo más de un millar de incidentes violentos protagonizados por piquetes”. La Policía actuó con contundencia: efectuó 104 detenciones. El ministro del Interior que mandaba a la Policía, y número dos del Gobierno como vicepresidente primero, era Mariano Rajoy.

La huelga paró la reforma, que finalmente no se llevó a cabo. El ministro de Trabajo, Juan Carlos Aparicio, cayó apenas tres semanas después de la movilización, aunque el verdadero impulsor del ‘decretazo’ había sido el entonces ministro de Economía, Rodrigo Rato, que un año después llegó a vicepresidente económico.

También con el PP en el Gobierno, también con holgada mayoría absoluta, también por una reforma laboral, también con Rajoy y Méndez en primera línea de choque… El 29M de 2012 y el 20J de 2002 tienen puntos en común, pero también diferencias: probablemente los sindicatos estaban entonces bastante más fuertes que ahora, el Gobierno de Aznar más deteriorado que el de Rajoy de hoy y la opinión pública más a favor de las movilizaciones en 2002 que en 2012. Además, hace diez años no había unos señores en Bruselas dictándole al Gobierno lo que tenía que hacer. Las posibilidades de que la huelga logre parar o aminorar la reforma laboral son ahora inferiores. Todo dependerá del grado de movilización que los sindicatos consigan. Necesitan un seguimiento alto de la huelga, no les vale otro resultado.

29M, huelga general; 30M, los megarecortes

09 marzo 2012

La elección del jueves 29 de marzo para la huelga general, anunciada hoy por los sindicatos, no parece casual. Al día siguiente, viernes 30, Mariano Rajoy tiene previsto aprobar en Consejo de Ministros su proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2012, que llevarán incluidos recortes muy severos en el gasto público. Los sindicatos probablemente buscan con la huelga un doble efecto:

1- Convencer al Congreso de los Diputados de que tiene que suavizar la reforma laboral en el trámite parlamentario.

2- Decirle de modo contundente al Gobierno que hay determinadas líneas rojas que no ha de traspasar en los recortes previstos para el día siguiente a la huelga.

La apuesta de los sindicatos es un tanto arriesgada. En la huelga general que le hicieron a Zapatero en septiembre de 2010 por su reformilla laboral no lograron mucho éxito de movilización. Si ahora les pasa lo mismo con la que le hacen a Rajoy por la reformaza laboral, quedarán bastante debilitados para oponerse a los nuevos recortes.

700.000 no funcionarios en riesgo de despido

21 febrero 2012

El Gobierno ya se ha puesto a la tarea de poner en práctica su reforma laboral. El BOE se está llenando estos días de ceses de altos cargos del sector público que tenían en sus contratos indemnizaciones de 45 días por año trabajado, como cualquier trabajador, pero que son despedidos con 7 días y sin darles ni las gracias. A veces, incluso, ni siquiera les comunican su cese directamente quienes tiene que hacerlo. Se enteran por la prensa. Contratar con el Estado se ha convertido de pronto en una temeridad, por inseguridad jurídica sobrevenida. Pactas unas cosas y, de pronto, la otra parte cambia las reglas de juego y donde firmó “digo” decreta “Diego”. ¡Este sí que es ahora “un país serio y fiable”, como dice Rajoy!

Pero los ahorros en altos cargos a las arcas públicas van a ser escasos. El tajo, el hachazo en personal del sector público, se va a producir en otro colectivo muchísimo más numeroso: el personal laboral, los trabajadores de la Administración Pública que no son funcionarios. Hoy hay unos 700.000 en toda España, y con la reforma laboral de Rajoy y su afán manostijeras se han convertido de pronto en aún más precarios. ¿Cuántos de ellos perderán su empleo en breve?

Las manifestaciones de hoy, una megaencuesta para decidir la huelga general

19 febrero 2012

En la huelga general del 29 de septiembre de 2010, contra la reforma laboral de Zapatero, los sindicatos quedaron escarmentados. Apenas uno de cada 6 ó 7 trabajadores llamados a la huelga la siguió realmente. Comisiones Obreras y UGT hablaron aquel día de un 70% de seguimiento, pero sabían que la realidad fue muy diferente. Un informe del Gobierno de Zapatero de unos días después fijaba el seguimiento real entre el 12% y el 16%. El informe no se hizo público, el Ejecutivo socialista no quería empeorar aún más sus relaciones con los sindicatos de clase, en teoría afines ideológicamente.
Aquel semifracaso sindical de hace año y medio ha sido una de las razones que han llevado ahora a los sindicatos a tomarse las cosas con más calma, a pensarse mejor sus pasos contra la reforma laboral de Mariano Rajoy. Hoy han convocado en 57 ciudades sendas manifestaciones que en realidad son una macroencuesta. Van a medir su fuerza en la calle. No solo para exhibiría ante el Gobierno y forzar negociaciones reales sobre la reforma, sino también para comprobar si ahora se superaría aquel mínimo de apoyo popular del 29 de septiembre de 2010.
Los sindicatos esperan más golpes del Gobierno de Rajoy. Temen que en los Presupuestos, a finales de marzo, haya alguno. Por ejemplo, un cambio a la baja en las ayudas de 400 euros mensuales que se dan ahora a los parados de larga duración que se han quedado sin ingresos. El Gobierno de Rajoy anunció el 30 de diciembre que esas ayudas, que concluían en febrero, se prorrogaban seis meses más. ¿Qué hará en julio, las prorrogará de nuevo y en las mismas condiciones?
Además de los nuevos presumibles agravios del Gobierno a los trabajadores, los sindicatos creen que las cifras económicas de los próximos meses harán que se generalicen las críticas al Gobierno de Rajoy. Sobre todo, las del paro, que va a seguir creciendo de modo galopante en los próximos meses, acelerado por la reforma laboral. Tendrá un pequeño alivio estacional en el verano, con la temporada alta del turismo y de la construcción, y repuntará a nuevo récords negativos a partir de septiembre u octubre. Quizás sea entonces cuando los sindicatos convoquen una nueva huelga general contra Rajoy, unos dos años después de hacérsela a Zapatero.

Y un nuevo freno a la recuperación

12 febrero 2012

“Esta es una reforma en la que todos ganan, empresarios y trabajadores», dice Mariano Rajoy en el BOE, en el Real Decreto-ley de la reforma laboral. No es cierto. Ganan los empresarios. La reforma, que incumple de modo flagrante las promesas de Rajoy y del PP en la oposición, es básicamente una herramienta para que los empresarios gestionen sus recursos humanos casi a su antojo: facilita y abarata el despido, permite bajar salarios, bendice la movilidad funcional o geográfica…

Aunque dice el Gobierno que hace la reforma para generar empleo, ellos mismos saben que no es así, que la hacen para mejorar la imagen de España ante la UE y los mercados financieros, como demuestra la obsequiosidad con que se la anticiparon Rajoy y Guindos a mandatarios europeos. El Gobierno cree que así pone en marcha un círculo virtuoso: se abaratará nuestra deuda, se equilibrarán nuestras finanzas públicas y después se podrá incentivar la recuperación. Pero existe el riesgo de lo contrario, de un círculo vicioso. La reforma laboral quizás mejore el diferencial de la deuda, pero puede provocar también dos rotos fiscales. Uno en los gastos, porque va a generar un alud de despidos, y habrá que subsidiar a muchos más parados que ahora. Otro en los ingresos, porque el miedo de toda la población (al despido, a la bajada de salarios, etc.) puede derrumbar aún más el consumo y la actividad económica, y en definitiva los ingresos fiscales.

Con la subida de impuestos y los recortes de gasto público de diciembre, el Gobierno le puso un freno a la recuperación. Con la reforma laboral, al margen de otras consideraciones ideológicas, quizás le haya puesto otro.

La reforma laboral propicia los 6 millones de parados

10 febrero 2012

Habrá que ver mañana en el BOE los detalles de la reforma laboral que ha aprobado hoy el Gobierno, pero la primera impresión es que no va a generar más empleo sino más despidos y más paro. En noviembre pasado, cuando el PP y Mariano Rajoy ganaron con mayoría absoluta las elecciones generales, muchas empresas tuvieron claro que, más pronto que tarde, habría una reforma laboral que abarataría los despidos, y aplazaron sus decisiones de ajustes internos, ante la mala coyuntura económica y de consumo, a que esa reforma se llevara a cabo. Dicho de otra manera: hay muchos despidos embalsados, decididos pero no ejecutados aún, que se van hacer tan pronto como entre en vigor la reforma, que abarata y facilita los ERE y los despidos improcedentes y procedentes: ojalá no sea así, pero todo indica que el paro registrado y el paro EPA se van a disparar en los próximos meses.

Hoy tenemos 4,6 millones de parados, con nombres y apellidos, registrados en los servicios públicos de empleo, y casi 5,3 millones de parados, según la EPA, que es una encuesta. Con la reforma decretada hoy y la mala coyuntura económica española (nuestro PIB está decreciendo desde hace al menos cuatro meses), todo apunta a que a corto plazo tendremos 5 millones de parados en el primer indicador y 6 millones de parados en el segundo.

La reforma laboral, ¿equilibrada o agresiva?

09 febrero 2012

Pocas horas antes de que el Gobierno apruebe su reforma laboral -lo hará previsiblemente mañana viernes-, pocos detalles relevantes sabemos a ciencia cierta de ella. Sólo las consecuencias: “Me va a costar una huelga”, le decía a su homólogo finlandés el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, pillado por un micrófono indiscreto el pasado 31 de enero.

Y adjetivos, muchos adjetivos.

Anteayer la ministra de Empleo, Fátima Báñez, decía en el Congreso de los Diputados que la reforma laboral va a ser “completa, equilibrada y útil”. Ayer añadía Rajoy, también en el Congreso, que será “amplia y profunda”. Hoy el ministro de Economía, Luis de Guindos, le cuenta al comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, cuando cree que no está siendo grabado (¿o sí lo sabía?), que la reforma será “extremadamente agresiva”.

Agresivo, según el Dicionario de la Real Academia, es “1. Dicho de una persona o de un animal: Que tiende a la violencia. 2. Propenso a faltar al respeto, a ofender o a provocar a los demás. 3 Que implica provocación o ataque“. ¿A cuál de las acepciones se refiere el señor ministro?

Y, además de ponerle adjetivos, ¿le ha puesto el Gobierno algunas ideas sustantivas a la reforma? ¿Y creará empleo? Porque se hace para eso, ¿no?

Montoro, Guindos y el inglés

19 enero 2012

24 horas después, se ignora aún si lo de Cristóbal Montoro de ayer -eso de que se pedirán “responsabilidades penales” a los dirigentes públicos que endeuden más de lo debido a sus instituciones- fue una ocurrencia o un aviso a navegantes. Una de esas ocurrencias en un directo en la radio, muy frecuentes entre políticos (y entre periodistas, incluso), o algo pensado para advertir y asustar, para dejarle claro a toda la clase política que el Gobierno de Rajoy va a combatir el déficit con todas las armas posibles, sin tregua.

Fuera ocurrencia o advertencia, el recado confirma también dos cosas que ya se atisbaban estas semanas atrás:

Una: La coordinación del equipo económico del Gobierno y de las políticas económicas del PP en general es manifiestamente mejorable. Ayer, poco después de lo de Montoro, el presidente de Extremadura, José Antonio Monago, salió a aplaudir y a pedir que esa persecución del político derrochador fuera retroactiva, quizás pensando en su antecesor Guillermo Fernández Vara, del PSOE, sin acordarse de sus correligionarios en el PP y también hipergastadores y megaendeudadores Francisco Camps, Alberto Ruiz-Gallardón o Ramón Luis Valcárcel.

Dos: La pugna por el poder económico en el Gobierno, entre el ministro de Hacienda, Montoro, y el de Economía, Luis de Guindos, va a tenernos muy entretenidos a los periodistas y a la opinión pública (y esperemos que no distraídos de lo importante). En menos de un mes ya hemos visto que se pisan, se rectifican, se contradicen mutuamente, se  encelan…

Dicen algunas malas lenguas que la hiperlocuacidad del ministro de Hacienda se debe a que se sabe en desventaja competitiva respecto a Guindos en un campo muy concreto que da mucha presencia en los medios: a las grandes reuniones internacionales, sean los Ecofin o el G20, irá Guindos, que domina al inglés (para fichar por Lehman Brothers era imprescindible high level), y no Montoro, que anda bastante peor equipado de idiomas.