Ni María Dolores de Cospedal ni Javier Arenas, los dos máximos dirigentes del PP que salieron anoche, interpretaron políticamente los resultados electorales. Los había descolocado la pírrica victoria en Andalucía y el hecho de que en Asturias no superaran a Álvarez Cascos, cuando todos los sondeos les habían dicho que en el sur lograrían una mayoría absoluta holgada y en el norte serían la lista de derechas más votada. Imagino que ya se han preguntado qué pasó ayer, y que estarán llegando a algunas conclusiones. El líder del PP y presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, viajaba esta madrugada a Seúl, y en las largas horas de vuelo estará teniendo mucho tiempo para la reflexión.
¿Qué pasó realmente ayer? ¿Pagó el PP su primera factura de desgaste tras menos de 100 días en el Gobierno? ¿Fue más bien que los electores no le quisieron dar aún más poder del mucho que acapara? ¿O fue porque la augurada incomparecencia del adversario socialista -muchos de sus simpatizantes se iban a quedar en casa, decían todos los pronósticos- en realidad no fue tal? ¿Decidieron los ciudadanos que ya era suficiente el castigo dado al PSOE en las municipales y autonómicas de mayo pasado y en las generales de noviembre, y que ahora había que aflojar en el castigo?
Probablemente hubo de todo un poco, y quizás a esa conclusión hayan llegado también las cabezas pensantes del PP. ¿Cómo reaccionará Rajoy? ¿Influirá el 25-M en el 30-M, en las decisiones de más recortes y más ajustes que tendrá que proponer el presidente del Gobierno el viernes próximo al aprobar los Presupuestos Generales del Estado? “He entendido el mensaje de los ciudadanos: quieren el cambio del cambio”, dijo Felipe González en junio de 1993, cuando contra todo pronóstico y encuesta ganó las elecciones generales a José María Aznar. ¿Qué mensaje habrá entendido Rajoy ahora? ¿Que hay que hacer ajustes y recortes, pero sin pasarse, sin abusar? ¿Que tiene que hacer el ajuste del ajuste, el recorte del recorte?

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