Salvavidas contra la mutilación

Por Eloísa Molina 

Celebramos el Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina el 6 de febrero para poner el foco en la magnitud de esta práctica y la forma en que devasta las vidas de las niñas y mujeres jóvenes. Las cifras globales sugieren que los genitales de una niña se cortan cada 10 segundos. Actualmente se estima que hay tres millones de niñas en riesgo de sufrir mutilación genital femenina cada año. Ante esta situación, es necesario poner todos los recursos y esfuerzos en frenar esta lacra que pone en riesgo la salud física y mental de las niñas. Las casas refugios son clave en este proceso.

Niñas jugando en un centro en Ghana. Imagen World Vision.

La mutilación genital femenina (MGF) o ablación es practicada por algunos grupos étnicos en 29 países de África. Entre otros motivos este proceso ocurre por las creencias sobre lo que se considera adecuado en el comportamiento sexual de las mujeres y lo que es necesario para prepararlas para el matrimonio. Ubicando a Kenia en el lugar número 17 entre los 29 países de África que llevan a cabo la práctica, en la comunidad de Samburu y Somalia, nueve de cada diez niñas han sido sometidas a la ablación.

“Las niñas entre las edades de 0 a 14 años tienen más probabilidades de someterse a la MGF si su madre se sometió a la práctica tradicional”, dice el Director Nacional de World Vision en Kenia, Dickens Thunde. “Aunque las tasas de prevalencia de la MGF han disminuido en los últimos años en Kenia, tres millones de niñas siguen siendo cortadas cada año a nivel mundial. Cada una de ellas sufrirá dolor emocional y físico a largo plazo, todos necesitamos hacer más para acabar con la MGF”, explica Thunde.

Las casas refugio son espacios puestos en marcha para ayudar a proteger a las niñas que huyen de la MGF en todo Kenia. Es la única Organización No Gubernamental (ONG) que trabaja en la región de Narok, con alta prevalencia de la ablación, con el único objetivo de proteger a las niñas que viven con el temor de ser cortadas.

“Mi papá me ordenó que dejara de estudiar y que las mujeres me instruyeran mientras maduraba para el corte de mis genitales. Mi madre se resistió a la idea, pero fue encerrada. Quería que me mutilaran y me casara a cambio de ganado y cabras “, dice Antonina. “Aunque mi padre me ha repudiado por no honrarlo, estoy convencida, tengo razón al elegir la educación en lugar de seguir el rito. Ahora, cuando vuelvo a casa, las chicas con las que me cruzo me consideran una campeona”.

Promover la educación para las niñas, los rituales alternativos para dar el paso a la mujer adulta, volver a capacitar a los practicantes de la MGF para que renuncien a este trabajo y la reeducación de los padres son solo algunas de las formas que estamos empleando para abordar la MGF”, explica el Sr. Thunde.

A pesar de haber registrado algunos avances en los últimos años, Kenia sigue en rojo con una de las tasas de prevalencia de MGF más altas del mundo, que se estima en un 21 por ciento entre las mujeres de 15 a 49 años, aunque estas cifras varían ampliamente según la edad, ubicación, grupo étnico y religión.

Naseiyo tiene 15 años de edad, es alumna de séptimo curso en una escuela primaria pública local ubicada en Kenia donde World Vision lleva a cabo uno de sus programas. Es la responsable de uno de los dormitorios y delegada de su clase. Una niña aplicada, educada y fascinante que tiene muy clara la importancia de la educación para mejorar su vida. No ha sido un viaje fácil para ella.

La vida estaba a punto de cambiar para Naseiyo. Sus padres estaban haciendo planes para que ella se sometiera a la mutilación genital. Tenía apenas 10 años y todo lo que quería era lograr sus sueños y no deseaba experimentar la dolorosa mutilación como una práctica cultural obligatoria en su comunidad.

“Mi propia madre fue una de las principales defensoras de mi participación en el rito. Lo triste es que me dijeron que obviamente no continuaría con mi educación después”, dice Naseiyo. “Para salvarme, tuve que contactar con mi maestra que trabajaba estrechamente con World Vision. Me escapé de casa a Naroosura, donde están ubicadas las oficinas de la ONG. Me preguntaron qué es lo que yo quería; todo lo que dije fue que necesitaba continuar con mi educación”, dice Naseiyo.

“El personal de la organización me trajo a esta escuela refugio que sirve de internado para las niñas que estamos estudiando en la escuela local. Más tarde me llevaron a casa para conocer a mis padres”, cuenta Naseiyo. “Mis padres no sabían nada de mi paradero después de mi desaparición de casa. Han cambiado de opinión sobre la ablación”. Naseiyo se desmorona en esta parte del relato…. “Sí, estoy segura de que podría quedarme en casa con mis padres. Sin embargo, solo voy a la casa familiar dos veces al año”. Tiene miedo y desconfianza.

Naseiyo conoce perfectamente el impacto de la MGF. Ella dice que ha visto los problemas de salud de las niñas que han sufrido la experiencia de la mutilación. Conoce personalmente a cinco chicas que son sus amigas, con graves problemas de salud. Le cambia la cara y el tono al contarnos la historia de una amiga que se sometió a la ablación y debido a un sangrado excesivo durante el parto murió.

Eloisa Molina es coordinadora de comunicación de World Vision España

1 comentario

  1. Dice ser Yelena

    La mayoria de nosotr@s está en contra del maltrato y a favor de un mundo mejor, pero ver la comunidad de Madrid amenazandonos con la mutilacion genital desde cada parada de autobus a lo largo de varios meses, para mi, era demasiado. Entraban dudas sobre el verdadero objetivo de la campaña.

    10 febrero 2019 | 23:01

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