Caca plástica en nuestra basura

Ahora van muchos países asiáticos, empezaron los chinos, y no quieren echar en sus wáteres nuestra occidentalizada basura. En teoría, los millones de toneladas plásticas que hacían el largo crucero marítimo desde Europa hasta China, Filipinas, Malasia o Vietnam, se reciclaban.

Mentira podrida; la mayor parte acababan contaminando las aguas continentales y marinas o eran quemados, emitiendo al aire su tóxica carga.

Ahora, estos países asiáticos ya no quieren nuestra caca plástica; aunque les paguemos mucho. Hacen bien; ya tienen bastante con la suya, que es voluminosa y tampoco está bien gestionada, ni mucho menos.

La ONU dice que en 2017 España fue el séptimo país exportador mundial de desechos, desperdicios y recortes de plástico. El Ministerio de Industria nuestro cuenta que, entre 2010 y 2018, España “envió” a China/Hong Kong casi un millón de toneladas plásticas, más de la mitad de las generadas en ese periodo. ¡Qué barbaridad!

Los espabilados gestores de la basura española decían que enviaban nuestra caca plástica porque aquí no compensaba reciclarla. ¡Vaya caradura! Imaginamos que lo de compensar se refería solo a lo económico, que se desdeñaban las mejoras ambientales y a la salud de las personas.

Hay quien se pregunta qué haremos ahora con nuestra basura plástica. Algunos apuestan (Federación Española de Recuperación y Reciclaje) por reciclarla; otros como Greenpeace por no generarla, lo explica bien esta ONG en Maldito plástico.

¿En qué grupo se encuadra usted para “eliminar” esa caca plástica que cada día produce? Seguro que no consigue adquirir los productos que come libres de envoltorios plásticos; por más que haga pesquisas detectivescas. Así, la bolsa amarilla es siempre la más voluminosa de casa; hay que descargarla casi cada día.

Si se le ocurre alguna idea interesante para ser menos “plasticantes” díganosla. Si quiere ampliar la información sobre el mundo plástico, y sus submundos, no deje de visitar y leer despacio las noticias de la minuteca plástica en 20minutos.es. Hable del asunto en casa y con las amistades. La cosa plástica está muy descuidada.

¿Cómo iremos de cargados cuando lleguemos a la Cima 2030?


(Diego Azubel / EFE)

Atrévanse con la disidencia consumista

Más de una vez nos preguntamos si tiene sentido, para una persona normal y corriente, preocuparse por una idea ética, moral o vivencial; cada cual que elija su ámbito de interrogación, o el escenario donde se sienta más cómodo.

Las ideas que justifican el obrar son y no son, a veces están detrás de lo que hace uno mismo o la gente; en otras ocasiones cuesta identificarlas. Hay quien asegura que se han evaporado con la socialización agresiva. Tal vez porque vivimos en un estado de tiempo perdido; acaso porque quienes nos guían se empeñan en espantarnos las ideas. A lo mejor quienes dudamos somos unos ilusos. ¡Vete a saber!

Viene todo esto a cuenta de que uno va por la calle, no digamos si se asoma a una cadena de televisión o escucha la radio, y siente la llamada constante del consumo. Carteles publicitarios que pintan la realidad plena de belleza y armonía, que animan a ser más y mejor, nos acompañan cada minuto de nuestra vida. Puede que alguien o muchas personas no lo vean así, o se hayan mimetizado con “el territorio del todo quiero”, pero tal como lo veo lo cuento.

Es más, si cualquiera tiene la osadía de buscar un producto en Internet, entender sus cualidades, saber su precio o dónde se vende simplemente, se verá sacudido sine díe con ofertas sobre él cada vez que se asome a la red, bien sea para leer el periódico preferido o entrar en una red de amigos.

Ante este atropello, sobre todo pensando en las limitaciones de las materias primas y en su correcta gestión, se aconseja una remoción del fuero interno como ejercicio de placer. No, no es la estupidez que a primera vista pueda parecer.

Imaginen que se aíslan de la publicidad y retienen por un rato el pensamiento crítico, probablemente disidente, sobre la dependencia individual del consumo. Después pueden ampliar su campo de lectura a su entorno próximo, o el mundo en general, exportar la duda individual sobre si el consumo manda o no. Recientes tenemos los supuestos acuerdos del último G-20 de Japón.

¿Llegaremos a rebelarnos? Mientras tanto, vivan un poco el tiempo futuro, ese que viene adornado de sostenibilidad global; al menos piensen en lo que queda de él. La disidencia, frente a colapsos y a los grandes desafíos, nunca se agota. Acaso se aburguesa con la edad. Bueno, en realidad, hay bastante gente que se contenta con el pensamiento 1.0, a lo mucho; y este hace tiempo que dejó de ser útil, o se pasó de moda.

El consumismo es un asunto al que le doy vuelta de tanto en cuanto; y nunca logro resolver del todo mis dudas; incluso siendo un intencionado consumidor disidente. Esta reiteración me pasa por ser tan dado al pensamiento ocioso.

Lo dejamos aquí. Por cierto, ¿Qué será del consumismo en el año 2030?

(JORGE PARÍS)

Ecotasas, un rédito para las personas

En realidad, tanto da que miremos en la esfera individual como hacia la colectiva, la vida es una ecotasa permanente. Lo que hagamos/paguemos hoy en relación con el medioambiente, del cual nosotros somos parte principal, lo rescataremos/nos dañará mañana o más tarde; ya lo comprobamos en el presente, plagado de rastros del pasado. Acomodarse hoy a las restricciones que el incierto futuro nos avanza, en forma de ecotasas positivas, nos reduce la tasa vital a pagar mañana por nuestra falta de previsión.

Sin embargo, siempre que se anuncia una ecotasa, el sector que se imagina perjudicado lanza una ola de protestas; ya sea por pagar las bolsas de plástico o por gravar el uso de los combustibles fósiles más contaminantes. Sin embargo, el impuesto verde es un camino que los tribunales están incluyendo en sus sentencias; atentos a la evolución futura del asunto en casos como la ecotasa al turismo del Gobierno balear y similares.

Pero hay que conocer que ya pagamos/invertimos en algunas ecotasas como por el reciclaje de electrodomésticos, ruedas, etc. Esos tributos, tasas o contribuciones especiales –España está en la cola de la UE en este asunto- son un incentivo de cara a la protección de las vidas de las personas y del medioambiente que las acoge, otras veces quieren compensar los daños ocasionados por individuos o sistemas productivos.

Siempre son objeto de polémica: algunos partidos anuncian que acabarán con ellas, otros no las nombran, por si acaso se les vuelven esquivas en citas electorales. Pagar por algo siempre cuesta; sorprende que también lo sea por aquello relacionado con el inestable presente y el inmediato futuro, incluso en cuestiones de salud colectiva. Hasta el intento de la UE de limitar, con esta intención, la emisión del CO2 ha sido muy contestado.

Habrá que conocer las razones por las cuales el Gobierno francés, tras un consejo de “defensa ecológica”, aplicará una tasa a todos los vuelos que despeguen de sus aeropuertos a partir de 2020; se pueden imaginar la rebeldía de las aerolíneas, que se sienten perjudicadas aunque en realidad ya sabrán repercutir el impuesto a sus clientes.

(Óscar J.Barroso/Europa Press/Archivo)

Hemos conocido recientemente que la OCDE ha pedido a España subir los impuestos de los combustibles, dado que va muy retrasada en este asunto.

Las ecotasas no son un impuesto; más bien son un presupuesto. Este concepto, contiene una acepción preciosa, ya en desuso, que le asigna la RAE: Propósito formado por el entendimiento y aceptado por la voluntad.

La ecotasa hay que contemplarla como una inversión colectiva, de cara a conseguir llegar en condiciones sostenibles a las cimas marcadas para los años 2030 y 2050. Cada una de las que se aplique estará fundamentada en su interacción social; habrá de ser explicada con claridad, tanto a los ciudadanos como a los sectores económicos y productivos. A todos habrá que convencerlos de que son inversores de vida; por eso, cabe limitarlas/adaptarlas en casos muy concretos y por un periodo de tiempo limitado.

No despreciemos las ecotasas: bien diseñadas y asumidas tienen un rédito imprescindible, construido y aceptado en torno al conocimiento y la voluntad, y por consiguiente mayor de lo que imaginamos. Aunque sea poco visible en el momento, permanece para las generaciones futuras.

La igualdad de género busca la Cima 2030

La progresiva y contundente igualdad de género es un requisito indispensable para alcanzar la Cima 2030; no solo es así porque lo formule el ODS 5 -en el sentido de su trascendencia para tirar de los demás-, sino porque en un contexto de crisis se necesitan todas las energías posibles, y las mujeres han dado muestras de sus grandes capacidades en múltiples casos.

Nos atreveríamos a decir que el camino más adecuado para conseguir la igualdad de género lo marca la educación recibida y atesorada, tanto en un sistema reglado como en una sociedad culturalmente positiva. Seguro que esta afirmación la compartirían miles de millones de personas bien intencionadas.

Veamos lo que dice el reciente informe GEM 2019 de la UNESCO. Lleva un subtítulo tan sugerente que aboga por construir puentes para la igualdad de género. Resalta que, en el conjunto mundial, “más de la mitad de la ayuda a la educación del G7 se destina a la consecución de la igualdad de género“, con países especialmente involucrados como Canadá. Pero esto no deja de ser una cifra.

Desde hace unos años la UNESCO se empeña en demostrar que una educación continuada y de calidad constituye la mejor estrategia para enfrentarse a los complejos desafíos del futuro mundial, que cada día llega antes. Para ello es necesaria una educación universal, permanente a lo largo de la vida. La educación está en el centro de los ODS para 2030.

(GTRES)

Dentro de ella, la educación de género tiene una doble intención: por un lado, la completa educación de niñas, jóvenes y mujeres es un derecho humano universal, todavía no logrado. Por otro, es un requisito indispensable para cualquier país que quiera un desarrollo sostenible y que aspire a que este se consolide en un espacio de paz.

En estos tiempos de quejas colectivas por lo que pasa aquí, pongámonos delante del espejo y pensemos que nos encontramos personalmente ante alguna de estas situaciones:

  • Somos parte de la alta tasa de abandono escolar, y de graduación, que soportan niñas y jóvenes en enseñanza obligatoria de muchos países.
  • Conocemos, o sufrimos, la violencia sexista que nos inutiliza el acceso a la escuela, como a las niñas en más del 25% de países.
  • Vemos deteriorada nuestra educación por la necesidad de atender a tareas domésticas familiares, cosa que no hacen los chicos.
  • La escuela a la que debería ir no dispone de instalaciones adecuadas para resolver la higiene menstrual de las jóvenes; otras ni siquiera están equipadas con baños para el lavado de manos con agua y jabón.

¿Cómo nos vemos en el espejo?

Debemos ser conscientes de que la paridad educativa en primaria todavía está lejos en más de un tercio de países, en más de la mitad en secundaria, especialmente en el segundo ciclo de esta.

Ante esta situación de desigualdad de género en algo tan básico como la educación, habrá que insistir mucho ante las autoridades para conseguir que la igualdad de género sea visible en la reforma curricular y quede recogida en los libros de texto, para que haga hincapié en la participación de las niñas en los programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; pero sobre todo, para que persiga el acceso seguro a las escuelas.

Por ahora, la igualdad de género es un horizonte difuso en la Agenda 2030, también con perfiles poco nítidos en ciertas escalas de los países ricos. Por cierto, no se pierdan los informes GEM de la UNESCO de los años precedentes.

La pobreza, en el ADN de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

En demasiadas ocasiones, porque no nos afecta o incomoda, lo evidente se hace imperceptible. Sucede a menudo con la pobreza. En su dimensión, múltiple y concreta, se combinan dos interrogantes básicos sobre los que nos gustaría decir algo.  

Uno el hecho de que no sea natural; de que al ser creada por los seres humanos pueda ser revertida, ser erradicada por ellos mismos. Así se expresaba el Nobel sudafricano Nelson Mandela.  

El otro habla de que no son más pobres quienes tienen poco, sino aquellos que desean más y más y nunca les alcanza, que decía José Mújica, el expresidente de Uruguay. Reversibilidad y percepción son dos claves en el ADN de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).  

Conseguir el fin de la pobrezaes el que podría ser más determinante, y por algo se habrá colocado en el primer lugar, como si su erradicación fuera el ADN de los ODS. No hay que desdeñar la relación consustancial que tiene con los demás. 

Uno el hecho de que no sea natural; de que al ser creada por los seres humanos pueda ser revertida, ser erradicada por ellos mismos. Así se expresaba el Nobel sudafricano Nelson Mandela.

El otro habla de que no son más pobres quienes tienen poco, sino aquellos que desean más y más y nunca les alcanza, que decía José Mújica, el expresidente de Uruguay. Reversibilidad y percepción son dos claves en el ADN de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Conseguir el fin de la pobreza, es el que podría ser más determinante, y por algo se habrá colocado en el primer lugar, como si su erradicación fuera el ADN de los ODS. No hay que desdeñar la relación consustancial que tiene con los demás. Repasémosla. Acaso el fin de la pobreza (Ob. 1) consiga reducir el hambre a cero (Ob.2) y sea un exponente de salud y bienestar general (3) como lo será que todos los niños y jóvenes disfruten de educación de calidad (4), que la misma eliminación de la pobreza sea visible independientemente del género (5).

Sin duda, el acceso universal al agua y saneamiento (6) será otro indicador más, como el disfrute de energía sostenible y no contaminante (7), el derecho a un trabajo digno (8) o la reducción de las desigualdades (10). En este deseado escenario, las ciudades y comunidades serían sostenibles (11), sus habitantes disfrutarían de una producción y consumo responsables (12). Todo en el contexto de una permanente acción ante la crisis del clima (13), en búsqueda de la paz, justicia e instituciones sólidas (16) que son resultado de alianzas para hacer realidad esos objetivos (17).

Por eso, nos gusta el título del último informe del Banco Mundial sobre la pobreza. Es del año 2018 y muestra en su portada todo un mensaje de acción ética, Juntando el rompecabezas de la pobreza, dentro del genérico “Pobreza y solidaridad compartida”.

Seguro que casi todas las personas nos adheriríamos al deseo manifestado en el ODS 1: Fin de la pobreza. Pero el camino hacia el será largo y difícil. No estaría de más conocer las causas.

Avergüenza a cualquier ciudadano leer que UNICEF asegura que España soporta las cotas más altas de pobreza infantil entre los países industrializados.

No debemos descuidarnos en conseguir la pobreza cero; mucha gente lucha ya por ello. ¿Algo podrá hacer después de leer esto? Al menos no se le hará imperceptible de ahora en adelante –caso de que así sucediese-, y le ayudará a pensar si la pobreza es algo natural o siempre son más pobres los que tienen menos. En cualquier caso, el asunto no debe figurar en el ADN de la especie.

Y no lo olviden: sientan mucho mejor, a cuerpo y espíritu, la pobreza y la solidaridad compartidas. Hasta el Banco Mundial nos lo dice.


Dos mujeres buscan comida en un contenedor de basuras en Madrid. (JORGE PARÍS)

Las olas de calor nos sacan los colores

El escritor y periodista Ramón Gómez de la Serna pintó la vida de ocurrencias. En realidad, la vida es así: plena de idas y venidas, de cosas que no entendemos aunque nos sucedan una y otra vez, ideas sobre la naturaleza y las personas que metamorfosean con el tiempo, calores termométricos inauditos que llevan consigo un sinfín de contratiempos. Para el diseñador de las greguerías, el ventilador afeita al calor. Puede que sí, pero la cosa no funciona a escala global porque al calor se le han revuelto demasiado los pelos de la barba.

La canícula de este año no ha respetado el calendario. Antiguamente la temperatura extrema coincidía en el Hemisferio Norte cuando Sirio (estrella brillante de la constelación de Can Mayor, de ahí viene lo de canícula) salía y se ponía a la vez que el Sol, más o menos entre el 22 de julio y el 23 de agosto. Pero los tiempos mudan una barbaridad.

A finales de junio se han batido récords de temperatura por media España. Seguro que el reciente tostadero no nos asombra; oímos una y otra vez a los científicos asegurar que los últimos veranos han sido los más cálidos desde que los romanos dominaban lo que sería Europa, que los últimos 30 años presentan un calentamiento sin precedentes. Repasen la agenda y recuerden los calores vividos en España en 2003, 2010 y 2015.

(JORGE PARÍS)

Según una investigación del Environmental Health Perspectives, realizada en 2017 en 400 ciudades, en ella colaboró el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del español CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), España estará entre los países azotados por muchas olas de calor cada año, con graves repercusiones en la salud de los más vulnerables. Mucha gente empieza a estar afligida por las puntuales olas de calor; nos sacan los colores de la despreocupación climática (de Gobiernos, empresas y personas).

Una duda nos surge al leer lo que dice Cooling for all (Climatización/enfriamiento para todos). Se pregunta mo combinar la necesidad de asegurar cadenas de frío, algo que parece esencial para la vida cotidiana (suministro de frío para productos frescos, almacenamiento de productos de salud que salvan vidas, domicilios confortables, incluso entornos educativos y de trabajo seguros que aumentan la productividad, etc.), con un posible uso racional de la energía. Para asegurar la cadena refrigeradora se necesita un elevado consumo de energía, que puede faltar, y no ser nada limpia para la crisis climática y las consiguientes olas de calor. Anoten este dato: en la actualidad hay unos 3600 millones de aparatos de refrigeración en todo el mundo y se prevé que en 2050 sean 14 000 millones de dispositivos, lo cual supondrá un consumo de energía cinco veces mayor. Lo dice el informe The future of cooling. Opportunities for energy-efficient air conditioned de la IEA (Agencia Internacional de la Energía) y la Universidad de Birmingham, ¿Cómo hacerlo sin incentivar olas de calor?.

Este tema de la (des)preocupación climática es complejo. Por eso, no hay que mirarlo como una ocurrencia, sino desde distintos puntos de vista: valorando en cada momento el beneficio particular, en eso de las temperaturas, y sus repercusiones en la vida colectiva y en el medioambiente. Habrá que darle la razón a Gómez de la Serna en que el ventilador (llamémosle acciones paliativas) simplemente afeita el calor, pero este vuelve a crecer enseguida y a menudo se desmelena.

¿Preparados para que la siguiente canícula nos saque los colores?

El carbón seguirá intoxicándonos en el año 2030

Nos lo habíamos creído. El carbón, ese combustible fósil que propició la revolución industrial a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, se había convertido en uno de los grandes envenenadores de nuestras vidas. Por eso, por su efecto sobre la salud humana y en la generación de la crisis climática, los países firmantes de los acuerdos sobre el clima de París 2016 se habían comprometido a eliminarlo de sus economías energéticas en 2030.

Pero nos han engañado, una vez más. Seguiremos carbonizados. Lean despacio la noticia publicada en 20minutos, con un titular elocuente “La mayoría de los países de la UE que usan carbón en la actualidad lo seguirán haciendo después de 2030”, así conocerán más detalles y podrán estar de acuerdo, o discrepar, con la ralentización de las actuaciones ambientales. Esta maniobra pone en cuestión la llegada a tiempo, con buen tiempo y una salud pasable, a la Cima 2030; de hecho ahora mismo se nos nubla.

(GTRES)

Habrá que saber quiénes están detrás de esta decisión europea; seguramente el ámbito político y comercial, allí donde algunos afirman que más se lucha por detener el cambio climático. El informe Just transition or just talk?, de Climate Action Network Europe (CAN) y Sandbag, es demoledor. Asegura que muchos estados miembros de la UE están recibiendo ayudas para la descarbonización pero no se empeñan en esa labor; nos aparentan y defraudan. De los 21 países que generan electricidad a partir del carbón, solamente 8 se han comprometido a no hacerlo en 2030. Parece que el carbón va a tener más vidas que las 7 que se les asignan a los gatos.

Recordemos a nuestros gobiernos que el núm. 7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que los firmaron y se comprometieron a lograrlos, dice: Energía asequible y no contaminante para todas las personas. Pues eso: ¡Basta ya de compromisos fallidos! Nos va la vida de calidad: con menos crisis climática y más salud, ahora y en el futuro.

La indecisión política se convierte en un mal espejo para la ciudadanía, que había asumido el final de la quema de carbón como medio de avanzar hacia el deseado objetivo de que la temperatura global no aumente por encima de 1,5º C.

Demos ejemplo a los incumplidores: ¡Descarbonicemos nuestras vidas! y exijamos con determinación a las autoridades que practiquen los compromisos que firmaron.

De Madrid Central a Groenlandia: la crisis climática las acerca

El pasado martes 18 de junio fue un día turbulento para la esperanza (re)climatizadora global, al menos la española.

Ese día conocimos que el nuevo Gobierno de la capital de España pretende dar libertad a los vehículos privados para el acceso al centro de la ciudad, para emitir sus gases, que tanto dañan la salud de todos, sin que quienes los conducen soporten una represalia; que sí podría llegar por parte de la Unión Europea, si Madrid no cumple sus deberes de reducción de la contaminación del aire, como ha avisado el comisario de Energía y Clima, Miguel Arias Cañete.

La experiencia Madrid Central, una idea incipiente y bastante mejorable, mucho más suave que la puesta en marcha en otras grandes urbes, reducía la contaminación del aire (ozono, dióxidos de carbono y azufre, etc.). Parece que va a ser eliminada sin dar detalles de qué alternativa se busca para proteger la salud de los madrileños, para disminuir el gasto asociado a las enfermedades que provoca, para limitar las emisiones de GEI que contribuyen al calentamiento global y al cambio climático.

(JORGE PARÍS)

Estos dos fenómenos alcanzan una interconexión planetaria y deshielan Groenlandia, entre otros lugares. La imagen del trineo acuático de ese día dio la vuelta al mundo, como una estampa premonitoria de lo que nos espera si no cambiamos comportamientos ya. Da cuenta de la subida del nivel de los mares, la desaparición de zonas costeras y la modificación de las corrientes marinas que hasta ahora nos marcaban con cierta regularidad los climas; nos alerta de las graves crisis sociales que llevarán parejas. Madrid y Groenlandia tan próximos, no solo ese día.

Los rectores de las grandes ciudades deben entender que la restricción del tráfico privado, excepto casos suficientemente motivados, es una urgente necesidad;>; muchas europeas ya lo han hecho.

Son imprescindibles planes programados, con protocolos serios en caso de colapsos concretos, que protejan la salud colectiva, especialmente de los más vulnerables (niños y personas mayores, muy afectados ya por crecientes problemas respiratorios). La salud no vota en las elecciones; es un derecho humano, personal y colectivo.

Ese mismo día conocimos que la Comisión Europea, tan lenta en tomar decisiones drásticas en cuestiones de contaminación del aire y similares desastres ambientales, a la vez que aprobaba el borrador del Plan Nacional de Energía y Clima de España con una serie de recomendaciones, pedía explicaciones a los países de la UE sobre sus hojas de ruta –les daba hasta finales de diciembre para su redacción definitiva y comprometida- para cumplir con los objetivos europeos de la transición energética entre 2021 y 2030: el año en que todos deben encontrarse en la cumbre social y ambiental de los deseos y realidades.

La ecológica memoria del olvido insostenible

Todos recordamos la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992. De ella debían surgir acuerdos internacionales para equilibrar mejor las variables ecológicas, sociales y económicas, que definirían un adecuado Desarrollo Sostenible mundial para el siglo XXI. Asistieron dirigentes de centenares de países, directivos de grandes empresas, miles de periodistas y también representantes de las ONG y de la sociedad civil. Todo un hito mundial que quería ser trascendente.

Allí, la joven canadiense Seven Suzuki, en representación de muchos jóvenes de 12 y 13 años, subió a la tribunapara hablar en nombre de las generaciones futuras, para lamentar que a pesar de haber tanta gente que padecía hambre en el mundo, que lloraba por ello, sus llantos no eran escuchados; para denunciar la acelerada pérdida de la biodiversidad, para ilustrar cómo la contaminación de las aguas estaba acabando con la fauna que en ella habitaba y de las plantas que resistían en los humedales.

Contaba sus sueños. Distinguía grandes manadas de animales salvajes, espesas junglas y bosques tropicales plenos de vida animal. Se preguntaba si sus hijos los verían o alguien debería hacer memoria y contárselo.

Interpelaba a los mandatarios allí presentes si cuando eran jóvenes sucedían estas cosas y, a la vez, les reclamaba un enorme esfuerzo – eran madres y padres antes que sus cargos o profesiones – para preservar lo que todavía quedaba para sus hijos. Les hacía ver que el tiempo se acababa, que las soluciones no iban a ser fáciles.

Suzuki comparaba las cosas que a ella le sobraban en su país con la pobreza que había visto en las calles de Brasil. Afeaba que, mientras en las escuelas de los países ricos se habla de arreglar los estropicios ambientales y sociales, de compartir y no ser avaros, de no herir a otras criaturas, los allí presentes hacen lo contrario que predican. Por eso tenían que celebrar conferencias como la de Río, para ponerse de acuerdo en arreglar las destrucciones previas. Pero, a nuestro pesar, todos los mandamases políticos y económicos sufren una tendencia compulsiva a esquivar la verdad; son desmemoriados.

Han pasado tantos años desde 1992, se han celebrado tantas conferencias sobre el mismo tema, que ella u otras luchadoras que quieren hacer que la memoria ecológica sea sostenible, deberían subir a todas las tribunas sociales; como recientemente ha hecho en Katowice Greta Thumberg denunciando la inacción ante la crisis climática.

¿Qué pensarán aquellas jóvenes de 1992 sobre lo que demanda hoy esta última y quienes la acompañan? Seguro que ni ellas ni las actuales denunciantes se conforman ya con soñar, necesitan realidades; el olvido de su futuro, el de sus hijos e hijas, se les hará insostenible.

Alerta de un hipotético apocalipsis en 2050

Dicen por ahí que en 2050 habrá un colapso planetario. ¿Será cierto?

Manifestación a finales de mayo en Londres. (Facundo Arrizabalaga / EFE)

La vida global es, tanto en su conjunto como en pequeños detalles que acontecen a los seres vivos, el resultado de la incertidumbre y el azar; más o menos simula un juego bastante complejo. Si queremos reducir el impacto de estas dos circunstancias, solo nos queda sujetar la vida a unas reglas de convivencia; así las consecuencias para las personas serán menos negativas, especialmente para las más vulnerables.

En este hipotético juego de la vida se lanzan muchos dados. Unos llevan en sus caras causas; otros consecuencias. Los primeros nos alertan sobre asuntos ciertos, científicamente probados; también algunas conjeturas. Los segundos nos traen consecuencias. Si de estos, al lanzarlos, salen caras no deseadas como crisis puntuales o permanentes, catástrofes locales o generalizadas, o inequidades sociales, tememos males peores, aunque nunca lleguen a ser apocalípticos; o sí. Pasa cada día, en cualquier lugar del mundo.

Viene todo esto a cuento de lo que cuenta el informe “Riesgo de seguridad existencial relacionado con el clima: una propuesta de escenario futuro” (Existential climate-related security risk: A scenario approach), publicado por el Breakthrough – National Centre for Climate Restoration (NCCR), un centro privado independiente de Melbourne (Australia). En él, se asegura que la Humanidad puede enfrentarse en 2050 a un mundo en “colapso social y caos absoluto”, si sigue el acelerado deterioro actual de los sistemas ecológicos por la intervención humana; causa y efecto del hipotético apocalipsis -incluye millones de muertes prematuras y desplazamientos masivos-.

En el informe se critican las previsiones demasiado conservadoras del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre al Cambio Climático) y la ONU; también los acuerdos de París. Los ciudadanos preocupados por estos temas estamos confundidos, seguramente nos encontramos ante dudosas verdades y post verdades matizadas; quizás ambas sean caras del mismo dado social, en este caso también climático.

El Ayuntamiento de París se ilumina de verde en 2017 para marcar la desaprobación de la capital francesa y de su alcalde tras la decisión del presidente estadounidense Donald J. Trump de retirarse del acuerdo climático de París. (Christophe Petit Tesson / EFE)

Algo dice el informe sobre cómo afectará la situación a los países y ciudadanos que hubiesen llegado a su tiempo a La Cima 2030. Lo más probable es que los efectos se vean mitigados, al menos los afectados estarán mejor adaptados a esas situaciones límites que se pronostican.

Bastantes desperfectos se harán visibles en 2050 con bastante probabilidad; en esto coindicen todos los informes, sean más o menos apocalípticos.

No desaprovechemos la polémica que generan estos estudios; nos sirven para enviar nuestros pensamientos hacia el futuro impreciso, en busca de alguna certeza que reduzca los efectos de la siempre presente incertidumbre.