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La educación quiere seguir soñando

Andaría Víctor Hugo ocupado en sus cosas, cuando dijo aquello de que “el que abre una puerta a la escuela, cierra una prisión”. Su visión del futuro, sus sueños no realizados, nos adelantaban paisajes educativos yermos en demasiados países para muchas personas; antesala e impulsores de fenómenos migratorios. Nos avisaba, cual adivino social en un viaje al futuro, de que los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que serían enunciados 150 años más tarde, se convertirían en epílogos de fracaso si no figuraban en el prólogo de la vida colectiva.

Parece que le hubiera llegado, mientras escribía Los miserables (1862), el informe ¿Van los países por el buen camino para alcanzar el ODS 4?, publicado por la UNESCO en julio de 2019, bajo el formato de Migración, desplazamiento y educación, dentro del proyecto Seguimiento de la Educación en el Mundo, que como el resto de los informes de este organismo merece ser al menos hojeado por quienes se consideran parte de la ciudadanía del mundo.

Solo por hacer un poco de memoria recordamos que La agenda para la reducción de la pobreza, conocida como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) (2000), centraba su ODM número 2 en el logro de la educación primaria universal, mientras que el ODM 3 tenía por objeto lograr la igualdad entre chicas y chicos en la educación primaria, secundaria y superior. No cuesta mucho comprobar sus limitados éxitos. Quizás algunos de los que se lanzan hoy a la aventura de la migración lo hacen porque no encontraron en su tiempo el medio educativo favorable; así, acaban en prisiones de distinto signo imaginadas por el francés. Es comúnmente aceptado hoy que si la educación deja de soñar aleja a mucha gente de la Cima 2030.

Menos mal que el informe de 2019 citado sobre educación es una primera proyección, hubiera pensado el escritor francés, como nos sucede a nosotros. Siempre queda la duda de cómo llegarán los menos favorecidos -aquellos en los que se ceba la miseria global- al año 2030.

En esto de cumplir compromisos, firmados varias veces, los países son escandalosamente olvidadizos. Conozcamos unos cuantos datos sobre el camino educativo global, recogidos en el informe, y sometámoslos a la reflexión compartida:

Sólo seis de cada diez jóvenes acabarán la escuela secundaria en 2030; el acceso a la educación infantil está en aumento pero falla en los países de ingreso medios y bajos; en estos, los más ricos tienen nueve veces más probabilidades que los más pobres de terminar la secundaria alta; cuatro de cada diez escuelas de la educación secundaria superior en los países de ingresos bajos carecen de instalaciones sanitarias. Por acabar, anoten lo que afirma el informe: los limitados datos existentes indican que existen grandes brechas en la integración de la educación para el desarrollo sostenible. ¡Vaya! Esta cuestión es vital para llegar en mejores condiciones al año 2030.

Víctor Hugo afirmaba que el futuro tiene variados perfiles: para los débiles lo inalcanzable, para los temerosos lo desconocido, para los valientes es la oportunidad. Comienza un nuevo curso escolar en muchos países. En la falta de horizontes educativos para los más pobres, personas y países, conviven lo inalcanzable con lo desconocido; ambas situaciones laminan sus oportunidades. Mal asunto cuando se trata de armonizar migración, desplazamiento y educación.

¿Qué hacer? Al menos insistir en que la educación es la cordada más fiable para conseguir que todos, incluidos niños y niñas pobres de hoy que en el año 2030 tendrán más de 20 años; soñemos de nuevo y nos encontremos en la Cima 2030.

(GTRES)

Cuando un monte se quema, algo se muere en el alma

Asegura el saber popular que los incendios de los bosques, del monte, son algo normal. Acierta, pues forman parte del ritmo vital entrópico que la biodiversa naturaleza mantiene y que justifica su existencia. Aunque el argumento se quede ahí, reconozcamos que un incendio tiene efectos beneficiosos para el conjunto del ecosistema. Pero lo que antes sucedía a los bosques porque sí, ahora les hace malvivir en un sobresalto continuado. Sin enterarse, les han surgido aceleradores de sus ritmos. Estos los impulsa la intervención humana, además del cambio climático, que es otra pifia de la especie más depredadora que maniobra por el planeta y se ha empeñado en no dejarlo en paz.

En tiempos se cantaba, o poemaba como hizo Antonio Machado en Por tierras de España, que cualquier incendio de un bosque deja una cicatriz en el alma de quienes lo aman, o viven en él; ahora sabemos que también rasga la existencia del planeta en su conjunto. La marcas incendiarias serán más o menos incisivas, más o menos recuperables, acaso se repondrán antes o más tarde.

(EFE)

A menudo la gente se despreocupa de lo que no tiene delante; solo así se explica que no vea cómo afecta al alma global el hecho de que se queme la taiga siberiana, las selvas amazónicas, los parques nacionales canarios, o las más de 70 000 hectáreas calcinadas en España en lo que va de año. Pues sí, lastiman lo colectivo, porque los bosques expanden afectos y efectos, cerca y lejos; en el aire no hay fronteras, en los sentimientos tampoco. Detrás de los episodios llameantes, queda una ruina con apenas cuatro resistentes hierbajos, esperando que el tiempo rescate las ausencias. Por el aire circulan nubarrones que no solo difuminan la Cima 2030; este año están ahumando la estratosfera, y eso no puede ser bueno para nadie.

En ocasiones me imagino hablando críticamente con aquellos que se creen dueños de los bosques; como el negacionista Trump o el presidente de Brasil, Bolsonaro, que piensa que la Amazonia es solo suya. Produce temblores y preocupaciones oír sus intuiciones interesadas; aseguran saber más que los científicos que miden la destrucción del planeta. Incluso el presidente brasileño se atreve a decir que los grandes incendios de la selva amazónica del presente verano, nunca se habían visto de tal dimensión, los provocan los ecologistas. Antes ya se había quejado de que los extranjeros quieran mandar sobre la(su) selva. ¿Acaso el ecosistema amazónico no tiene el alma global?; sus beneficios sí lo son. Después parece que recula ante las presiones internacionales. Ahora siente la amenaza de la revocación de tratados comerciales, o de que los países europeos iban a revisar sus donaciones al Fondo Amazonas; por cierto, un 60% de estas van a parar a instituciones gubernamentales.

A veces me imagino que no conozco los mapas del fuego como los que nos muestra el FIRMS de la NASA, en donde se aprecian los nubarrones incendiarios que tenemos por delante. ¿Qué hacer para detener esta tendencia? No sé, pero pronto será tarde. ¡A ver qué trascendencia tiene sobre el peligro lo que hablaron en la Cumbre del G20 a finales de agosto en Biarritz!

A veces, resulta pavoroso imaginar

La ‘fren-ética’ sima mediterránea

Cunde entre la gente, los gobiernos son sus representantes y educadores, una práctica desconcertante: Los esfuerzos y compromisos que en otros tiempos estaban encaminados a cambiar el mundo son ahora empleados en proteger lo que tenemos, llámese bienestares o idiosincrasia. Incluso así, no estamos seguros de encontrarnos a salvo de ciertas contingencias, por más que muchas sean difíciles de identificar.

La vida es un compendio de situaciones personales dentro de la convivencia social. Se visibiliza lo mismo en postulados que en formas de vida; en ocasiones apenas se manifiesta claramente, lo cual nos conduce a dudas. A menudo, de forma consciente o no, se elige entre una cosa y otra que en cierta manera la contradice. Cuando se reflexiona de verdad entre varias alternativas aparecen los dilemas, insustanciales bastantes veces, en otras llegan a tocar la moralidad o la ética. Bastante gente siente incomodidad a la hora de pensar, sobre todo si lo cuestionado trasciende la esfera del beneficio personal inmediato. Un ejemplo de dilema moral podría ser la cuestión de la acogida de los inmigrantes que viajan días y días en barcos que los han rescatado de una muerte segura en el Mediterráneo.

Los flotadores provisionales que los barcos de Open Arms y Médicos sin Fronteras han procurado este mes de agosto a los náufragos mediterráneos en peligro de ahogarse nos obligan a posicionarnos. Más allá del sentimiento emocional, ya de por sí relevante, está el asunto de la acogida o no por parte de los países ribereños del Mediterráneo, que tuvo su momento álgido en 2015 cuando se tendieron endebles pasarelas entre Turquía y Grecia. Ante este drama, hay gente despreocupada, otra que piensa una cosa y dice otra, gente que conscientemente se manifiesta a favor de que España los acoja; no faltan difuminaciones de los representantes gubernativos y recriminaciones a las ONG cuyos barcos han rescatado a los náufragos. Cada una de estas posiciones tiene una parte opinable, otra más grave censurable desde el punto de vista ético, pues se ponen en juego los conceptos del bien y del mal que, en buena manera, dicen que sostienen la civilización democrática que lleva tantos años bañando el norte mediterráneo.

Duele que personajes como Salvini, o Trump, pretendan a(re)sumir la moralidad global, con la excusa de que quienes sufren en una barcaza o en un desierto están allí porque la redes mafiosas los han transportado. De vez en cuando, hay que sentarse a pensar cuál es la escala personal y social de valores, implicarse en diálogos razonados sobre estos temas respetando las opiniones y conductas ajenas, y formar un juicio moral. Incluso no estaría de más colocarse en alguna ocasión en el lugar de los otros.

Si no lo hacemos más veces y muchas personas, demasiada gente no podrá superar la sima mediterránea, sitio sin fondo en donde cayó la implicación ética de los Gobiernos de Europa. Mucho menos lograrán alcanzar la cima 2030, allí donde aparece escrito el objetivo/deseo núm. 16 de los ODS: Promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas, que rubricaron todos los países implicados en este drama veraniego. El freno a la ética universal, visible en el Mediterráneo, lo dificulta mucho.

No se trata de resolver para siempre un problema complejo con muchos intereses en interacción
; de esta tarea deben hacerse cargo los Gobiernos y organismos internacionales, en lugar de dejar que la sima se agrande, por más que digan que las conversaciones para resolver este caso son frenéticas. Es necesario remediar puntualmente estos episodios de agosto –barcos llenos de gente rescatada de la muerte probable, hacinada en penosas condiciones, deambulando por el Mediterráneo o detenidos a escasos metros de un puerto en el que no dejan desembarcar, etc.- representan un esperpento de la condición humanitaria, un frenético estorbo para la convivencia.

Mucha gente no duda de la estrategia, no le supone ningún dilema el asunto: primero salvarlos y acogerlos, después dialogar para encaminar las cosas.

(EUROPA PRESS)

Tome una buena dosis de ecología cada día

Todas las personas vivimos interconectadas con lo que nos rodea, seamos o no conscientes de ello, queramos o no; incluso los (in)crédulos negacionistas. Lo que cada cual, todos, hacemos y vivimos tiene mucho que ver con la ecología.

Esta palabra tiene muchas variantes léxicas: concepto y sentimiento, acción e interacción, compromisos y olvidos, urgencia y permanencia, etc.; también algún exabrupto. Bastantes, mucha gente y las marcas comerciales cada vez más, la utilizan como etiqueta: lo ecológico vende y mola; otros como una especie de mantra, para emocionarse ellos mismos o para enfrentarse a los demás.

Un sustantivo tan importante que, a poco que nos aproximemos a él, llega a ser un adjetivo, acabándolo simplemente en -ica o –ico. También alcanza su expresión coloquial en forma de ecologismo o ecologista, variables nuevas de una vida antigua. Estas dos últimas acepciones identifican a las personas que toman una buena dosis de ecología cada día y así reconfortan la vida propia; y un poco la de las demás, también la del planeta y los seres vivos que con los que conviven. Si bien no faltan quienes utilizan los vocablos como insulto hacia los defensores o propagadores de la vida en armonía en/con la casa común.

La palabreja es también idea, destino o camino, lugar y tiempo, individualidad y colectivo, presente con bastante de pasado y revisión del futuro. En verdad, nunca ha dejado de estar de moda desde que Aristóteles se ocupó de algo parecido o las religiones primitivas adoraban a la Madre Tierra; muchos científicos, anoten Darwin y Humboldt, le dieron un buen empujón. Quiere significar, más o menos y para gente normal como nosotros, la casa que tenemos/queremos, más bien su estudio, análisis y actuación pertinente.

Ecología es reconocer lo que hay en casa de cada persona; en realidad, la marca de todos, en conjunto componen los ecosistemas, para hacerla un poco más acogedora, o mucho. Sepan los despreocupados, o incrédulos, que aún es posible una pequeña reforma, pero para ello la ecología debe conseguir un papel protagonista.

La palabreja moderna y sus derivaciones comprometidas la consolidó el científico ruso Vladimir Verdanski, del que casi nadie ha dicho nada; ya se sabe que muchas veces la fama se la llevan otros. Después vinieron aportaciones varias para explicarnos lo del ecosistema, eso que estudiábamos en el instituto. Aun así, todavía hay por ahí mucha gente que teme, desdeña, a la ecología, aunque esta nunca sea feroz.

Ahora mismo se la ha adornado de Sostenibilidad, que queda mucho mejor. Sin embargo, nunca, ni la una ni la otra, deben ser contemplativas. Por eso, más ecología y menos postureo verde. La primera, en sus variantes léxicas debe incluir comprometida y futurible; el segundo es simplemente un color de adorno.
Ponga algo, o mucho, de ecología práctica y comprometida en su día a día; incluso, o más, en el verano vacacional. No se arrepentirá; compruébelo.

Hay bastantes personas que ya afirman, están convencidas, que una buena dosis de ecología les reconforta. Se nos ocurre que la ecología cotidiana podría ser el camino para ascender, el mundo entero, en buenas condiciones a la Cima 2030.

Aquí lo dejamos, para que lo gestione; no sin antes recordarle que la ecología es una conversación ininterrumpida con la vida. Ensaye este verano. Ya (se)nos contará.


(EFE/ Andy Rain)

Para siempre es demasiado tiempo

Dicha expresión adorna el momento presente, superado ya una vez acabe de leer la frase. Llevémosla al terreno de la crisis climática. Todo es importante y, a la vez, casi nada de lo que hagamos tiene la marca de durabilidad. Ante esta hipótesis, el deseo colectivo se plantea renunciar a qué: a nada de lo que cada cual pueda para alargar el tiempo útil, el de todos.

Porque, el silencio y la inacción suenan todavía peor. La crisis climática tiene prisa, parece que le gustase el “para siempre”. Al otro lado nos encontramos nosotros. Sabemos, hemos de ser muy conscientes de ello, que lo que uno hace se sostiene en aquello que busca. En nuestro caso, dedicar tiempo a que la crisis no se eternice.

La desidia climática va contra toda lógica y nos aleja la Cima 2030. Es bien sabido que todo lo que sucede es producto de alguna conexión, o de muchas situaciones concatenadas; también interviene el azar.

Pongamos por caso la energía externa que consumió ayer mismo para realizar sus actividades. Fue, hizo, trabajó en, compró, elaboró, se vio con, se entretuvo en, disfrutó con una actividad relajante o cultural, etc.; además de reponer la energía interna con los alimentos y nutrientes convenientes. En todos estos procesos se degradó energía en forma de productos que afectan más o menos a la crisis climática. Siempre, pensando en negativo, queda algún resto indeseado.

Pero, lo inalcanzable también se puede imaginar en positivo. Está tanto en las cosas que se ven como en las que no se ven. Aunque últimamente, usted incluso, se haya relajado en la pelea reclimatizadora, todo tiene su parte eficiente. Le queda el recuerdo de lo que hizo bien, quizás eso sí le sirva siempre para que lo que busca en mitigación y adaptación climática global no acabe en un sueño. Eso debe impulsar iniciativas como Som Energía.

Lo que caracteriza mejor a una persona que lucha de verdad contra la crisis climática es que es consciente de que casi todo requiere sacrificios, y algún que otro tormento. Por eso, seguro que está pensando ahora mismo en cómo reducir mañana la energía que consumió ayer y la consiguiente emisión de calor y gases. Porque sabe que en el asunto energía para siempre es demasiado tiempo.

Sin embargo, constantemente, en esto no hay duda, ahora o años después, alguien se lo agradecerá; al menos, le encontrará sentido a lo que usted hizo por retener la por ahora imparable crisis climática.


Imagen de archivo de un ‘flashmob’ de Alianza por el Clima. (EFE)

Caca plástica en nuestra basura

Ahora van muchos países asiáticos, empezaron los chinos, y no quieren echar en sus wáteres nuestra occidentalizada basura. En teoría, los millones de toneladas plásticas que hacían el largo crucero marítimo desde Europa hasta China, Filipinas, Malasia o Vietnam, se reciclaban.

Mentira podrida; la mayor parte acababan contaminando las aguas continentales y marinas o eran quemados, emitiendo al aire su tóxica carga.

Ahora, estos países asiáticos ya no quieren nuestra caca plástica; aunque les paguemos mucho. Hacen bien; ya tienen bastante con la suya, que es voluminosa y tampoco está bien gestionada, ni mucho menos.

La ONU dice que en 2017 España fue el séptimo país exportador mundial de desechos, desperdicios y recortes de plástico. El Ministerio de Industria nuestro cuenta que, entre 2010 y 2018, España “envió” a China/Hong Kong casi un millón de toneladas plásticas, más de la mitad de las generadas en ese periodo. ¡Qué barbaridad!

Los espabilados gestores de la basura española decían que enviaban nuestra caca plástica porque aquí no compensaba reciclarla. ¡Vaya caradura! Imaginamos que lo de compensar se refería solo a lo económico, que se desdeñaban las mejoras ambientales y a la salud de las personas.

Hay quien se pregunta qué haremos ahora con nuestra basura plástica. Algunos apuestan (Federación Española de Recuperación y Reciclaje) por reciclarla; otros como Greenpeace por no generarla, lo explica bien esta ONG en Maldito plástico.

¿En qué grupo se encuadra usted para “eliminar” esa caca plástica que cada día produce? Seguro que no consigue adquirir los productos que come libres de envoltorios plásticos; por más que haga pesquisas detectivescas. Así, la bolsa amarilla es siempre la más voluminosa de casa; hay que descargarla casi cada día.

Si se le ocurre alguna idea interesante para ser menos “plasticantes” díganosla. Si quiere ampliar la información sobre el mundo plástico, y sus submundos, no deje de visitar y leer despacio las noticias de la minuteca plástica en 20minutos.es. Hable del asunto en casa y con las amistades. La cosa plástica está muy descuidada.

¿Cómo iremos de cargados cuando lleguemos a la Cima 2030?


(Diego Azubel / EFE)

Atrévanse con la disidencia consumista

Más de una vez nos preguntamos si tiene sentido, para una persona normal y corriente, preocuparse por una idea ética, moral o vivencial; cada cual que elija su ámbito de interrogación, o el escenario donde se sienta más cómodo.

Las ideas que justifican el obrar son y no son, a veces están detrás de lo que hace uno mismo o la gente; en otras ocasiones cuesta identificarlas. Hay quien asegura que se han evaporado con la socialización agresiva. Tal vez porque vivimos en un estado de tiempo perdido; acaso porque quienes nos guían se empeñan en espantarnos las ideas. A lo mejor quienes dudamos somos unos ilusos. ¡Vete a saber!

Viene todo esto a cuenta de que uno va por la calle, no digamos si se asoma a una cadena de televisión o escucha la radio, y siente la llamada constante del consumo. Carteles publicitarios que pintan la realidad plena de belleza y armonía, que animan a ser más y mejor, nos acompañan cada minuto de nuestra vida. Puede que alguien o muchas personas no lo vean así, o se hayan mimetizado con “el territorio del todo quiero”, pero tal como lo veo lo cuento.

Es más, si cualquiera tiene la osadía de buscar un producto en Internet, entender sus cualidades, saber su precio o dónde se vende simplemente, se verá sacudido sine díe con ofertas sobre él cada vez que se asome a la red, bien sea para leer el periódico preferido o entrar en una red de amigos.

Ante este atropello, sobre todo pensando en las limitaciones de las materias primas y en su correcta gestión, se aconseja una remoción del fuero interno como ejercicio de placer. No, no es la estupidez que a primera vista pueda parecer.

Imaginen que se aíslan de la publicidad y retienen por un rato el pensamiento crítico, probablemente disidente, sobre la dependencia individual del consumo. Después pueden ampliar su campo de lectura a su entorno próximo, o el mundo en general, exportar la duda individual sobre si el consumo manda o no. Recientes tenemos los supuestos acuerdos del último G-20 de Japón.

¿Llegaremos a rebelarnos? Mientras tanto, vivan un poco el tiempo futuro, ese que viene adornado de sostenibilidad global; al menos piensen en lo que queda de él. La disidencia, frente a colapsos y a los grandes desafíos, nunca se agota. Acaso se aburguesa con la edad. Bueno, en realidad, hay bastante gente que se contenta con el pensamiento 1.0, a lo mucho; y este hace tiempo que dejó de ser útil, o se pasó de moda.

El consumismo es un asunto al que le doy vuelta de tanto en cuanto; y nunca logro resolver del todo mis dudas; incluso siendo un intencionado consumidor disidente. Esta reiteración me pasa por ser tan dado al pensamiento ocioso.

Lo dejamos aquí. Por cierto, ¿Qué será del consumismo en el año 2030?

(JORGE PARÍS)

Ecotasas, un rédito para las personas

En realidad, tanto da que miremos en la esfera individual como hacia la colectiva, la vida es una ecotasa permanente. Lo que hagamos/paguemos hoy en relación con el medioambiente, del cual nosotros somos parte principal, lo rescataremos/nos dañará mañana o más tarde; ya lo comprobamos en el presente, plagado de rastros del pasado. Acomodarse hoy a las restricciones que el incierto futuro nos avanza, en forma de ecotasas positivas, nos reduce la tasa vital a pagar mañana por nuestra falta de previsión.

Sin embargo, siempre que se anuncia una ecotasa, el sector que se imagina perjudicado lanza una ola de protestas; ya sea por pagar las bolsas de plástico o por gravar el uso de los combustibles fósiles más contaminantes. Sin embargo, el impuesto verde es un camino que los tribunales están incluyendo en sus sentencias; atentos a la evolución futura del asunto en casos como la ecotasa al turismo del Gobierno balear y similares.

Pero hay que conocer que ya pagamos/invertimos en algunas ecotasas como por el reciclaje de electrodomésticos, ruedas, etc. Esos tributos, tasas o contribuciones especiales –España está en la cola de la UE en este asunto- son un incentivo de cara a la protección de las vidas de las personas y del medioambiente que las acoge, otras veces quieren compensar los daños ocasionados por individuos o sistemas productivos.

Siempre son objeto de polémica: algunos partidos anuncian que acabarán con ellas, otros no las nombran, por si acaso se les vuelven esquivas en citas electorales. Pagar por algo siempre cuesta; sorprende que también lo sea por aquello relacionado con el inestable presente y el inmediato futuro, incluso en cuestiones de salud colectiva. Hasta el intento de la UE de limitar, con esta intención, la emisión del CO2 ha sido muy contestado.

Habrá que conocer las razones por las cuales el Gobierno francés, tras un consejo de “defensa ecológica”, aplicará una tasa a todos los vuelos que despeguen de sus aeropuertos a partir de 2020; se pueden imaginar la rebeldía de las aerolíneas, que se sienten perjudicadas aunque en realidad ya sabrán repercutir el impuesto a sus clientes.

(Óscar J.Barroso/Europa Press/Archivo)

Hemos conocido recientemente que la OCDE ha pedido a España subir los impuestos de los combustibles, dado que va muy retrasada en este asunto.

Las ecotasas no son un impuesto; más bien son un presupuesto. Este concepto, contiene una acepción preciosa, ya en desuso, que le asigna la RAE: Propósito formado por el entendimiento y aceptado por la voluntad.

La ecotasa hay que contemplarla como una inversión colectiva, de cara a conseguir llegar en condiciones sostenibles a las cimas marcadas para los años 2030 y 2050. Cada una de las que se aplique estará fundamentada en su interacción social; habrá de ser explicada con claridad, tanto a los ciudadanos como a los sectores económicos y productivos. A todos habrá que convencerlos de que son inversores de vida; por eso, cabe limitarlas/adaptarlas en casos muy concretos y por un periodo de tiempo limitado.

No despreciemos las ecotasas: bien diseñadas y asumidas tienen un rédito imprescindible, construido y aceptado en torno al conocimiento y la voluntad, y por consiguiente mayor de lo que imaginamos. Aunque sea poco visible en el momento, permanece para las generaciones futuras.

La igualdad de género busca la Cima 2030

La progresiva y contundente igualdad de género es un requisito indispensable para alcanzar la Cima 2030; no solo es así porque lo formule el ODS 5 -en el sentido de su trascendencia para tirar de los demás-, sino porque en un contexto de crisis se necesitan todas las energías posibles, y las mujeres han dado muestras de sus grandes capacidades en múltiples casos.

Nos atreveríamos a decir que el camino más adecuado para conseguir la igualdad de género lo marca la educación recibida y atesorada, tanto en un sistema reglado como en una sociedad culturalmente positiva. Seguro que esta afirmación la compartirían miles de millones de personas bien intencionadas.

Veamos lo que dice el reciente informe GEM 2019 de la UNESCO. Lleva un subtítulo tan sugerente que aboga por construir puentes para la igualdad de género. Resalta que, en el conjunto mundial, “más de la mitad de la ayuda a la educación del G7 se destina a la consecución de la igualdad de género“, con países especialmente involucrados como Canadá. Pero esto no deja de ser una cifra.

Desde hace unos años la UNESCO se empeña en demostrar que una educación continuada y de calidad constituye la mejor estrategia para enfrentarse a los complejos desafíos del futuro mundial, que cada día llega antes. Para ello es necesaria una educación universal, permanente a lo largo de la vida. La educación está en el centro de los ODS para 2030.

(GTRES)

Dentro de ella, la educación de género tiene una doble intención: por un lado, la completa educación de niñas, jóvenes y mujeres es un derecho humano universal, todavía no logrado. Por otro, es un requisito indispensable para cualquier país que quiera un desarrollo sostenible y que aspire a que este se consolide en un espacio de paz.

En estos tiempos de quejas colectivas por lo que pasa aquí, pongámonos delante del espejo y pensemos que nos encontramos personalmente ante alguna de estas situaciones:

  • Somos parte de la alta tasa de abandono escolar, y de graduación, que soportan niñas y jóvenes en enseñanza obligatoria de muchos países.
  • Conocemos, o sufrimos, la violencia sexista que nos inutiliza el acceso a la escuela, como a las niñas en más del 25% de países.
  • Vemos deteriorada nuestra educación por la necesidad de atender a tareas domésticas familiares, cosa que no hacen los chicos.
  • La escuela a la que debería ir no dispone de instalaciones adecuadas para resolver la higiene menstrual de las jóvenes; otras ni siquiera están equipadas con baños para el lavado de manos con agua y jabón.

¿Cómo nos vemos en el espejo?

Debemos ser conscientes de que la paridad educativa en primaria todavía está lejos en más de un tercio de países, en más de la mitad en secundaria, especialmente en el segundo ciclo de esta.

Ante esta situación de desigualdad de género en algo tan básico como la educación, habrá que insistir mucho ante las autoridades para conseguir que la igualdad de género sea visible en la reforma curricular y quede recogida en los libros de texto, para que haga hincapié en la participación de las niñas en los programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; pero sobre todo, para que persiga el acceso seguro a las escuelas.

Por ahora, la igualdad de género es un horizonte difuso en la Agenda 2030, también con perfiles poco nítidos en ciertas escalas de los países ricos. Por cierto, no se pierdan los informes GEM de la UNESCO de los años precedentes.

La pobreza, en el ADN de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

En demasiadas ocasiones, porque no nos afecta o incomoda, lo evidente se hace imperceptible. Sucede a menudo con la pobreza. En su dimensión, múltiple y concreta, se combinan dos interrogantes básicos sobre los que nos gustaría decir algo.  

Uno el hecho de que no sea natural; de que al ser creada por los seres humanos pueda ser revertida, ser erradicada por ellos mismos. Así se expresaba el Nobel sudafricano Nelson Mandela.  

El otro habla de que no son más pobres quienes tienen poco, sino aquellos que desean más y más y nunca les alcanza, que decía José Mújica, el expresidente de Uruguay. Reversibilidad y percepción son dos claves en el ADN de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).  

Conseguir el fin de la pobrezaes el que podría ser más determinante, y por algo se habrá colocado en el primer lugar, como si su erradicación fuera el ADN de los ODS. No hay que desdeñar la relación consustancial que tiene con los demás. 

Uno el hecho de que no sea natural; de que al ser creada por los seres humanos pueda ser revertida, ser erradicada por ellos mismos. Así se expresaba el Nobel sudafricano Nelson Mandela.

El otro habla de que no son más pobres quienes tienen poco, sino aquellos que desean más y más y nunca les alcanza, que decía José Mújica, el expresidente de Uruguay. Reversibilidad y percepción son dos claves en el ADN de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Conseguir el fin de la pobreza, es el que podría ser más determinante, y por algo se habrá colocado en el primer lugar, como si su erradicación fuera el ADN de los ODS. No hay que desdeñar la relación consustancial que tiene con los demás. Repasémosla. Acaso el fin de la pobreza (Ob. 1) consiga reducir el hambre a cero (Ob.2) y sea un exponente de salud y bienestar general (3) como lo será que todos los niños y jóvenes disfruten de educación de calidad (4), que la misma eliminación de la pobreza sea visible independientemente del género (5).

Sin duda, el acceso universal al agua y saneamiento (6) será otro indicador más, como el disfrute de energía sostenible y no contaminante (7), el derecho a un trabajo digno (8) o la reducción de las desigualdades (10). En este deseado escenario, las ciudades y comunidades serían sostenibles (11), sus habitantes disfrutarían de una producción y consumo responsables (12). Todo en el contexto de una permanente acción ante la crisis del clima (13), en búsqueda de la paz, justicia e instituciones sólidas (16) que son resultado de alianzas para hacer realidad esos objetivos (17).

Por eso, nos gusta el título del último informe del Banco Mundial sobre la pobreza. Es del año 2018 y muestra en su portada todo un mensaje de acción ética, Juntando el rompecabezas de la pobreza, dentro del genérico “Pobreza y solidaridad compartida”.

Seguro que casi todas las personas nos adheriríamos al deseo manifestado en el ODS 1: Fin de la pobreza. Pero el camino hacia el será largo y difícil. No estaría de más conocer las causas.

Avergüenza a cualquier ciudadano leer que UNICEF asegura que España soporta las cotas más altas de pobreza infantil entre los países industrializados.

No debemos descuidarnos en conseguir la pobreza cero; mucha gente lucha ya por ello. ¿Algo podrá hacer después de leer esto? Al menos no se le hará imperceptible de ahora en adelante –caso de que así sucediese-, y le ayudará a pensar si la pobreza es algo natural o siempre son más pobres los que tienen menos. En cualquier caso, el asunto no debe figurar en el ADN de la especie.

Y no lo olviden: sientan mucho mejor, a cuerpo y espíritu, la pobreza y la solidaridad compartidas. Hasta el Banco Mundial nos lo dice.


Dos mujeres buscan comida en un contenedor de basuras en Madrid. (JORGE PARÍS)