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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

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La oposición no quiere darle todo el poder a Erdogan

Logo CHP turquía

Logo del Partido Republicano del Pueblo (CHP)

El principal partido de la oposición turca, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), pidió ayer formalmente la anulación y repetición del referéndum del domingo. La agencia EFE recoge las declaraciones del vicepresidente del CHP, Bülent Tezcan, tras formalizar la petición de impugnación: “Esta elección no es válida, no es legítima. Para acabar con esta ilegalidad solicitamos a la Junta Suprema Electoral (YSK) que anule el referéndum”. La otra gran fuerza opositora, el prokurdo Partido Democrático de los Pueblos (HDP) también ha pedido públicamente la anulación de los resultados del referéndum.

Entre las irregularidades denunciadas, el CHP considera que al menos 2,5 millones de papeletas no selladas fueron consideradas válidas e incluidas en el recuento total. Teniendo en cuenta que el sí a la reforma constitucional para implantar un sistema presidencialista en Turquía ganó con un apretado margen del 51,4% de los votos, es lógico que quieran averiguar si seguiría ganando el sí sino se hubieran contado las papeletas no selladas, ya que la ley electoral señala que esos votos tienen que ser declarados nulos.
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Asya Abdullah: cuando el feminismo y la lucha contra el EI van de la mano

Aunque Asya Abdullah no es una de las caras visibles de la lucha contra el Estado Islámico y los ataques a la población kurda, tiene un enorme protagonismo en el panorama internacional. Copresidenta del Partido Sirio de la Unión Democrática (PYD) que impulsó la proclamación de la autonomía de Rojava (Kurdistán suroccidental) en el 2013, no es una política al uso. En primer lugar, porque es una mujer, y también porque ha logrado desatar toda una revolución. Lo único que no es novedoso es que su labor es prácticamente ignorada por todos los medios.

“El sello de identidad de una vida libre y democrática es una mujer libre”, espetó Asya Abdullah durante su intervención en el New World Embassy: Rojava, a finales de noviembre en Oslo. La activista se estaba refiriendo a algo que está ocurriendo en la región kurda y que se obvia cada día en cada información. Los kurdos tienen y seguirán teniendo un papel fundamental en el futuro de Siria y parte del mérito lo tiene la revolución que están llevando a cabo, donde las mujeres se sitúan en el centro de la agenda política. Es lo que muchos califican como una revolución democrática.

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Esta es la Turquía de Erdogan

Paul Zinken (EFE-EPA)

Paul Zinken (EFE-EPA)

Desde el golpe de estado fallido que tuvo lugar en Turquía el sábado pasado cerca de 20.000 personas de los sectores policial, judicial, servicio civil y ejército han sido arrestados o apartados de sus cargos y más de 5.000 personas han ingresado en prisión preventiva. En los últimos días la purga se ha extendido también al ámbito educativo -decenas de miles de maestros suspendidos- y tras el estado de emergencia decretado el jueves se ha ordenado la clausura de 35 hospitales y un millar de colegios privados, además de 15 universidades y 19 sindicatos.

Hubo quienes el fin de semana pasado respiraban más hondo después de que el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, consiguiera parar un golpe de estado supuestamente orquestado según él por el clérigo Fethulah Gülen, exiliado en Estados Unidos. Con el pretexto de garantizar el orden en el país y con la Unión Europea atada de manos por el acuerdo con Turquía sobre el control de los refugiados que llegan a Europa, Erdogan ha empezado a imponer su propio orden.  

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4 claves de las elecciones en Turquía

Erdogan a su llegada al colegio electoral de Estambul donde depositó su voto / EFE

Erdogan a su llegada al colegio electoral de Estambul donde depositó su voto / EFE

Una vez más, los turcos han vuelto a las urnas para elegir nuevo gobierno. Muchas habían sido las críticas al ejecutivo de Erdogan por la dura represión de las protestas de Taksim, el autoritarismo del primer ministro y sus políticas islamistas, así como por la falta de reacción de Ankara ante el conflicto en Siria. Contra viento y marea, Erdogan revalidó su puesto y consiguió frenar y remontar la caída de popularidad de su partido, el AKP, en los últimos tiempos. ¿Por qué? La respuesta reside en cinco claves que no debemos perder de vista, puesto que todo parece indicar que el papel de Turquía en el escenario internacional actual, bajo el terror de Estado Islámico en todo Oriente Medio y parte de occidente y con una enorme crisis de refugiados, será relevante en los próximos años.

Gana el discurso del miedo

El conflicto en Siria e Irak provocado, en gran parte, por Estado Islámico ha tenido una gran repercusión en Turquía, en parte porque los kurdos en Turquía representan el 18% del total de la población, lo que convierte al país en un campo de batalla más para el yihadismo. Primero fue el atentado contra activistas kurdos en Suruç, que se saldó con más de 30 muertos, y que desencadenó una oleada de ataques terroristas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), y hace un par de semanas, en Ankara, otro ataque atribuido a Estado Islámico, con 97 fallecidos, en lo que se convirtió en el atentado más sangriento de la historia de Turquía.

A pesar de este último atentado, ocurre que el gobierno turco (y parte de la población) comparte con Estado Islámico el rechazo a los kurdos, a los que asocia con el terrorismo histórico en Turquía, mientras que para los yihadistas son enemigos religiosos. Y en estos comicios se hizo palpable que Erdogan y el AKP son para los turcos la opción “segura” en medio de un conflicto que ha salpicado a Turquía más de la cuenta. Para muestra un botón, el Partido Democrático del Pueblo (HDP), que aglutina a los nacionalistas kurdos, estuvo cerca de perder su representación parlamentaria, con sólo el 10,7% de los votos.

¿Terrorismo kurdo o terrorismo yihadista?

La población kurda representa una minoría en Turquía, pero aún así es una cifra significativa. Sus diferencias, aparentemente insalvables, con la masa hegemónica en el país, siempre han presentado a los kurdos como una amenaza, especialmente en base a los ataques terroristas del PKK. En los últimos tiempos parecía que la conflictividad con el PKK se había relajado, y varias voces hablaban incluso de una posible solución del conflicto y que se avanzaba hacia una reconciliación. Pero todo se truncó con la irrupción de Estado Islámico en el escenario periférico: la neutralidad (o pasotismo) de Erdogan en la lucha de los kurdos en Kobane enfureció al PKK, por no hablar de la posterior intervención de Ankara en Siria, donde también atentó contra objetivos kurdos.

Los nuevos ataques del PKK que se desencadenaron en Turquía dieron fuerza nuevamente al discurso anti-kurdo de las autoridades. Ahora en territorio turco aparecen dos problemas: Estado Islámico, por un lado, y el PKK por el otro. ¿Cuál de los dos tiene más peso? Quizá no sea ésta la pregunta, sino qué intereses puede haber, si los hay, en el gobierno turco en torno al terrorismo. Como sabemos, el discurso antiterrorista sirve a muchos gobiernos para justificar sus acciones.

Erdogan y las democracias occidentales

Si bien Turquía es un país marcadamente laico, también es enormemente islamista, a la par que occidentalizado. Esa mezcla lo convierte en un escenario muy complicado, pero también estratégico. Por su peculiaridad y por su posición geográfica, Turquía es un enclave para las democracias europeas, tanto en la gestión de los refugiados como en la alianza que Ankara puede suponer en una intervención de occidente (o, al menos, de la OTAN) en Oriente Medio. Además, Turquía no es Arabia Saudí a los ojos del mundo, algo que lo hace más digerible en caso de acuerdos y alianzas alrededor de Oriente Medio, y muy especialmente ahora, en la lucha de contra Estado Islámico. ¿Cuál es la contrapartida? El interés de Erdogan por entenderse con la diplomacia europea. No olvidemos que Turquía es candidata a ingresar en la Unión Europea. Si lo conseguirá o no, eso ya es otro cantar.

Más poder, ¿gracias a la Constitución?

Mucho se habló del autoritarismo de Erdogan desde su llegada al gobierno turco, tanto en la dura represión que ejerció sobre la población civil a través del brazo policial (parece que nadie se acuerda ya de Taksim), como por la progresiva “islamización” del Estado, tal como criticaron diversos sectores civiles y expertos internacionales. Sin embargo, tras el reciente resultado en las urnas, donde el AKP obtuvo cerca del 50% de los votos, el primer ministro podría llevar a cabo una reforma constitucional para otorgarse aún más poder, abrazando también el ejecutivo. Es decir, más poder legitimado por un discurso del miedo que presenta al AKP como la única alternativa al terror. ¿Es que en Turquía no hay otra solución más allá de Erdogan? Por el momento, en Turquía el miedo está siendo más fuerte que la razón.

La oportunidad perdida de Erdogan

Miles de kurdos celebrando el Año Nuevo Persa en Diyarbakir (Turquía), en 2013 / SUNA - EFE

Miles de kurdos celebrando el Año Nuevo Persa en Diyarbakir (Turquía), en 2013 / SUNA – EFE

Erdogan ha mandado al traste su gran oportunidad, o quizá se le ha escapado, de capear el temporal con los kurdos. Aunque todo parece indicar que es lo primero. La población kurda, que representa al 18% de los habitantes en Turquía, parecía tener una oportunidad de conciliación en 2013 con el inicio de una tregua con el Gobierno de Ankara. Pero ha quedado en agua de borrajas. Tras el atentado de Estado Islámico que se cobró la vida de 32 activistas kurdos en la localidad turca de Suruç, la sangre ha vuelto a correr por las calles del país. El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), ofendido por la pasividad del gobierno de Erdogan -al que acusan de “colaboracionista” con los yihadistas-, asesinó a un policía turco este fin de semana. Ahora las tropas turcas se han decidido a bombardear Siria e Irak. Pero, ¿podría hacer más el presidente de Turquía por los kurdos?

Por suerte o por desgracia para ella, la comunidad kurda se ha ganado la simpatía del mundo al haber sido objetivo predilecto de EI. Todos recordamos Kobane y la masacre en el kurdistán iraquí, así como a las guerrilleras kurdas armadas hasta las cejas para proteger a su pueblo de los terroristas. Un contratiempo, sin duda, para Erdogan, en un mundo donde los terroristas en los titulares no eran el PKK, sino EI, y las víctimas, los kurdos. Dicen que en la guerra sucia todo mando necesita de un enemigo para justificar sus acciones. En el caso del presidente turco, tuvo la oportunidad de cambiar de enemigo y no lo hizo. Habría sido fácil, dadas las circunstancias, enterrar el hacha de guerra con el PKK en un epicentro como es Oriente Medio y aunar fuerzas contra un mismo objetivo que está desestabilizando la zona y aterrorizando al mundo entero. Pero Turquía no actuó. No, porque una cosa es atacar a EI y otra muy distinta es hacerlo para proteger a la población kurda. Y el motivo por el que ahora el Ejército turco combate no es otro que la amenaza yihadista que recae también sobre Ankara por sus relaciones diplomáticas con Washington. Eso y que Obama lleva tiempo presionando, en busca de que Erdogan mueva ficha de una vez.

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Adiós a la mayoría aplastante, Erdogan

Mujeres ejerciendo el voto en las elecciones del domingo / EFE

Mujeres ejerciendo el voto en las elecciones del domingo / EFE

Todos los imperios tocan, tarde o temprano, a su fin. Junio de 2015 ve desmoronarse el de Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía tras tres mayorías absolutas consecutivas que le han llevado a gobernar Turquía cual cortijo desde hace 13 años. El domingo el país celebró elecciones legislativas y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), las ganó con un escaso 40,8% de los votos. La traducción es 255 escaños, 21 menos de los necesarios para tener el control del Parlamento.

Si algo salva al gobierno en minoría del islamismo turco, es la falta de recuperación de sus adversarios. El Partido Republicano del Pueblo, de corte laico y socialdemócrata, se quedó en segundo lugar con el 25,1% de los votos y 133 escaños. La tercera fuerza, el Partido del Movimiento Nacionalista, más próximo a un posible pacto con el AKP, se quedó con 82 escaños, un 16,4% de los sufragios.

¿Por qué cae el partido de Erdogan y otros suben pero moderadamente?

¿Se acuerdan del 15M turco que nació de la protesta contra los planes de construir un centro comercial en el parque Gezi? Ese voto de protesta de las clases medias urbanas contra el talante cada vez más autoritario de Erdogan ha cuajado. Una buena parte lo ha recogido el Partido de la Democracia de los Pueblos (HDP), izquierdista y prokurdo. Sin embargo, ese carácter prokurdo también ha sido su hándicap, porque muchos turcos no han querido darles poder, ya que eso significaría reconocer derechos del pueblo kurdo que muchos no están dispuestos a plantear.

A diferencia de otros países como el nuestro, el movimiento de protesta no ha sido capaz de crear un partido político propio. Aunque Podemos esté más o menos lejos del espíritu de los indignados en España, el vínculo con el movimiento es claro en muchos de sus planteamientos. Así que los nacionalistas kurdos se han quedado en una vía de escape a medias.

Sin embargo, la subida del HDP es todo un triunfo porque ha conseguido el doble de la representación que tenía en la Asamblea, llegando al 12,9% de los sufragios. Y ese dato es todavía más importante si tenemos en cuenta que desde el golpe de Estado de 1980, la barrera para entrar al Parlamento se sitúa en el 10% de los votos -una decisión que se tomó precisamente para bloquear la entrada de las minorías en la política pública. Evidentemente, el partido tendrá ahora mayor poder de negociación. Sus líneas generales apuntan a políticas más descentralizadoras y, claro está, a cierto autogobierno para el sureste de Anatolia, donde viven la mayoría de los kurdos.

Podríamos pensar que Erdogan tampoco pierde tanto, pues al fin y al cabo, su partido es la fuerza más votada. Pero, ay, amigos, detrás de los personajes magnánimos hay siempre planes más oscuros y el presidente tenía uno que sólo podía alcanzar con una mayoría de al menos 330 diputados: reformar la Constitución. Y no para introducir más derechos, precisamente, sino para que ésta otorgara al presidente plenos poderos ejecutivos. Ahora mismo, la jefatura del Estado tiene funciones limitadas a la representación que no le llegan ni a la suela de las aspiraciones a Erdogan. Básicamente, tendrá que conformarse con seguir teniendo las funciones de un cargo como el de Felipe VI, y deseando los de una figura institucional como la de Mariano Rajoy.

En definitiva, los resultados son un empujón para la democracia. Los turcos han rechazado en las urnas el autoritarismo y le han mandado un mensaje claro al AKP: o se renueva y vence el personalismo del líder, o no podrá seguir al frente del país. La polarización ya ha llegado demasiado lejos.

La Turquía autoritaria

La represión de las protestas de Taksim puso en evidencia el autoritarismo del gobierno turco / EFE

La represión de las protestas de Taksim puso en evidencia el autoritarismo del gobierno turco / EFE

El año 2013 supuso un punto de inflexión para Turquía. Las protestas que protagonizaron aquel mes de junio pusieron en evidencia ante el mundo entero el autoritarismo del dirigente turco, Recep Tayyip Erdogan. En el país eurasiático se ha puesto coto a la libertad de expresión y para ello se ha legitimado la violencia policial, que goza de impunidad, las persecuciones y los juicios “vengativos”, como muchos los califican, hacia opositores y medios de comunicación. Erdogan, que goza de mayoría absoluta y lleva 13 años al mando del país, ha radicalizado cada vez más su postura ante el incremento de las críticas.

La reciente detención del director de Zaman, uno de los principales medios de comunicación en Turquía, Ekrem Dumanli, ha despertado las críticas internacionales a la falta de libertad de expresión en el país. Zaman se caracteriza por ser muy crítico con el presidente, por lo que la policía procedió a detener a Dumanli el pasado sábado, acusado de participar en un “plan para derrocar al Gobierno”. También fueron detenidas otras 23 personas vinculadas a la cadena de televisión Samanyolu y al archienemigo de Erdogan, el también islamista Fethullah Gülen.

La población turca lleva años denunciando el giro autoritario del gobierno del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), especialmente desde 2011, cuando Erdogan obtuvo por primera vez la mayoría absoluta y fue acusado de “islamizar” el país por medidas como intentar asumir la presidencia de la República (no lo consiguió) o tumbar la prohibición del velo islámico en espacios públicos. Las protestas de la plaza Taksim, en Estambul, fueron duramente reprimidas y terminaron en una persecución judicial de activistas, medios de comunicación e incluso personal sanitario que atendió a los 8.000 manifestantes heridos. Por contra, el gobierno turco ha blindado la identidad de los policías que llevaron a cabo la represión de las protestas,  que provocó 4 muertos.

Si bien más del 90% de los turcos son musulmanes, existe una fuerte tradición laica en el país que hace que las medidas islamizadoras del presidente no sean bien vistas por amplios sectores. Sin embargo, este no es el principal problema que presenta Erdogan, sino más bien los métodos que utiliza para imponer su criterio, los escándalos por corrupción y la censura y persecución de todos los puntos de vista contrarios, emitidos tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación. Así se demostró en Taksim, una protesta motivada por el anuncio de demolición del histórico parque Gezi para la construcción de un centro comercial, que terminó con la detención de activistas y con muchos juicios basados en comentarios vertidos en Internet. Son muchos los organismos que han denunciado el autoritarismo del gobierno turco, pero éste goza todavía de una mayoría absoluta que le otorga amplios poderes. Queda por ver si, con el tiempo, la crisis social se convertirá en una crisis política.

¿Quién apoya a los kurdos?

Por Cláudia Morán

Un refugiado kurdo espera noticias de Kobane en la ciudad turca de Mursitpinar / Flickr: ARIS MESSINIS / AFP

Un refugiado kurdo espera noticias de Kobane en la ciudad turca de Mursitpinar / Flickr: ARIS MESSINIS / AFP

Existe una razón bastante simplista, aunque no por ello menos cierta, de por qué el mundo es injusto: el mundo es injusto porque está lleno de minorías. Pertenecer a una minoría es una gran faena porque significa estar amenazado o ser pintado como una amenaza. Los kurdos, que últimamente aparecen en todas las secciones de internacional de los medios por el asedio a Kobane (Siria), son un caso claro de minoría. Los kurdos son una minoría silenciada -aunque nunca silenciosa- que se está llevando los peores palos de Estado Islámico (EI), pero también de Turquía, a los que se suma la gran hipocresía de Estados Unidos y la OTAN.

Tal como ocurre en muchos países en conflicto donde existen grupos terroristas, la minoría kurda suele ser asociada con el terrorismo. El gobierno turco, que no quiere saber nada de un Kurdistán independiente, tiene la fea costumbre de meter al conjunto de los kurdos y al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) en el mismo saco -lo mismo hace Israel con los palestinos y Hamas-.  Y es que los kurdos están en Oriente Medio, pero no son dignos musulmanes, ni sionistas, ni occidentales, ni orientales, ni terroristas (por mucho que algunos se empeñen en afirmar lo contrario). ¿Qué son, entonces, los kurdos? Un pueblo que lleva años reclamando un territorio que le pertenece y que salta ahora a la palestra porque los terroristas de Estado Islámico, en su afán califatista, lo están masacrando. O eso hacían hasta ahora, ya que parece que la resistencia en Kobane, en la frontera con Turquía, por fin les está haciendo recular.

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Taksim: la venganza de Erdogan

Por Cláudia Morán

Un año después de las protestas en Turquía, Erdogan continúa poniendo coto a la libertad de expresión y reunión / WikipediaCommons

Un año después de las protestas en Turquía, Erdogan continúa poniendo coto a la libertad de expresión y reunión / WikipediaCommons

Se ha cumplido un año de las protestas antigubernamentales en Turquía, que tuvieron como escenario principal la plaza Taksim de Estambul. Ahora, en el primer aniversario de las revueltas turcas, cientos de personas están siendo procesadas por su participación en las mismas por cargos de terrorismo o incitación a la violencia. Sin embargo, la policía, que actuó con gran brutalidad para disolverlas, mantiene una total impunidad, según denuncia Amnistía Internacional.

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Felicitaciones y reproches desde Bruselas

Europa felicita a unos y reprocha a otros. La unión europea aprueba el trabajo de Serbia y a la vez queda descontenta con la gestión del gobierno de Turquía.

Serbia ha hecho bien sus deberes

Bruselas y Belgrad empiezan a negociar la futura entrada de Serbia en la Unión europea, esperan que ésta se convierta en pleno miembro en el 2020.  El primer ministro Ivica Dacic dice que los ciutadanos serbios tienen fuertes aspiraciones europeas.

Serbia llevaba tiempo haciendo los deberes y ha obtenido la recompensa que buscaba, ha ido superando fases. Primero, colaborar con el tribunal penal internacional de la Haya, iniciar el camino de las reformas del sistema judicial,  y normalizar las relaciones con Kosovo.

Serbia’s prime minister left (BBC)

El primer ministro serbio se ha comprometido a continuar con las reformas y el dialogo con Pristila es esencial.  El comisario de ampliación, Stefan Fühle valoró positivamente esta actitud. La reunión concluía con las palabras de Dacic:  “no hemos escuchado tantas palabras amargas des de los tiempos de Tito”. Lee el resto de la entrada »