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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

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Asya Abdullah: cuando el feminismo y la lucha contra el EI van de la mano

Aunque Asya Abdullah no es una de las caras visibles de la lucha contra el Estado Islámico y los ataques a la población kurda, tiene un enorme protagonismo en el panorama internacional. Copresidenta del Partido Sirio de la Unión Democrática (PYD) que impulsó la proclamación de la autonomía de Rojava (Kurdistán suroccidental) en el 2013, no es una política al uso. En primer lugar, porque es una mujer, y también porque ha logrado desatar toda una revolución. Lo único que no es novedoso es que su labor es prácticamente ignorada por todos los medios.

“El sello de identidad de una vida libre y democrática es una mujer libre”, espetó Asya Abdullah durante su intervención en el New World Embassy: Rojava, a finales de noviembre en Oslo. La activista se estaba refiriendo a algo que está ocurriendo en la región kurda y que se obvia cada día en cada información. Los kurdos tienen y seguirán teniendo un papel fundamental en el futuro de Siria y parte del mérito lo tiene la revolución que están llevando a cabo, donde las mujeres se sitúan en el centro de la agenda política. Es lo que muchos califican como una revolución democrática.

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4 claves de las elecciones en Turquía

Erdogan a su llegada al colegio electoral de Estambul donde depositó su voto / EFE

Erdogan a su llegada al colegio electoral de Estambul donde depositó su voto / EFE

Una vez más, los turcos han vuelto a las urnas para elegir nuevo gobierno. Muchas habían sido las críticas al ejecutivo de Erdogan por la dura represión de las protestas de Taksim, el autoritarismo del primer ministro y sus políticas islamistas, así como por la falta de reacción de Ankara ante el conflicto en Siria. Contra viento y marea, Erdogan revalidó su puesto y consiguió frenar y remontar la caída de popularidad de su partido, el AKP, en los últimos tiempos. ¿Por qué? La respuesta reside en cinco claves que no debemos perder de vista, puesto que todo parece indicar que el papel de Turquía en el escenario internacional actual, bajo el terror de Estado Islámico en todo Oriente Medio y parte de occidente y con una enorme crisis de refugiados, será relevante en los próximos años.

Gana el discurso del miedo

El conflicto en Siria e Irak provocado, en gran parte, por Estado Islámico ha tenido una gran repercusión en Turquía, en parte porque los kurdos en Turquía representan el 18% del total de la población, lo que convierte al país en un campo de batalla más para el yihadismo. Primero fue el atentado contra activistas kurdos en Suruç, que se saldó con más de 30 muertos, y que desencadenó una oleada de ataques terroristas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), y hace un par de semanas, en Ankara, otro ataque atribuido a Estado Islámico, con 97 fallecidos, en lo que se convirtió en el atentado más sangriento de la historia de Turquía.

A pesar de este último atentado, ocurre que el gobierno turco (y parte de la población) comparte con Estado Islámico el rechazo a los kurdos, a los que asocia con el terrorismo histórico en Turquía, mientras que para los yihadistas son enemigos religiosos. Y en estos comicios se hizo palpable que Erdogan y el AKP son para los turcos la opción “segura” en medio de un conflicto que ha salpicado a Turquía más de la cuenta. Para muestra un botón, el Partido Democrático del Pueblo (HDP), que aglutina a los nacionalistas kurdos, estuvo cerca de perder su representación parlamentaria, con sólo el 10,7% de los votos.

¿Terrorismo kurdo o terrorismo yihadista?

La población kurda representa una minoría en Turquía, pero aún así es una cifra significativa. Sus diferencias, aparentemente insalvables, con la masa hegemónica en el país, siempre han presentado a los kurdos como una amenaza, especialmente en base a los ataques terroristas del PKK. En los últimos tiempos parecía que la conflictividad con el PKK se había relajado, y varias voces hablaban incluso de una posible solución del conflicto y que se avanzaba hacia una reconciliación. Pero todo se truncó con la irrupción de Estado Islámico en el escenario periférico: la neutralidad (o pasotismo) de Erdogan en la lucha de los kurdos en Kobane enfureció al PKK, por no hablar de la posterior intervención de Ankara en Siria, donde también atentó contra objetivos kurdos.

Los nuevos ataques del PKK que se desencadenaron en Turquía dieron fuerza nuevamente al discurso anti-kurdo de las autoridades. Ahora en territorio turco aparecen dos problemas: Estado Islámico, por un lado, y el PKK por el otro. ¿Cuál de los dos tiene más peso? Quizá no sea ésta la pregunta, sino qué intereses puede haber, si los hay, en el gobierno turco en torno al terrorismo. Como sabemos, el discurso antiterrorista sirve a muchos gobiernos para justificar sus acciones.

Erdogan y las democracias occidentales

Si bien Turquía es un país marcadamente laico, también es enormemente islamista, a la par que occidentalizado. Esa mezcla lo convierte en un escenario muy complicado, pero también estratégico. Por su peculiaridad y por su posición geográfica, Turquía es un enclave para las democracias europeas, tanto en la gestión de los refugiados como en la alianza que Ankara puede suponer en una intervención de occidente (o, al menos, de la OTAN) en Oriente Medio. Además, Turquía no es Arabia Saudí a los ojos del mundo, algo que lo hace más digerible en caso de acuerdos y alianzas alrededor de Oriente Medio, y muy especialmente ahora, en la lucha de contra Estado Islámico. ¿Cuál es la contrapartida? El interés de Erdogan por entenderse con la diplomacia europea. No olvidemos que Turquía es candidata a ingresar en la Unión Europea. Si lo conseguirá o no, eso ya es otro cantar.

Más poder, ¿gracias a la Constitución?

Mucho se habló del autoritarismo de Erdogan desde su llegada al gobierno turco, tanto en la dura represión que ejerció sobre la población civil a través del brazo policial (parece que nadie se acuerda ya de Taksim), como por la progresiva “islamización” del Estado, tal como criticaron diversos sectores civiles y expertos internacionales. Sin embargo, tras el reciente resultado en las urnas, donde el AKP obtuvo cerca del 50% de los votos, el primer ministro podría llevar a cabo una reforma constitucional para otorgarse aún más poder, abrazando también el ejecutivo. Es decir, más poder legitimado por un discurso del miedo que presenta al AKP como la única alternativa al terror. ¿Es que en Turquía no hay otra solución más allá de Erdogan? Por el momento, en Turquía el miedo está siendo más fuerte que la razón.

La oportunidad perdida de Erdogan

Miles de kurdos celebrando el Año Nuevo Persa en Diyarbakir (Turquía), en 2013 / SUNA - EFE

Miles de kurdos celebrando el Año Nuevo Persa en Diyarbakir (Turquía), en 2013 / SUNA – EFE

Erdogan ha mandado al traste su gran oportunidad, o quizá se le ha escapado, de capear el temporal con los kurdos. Aunque todo parece indicar que es lo primero. La población kurda, que representa al 18% de los habitantes en Turquía, parecía tener una oportunidad de conciliación en 2013 con el inicio de una tregua con el Gobierno de Ankara. Pero ha quedado en agua de borrajas. Tras el atentado de Estado Islámico que se cobró la vida de 32 activistas kurdos en la localidad turca de Suruç, la sangre ha vuelto a correr por las calles del país. El Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), ofendido por la pasividad del gobierno de Erdogan -al que acusan de “colaboracionista” con los yihadistas-, asesinó a un policía turco este fin de semana. Ahora las tropas turcas se han decidido a bombardear Siria e Irak. Pero, ¿podría hacer más el presidente de Turquía por los kurdos?

Por suerte o por desgracia para ella, la comunidad kurda se ha ganado la simpatía del mundo al haber sido objetivo predilecto de EI. Todos recordamos Kobane y la masacre en el kurdistán iraquí, así como a las guerrilleras kurdas armadas hasta las cejas para proteger a su pueblo de los terroristas. Un contratiempo, sin duda, para Erdogan, en un mundo donde los terroristas en los titulares no eran el PKK, sino EI, y las víctimas, los kurdos. Dicen que en la guerra sucia todo mando necesita de un enemigo para justificar sus acciones. En el caso del presidente turco, tuvo la oportunidad de cambiar de enemigo y no lo hizo. Habría sido fácil, dadas las circunstancias, enterrar el hacha de guerra con el PKK en un epicentro como es Oriente Medio y aunar fuerzas contra un mismo objetivo que está desestabilizando la zona y aterrorizando al mundo entero. Pero Turquía no actuó. No, porque una cosa es atacar a EI y otra muy distinta es hacerlo para proteger a la población kurda. Y el motivo por el que ahora el Ejército turco combate no es otro que la amenaza yihadista que recae también sobre Ankara por sus relaciones diplomáticas con Washington. Eso y que Obama lleva tiempo presionando, en busca de que Erdogan mueva ficha de una vez.

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¿Quién apoya a los kurdos?

Por Cláudia Morán

Un refugiado kurdo espera noticias de Kobane en la ciudad turca de Mursitpinar / Flickr: ARIS MESSINIS / AFP

Un refugiado kurdo espera noticias de Kobane en la ciudad turca de Mursitpinar / Flickr: ARIS MESSINIS / AFP

Existe una razón bastante simplista, aunque no por ello menos cierta, de por qué el mundo es injusto: el mundo es injusto porque está lleno de minorías. Pertenecer a una minoría es una gran faena porque significa estar amenazado o ser pintado como una amenaza. Los kurdos, que últimamente aparecen en todas las secciones de internacional de los medios por el asedio a Kobane (Siria), son un caso claro de minoría. Los kurdos son una minoría silenciada -aunque nunca silenciosa- que se está llevando los peores palos de Estado Islámico (EI), pero también de Turquía, a los que se suma la gran hipocresía de Estados Unidos y la OTAN.

Tal como ocurre en muchos países en conflicto donde existen grupos terroristas, la minoría kurda suele ser asociada con el terrorismo. El gobierno turco, que no quiere saber nada de un Kurdistán independiente, tiene la fea costumbre de meter al conjunto de los kurdos y al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) en el mismo saco -lo mismo hace Israel con los palestinos y Hamas-.  Y es que los kurdos están en Oriente Medio, pero no son dignos musulmanes, ni sionistas, ni occidentales, ni orientales, ni terroristas (por mucho que algunos se empeñen en afirmar lo contrario). ¿Qué son, entonces, los kurdos? Un pueblo que lleva años reclamando un territorio que le pertenece y que salta ahora a la palestra porque los terroristas de Estado Islámico, en su afán califatista, lo están masacrando. O eso hacían hasta ahora, ya que parece que la resistencia en Kobane, en la frontera con Turquía, por fin les está haciendo recular.

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