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Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

Harry’s Bar: la leyenda continúa

Ha sido mi primera visita a Venecia y me ha gustado todavía más de lo que esperaba. Hemos tenido la suerte de que nos acompañase el tiempo y hemos disfrutado paseando por sus calles y sus canales.

Entre tanto paseo hemos sacado el tiempo necesario para disfrutar de buenas comidas y beber grandes vinos. Y como no podía ser de otra forma, hemos ido al Harry’s Bar.

Nadie sabe, o cuando menos yo no lo he leído en ningún sitio, quien inventó la tortilla de patatas o la más modesta tortilla francesa, pero en Harry’s pueden presumir de haber inventado el carpaccio, un plato que con el paso del tiempo se ha convertido en toda una técnica de cocina.

Harrys Bar se funda en 1931, mediante un acuerdo entre un barman veneciano, Giuseppe Cipriani, y un millonario americano, Harry Pickering. Pronto se convierte en el lugar de encuentro de artistas venidos de todo el mundo. Por allí pasaron entre otros muchos, Orson Welles, Charles Chaplin, Truman Capote o Ernest Hemingway, quien convirtió al Harry’s Bar en un personaje más de su brillante novela Al otro lado del río y entre los árboles.

Un día una cliente habitual, la condesa Amalia Nani Mociniego, se lamentó delante de Giuseppe de que su médico le había prohibido comer la carne cocinada.

Arrigo Cipriani, hijo de Giuseppe, cuenta la historia.

Mi padre le ofreció un Bellini y le dijo “déme 15 minutos”. Transcurrido ese tiempo reapareció seguido del maître, que llevaba un bonito plato que parecía un abanico de solomillo crudo fileteado muy fino, con una salsa de mayonesa y mostaza.

– “¿qué es eso?, le preguntó ella

– “Un carpaccio de buey”, le respondió mi padre, como si el plato hubiera existido durante décadas y no lo hubiera hecho justamente en ese momento.

Acababa de nacer un plato que luego se extendería por todo el mundo. El nombre se le vino a Giuseppe a la cabeza al ver los colores del plato, rojo con franjas blancas, que le recordaron los cuadros del pintor veneciano Vittore Carpaccio.

La pasión de Giuseppe por la pintura es evidente, pues a su segunda gran creación, el cóctel Bellini, le pone el nombre como homenaje a Giovanni Bellini, pintor veneciano también del siglo XV.

El Bellini se comenzó a hacer en 1948. Los melocotones eran muy abundantes en toda Italia desde junio a septiembre y a Giuseppe le encantaban los blancos y decidió hacer algo con ellos. Se le ocurrió añadir un poco de prosecco, el vino espumoso italiano. El éxito fue rotundo y vendió la fórmula para ser comercializada en gran escala. El resultado comercial fue horroso. Para acentuar el color incluyeron frambuesa y la calidad del concentrado de melocotones pasó a segundo plano.

Desesperado por esto, consiguió que en 1995 un tribunal de arbitraje le diera la razón y el Bellini volvió a manos de su inventor.

En la actualidad Harry’s está dirigido por su hijo Arrigo Cipriani, a quien vemos en la foto de arriba.

Los precios son altos, 62 euros el carpaccio y 15 el Bellini, aunque tampoco mucho más que en los restaurantes vecinos, la calidad sigue siendo alta, los camareros son muy amables y la visita es obligatoria para los amantes de la historia gastronómica.

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