El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

¿Quién no ama a Nicolas Cage?

Sitges 2018

¿A qué actor se le atribuye tener como mascotas a un cocodrilo, un pulpo y dos cobras albinas gigantes? Y, cual actor del método en estado puro, arrancarse unos cuantas muelas para sentir en la propia carne lo que es el dolor para preparar mejor su papel, fue el de Birdy (1984) de Alan Parker.

¿Quién podría pedir, así, a modo de última voluntad, que cuando llegue su hora le entierren junto a su colección de calaveras y fósiles de dinosaurio? Sí, Nicolas Cage debe de ser el fan número uno de Jurassic Park. Carne de memes y gifs, el rey de las pelucas y los injertos para combatir su alopecia galopante; excéntrico en su vida privada, histriónico y desatado en pantalla. Cage es un género en sí mismo.

Nicolas Cage

( Nicolas Cage con el Gran Premio Honorífico de Sitges ®GTRES )

Su presencia en el Festival de Sitges el fin de semana fue de las que más entusiasmo ha suscitado en toda la historia del certamen. Cage ganó el Óscar por Leaving Las Vegas (1995), pero su hábitat natural cinematográfico ha ido relegándose a producciones muy de serie B, de las de rellenar los catálogos de “directo a DVD o Blu-ray” o las plataformas de streaming. Pero allí la pasión fue tal que incluso se bajó antes del coche oficial que le llevaba a la alfombra roja del Auditori, en la que se proyectaría Mandy, para lanzarse a repartir saludos y sonrisas, a buscar el contacto con los fans.

Antes en la rueda de prensa, tampoco eludió responder, para negarlo todo, unas recientes noticias suyas sobre acosos sexuales. En cuanto a Mandy, del italo-canadiense Panos Cosmatos (hijo del también director greco-romano George Pan Cosmatos y todo un personaje), es una historia de venganzas, muy a lo bestia, situada en 1983 y plagada de elementos místicos, religiosos y esotéricos y ese gusto del realizador de Beyond the Black Rainbow (2010) por la oscuridad y los colores rojos y chillones.

Una historia influenciada por novelas de fantasía, hiperbólicas y extrañas. Literatura de los 70 o 80 bajo la influencia de Jupiter o magos, pero que en la película se convierten en moteros infernales puestos hasta las cejas de LSD y una secta liderada por un autoproclamado mesías. Muy alucinógena, astral y arcana. Pero allí está Nicolas Cage, su personaje (la Mandy del título es su esposa, Andrea Riseborough), para ponernos los pies pegados al suelo, para aportar las dosis de humor en su implacable y sanguinario ajuste de cuentas cómo solo él podría hacerlo.

Sea vestido con la camiseta favorita (de su personaje), en calzoncillos o motosierra en mano y bañado en sangre, Nicolas Cage es todo un espectáculo. Está Mandy, la película, y también Cage, la otra película dentro de la película. Metacine puro. Larga vida a Cage. Nota: 7.

Y además…

Ghostland. Intrusos indeseados en casa o el subgénero Home Invasion. Dos jóvenes hermanas y su madre serán asaltadas por una pareja de extraños (“una bruja y un ogro”) en el caserón que han heredado. La nueva propuesta del director de Martyrs, Pascal Laugier, contiene un buen dominio del espacio escénico para crear tensión y unos giros sorprendentes. No pasará a los anales del género, pero al menos es digna. La parte más negativa es el accidente que sufrió durante el rodaje una de sus actrices, Taylor Hickson, con 19 años, y que le ha dejado con una cicatriz permanente en el lado izquierdo de su cara. Ocurrió en una escena en la que debía atravesar (sin riesgo aparente para su seguridad) una puerta de cristal. Nota: 6.

Lo más aplaudido de Nicolas Cage. En Sitges se le entregó el Gran Premio Honorífico del Festival. El evento se ilustró con un montaje de sus películas y algunas de sus escenas más conocidas. ¿Quieren saber cuáles fueron las más aplaudidas por el público?: Ghost Rider, Leaving Las Vegas, La roca, Cara a cara y Corazón salvaje.

Tráiler de ‘Mandy’

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