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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

25 años del fallecimiento de David Lean

David Lean

( ©EMI Film / HBO )

Al británico David Lean siempre se le tildó de excesivamente “académico”, y seguramente así era su cine. Pero, esta sería una de las ocasiones en que el término no debería utilizarse de forma peyorativa.

Si buscáramos que habría aportado el cine de David Lean, cuál habría sido su principal innovación para merecer formar parte del Olimpo de los cineastas imprescindibles, requeriría de un libro entero. Por alguna razón no solo era un maestro de la narración sino también un apasionado de las imágenes. Sus películas, cada una, nos ofrecen puñados de ellas, de escenas y momentos inolvidables. Sin embargo, esa “aportación” podría resumirse, aún con el riesgo de ser demasiado esquemático, en que supo combinar como nadie lo más intimista con el gran espectáculo. Las tragedias más personales y humanas con las convulsiones e infortunios de los hechos históricos. El puente sobre el río Kwai (1957) y la II Guerra Mundial, Lawrence de Arabia (1962) y la rebelión árabe contra el imperio turco otomano, Doctor Zhivago (1965) y la Revolución Rusa. Las dos últimas con abundantes escenas rodadas en escenarios españoles.

Lawrence de Arabia - David Lean

( ‘Lawrence de Arabia ©Fox )

De tal modo se volvió su cine que incluso de las historias más intimistas, como La hija de Ryan (1970) o Pasaje a la India (1984), su última película, rodada cuando las compañías de seguros se negaban a respaldarle en los proyectos debido a su avanzada edad de 75 años, la mirada se transformaba en epopeyas enormes. Podía ser un cine todo lo grandilocuente, ampuloso o… académico que se quiera, pero elevándolo a lo sublime.

No siempre fue así. Un debut notable con Sangre, sudor y lágrimas (1942), título de una novela de Noël Coward que ya ha quedado como una frase hecha; y una arrebatadora inclinación hacia el romanticismo, alejado de sus superproducciones más conocidas y en obras igualmente maestras como Breve encuentro (1945) o Locuras de verano (1955), a parte de haber realizado algunas de las mejores adaptaciones de Dickens con Cadenas rotas (1946) y Oliver Twist (1948).

También fue uno de los casos de memorables colaboraciones entre un director y un compositor, como Truffaut y Georges Delerue, Tim Burton y Danny Elfman, Hitchcock y Bernard Herrmann, Fellini y Nino Rota, Spielberg y John Willliams. En David Lean fue Maurice Jarre.

Este sábado, 15 de abril, se cumplen 25 años de su muerte. Falleció a causa de un cáncer de garganta, mientras aún tenía en mente poner en marcha otro ambicioso proyecto, la adaptación de la novela Nostromo de Joseph Conrad, con Marlon Brando, Peter O’Toole y Anthony Quinn. Aunque en su funeral no sonaría uno de esas extraordinarias piezas compuestas por Jarre para sus películas, sino otra más solemne, la Marcha del Coronel Bogey, una melodía militar británica y la que fuera el leiv motiv musical de El puente sobre el río Kwai.

 

B.S.O. ‘El puente sobre el río Kwai’: Marcha del Coronel Bogey

 

B.S.O. ‘Doctor Zhivago’: Tema de Lara

 

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