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Kilos de culpabilidad

Por Pedro Serrano

Las vacaciones son un momento propicio para los excesos, sobre todo, gastronómicos. Es coger las vacaciones y alguien, cuando no uno mismo, comenzará planificar todo tipo de eventos o fiestas gastronómicas de las no podrás escabullirte tan fácilmente. Y lo peor es que, casi siempre, terminas comiendo más de lo saludable. Si la comida está buena, por darle gusto al paladar y al anfitrión, y si los comensales son aburridos, por entretenerse con lo que más a mano tiene uno en ese momento. vino2

Así, si las vacaciones las pasas en el pueblo y, por ejemplo, tienes tres hermanos y otros tantos amigos, estarás obligado a invitar y a ser invitado tantas veces como amigos y hermanos tengas. Movidos por la necesidad de corresponder, con la comida pasa algo parecido a cuando te vas de vinos con los amigos. Si por un casual te juntas con nueve de ellos, te veras obligado a tomar, al menos, nueve vinos; con lo que no es de extrañar que luego tengas que ir a casa agarrándote a las paredes.

Vivimos en la sociedad de la ansiedad. Y la ansiedad nos conduce al exceso. Y el exceso se convierte en kilos de culpabilidad. Y la culpabilidad la expiamos con el propósito de enmienda o en un gimnasio en septiembre.

5 comentarios

  1. Dice ser astado

    Maldita ansiedad ! Es la gran culpable, muchas veces ni llegamos a disfrutar la comida de tanto como engullimos. Me llamaba la atención el otro día un amigo que se comía una sola onza de chocolate a media tarde y yo preguntándome cómo sería capaz de aguantarse. Claro, está como un palillo …

    19 agosto 2014 | 14:02

  2. Dice ser culturetaprogre

    los ciudadanos estan bajo la dictadura de los prejuicios sociales que te obligan a ser simpático y comer y beber en exceso tal y como dice la carta, algo parecido a lo que pasa en navidad que curiosamente cuanto mas ateas son mas comidas y cenas te ves obligado a realizar y digo bien obligado.

    ya los jóvenes en cuanto tienen 15 años se ven obligados a emborracharse en el famoso botellón si es que quieren ser aceptados por el grupo y como por desgracia la única actividad que queda hoy en dia para hacerse en grupo es beber pues a emborracharse tocan, antes al menos había discotecas, cines, jugar al mus, etc, pero ahora si quiere un joven tener amigos obligatoriamente debe beber para mantenerlos.

    yo no creo que el comer en exceso y beber sea consecuencia de la ansiedad, japon es una sociedad estresante y laboriosa y mira como están de delgados y no suelen ser tan borrachos como los españoles, yo pienso que es mas culpa de unas costumbres que han establecido que el beber o el comer en compañía es una forma de demostrar amistad y cariño.

    19 agosto 2014 | 15:42

  3. Dice ser Ovejita Lucera

    Beee, beee,beee….( es que, si no balo todo el rato, la sociedad no me acepta…pero es culpa de la sociedad, eh? no mía )

    19 agosto 2014 | 16:02

  4. Dice ser Syl

    Para eso hay una palabra mágica: “NO”. Es que si no miras por ti, no lo va a hacer nadie.

    19 agosto 2014 | 16:41

  5. Dice ser Augusto Córdoba Núñez

    ENGORDÉ 80 KILOS POR CULPA DE MI SUEGRO
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    …La historia que voy a contar es verídica, me ocurrió el verano pasado en un pueblecillo de Cantabria, en Bielva, lugar pintoresco, agradable, pero que espero no volver a pisar jamás. Ahora bien, si alguna persona, después de leerme, siguiera desconfiando de mí, yo le invito con mucho gusto a que venga a verme a San Sebastián, al barrio de Intxaurrondo, frente a las vías de RENFE, no tiene pérdida. Es un edificio de 15 plantas, ladrillo rojo y balcones color crema rematados con azulejos blancos. En la 3ª planta vive un servidor con su familia. En seguida comprobará que no miento: soy el que pesa 120 kilos.
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    …Todo comenzó a principios de 2014, para ser más exactos un jueves 28 de enero, día de Santo Tomás de Aquino. Llevaba saliendo con Mónica año y medio y todo iba muy bien entre nosotros. No teníamos pensamientos de casarnos todavía y cada uno vivía centrado en su vida universitaria. Ella estudiaba Letras; yo, ingeniería agronómica. Los fines de semana quedábamos con los amigos para tomar copas y bailar. Mónica se llevaba estupendamente con mis padres; yo no tanto con los suyos. En especial con don Alfonso, mi suegro, antiguo tendero muy gruñón y desconfiado.
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    …El día de Santo Tomás de Aquino, patrón de los universitarios, fuimos con los amigos a una bebida campal organizada por el Consejo de Estudiantes en el jardín trasero de la facultad, que es una especie de bosquecillo, de antiguo cementerio romántico, lleno de rincones y escondrijos. Allí cantamos, bailamos y bebimos un poco exageradamente. Luego nos alejamos del mundanal ruido e hicimos el amor dentro de un panteón vacío. Pusimos medios pero, o no funcionaron o no funcionaron a tiempo. Al mes siguiente, mi novia me dio la fatídica noticia: estaba embarazada. Un clásico.
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    …Y otro clásico: fui el último en enterarme. Lo cual vino a significar que don Alfonso, mi suegro, ya había aprovechado ese lapso temporal para convencer a su hija de la conveniencia de tener al bebé, sin contar con la otra parte contratante. De hecho Mónica nunca me anunció la buena nueva como un embarazo, sino como una próxima maternidad: “Voy a ser mamá, Augusto”, me dijo.
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    …A partir de entonces mi vida cambió de forma radical y por orden de don Alfonso, quien decidió dejarme como herencia la tienda de ultramarinos de Bielva, aprovechando que él se jubilaba pronto. Bielva es un municipio alejado de la civilización actual, compuesto por casas de piedra, calles muy estrechas y pinas, y donde sus habitantes (unos 100) mantienen una relación muy personal con los animales de matadero y todavía lavan la ropa en el arroyo. Esta circunstancia me deprimía mucho y me obligaba a abandonar los estudios y a alejarme de mi familia y amigos durante toda la semana.
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    …Durante aquellos meses recluido en el ultramarinos, la ansiedad me pudo y me dio por jalar como un ogro. Sólo así me calmaba por dentro y me olvidaba de no haber sacado pecho delante de mi suegro. En una semana podía engullir perfectamente 2 ristras de chorizo, 2 de morcilla, un queso entero, una caja grande de mantecadas de Astorga, 4 latas de leche condensada, 10 litros de batido, 1 lata grande de carne de membrillo y 6 bolsas de Panrico untadas con foi-gras. Más las 3 comidas diarias y la merienda. Como es natural a ese ritmo sólo pude aguantar junio, julio y agosto. Acabé en el hospital con un cólico y pesando 160 kilos.
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    …Actualmente sigo en tratamiento y ya no vivo en Bielva, sino en San Sebastián, donde recibo una ayuda del INEM por baja laboral. “Lo que no mata, engorda”, ja,ja,ja…

    20 agosto 2014 | 2:12

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