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Qué pasó en el Mundial de… Qué pasó en el Mundial de…

"Sólo tres personas en la historia han conseguido hacer callar el Maracaná con un solo gesto: el papa, Frank Sinatra y yo". Alcides Ghiggia, Mundial de 1950

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Brasil 1950: Moacir Barbosa, el portero condenado para toda la vida

Moacir Barbosa, portero de Brasil en 1950 (YOUTUBE).

Moacir Barbosa, portero de Brasil en 1950 (YOUTUBE).

El otro Mundial de fútbol que se vivió en Brasil fue el de 1950. Esta Copa del Mundo estuvo marcada por el resultado de la final. Un resultado que abatió a un país hasta límites insospechados, provocando incluso suicidios en el país más grande de Sudamérica.

La historia es ampliamente conocida. En el último partido de aquel Mundial, el cuarto de la historia, se enfrentaban Brasil, la anfitriona, y Uruguay. No era exactamente una final, porque en aquella época se jugaba una suerte de liguilla. El caso es que a Brasil le valía el empate para proclamarse campeona del mundo. Nadie en el país anfitrión pensaba en otra cosa que no fuera ganar su primer Mundial.

En aquel equipo brasileño el guardameta era Moacir Barbosa Nascimento, portero del Vasco de Gama. Estaba considerado de largo el mejor portero del país y estaba cuajando una Copa del Mundo muy buena. De hecho, y paradójicamente, sería elegido mejor portero del torneo.

El caso es que el partido se puso de cara para los locales gracias a un gol de Friaça en el minuto 47 de partido. En el minuto 66, ‘Pepe’ Schiaffino empataba para Uruguay. El resultado aún le valía a Brasil, pero Maracaná se quedó congelado cuando en el minuto 79 de partido, Alcides Ghiggia recogió un balón, dribló al brasileño Bigode,  y, cuando parecía que iba a centrar, disparó a puerta y sorprendió a Barbosa. Brasil no se pudo reponer y acabó perdiendo el partido y la Copa, que se llevó Uruguay.

Barbosa diría de la jugada del gol lo siguiente:

Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí.

Otra imagen de Barbosa de la época del Mundial (YOUTUBE).

Otra imagen de Barbosa de la época del Mundial (YOUTUBE).

Como os decía antes, el país entero entró en depresión. Pero dentro de ese estado de profunda decepción y tristeza, el pueblo de Brasil buscó un culpable y lo encontró en Moacir Barbosa. Sintió el desprecio de sus conciudadanos. Tres años después del Mundial, sufrió una grave lesión que significó su adiós definitivo de la selección, una profunda depresión y su salida del equipo titular del Vasco de Gama. Vagando tras su recuperación por equipos pequeños, se retiró en 1962 y se hizo con un cargo en la Superintendencia de Deportes del Estado de Rio de Janeiro. En 1970, estando en un mercado carioca, una mujer acompañada de su hijo se detuvo frente a él y le dijo a su vástago: “Míralo, hijo, este hombre fue quien hizo llorar a todo Brasil”. Pasaban los años, pasaban las décadas y nadie le perdonaba. “En Brasil, la condena máxima es de 30 años. La mía fue perpetua”, diría.

Otra curiosidad es que desde su retirada, Brasil apenas tuvo porteros de raza negra. La creencia de que un portero negro era gafe caló en el país más futbolero del mundo y hasta la llegada de Dida, pocos porteros de color se pusieron bajo los palos de la canarinha. De hecho, muchos piensan hoy que la raza de Barbosa fue determinante para que fuera señalado como culpable del Maracanazo.

En 1993 vivió otra situación dolorosa. Estaba la selección brasileña concentrada en un partido preparatorio para el Mundial de Estados Unidos de 1994. Barbosa fue a saludar a los internacionales y a darles ánimos. Cuando fue a entrar al lugar de entrenamiento, no le dejaron pasar. Le pidieron que se largara. Al parecer, Mario Zagallo, ayudante entonces de Parreira y terriblemente supersticioso, pensaba que la presencia de Barbosa gafaría al equipo.

En 1997, su esposa, con la que no tenía hijos, falleció a causa de un cáncer de médula ósea. Barbosa se quedó solo y sin dinero. El Vasco de Gama conoció su situación y le concedió una ayuda, exigua, para que pudiera sobrevivir. Tres años después, solo, falleció a causa de un derrame cerebral. Teresa Borba, una amiga que estuvo a su lado en sus últimos días, llegó a admitir que hasta el último momento, Barbosa le decía: “No fue culpa mía. Éramos once”.

Barbosa fue enterrado sin la presencia de directivos del fútbol brasileño, ni autoridades, apenas ante unas 50 personas. En los últimos años, no obstante, parece que son muchos los que trabajan por rehabilitar la figura del que está considerado como el mejor portero brasileño de la historia. Hay un libro y una película en dedicada a contar su biografía, una de las más tristes de la historia de los Mundiales.

Os dejo con un breve reportaje sobre Barbosa:

Hasta mañana.