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Juan Carlos Escudier

Archivo de junio, 2008

Una nueva marca contra la derrota permanente: Socialistas Valencianos

Son cosas del marketing político. Si una marca no funciona, se cambia el nombre y a probar suerte. Eso es lo que ha debido de pensar Ximo Puig, alcalde de Morella, el candidato con más posibilidades de tomar las riendas del Partido Socialista del País Valenciano, más conocido por sus siglas: PSPV.

Al margen de los razonamientos habituales para explicar por qué el PP sería capaz de ganar en Valencia presentando a una cabra o a un cefalópodo de ideas liberales, el equipo del candidato está convencido de que la marca PSPV se identifica con derrota, y de ahí que una de sus propuestas sea cambiar de nombre al partido.

Si finalmente Puig es el elegido y asume el relevo de la actual gestora presidida por el inefable y sempiterno Joan Lerma, el PSPV pasará a mejor vida y será sustituido por la siguiente denominación: Socialistas Valencianos. La cabra ya tiembla pensando en lo que se le viene encima.

Plan de jubilación para barones: Magdalena Álvarez por Chaves; Javier Fernández por Areces

Sabido es que en política se puede morir varias veces, aunque algunas resurrecciones son realmente milagrosas. Por la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez nadie daba un duro después de que las simas del AVE a Barcelona sumieran su prestigio en las profundidades abisales de la corteza terrestre. Sin embargo, es ella la que con más fuerza suena para tomar el relevo de Manuel Chaves y ser la candidata del PSOE en las próximas autonómicas andaluzas.

Cierto es que queda un mundo para que tal cosa ocurra y que los vaivenes de la política son peores que la marejada del Cantábrico, pero el mero hecho de que su nombre se cite sin tocar madera demuestra hasta qué punto la vida es una tómbola, que diría Marisol. Chaves, que estaba a punto de batir el récord de Balaguer en la República Dominicana, quiere dejar atada la sucesión en Andalucía y Álvarez tiene muchas papeletas. Lo dicho, una tómbola.

Otros posiblemente no se hayan planteado irse pero todos los que le rodean no piensan en otra cosa. Es el caso de Tinín Álvarez Areces, presidente del Principado de Asturias, al que se le quiere jubilar por lo civil o por lo militar. El relevo tiene nombre y apellidos: se llama Javier Fernández y es el secretario general de la Federación Socialista Asturiana. Sus valedores son de peso, presidente del Gobierno incluido.

Mayor Oreja contra López Aguilar en las elecciones europeas

Las elecciones europeas parece cosa de ex ministros. Si, como todo hace indicar, Mayor Oreja repite como candidato del PP, tendrá enfrente a otro ex ministro socialista. Por su interés reproduzco el siguiente diálogo con el todavía diputado Juan Fernando López Aguilar:

-Juan Fernando, ¿vas a ser el candidato del PSOE en las elecciones europeas?

-(Media sonrisa) Cada cosa a su tiempo; primero tenemos el congreso federal, luego los congresos regionales…

-Vale, no me digas más.

Aznar supera el ‘jet lag’: cuando saluda es peor

Enseguida se ha sabido que las cosas no serían igual que el día anterior, cuando ese “disciplinado militante que no aspira a nada, que no pide nada y que no juega a nada” batió el Guinness de los récords al saludo más corto. Aznar ha entrado en el plenario del XVI Congreso, se ha acercado a Rajoy, y le ha dado un prolongado apretón de manos mientras consumaba una de esas sonrisas suyas en las que echa hacia atrás la cabeza y frunce a un tiempo el bigote y la barbilla. Poco antes habíamos sabido por el diario Levante que el megalíder del PP había llegado a Valencia ayer a mediodía en el avión privado de un empresario guatemalteco de nombre ignorado y surgió la explicación al enigma. ¿No sería su desplante producto del jet lag?

En efecto, las cosas no iban a ser igual que ayer, sino bastante peor. Al estadista descomunal le tocaba intervenir ante los suyos, y lo ha hecho con una lección magistral sobre lo que el PP jamás debe hacer, catálogo que curiosamente coincide con lo que Rajoy ha venido anunciando que haría. Y todo ello después de darle su “respaldo responsable” al gallego por si cabía alguna duda.

Según Aznar el partido está bien donde está, que es el centro, lugar en el que al parecer se halla desde que él tomó las riendas allá por 1989, y no necesita dialogar con nadie ahora porque esa no es la prioridad. ¿Que qué es lo que toca? Primero ganar las elecciones y después dialogar. “Pero por ese orden, que no se nos olvide”.

A la primera contra la frente de Rajoy se sucedieron otras con desigual intensidad. Algunas referencias resultaron enigmáticas. “Un gran partido como el nuestro, que está al servicio de España, no puede ser nunca el proyecto personal de nadie”, afirmó. A él mismo no se refería, ya que inmediatamente recordó que renunció voluntariamente cumpliendo su palabra de no estar más de ocho años en la presidencia del Gobierno. ¿A quién entonces?

“Me han criticado por mis silencios y por mis palabras”, explicó el sumo pontífice de la derecha, para añadir después que ambas actitudes eran guiadas por su sentido de la lealtad al PP y a España. En consecuencia, que todo lo que salía por su boca era un ejercicio supremo de responsabilidad. “Nos nos equivoquemos sobre el sentido de la renovación (…) Nadie debe quedar por el camino”, advirtió primero; “¿qué sentido tendría renunciar a un proyecto de éxito y solvente como el nuestro?”, se preguntó después; “no tenemos que avergonzarnos de nada porque si lo hiciéramos estaríamos echando el cierre al PP”, bramó a continuación. Finalmente, el apoteosis: “Tenemos que ser una alternativa creíble frente al socialismo, no una alternativa a nosotros mismos”.

Más claro no pudo proclamarlo: “A mí me gusta este partido”. ¿Y el de Rajoy? Ese probablemente no, porque pocas veces se ha visto a Aznar tan conmovido en sus agradecimientos a Zaplana y Acebes, tan explícito en su reconocimiento a María San Gil y a Ortega Lara. “Todos tenemos una deuda impagable con ellos en este partido, del que deben seguir formando parte”, afirmó.

La claridad de Aznar contrastó con la oscuridad silábica de Manuel Fraga, al que se le entiende una palabra de cada siete, y así es muy difícil reconstruir un discurso. El patrón habló de Jaime I el Conquistador, se recreó con la belleza de la Virgen de los Desamparados y estableció como en el cuento de la vieja que el PP está en el centro porque no es de extrema derecha ni de extrema izquierda, circunstancia ésta última que muchos habrán advertido.

A la una y media, Rita Barberá anunciaba que se había presentado sólo una candidatura a la presidencia del partido, la de Rajoy. Esta tarde veremos si el díscolo Gabriel Elorriaga le vota. Al de Pontevedra el asunto le quita el sueño.

El hereje Rajoy recita el credo

Después de escuchar los mandamientos de la ley de Aznar, que se resumen en dos –prohibido cambiar nada y si en algún momento surgen dudas atenerse al primer precepto-, Rajoy ha podido recitar su credo ante los compromisarios que acaban de reelegirle presidente del PP. Pero antes no pudo reprimir la pregunta del millón: “¿De dónde sacan algunos que vayamos a cambiar de principios?”.

Nunca fue tan necesaria una respuesta a esta cuestión porque, no sólo en el proceso precongresual sino en estas dos jornadas de congreso grandes santones del partido han sugerido que Rajoy había vendido su alma al diablo o, cuando menos, la había puesto en almoneda, y todo ello con el objetivo de ganar las elecciones aun a costa de traicionar a los vivos y hasta la memoria de los muertos.

Así que en tres cuartas partes de su discurso se ha centrado en desgranar muchas obviedades, empezando porque la nación no es discutible ni España es una nación de naciones, pasando por el necesario combate contra terrorismo, y hasta por la afirmación de la familia como núcleo básico de la sociedad. El exhaustivo catálogo de convicciones ha concluido con la promesa de que no las cambiará, algo que ha repetido unas trescientas veces en las pasadas semanas con escaso eco entre sus detractores.

Pero a continuación ha explicado lo que se propone hacer, una tarea tan ‘revolucionaria’ que consiste esencialmente en acabar con esa imagen que asocia al partido con la figura de Don Pelayo y en hablar a los españoles de algo que no sea ETA, la ruptura de España a la altura del Ebro y la entrega de Navarra a los encapuchados de ETA o a los entxapelados de Arzalluz. “Ni somos monotemáticos ni podemos permitirnos parecerlo”, ha sentenciado.

Ha sido aquí cuando ha contestado a la segunda gran pregunta: ¿se puede hablar con los nacionalistas o es pecado y el todopoderoso del bigote hará que los osados se consuman en el infierno? Todos hemos escuchado la herejía de sus labios: sí, se puede hablar con los nacionalistas pero sólo para procurar el bienestar de los españoles, lo que excluye hasta los comentarios de bar sobre la unidad de España, la soberanía nacional y la igualdad de los españoles. “Yo no soy nacionalista”, ha aclarado. Se crea o no, se han escuchado tímidos aplausos.

Por enésima vez ha vuelto a enumerar los ingredientes de su receta: comunicar mejor, no asustar, huir del ombliguismo y evitar dar argumentos a quienes difunden que el PP desprecia a Cataluña y al País Vasco porque allí les votan más bien poco. Rajoy ha dorado la píldora a Acebes y ha castigado con el látigo de su indiferencia Zaplana y a María San Gil, a la que ha englobado en un reconocimiento colectivo a los militantes del partido en Euskadi. Para compensar su marcha o para que el injuriador de la COPE no se atreva a acusarle de proetarra, el gallego ha incluido a la hermana de Miguel Ángel Blanco en el Comité Ejecutivo.

Una enseñanza para los críticos: en el futuro no se crean eso de que la discrepancia enriquece y que nadie será excluido por pensar diferente. Fieles y nada más que fieles componen el equipo de dirección, donde hay hueco para la mochila de Moragas y las estrategias de Lasalle. O sea, que Juan Costa ya lo sabe para su próxima reencarnación en el Zapatero del PP.

Respecto al Comité Ejecutivo y a la Junta Directiva, se ha impuesto el reparto territorial, del que sólo Esperanza Aguirre ha quedado insatisfecha. “No me parece que sea una lista de integración”, ha dicho con razón. Para colmo se ha enterado de que Gallardón seguirá participando en las reuniones de los lunes con Rajoy, más conocidos como maitines, que ahora tendrán otro nombre por eso de renovarse o morir. Ha habido que esperar casi hasta las 11 de la noche para contemplar la venganza de la presidenta de Madrid: casi un 16% de los votos válidos en la elección de Rajoy lo fueron en blanco. Que sobrevuelen los cuervos siempre es un mal presagio.

Rajoy llega al balneario

Lo que se imaginaba como un torrente de aguas embravecidas se ha transformado en un balneario. Por este paraíso de aguas termales en el que se ha convertido el Congreso del PP acaba de pasear Mariano Rajoy, relajado como un turista, y acompañado de buena parte de la que será la plana mayor de su partido y de algunas adherencias como el diputado Arsenio Fernández de Mesa, que ha empezado a hacer méritos desde el primer momento.

Se trataba de mostrar al líder las instalaciones en las que los más de 3.000 compromisarios del PP le reelegirán mañana. A la romería por la Feria de Muestras le han acompañado el presidente valenciano Francisco Camps -un hombre que nació con corbata y que cuando se la quita está como raro-, la alcaldesa Rita Barberá, que además es la presidenta del cónclave, el ‘ex ministro campeón’, Javier Arenas, futuro vicesecretario Territorial, Esteban González Pons, portavoz in pectore, Ana Mato, Soraya Sáenz de Santamaría y un pequeño etcétera.

-¿Cuándo te comunicó el presidente del PP que contaba contigo para la vicesecretaría de Comunicación?-, le preguntó a González Pons en un pasillo.

-Ayer por la mañana-, me dice.

En el plenario, un enorme pabellón decorado en beige sobre un fondo de azules y añiles, Rajoy ha contemplado el vídeo ‘Crecemos juntos’, un inquietante documento en el que palabras como Unidad, Sumar, Avanzar y Cohesión se presentan con una música de persecución, quizás una manera subliminal de decir a los delegados que Rajoy escapó de los indios por los pelos antes de llegar a Valencia.

La siguiente escala ha sido el recinto habilitado para la Prensa, donde el reportero Rajoy ha jugueteado diez minutos con una cámara para deleite de los informadores gráficos. La cámara, por cierto, era de un colega de El País, que ha estado listo. Si el gallego ha disparado realmente, que tiempo ha tenido, mañana veremos sus fotos en el antiguo periódico independiente de la mañana.

Finalmente, ha dirigido unas palabras a todo el que le ha querido escuchar. Los mensajes están claros: quiere un partido integrado y abierto a los 46 millones de españoles que, según datos del INE recién horneados, habitamos la piel de toro; pretende que del congreso salga un “partido de centro” que se deba a los españoles que le votan y a los que no, también, es decir a todos “sea cual sea su pensamiento”. El dogmatismo se ha ido y nadie sabe cómo ha sido.

El saludito de Aznar y el adiós de Acebes

Todo iba bien, es decir mortalmente aburrido, hasta que el estadista más grande que vieron los tiempos hizo su entrada en el plenario del Congreso. Al Napoleón del PP se le esperaba el sábado pero, para sorpresa del respetable, su verbo se hizo carne poco antes de que rindiera su informe el responsable de la comisión censora de cuentas, Carlos Fernández Carriedo.

Aznar, así lo pareció, venía a cobrarse una cuenta pendiente, molesto seguramente porque los organizadores del cónclave le ningunearon y decidieron que su intervención se adelantara un día para no restar protagonismo a Rajoy. Llegaba en consecuencia en el momento adecuado para pasar la factura, y lo hizo con ese buen gusto internacional que acostumbra. Entre aplausos, avanzó hacía la mesa del comité ejecutivo saliente y comenzó a saludar a diestro y más diestro (Aznar no conoce la siniestra), y a algunos como Acebes con especial efusividad.

Cuando llegó a la altura de Rajoy se hizo primero el remolón y después protagonizó el apretón de manos más corto de la historia. Fue uno de esos saluditos ridículos, del que quiere dejar claro que da la mano porque ha estudiado en colegio de pago, y puso en evidencia que entre el presidente del PP y el amigo de Bush no hay frialdad sino una auténtica glaciación. Aún así Rajoy tuvo más suerte que Fraga, al que Aznar esquivó olímpicamente.

La primera sesión del XVI Congreso de los populares pretendía convertirse en un canto a la unidad, deporte al que se sumó con su presencia entusiasta el ex vicepresidente Rodrigo Rato. Se aplaudió mucho a Cospedal; se echó en falta a Zaplana, que se justificó el día anterior diciendo que hubiera acudido si alguien le hubiera invitado; se vio algo marginado a Elorriaga, que se hizo el haraquiri político hace unas semanas y ahora, ya cadáver, afirma que se está pensando si vota a Rajoy; y se hizo notar Esperanza Aguirre, que se encargó de recordar que para que el PP vuelva a ser el Paraíso Terrenal resultaba imprescindible convencer a María San Gil y a Ortega Lara para que regresaran al redil, tentándoles con una manzana si fuera necesario.

El acto central de la tarde fue la intervención de Ángel Acebes, al que correspondía presentar el informe de gestión de la dirección del partido y a un tiempo entonar el adiós a la secretaría general, una despedida tan emotiva como interminable, ya que se trasladó a la sala de prensa donde saludó uno a uno a todos los periodistas presentes. “De diputado no me voy”, señaló a este diario.

Ante los compromisarios, Acebes no defraudó y deleitó con su repertorio habitual: el pacto del Tinell, el regreso del brazo político de ETA a las instituciones, la recogida de firmas contra el Estatuto, la lucha en defensa del castellano, etc. “Creo poder decir que siempre he dado la cara por el partido; por lo que me correspondía y también por lo que no me correspondía”, se justificó.

Según Acebes, el PP no lo ha podido hacer mejor en circunstancias tan desfavorables, ha mostrado fortaleza y coraje, ha ganado en dignidad, ha sido valiente y, por todo ello, ha incrementado sus votos y sus afiliados. “Fuimos un dique ante los abusos”, sentenció. Lo único que no ha terminado de explicar es por qué si todo se hizo tan bien se perdieron las elecciones generales, sobre todo si, como asegura, los hechos después del 9 de marzo han demostrado que tenían razón.

Y es aquí donde el de Ávila ha aprovechado para darle un repasito a Rajoy, y recordarle lo que es para él el centro, un lugar que no lo marca el PSOE ni los nacionalistas, y que “no es el punto medio” entre la España constitucional y una España confederal. “Yo quiero un PP valiente a la hora de defender sus ideas y a su gente. A diferencia de algunos, estoy convencido de que menos PP no es igual a más votos”.

Una cerrada ovación de más de un minuto le ha despedido de la tribuna. La emoción le ha embargado. “Gracias a todos. Muchísimas gracias”. Sic transit gloria mundi.

Rajoy se apunta al talante

Lo decía ayer Rajoy en RNE: “El centro no es una ideología; es una actitud”. Según su propia definición, uno es centrista si rehuye el sectarismo y demuestra capacidad para dialogar con todos, algo en lo que parece estar quien este próximo sábado se sucederá a sí mismo como presidente del PP. La nueva actitud de Rajoy no ha pasado desapercibida para sus acólitos. “Te lo encuentras en un pasillo y te propone un pacto de Estado como te descuides”, asegura con ironía un dirigente popular. Cosas veredes.

Algo, en efecto, ha cambiado en este hombre que hace unos meses predecía el fin del mundo, la ruptura de España, la extinción de la familia, la entrega de Navarra, la rendición ante ETA, el caos, la anarquía y otros infiernos similares, y al que ahora cuesta trabajo escuchar una descalificación subida de tono del propio Gobierno: “Si hace cosas que están bien, no le voy a criticar porque sería absurdo”, asegura.

La estrategia con la que Rajoy pretende disputar en 2012 la presidencia del Gobierno –siempre que los suyos, críticos y fieles- se lo permitan- consiste esencialmente en no asustar, una aspiración muy razonable a juzgar por la propia experiencia: “No quiero que ningún español vote al PSOE con el único objetivo de que no gane el PP”. Y en esas está, ya sea por convencimiento propio o inducido por Pedro Arriola, el sociólogo de guardia del partido, el mismo al que, en tiempos de Aznar, rendían pleitesía los que hoy le ponen como chupa de dómine u hoja de perejil, que tanto monta.

Todas las consignas van en esa dirección. La primera prueba, ya superada, ha sido romper la soledad parlamentaria de los últimos cuatro años. La pasada semana los populares forzaron al PSOE a votar a favor de una moción sobre el precio de los carburantes a la que se había sumado toda la oposición. En ésta han presentado desde una proposición de ley para incrementar en 15 días la duración de los permisos de paternidad y maternidad hasta un plan nacional de guarderías, pasando por un proyecto de fomento del empleo a los discapacitados que es difícil que no obtenga apoyos externos.

La segunda, como se ha apuntado, es la exhibición de nuevos modos. Rajoy quiere dar a Zapatero la batalla del talante, y por eso esta cuidando las formas hasta límites insospechados. “Le critico porque es mi obligación”, suele decirle en sus intervenciones parlamentarias al presidente del Gobierno. Ha erradicado el catastrofismo incluso cuando se refiere a la crisis económica: “De esta crisis vamos a salir porque España no es un país de pacotilla” dice, mientras ofrece al Ejecutivo su colaboración real o fingida para algo tan desagradable como meterle un tajo a las pensiones.

Por tanto, se acabó lo de bobo solemne, irresponsable, grotesco, frívolo, inexperto, antojadizo, veleidoso, inconsecuente, acomplejado, perdedor complacido, radical, taimado, maniobrero, agitador, ambiguo, débil, inestable y hasta hooligan, epítetos todos que Rajoy ha venido arrojando a la cara de Zapatero en los últimos años. El del PP quiere imitar al Zapatero de la oposición, convencido de que la única manera de que su partido gane unas elecciones es parecer simpático y que el Gobierno las pierda. Y para eso es muy perjudicial adoptar una pose del Cretácico, período que, por cierto, ha pasado a la prehistoria por la extinción de los dinosaurios, fenómeno muy similar al que vive el PP.

El Congreso de los populares levanta mañana el telón. Tras las tempestades de las últimas semanas, Rajoy ha conseguido llegar al mismo con relativa calma, sin candidato alternativo, toda vez que Costa, o sea, no se avino al suicidio político que le sugerían para no manchar la moqueta. El gallego, que no quiere líos, se ha dedicado a aceptar las enmiendas a la ponencia política de los inasequibles, llámense Vidal Quadras o Nasarre, ha trasladado la intervención de Aznar al sábado para que empañe la suya del domingo, y tiene ya amortizados los votos en blanco que salpicarán su elección.

Tras su proclamación de este fin de semana, se pondrá a prueba la fidelidad de los barones que le han dado su apoyo. Las piedras de toque de Rajoy son tres citas electorales: vascas, europeas y gallegas. Un mal resultado en todas ellas darían ese olor a sangre tan necesario para despertar el instinto a los tiburones. De momento, las encuestas le son favorables. Hay empate técnico entre el PP y el PSOE. A los socialistas les duele una crisis, cuyo final no está ni mucho menos a la vista.

Paloma Gómez Borrero: “Padre, ¿esto es aborto?”

Lo cuenta con mucho arte Jorge Bezares, el corresponsal en Madrid del Grupo Joly. Se trata de una confidencia de Paloma Gómez Borrero, histórica de la televisión, corresponsal de la COPE y, por lo que se verá, activista contra esa lacra de la humanidad alada con la que comparte nombre: las palomas.

Relataba la periodista que estos bichos, que son ratas volantes, campan a sus anchas en Roma y en especial por su terraza, donde contaban además con la protección de su marido, un ecologista convencido, que no hubiera permitido una operación Tomenta del Desierto contra los animalillos en cuestión.

Pero como la paciencia tiene un límite salvo para Job, y éste no era el caso, la Gómez Borrero decidió pasar a la acción directa tras comprobar que las palomitas y sus relajados esfínteres habían llegado a anidar en las inmediaciones. Así que aprovechando la ausencia de su marido se acercó al nido, comprobó que había varios huevos y se dispuso a arrojarlos por la terraza con alevosía.

En el último momento algo detuvo su mano. Tomó el teléfono y llamó a un sacerdote amigo al que le dio los pormenores de su infierno colombófilo y sus aviesas intenciones para con los huevos del nido:

-Padre, ¿esto es aborto?-, preguntó ella.

-Tira los huevos hija de una vez-, contestó él.

Simplemente Soraya

Los detractores de Rajoy y de su centrismo sobrevenido profetizaron el Apocalipsis de los populares con una palabra: ‘sorayización’. Según los padres del término, el PP habría entrado en un proceso de vacuidad y abandono de los sacrosantos principios del partido a partir del nombramiento como portavoz parlamentaria de Soraya Sáenz de Santamaría en sustitución de Eduardo Zaplana. Rajoy –venían a decir- había cambiado un pura sangre por una mula, un killer de la política por una monja ursulina de la que no cabía esperar sino letanías.

A Soraya se la empezó a criticar por monja, por blanda, por hablar de economía y no de la nación española y de sus insondables peligros, por haber arrinconado a los históricos del PP en la nueva dirección del grupo parlamentario y hasta por algún lapsus linguae de la diputada, que sin llegar al de “miembros y miembras” de la ministra Aído, alimentaron la idea de que estábamos a ante la inconsistencia con falda o con traje de raya diplomática, según el día.

La portavoz, en efecto, no es Castelar pero ha logrado en poco tiempo el milagro de sacar al PP de la soledad parlamentaria en la que ha vivido los últimos cuatro años, la única manera realista de aspirar a gobernar algún día. Este mismo martes una moción del PP sobre el precio de los carburantes, enmendada por CiU, logró concitar el apoyo de toda la oposición, incluida Esquerra, IU o el BNG, hasta el punto de que el PSOE tuvo que recurrir al veto, una artimaña parlamentaria bastante filibustera. “Es la primera vez en los 17 años que llevo aquí que los socialistas vetan una enmienda transaccional”, aseguraba a 20 Minutos un diputado de CiU. El propio portavoz adjunto del PSOE, Ramón Jáuregui, lo reconocía en los pasillos del Congreso: “No es nuestro estilo, pero no ha habido más remedio”.

Quizás sea pronto para valorar las capacidades de esta abogada del Estado, aunque es indudable que apunta maneras. “Una flor no hace verano”, señalaba a este diario el portavoz convergente Durán Lleida, en referencia a lo sucedido el martes. Más preciso se mostraba otro diputado de CiU, su portavoz de Economía, Sánchez Llibre: “Va a ser una buena portavoz”. Y todo ello sin menospreciar a Zaplana, quien pese a su apariencia de ogro bronceado, logró entretejer insólitas relaciones personales más allá de la amistad que le unía con Rubalcaba. “A Soraya apenas la conozco, pero con Zaplana, al margen de que el acuerdo político fuera imposible, me llevaba muy bien”, subraya el portavoz del PNV, Josu Erkoreka.

Lo que ya ha mejorado es la propia comunicación del partido. Sáenz de Santamaría es amable, educada y pone al mal tiempo buena cara. Se deja ver ante la Prensa y hasta ha dispuesto un encuentro semanal con los medios a finales de semana para avanzar las iniciativas del PP. “Tratamos de mostrar que trabajamos en la oposición y que trabajamos mucho”, dice un ex ministro ‘popular’ tan fiel a Rajoy como la propia Soraya.

Por el momento tiene bastante descolocada a la vicepresidenta el Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, que disfrutaba afeando su presunto machismo a Zaplana y a Acebes y que ahora no acaba de encontrar su estilo frente a la diputada del PP. Ayer, en la sesión de control al Ejecutivo, se volvió a repetir la escena. Sáenz de Santamaría preguntó por qué el Gobierno está trabajando menos que el ángel de la guarda con la que está cayendo, y hasta se permitió hacer un nuevo chiste y aconsejar que el BOE dejará de ser diario para convertirse en semanario ante el escaso uso que le da el Ejecutivo. La larga ovación de su bancada, más prolongada que la dedicada al propio Rajoy, puso de manifiesto la aceptación que parece haber encontrado entre los suyos pese al escepticismo inicial. “La verdad es que ha estado bien”, reconocía abiertamente un diputado socialista. “Veremos cuánto dura”.

La prueba palpable de que Sorayita, como despectivamente la llaman sus detractores, va ganando cuerpo fue la inesperada fiesta de cumpleaños que la ex ministra Villalobos la preparó este martes al pie del hemiciclo. Cerca de 30 diputados del PP entonoran en su honor el cumpleaños feliz mientras la portavoz soplaba la vela que coronaba una humilde tartaleta. Villalobos, un hacha en eso de buscar cobijo bajo una buena sombra, tenía preparado hasta el regalo: unos pendientes verdes. El poder es directamente proporcional a la intensidad con la que tus semejantes te hacen la pelota. Algunos ya han empezado.