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Juan Carlos Escudier

Archivo de Julio, 2008

El presidente se pilla los dedos

La previsión del BBVA de que la economía española no creció en el segundo trimestre del año ha coincidido en el tiempo con la primera vocalización de la palabra ‘crisis’ por parte del presidente del Gobierno en una entrevista en televisión. Zapatero se presentó ante las cámaras con una uña amoratada, confirmando lo que todos ya sabíamos: este hombre se había pillado los dedos con sus previsiones económicas.

Como está por ver que el “ambicioso” paquete de 47 medidas contra la crisis –ahora ya sí- dé algún resultado a corto plazo, incluida la devolución de los 400 euros y el inconfesado plan de ahorro energético que el descorbatado ministro Miguel Sebastián se ha sacado de la manga, los socialistas han puesto en marcha una estrategia, también ambiciosa, para marear la perdiz, que consiste esencialmente en distraer la atención con sus presuntas iniciativas de calado social y de extensión de derechos paridas en su 37 Congreso.

La primera de ellas, de amplia repercusión mediática, es la constitución de un grupo de expertos y expertas con la misión histórica de elaborar unas recomendaciones vanguardistas para modificar la actual legislación sobre el aborto, que data de hace 23 años y que sigue considerando unas delincuentes a aquellas mujeres que deciden interrumpir voluntariamente su embarazo.

El supuesto avance, que la derecha ha tildado de radical para satisfacción del Ejecutivo, no es sino un pequeño paso adelante respecto al repliegue táctico que el PSOE había ejecutado sobre esta cuestión. Los hechos son los siguientes: en las elecciones del 2004, los socialistas incluyeron en su programa electoral una ley de plazos sobre el aborto, promesa que incumplieron deliberadamente en sus primeros cuatro años en el Gobierno. En las pasadas elecciones, desterraron ese compromiso de su nueva oferta a los ciudadanos, tratando de no dar argumentos al PP acerca de su pretendido extremismo. Y ahora, se recupera casi como un ejercicio de reflexión intelectual.

Este diario tuvo la oportunidad de recordar este hecho a la portavoz socialista en el Senado, Carmela Silva, quien ejerció como ponente de esta materia en el 37 Congreso. Fue al terminar su rueda de prensa: “¿Ha olvidado que ustedes ya proponían la ley de plazos hace cuatro años?”, le pregunté. “No, no lo he olvidado”.

La segunda iniciativa es la pretensión de facilitar el voto a los inmigrantes legales en elecciones locales, una contrapartida al evidente endurecimiento de la política migratoria de los últimos tiempos. De momento, nadie ha explicado que ello requerirá una modificación del artículo 13 de la Constitución, concretamente de su apartado 2, que exige reciprocidad para los españoles residentes en otros países, para lo que sería entre deseable y necesario el concurso del PP. Eso, o dejar las cosas como ya están, que parece que es lo que se pretende para 2011, con lo cual no todos podrían votar.

Tampoco nadie ha mencionado que algunos estudios manejados por Ferraz sobre la tendencia electoral de los inmigrantes favorecen claramente al PSOE, hasta al punto de que en algunos municipios su concurso podría inclinar la balanza del lado socialista. ¿Estará el PP por la labor? ¿Es sincera la preocupación de Zapatero por el derecho al sufragio de los inmigrantes?

Finalmente, el tercer supuesto avance radical es la implantación del testamento vital, que nada tiene que ver con la eutanasia, y que consiste en el reconocimiento del derecho de los ciudadanos a no prolongar artificialmente su vida y a tener una muerte digna y sin sufrimiento. Se trata de una cuestión suficientemente regulada en la inmensa mayoría de comunidades autónomas, que, por cierto, son las que gozan de competencias sanitarias.

En esto consiste básicamente el denominado giro a la izquierda del PSOE, que ha conseguido por unos días que se hable menos del estancamiento económico, hecho al que también han contribuido involuntariamente Nadal y la selección española de fútbol. El presidente tiene negra la uña. Se le acabará cayendo.

Zapatero no está ciego, o eso dice

Existen, según Zapatero, tres tipos de ciudadanos ante esta crisis “opinable” que sigue sin llamar por su nombre. Por un lado, están los “sinceramente preocupados” por la situación, a los que el Gobierno ofrecerá certidumbre, confianza y ayuda; por otro, quienes confían “en las cosas se tuerzan para llegar al poder”, o sea, Rajoy y los suyos; y, finalmente, está él mismo, que, en contra de los que opinan algunos, ve la realidad y es “consciente de la magnitud de las dificultades” aunque se niega a regodearse en ellas.

Esa es la clasificación que ha ofrecido el presidente del Gobierno en la clausura del 37 Congreso del PSOE, un cónclave en el que se ha escenificado todo el inmenso poder del que disfruta en la organización que le reeligió como secretario general con un 98,53% de los votos. La nueva dirección, ampliamente renovada, es paritaria y pivotará en torno a dos de sus fieles más devotos: Pepe Blanco, encumbrado a una resucitada vicesecretaría general, y Leire Pajín, su gran protegida junto a la ministra Carme Chacón, que ocupará la secretaria de Organización y será la número tres del partido.

Su discurso de hoy ha sido una prueba más de que Zapatero entiende su optimismo no sólo como una cualidad antropológica sino como una obligación de gobernante. “¿Alguien puede pretender que el presidente del Gobierno exprese menos confianza en las capacidades de nuestra economía que quien viene aquí a invertir? Que nadie cuente conmigo para alimentar la desilusión o el desánimo. Vamos a pasar unos meses complicados, pero los vamos a superar”, ha dicho.

Tal y como lo hiciera días atrás ante Rajoy, Zapatero ha vuelto a describir las diferencias entre una política económica de izquierdas y otra de derechas, alguna de ellas, como aumentar la inversión en investigación, ciertamente pintoresca. Con ese presupuesto, ha expuesto cuáles han de ser las metas de España en la próxima década: estar entre los 10 países del mundo más avanzados en tecnología e investigación, duplicar el número de científicos, colocar a 10 universidades españolas entre las 100 mejores del planeta y lograr que el 20% de la producción energética provenga de fuentes renovables.

El presidente trufó su intervención de referencias a la igualdad, a los jóvenes, a los discapacitados y a los inmigrantes, colectivo al que se propone reconocer el derecho al voto en elecciones locales, y que cuenta desde ayer con una dominicana, Bernarda Jiménez, al frente de la secretaria socialista de Integración y Conviviencia.

El aborto y el progresismo del paso atrás

En el programa electoral de 2004 los socialistas proponían una ley de plazos para acabar con una legislación que considera que el aborto es un delito despenalizable en determinados supuestos y que trata a las mujeres como vulgares delincuentes. Cuatro años después, en un incomparable avance progresista, los socialistas apoyarán “la creación de un grupo de expertos y expertas que revisen el funcionamiento de esta ley y hagan una nueva propuesta para mejorar nuestra legislación, recogiendo las experiencias más innovadoras de las leyes europeas de indicaciones y plazos”. Ya lo decía ayer Zapatero: “No daremos un solo paso atrás”.

El anuncio de esta enmienda que aprobará el 37 Congreso ha correspondido a la vicepresidenta Fernández de la Vega, que disertaba ante un grupo de delegadas sobre la igualdad. Ha habido muchos aplausos, especialmente de la ministra de la cosa, Bibiana Aido, y del secretario de Organización Pepe Blanco. ¿Que si alguien ha preguntado que fue de aquel compromiso electoral? Al parecer nadie lo recordaba.

En consecuencia, el PSOE no ha tenido bastante con la experiencia de 23 años, donde algunos ministros de Sanidad de su partido han consentido que las interrupciones del embarazo sean excepcionales en el sistema público, o sencillamente no se practiquen en la red de hospitales públicos de comunidades autónomas gobernadas desde tiempo inmemorial por los socialistas, tal es el caso de Extremadura y Castilla- La Mancha. Necesita que los expertos acrediten que la legislación actual es mejorable.

Tampoco ha debido de servir de experiencia constatar el trato que se está dando a las mujeres en los casos abiertos en la actualidad por presuntos abortos ilegales y la persecución a la que están siendo sometidas clínicas como Isadora, que suplen a una Administración sanitaria pública que se lava las manos y silba el Only you. Hay que seguir reflexionando, y quién mejor que unos expertos y expertas para hacerlo. ¡Que nada detenga el avance!

¡El socialismo ha muerto! ¡Viva el republicanismo!

Ramón Jáuregui, uno de los coordinadores del ideario que saldrá de este 37 Congreso del PSOE, definía con cierta exageración la importancia de la ponencia que aprobarán los delegados. En su opinión, representaba el salto a un nuevo siglo en el que la izquierda ya no se define por la masa sino por el individuo. “El ciudadano es el objetivo principal de la acción del socialismo”, dijo. Para el partido, según Jáuregui, este cambio es tan importante como lo fue en su día el abandono del marxismo.

En realidad, este nuevo modelo y la extensión de derechos a colectivos específicos como homosexuales, mujeres, jóvenes, mayores, “que no pueden ser libres si la pobreza o la indefensión les hace depender de otros”, en expresión de Zapatero, no es sino la conversión del PSOE a la filosofía política de Philip Pettit, el ideólogo del presidente del Gobierno. El nuevo socialismo es, en realidad, republicanismo. Si los dirigentes del partido albergan alguna duda no tendrán más que preguntar a Pettit, quien, como no podía ser de otra manera, formará parte del grupo de ‘sabios’ adscrito a la fundación de pensamiento que presidirá Jesús Caldera.

Con excepción de la renovada disposición a implantar una ley de plazos sobre el aborto, retomando el incumplido compromiso electoral del 2004, las novedades que salen de este cónclave son más bien escasas, porque el horno pirolítico no está para bollos sino para aplaudir más y mejor a Zapatero. Jamás se vio tanta complacencia junta, tanta unanimidad, tamaña ausencia de crítica interna en un congreso del PSOE.

Sí, se eliminarán los crucifijos de los locales públicos –como si de esto dependiera la vida y las haciendas patrias- pero se hará progresivamente, para no molestar; se respalda la inmersión lingüística catalana, y por extensión la que prepara Ibarretxe, por no molestar a Montilla; se asume la ‘flexiseguridad’, un palabro que significa más flexibilidad en las relaciones laborales sin descuidar la protección de los trabajadores, aunque siempre que la flexibilidad nazca del diálogo social, para no molestar a los sindicatos; se apuesta por las energías renovables, pero ni hablar del peluquín de acortar la vida útil de las centrales nucleares, para no molestar a las compañías eléctricas; y así.

Finalmente, y para que no se diga que hay más democracia interna en el PP que en el PSOE, se ha decidido cambiar el sistema de elección del secretario general. Cualquier candidato que opte al cargo deberá contar con el aval del 20% de los delegados –ahora era el 25%-, si que –y ésta es la novedad- ninguno de ellos podrá acumular más del 30% de los avales. En resumen, que con estas reglas Rajoy lo hubiera tenido crudo para impedir que le surgieran competidores.

La sombra y la nueva imagen

La fidelidad ciega tiene recompensa, aunque sea en forma de patada hacia arriba. La vicesecretaría general del PSOE desapareció con Alfonso Guerra y ahora Zapatero la recupera para sentar en ella a Pepe Blanco, el hombre que a lo largo de ocho años ha tratado de cumplir hasta el más mínimo de sus deseos. Zapatero, reacio siempre a designar a un número dos que pudiera contemplarse como un aspirante a la sucesión, elige a quien jamás desempeñará ese papel. Blanco nunca le haría sombra porque es la sombra misma.

De muchísimo más calado es la elección de Leire Pajín como secretaria de Organización, una función que le obligará a dejar la secretaría de Estado de Cooperación. Pajín es, desde hace tiempo, un valor en alza en el zapaterismo, hasta el punto de que las especulaciones acerca de quién podría tomar en el futuro el relevo del líder llevan el nombre de dos mujeres: el suyo y el de la ministra de Defensa, Carme Chacón.

Pajín pertenece al círculo de Nueva Vía, el grupo con el que Zapatero alcanzó la secretaría general del PSOE. Entonces, la alicantina era jovencísima y su relación con el actual presidente del Gobierno provenía de la amistad que éste profesaba hacia su padre, con el que había compartido vacaciones de verano. Leire es fidelísima, una especie de Blanco en versión femenina, con la ventaja añadida de que comunica mejor y tiene una imagen más agraciada. “Una persona magnífica para el presente y el futuro del partido”, ha dicho Zapatero a los delegados. María Dolores de Cospedal (PP) ya tiene su envés.

A estas horas se acaba de conocer el resultado de la votación con la que Zapatero ha sido reelegido secretario general del PSOE. El 98,53%, es decir 941 delegados de los 995 posibles, le han apoyado y 14 díscolos, un 1,47% han votado en blanco. Bulgaria no sólo habita en el PP.

“No os voy a fallar” ha prometido el líder, quien además ha empeñado su palabra en que, a diferencia del lema de los socialistas, él no va a cambiar. Y para rematar la faena ha reiterado una vieja y maldita profecía: “Vamos a estar mejor en los próximos años”, ha asegurado. Obviamente, no se refería a ETA.

Es muy probable que, siguiendo la tradición, la lista completa de la Ejecutiva no se conozca hasta la madrugada. Se da casi por segura la salida de Álvaro Cuesta, otro amigo personal de Zapatero que rodaría pendiente abajo, y el relevo en la secretaría de Economía de Inmaculada Rodríguez Piñeiro por el actual secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granados. La delegación valenciana trataba de conseguir que Rodríguez Piñeiro permaneciera en la dirección socialista en otras funciones.

La actual portavoz del PSOE en el Senado, Carmen Silva, será otra de las incorporaciones a la dirección socialista, en la que tendrá un puesto Jesús Caldera como secretario de Estudios y Programas y responsable de la macrofundación socialista. Modestamente, Alfonso Guerra consigue doblar el brazo de quienes pretendían subsumir el resto de fundaciones en la nueva organización. La Pablo Iglesias que preside se adscribirá al ente de Caldera, pero tendrá personalidad propia.

El poder que Zapatero ha adquirido en este Congreso es de tal magnitud que el tradicional reparto territorial de cargos en la dirección ya es historia. La primera en la frente fue la exclusión de los barones de la Ejecutiva, para los que se institucionaliza un Comité Territorial que estará presidido por el castellano-manchego Barreda. La segunda ha sido ignorar la reclamación del presidente del partido Manuel Chaves para que el número tres correspondiera a un andaluz/a. El de Valladolid manda más que Felipe González y Guerra juntos.

Nota: Álvaro Cuesta contínúa en la Ejecutiva como secretario de Libertades Públicas y Derechos de la Ciudadanía.

Zapatero y su ‘Introducción a la nada’

Si en vez de un discurso ante los delegados del 37 Congreso del PSOE se hubiera tratado de una conferencia o de una lección magistral, Zapatero no habría tenido más remedio que titular su alocución de la siguiente forma: Introducción a la nada. En algo más de una hora el secretario general de los socialistas ha leído una especie de redacción sobre la primavera salpimentada de términos como convivencia, diálogo, integración, derechos, ideales, legalidad y paz, mucha paz. Ha sido muy aplaudido salvo por Rodríguez Ibarra, que, según se ha visto, no estaba para palmas y mucho menos para incienso.

Lo mejor de la intervención de Zapatero ha sido su abrazo al ‘buenismo’, algo que -ha explicado- disgusta a una derecha que ignora el “profundo antibelicismo” de los españoles. De ahí que la política exterior del Gobierno se haya cimentado sobre la Alianza de las Civilizaciones y la Alianza contra el Hambre, una misión ésta última a la que ha comprometido esfuerzo y dinero: “Por muchas dificultades que haya, no vamos a detener el incremento de la ayuda al desarrollo”, ha afirmado, y ha sido el delirio, especialmente para Leire Pajín.

Además de para elegir a Caldera ingeniero jefe del laboratorio de ideas del PSOE, el cónclave de los socialistas tiene por objeto glorificar a Zapatero, que se ha presentado ante los 995 delegados con marcadas ojeras, como si la crisis que no existe y a la que, lógicamente, no se ha referido, le quitara el sueño. Ello no ha impedido algunas animosas expresiones del estilo “no nos van a detener”, “esto es irreversible” o el ya histórico “no daremos un paso atrás”.

El presidente del Gobierno ha repasado algunos temas como una bailarina de ballet de puntillas prodigiosas recorre la pista. Ha hablado de matrimonio gay, del divorcio exprés y de otros logros como su modelo territorial, donde, según parece, no ha retrocedido un ápice en su idea de que “si preservamos la pluralidad consolidaremos la unidad del país”. Ha sorprendido -si es que aún queda algo que sorprenda- que en este punto no haya ni citado el plan Ibarretxe y, por el contrario, le haya emprendido contra la derecha “que ahora (por la Eurocopa) descubre con extrañeza que la bandera es de todos”.

Lo de la bandera ha sido muy emotivo, casi tanto como su alusión al castellano en plan trabalenguas. “Espero que no hagan con la lengua de todos lo que durante tanto tiempo han hecho con la bandera de todos. La lengua de todos y las lenguas de todos, porque todas las lenguas están en la bandera de todos”.

Ha consumido apenas 20 segundos para referirse a la frustrada negociación con ETA –“merecía la pena intentarlo. Ya no es posible”-, algo menos de lo que ha empleado en explicar la fuente de su optimismo antropológico, que radica, al parece, en el cariño de la militancia. “Si algo me ha hecho asumir riesgos, y sabéis que los he asumido y los asumiré si es necesario, ha sido saber que contaba con vosotros”, ha afirmado.

Dos laureados a lo largo de su discurso: el ministro Rubalcaba y “ese magnifico secretario de Organización” llamado José Blanco. Y un deseo final o un consejo de Solbes: “Conviene que consumáis”. Voy por una birra.

Zapatero admite que la ‘no crisis’ es grave

Si para algo ha servido el pleno extraordinario sobre la situación económica de ayer ha sido para comprobar que el presidente del Gobierno ha tomado tierra finalmente y empieza a llamar a las cosas por su nombre, aunque la palabra crisis siga sin tomar forma en sus labios. Zapatero ha prometido gestionar de manera socialdemócrata las «condiciones adversas», la «situación difícil y complicada», la coyuntura «claramente adversa», el «rápido empeoramiento», el «frenazo» y el actual «período de dificultades». En resumidas cuentas, que la no crisis es gravísima, pero saldremos de ella sin recortes sociales y con más inversiones en infraestructuras, educación e innovación. Y lo haremos incluso en la hipótesis más pesimista, que, según dijo, no es un estancamiento duradero ni menos aún una recesión.

La cuadratura del círculo será posible aunque el crecimiento económico sea mínimo, desciendan los ingresos públicos -algo que ya está ocurriendo- y aumenten los gastos, especialmente por el mayor desembolso en prestaciones por desempleo, gracias a una cosa que se llama déficit público, otro término maldito que se sustituye por la negación de su contrario: «Tener superávit no es un objetivo intemporal o incondicionado de este Gobierno», afirmó.

Después de esquivar durante semanas la gravedad de la situación, lo que pretende ahora Zapatero es trasladar a la opinión pública que tiene el timón de la nave y que sus 47 medidas -todas ya conocidas-, incluida la sustitución de semáforos por otros de bajo consumo, con la inyección de 65.000 millones en dos años a la economía, permitirán retomar con más fuerza la senda del crecimiento sin causar estragos entre los sectores más desfavorecidos.

No obstante, hay cosas que Zapatero no consigue explicar. ¿Cómo es posible que la principal oferta electoral del PSOE, es decir la devolución de los 400 euros, sea también la mejor receta contra la desaceleración acelerada? ¿Por qué si España, como sostiene, está mejor preparada que el resto de Europa para afrontar la tormenta, ningún país europeo ha aprobado «un plan específico tan ambicioso como el español»? Más aún, ¿es preciso un plan tan ambicioso si la crisis es discutible, en palabras presidenciales? Y sobre todo, ¿es culpable el alza del petróleo de que los limones hayan subido casi un 70% en los últimos meses?

De todo esto ha sacado partido Rajoy, que además de las puyas a la renuencia de Zapatero a reconocer la crisis ha cifrado en euros las consecuencias de la actual coyuntura. Tal y como ha explicado, las familias han pagado en los dos últimos años 400 euros más en alimentación, 100 más por gas y electricidad, 400 más por transporte y carburante, y otros 200 euros mensuales más para hacer frente a una hipoteca media.

Como el del PP va de centrista empezó diciendo que no toda la culpa de lo que pasa es del Gobierno y terminó ofreciendo el apoyo del PP si Zapatero reconoce la gravedad de la crisis y concreta sus dimensiones. Sin embargo, a mitad del camino le ha acusado de haber engañado a los españoles con sus erráticas previsiones de crecimiento para ganar las elecciones, y eso ha encorajinado al presidente, que le ha dedicado una réplica durísima.

«Usted perdió las elecciones porque lo quisieron los españoles no por mis previsiones económicas», le ha espetado. A Rajoy le ha faltado desgranar alguna de las iniciativas del PP más allá de airear un taco de folios con las propuestas que el PSOE le ha rechazado. «Está solo» le ha dicho a Zapatero. Vivir para ver.

Bono y la Cámara frigorífica

Que José Bono aguanta mal el calor es algo que conocen sobradamente los operarios del aire acondicionado del Congreso de los Diputados, al punto de que la llamada del presidente para pedir que se baje la temperatura del hemiciclo se ha convertido en una constante en cada sesión plenaria. El termostato interno de Bono detecta cualquier variación térmica que haga subir el mercurio por encima de los 19 grados y algunos funcionarios han propuesto con mucha guasa colocar cuatro estrellas en cada puerta de acceso al hemiciclo. Cámara Baja, sí, y también frigorífica.

No es de extrañar, en consecuencia, que el de Albacete quisiera cortar por lo sano la propagación de las veleidades medioambientales del ministro de Industria, Miguel Sebastián, que para dar ejemplo de ahorro energético ha decretado para su departamento una temperatura mínima de 24 grados, al tiempo que ha autorizado al personal del Ministerio a dejar la corbata en el ropero.

Sebastián se presentó ayer en el pleno extraordinario sobre la situación económica sin ella y Bono se apresuró a enviar a un bedel de las Cortes con una de las corbatas institucionales de la Cámara llena de leones estampados. El titular de Industria rehusó el ofrecimiento pero recibió el mensaje: ni una sola broma con la temperatura del Congreso; con las cosas de sudar, no se juega.