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La energía como derecho La energía como derecho

Las claves de un tema que nos afecta a todos

De consumidor cautivo a usuario de la energía

Por Sergio de Otto – Periodista especializado en energía y sostenibilidad

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En contra de lo que piensa mucha gente, en contra del fatalismo de que nada se puede hacer frente al orden establecido, en contra de la apatía que tantas veces nos invade para hacernos llegar a la predeterminada conclusión de que nada podemos hacer, en contra de la inercia, en contra del convencimiento de que estamos condenados a ser consumidores cautivos, en contra de todo eso, estás tú. No te resignes, tienes margen para actuar y conquistar poco a poco tu independencia energética.

La tarea no es fácil. Es obvio. El sistema energético está concebido, especialmente en nuestro país, para que sea un gran negocio para un puñado de empresas en cuyo beneficio se regula un supuesto mercado en el que tú, hasta ahora, tenías un papel, sí, muy importante. Te tocaba, te toca todavía hoy pagar la cuenta. Lo contaba hace semanas en “Tú, tu recibo de la luz y los beneficios de las eléctricas”.  El sistema no está concebido para que tú seas el beneficiario de un servicio, de un bien básico para tu día a día, no está pensado para que ejerzas tu “derecho a la energía” que este blog reclama.

No, todo este tinglado se había puesto en pie fundamentalmente para que seas un consumidor sumiso, disfrutando —hay que reconocerlo— de un servicio que en general es bastante satisfactorio si tenemos en cuenta que dos tercios de la Humanidad lo pasan bastante peor que nosotros en este aspecto, a excepción hecha de ese sector cada vez mayor de la población española que sufre la lacra de la pobreza energética.

Hoy tienes la posibilidad –todavía limitada en algunos aspectos— de romper con esa condición de consumidor ciego y empezar a empoderarte de la energía como derecho. Desde la Fundación Renovables preconizamos un cambio de modelo energético que no es solo la sustitución de unas tecnologías de generación por otras, que también lo es, sino, sobre todo, la subversión del modelo para situar al ciudadano en el centro del sistema. Hablamos de democratizar la energía para que ese consumidor se convierta en productor, gestor y usuario de su propia energía.

Y eso ¿cómo se come? No es fácil, te lo decía al principio. De entrada, tenemos la legislación más restrictiva del mundo para ejercer el derecho al autoconsumo. Si la tecnología te permite producir tu electricidad a un precio más bajo que el que te ofrece el sistema eléctrico ¿por qué el BOE te lo pone casi imposible? Pues por eso, porque saben que es una grieta en su montaje.

A lo mejor tú (persona, autónomo, pyme, etc.) eres de los privilegiados a los que ya le salen los números para tener su propia instalación de generación pese a lo perverso del tristemente célebre Real Decreto 900/2015. Consulta los manuales sobre autoconsumo, pregunta a un profesional y a lo mejor tu vivienda o tu negocio reúne las condiciones necesarias por ubicación, superficie disponible y/o consumos para que alcances tu soberanía energética.  A lo peor hoy no es posible, pero a lo mejor pasado mañana sí.

Mientras eso ocurre —que va a ocurrir— hay otras opciones para dejar de ser ese consumidor cautivo que no quieres ser como es la de cambiarte de comercializadora. Un paso al alcance de cualquiera y que sorprendentemente hemos dado muy pocos. Sorprende, sobre todo, que los que están concienciados de la necesidad de cambiar el actual estado de cosas no cojan el teléfono y con su factura en la mano se pasen a un comercializador independiente o cooperativa que garantice el origen cien por cien renovable de su energía.

Es un paso importante porque es una señal al oligopolio energético. Un mensaje de que en esto de la energía no estás dispuesto solamente a pagar la factura, sino que quieres tomar tus decisiones. ¡Apúntate!

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