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Sin trabajo no hay dignidad

Por Agustín Arroyo

El papa Francisco. (EFE)

El papa Francisco. (EFE)

Lo acaba de decir alguien tan lejano a mis intereses como el Papa Francisco. Y lleva razón. Por tanto, podríamos colegir que un país como España con más de una cuarta parte de su población activa en paro y la mitad de sus jóvenes fuera del mercado laboral  a su pesar, es un territorio con una cuarta parte de su dignidad erosionada gravemente o inexistente.

El actual gobierno hace reiteradas loas autocomplacientes de sus quirúrgicas reformas. Dicen y aseguran que los dos años que quedan de legislatura serán de crecimiento, y en ellos se recogerán los frutos maduros de su política de choque. Que nadie crea, ingenuamente, en esta lluvia de bondades que se nos prometen. De hecho, las declaraciones de Guindos y Montoro sobre la rebaja de impuestos se van posponiendo, ahora ya hasta 2017, cuando la habían prometido en los horizontes del 2014 y 2015. Sí se recuperan las cuentas y balances de los grandes bancos y los sueldos de los ejecutivos y altos consejeros se mantienen o siguen creciendo. El resto de los trabajadores, nada crédulos y cada vez menos ingenuos ya en nuestra capacidad de aguante y confianza, sabemos que el horizonte es nebuloso y las políticas mutiladoras de los neoliberales seguirán asfixiando nuestra esperanza y nuestra paciencia los dos años restantes.

 

12 comentarios

  1. Dice ser no hay dignidad

    Pueblos Indígenas ya no existen, en Europa. Por tal motivo te quitan los derechos más humano que existe .Poder vivir sin dinero. Agua luz y leña para poder vivir y un techo .Pero la tierra tiene precio aunque sea solo del ser Humano y de todos lo demás. Tienes derechos humanos si ay guerras. Pero no si eres pobre.

    31 Diciembre 2013 | 18:29

  2. Dice ser LINCE 1

    Pues que tome nota la Jerarquía de la Iglesia católica de este país, que se manifiesta contra todo lo que sea socialismo, o cualquier política de izquierdas y, en cambio, es silente con un Gobierno como este, que empobrece y maltrata a sus ciudadanos, a los más débiles, a los que más lo necesitan…¡Y no dicen ni pío!

    31 Diciembre 2013 | 19:25

  3. Dice ser realidad

    Solo hace falta ver en los ultimos 60 años como la gente ha huido de todos los paises socialistas y con politicas de izquierdas… hablar que este gobierno maltrata y empobrece a sus ciudadanos es cierto, pero pensar que son las politicas de izquierda las que sacan del hambre a la gente es de ser un cretino.

    31 Diciembre 2013 | 19:32

  4. Dice ser pepito el moro

    El actual gobierno hace reiteradas loas autocomplacientes de sus quirúrgicas reformas.

    y el futuro no es mas halagüeño

    un partido de derechas conservador como es el pp

    o la otra alternativa

    un partido que dos veces que ha gobernado dos veces que ha quebrado el pais

    dos veces que ha gobernado dos veces que ha asolado el tejido industrial metiendo en el paro a la inmensa mayoria de los españoles perdiendo parte de su dignidad

    dos veces que ha gobernado dos veces ha endeudado al pais hasta donde no podemos pagar , la primera con una depreciacion de la peseta brutal y la segunda con una deuda inmensa

    estamos abocados a perder la dignidad

    01 Enero 2014 | 12:40

  5. Dice ser LINCE 1

    realidad:

    Gracias por la flor, pero me cisco en el tiesto.

    01 Enero 2014 | 13:01

  6. “Por vez primera desde la depresión de los años treinta, tanto los países industrializados como los que están en vías de desarrollo se enfrentan al desempleo persistente”, (Michel Hansenne, director general de la Organización Internacional del Trabajo)
    VER: http://m.wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/102005480

    01 Enero 2014 | 16:29

  7. ¿Qué sucedió?
    La inseguridad económica no es algo nuevo. En muchos países siempre ha habido períodos de relativa prosperidad seguidos de recesiones o depresiones. Y las recientes contracciones económicas experimentadas por todo el mundo pusieron de manifiesto la increíble fragilidad de las economías incluso después de años de relativa prosperidad. Muchas personas, algunas de ellas por primera vez, se dieron cuenta de que no podían dar por sentado su empleo y sus ingresos. El efecto que han tenido las disminuciones económicas en la fuerza laboral ha sido asombroso. Algunas empresas se han visto obligadas a reducir gastos al máximo, lo que con frecuencia ha resultado en despidos masivos. En cifras absolutas, en junio había en la UE aproximadamente 26,4 millones de desempleados, de los que 19,2 millones correspondían a la eurozona. En España el desempleo ha conseguido su peor cifra en el primer trimestre de 2013, superando por primera vez la cifra de 6.200.000. En España y Grecia una de cada cuatro personas está parada. El impacto de todo esto tiene dos vertientes: El sufrimiento económico y el sufrimiento emocional de los trabajadores despedidos. El apuro económico es obvio. Con ingresos inferiores, la persona debe ajustar su nivel de vida. Pero el desempleo también tiene secuelas emocionales.
    VER: http://download.jw.org/files/media_magazines/07/g_S_201205.pdf

    01 Enero 2014 | 16:57

  8. Los despidos siempre han formado parte de la vida obrera. Sin embargo, en la baja económica actual también han perdido su empleo una cantidad grande de trabajadores administrativos. Según lo expresó la revista Newsweek, “Son los empleos ideales desde el punto de vista económico, pues dan la posibilidad de comprarse una casa en un barrio bonito y poseer dos automóviles”. Muchos de estos empleos se perdieron en los últimos años. Y los trabajadores que fueron despedidos se encontraron, “agobiados por hipotecas, hijos jóvenes, grandes deudas y un futuro cada vez más incierto.”
    VER: http://download.jw.org/files/media_magazines/e6/g_S_201207.pdf

    01 Enero 2014 | 17:11

  9. Dice ser Es nítido

    Se puede gobernar para la mayoría de la población o para una reducida élite. Si el número de ricos aumenta y la cantidad de ciudadanos empobrecidos se desborda, ¿a quién se está beneficiando? Y qué decir de la defensa de los corruptos y especuladores. Las conclusiones parecen evidentes.

    01 Enero 2014 | 17:43

  10. Dice ser UnCurrante

    Antiguamente decian que el trabajo dignifica.

    Utilizando las nociones de logica que me enseñaron : si no me siento digno ni aporta dignidad a mi vida entonces es que no es trabajo sino otra cosa mas parecida a la exclavitud.

    Ahora diria el trabajo os hara libres parafraseando el cartel que daba la bienvenida a los futuros cadaveres en Auswitz porque es eso en los que nos han convertido , cuerpos sin mente , sin objetivos ni librepensamientos , puros zombies consumistas.

    01 Enero 2014 | 18:33

  11. Dice ser Blahira

    Que se se queden toda la dignidad para ellos,yo solo quiero ser LIBRE ..y voltereta!

    01 Enero 2014 | 19:50


  12. Resulta alarmante la extensión de la pobreza como consecuencia de las medidas neoliberales aplicadas presuntamente para salir de la crisis. En el último trimestre de 2012 el INE situaba a uno de cada cinco españoles en situación de exclusión social, afectando especialmente a las personas en edad de trabajar, entre quienes la tasa aumentaba hasta el 21 %.

    Pero la pobreza ya existía en nuestro país cuando todo iba bien y aunque hoy por hoy nadie negaría que las tasas actuales tienen un origen socio-económico claro, en los tiempos de vacas gordas, cuando el sistema repartía trabajo a diestro y siniestro, el común de los mortales no percibía la exclusión social de esta manera, antes bien la atribuía a causas individuales, relacionadas con características morales: falta de iniciativa, de ambición o de trabajo duro. ¿Cuando todo iba bien quién no escuchó en la calle frecuentemente la frase: “En España quién no trabaja es porque no quiere”?

    El fenómeno de la pobreza es sumamente complejo y entre sus causas encontramos tanto factores socio-sistémicos como individuales: enfermedades que originen una seria vulnerabilidad económica, carencias educativas, falta de movilidad social, ausencia de igualdad de oportunidades, problemas psicológicos o la propia dinámica de destrucción-creación que según Schumpeter caracteriza al capitalismo.

    Pero aunque la opinión pública sepa que los niveles actuales de desempleo deriven de un fenómeno socio-económico de dimensiones históricas, de algún modo entre los ciudadanos sigue latente la concepción de la pobreza predominante en tiempos de bonanza económica: la idea de que los pobres son en buena parte responsables de su propio destino, de que “si no trabajan será porque algo han hecho mal”. El caso es que esta asociación entre esfuerzo personal y éxito profesional se ha extendido hasta el punto de convertirse en un referente cultural, que a través del proceso de socialización se introduce en la mayoría de las conciencias, y es en buena parte responsable de la percepción de la exclusión como un problema de debilidad moral.

    Prueba de ello son los sentimientos de culpa, fracaso o vergüenza que suelen sentir quienes pierden su empleo. Estas emociones tienen una raíz socio-cultural localizable en una visión personal sobredimensionada de la relación entre esfuerzo personal y éxitos profesionales. El sentimiento de culpa al perder el empleo en circunstancias de depresión económica sólo puede explicarse, descartados otros motivos, por una autopercepción errónea del problema, que sobrevalora el papel del individuo en la carrera por conseguir y mantener un empleo, obviando factores socio-económicos, políticos e históricos que condicionan con mayor influencia el resultado final de ese esfuerzo personal, más aún durante una crisis económica. Y en cierta medida, estos sentimientos se originan en parte por falta de sentido crítico con las opiniones propias o ajenas y por la ausencia de cultura sociológica, necesaria para entender el mundo contemporáneo.

    Pero estas carencias educativas están ampliamente generalizadas y no en vano esta percepción de la pobreza la encontramos en diferentes países de la OCDE por la influencia sobre la opinión pública de una cultura acrítica de los logros del esfuerzo personal difundida entre otros por los grandes grupos mediáticos transnacionales.

    Un buen ejemplo de los efectos de estas ideas nos lo brinda la sociedad norteamericana. Así, en un estudio de 1983 de la Universidad de Kentucky sobre las actitudes de los estadounidenses hacia la pobreza y el desempleo, el 58 % de los encuestados afirmaba que muchos pobres o receptores de ayudas no quieren trabajar duro o carecen de ambición (1). Lo más sintomático de este estudio consiste en que la mayoría de los que opinaban que los desempleados eran responsables de su situación se encontraba en una escala social baja, dentro de una nueva categoría de asalariados conocida en Estados Unidos como working-poors (trabajadores pobres), nacida hacia finales de los 70 y crecida desde entonces por la deslocalización industrial y una tendencia histórica que ha ido disminuyendo significativamente el poder adquisitivo de los salarios y sustituyendo el empleo estable por temporal. De acuerdo con un análisis publicado en la Journal of Economics Issues, las condiciones de estos trabajadores llegan al extremo de no poder salir de la pobreza a pesar de trabajar jornadas completas durante años debido a los bajos salarios que reciben en compensación (2).

    Aunque la pobreza suele asociarse con el desempleo, en países como Reino Unido, USA o Australia un número creciente de trabajadores permanecen en la pobreza a pesar de trabajar muy duro. En Australia un 7,4 % de la población activa se encuentra por debajo del umbral de la pobreza (3). En USA entre 7 y 9 millones de personas empleadas están clasificadas como pobres por el gobierno y estas cifras varían en función del concepto de pobreza que se maneje (4).

    Sin embargo, a pesar de este panorama socio-económico, más de la mitad de los working-poors, cegados por su ética del esfuerzo, consideran que la condición de pobre o afortunado viene determinada fundamentalmente por el empeño del individuo y su capacidad para trabajar duro. Estas actitudes permiten que incluso en periodos de recesión, cuando evidentemente aumenta la dificultad para encontrar un empleo, los trabajadores, agobiados por la presión fiscal creciente, expresen abiertamente opiniones contrarias a las ayudas sociales o al aumento de los subsidios por desempleo. (5)

    Los medios, la escuela, la familia, las instituciones religiosas o los políticos han difundido esta ética del trabajo acientífica que vincula el éxito profesional con el esfuerzo personal y, el fracaso con la debilidad moral del carácter. Estos prejuicios constituyen una red conceptual que configura una opinión pública con cierta inclinación a sospechar del pobre, a culparlo explícita o implícitamente de su situación, puesto que en la explicación inmediata que el ciudadano se da a sí mismo de la exclusión se acentúa la culpabilidad del individuo sobre la de las instituciones sociales, el sistema económico o la negligencia política. De hecho, hay estudios psicológicos que concluyen que aquellos individuos que creen firmemente en la cultura del esfuerzo como factor determinante de la movilidad social tienden a culpar más a los desempleados y pobres por su situación, pasando por alto o infravalorando los factores socio-económicos que causan estos problemas (6). A su vez, la persona afectada por la exclusión tiende también a culparse, a verse a sí misma como responsable de su problema, circunstancia que acentúa los problemas psicológicos vinculados a la pobreza

    Esta percepción resulta irreflexiva y acrítica por incompleta, puesto que deja a un lado la notable complejidad social del fenómeno, desestimando factores tan significativos como las tendencias macroeconómicas, la desigualdad socioeconómica, la evolución de los salarios y las rentas del capital, la degradación de la movilidad social y otras razones sociales de peso. Esta equivocada visión del binomio esfuerzo-éxito fomenta como efecto secundario una percepción popular de la pobreza y el desempleo como problemas individuales, derivados de la debilidad moral del individuo afectado, y deviene un estado de opinión general peligrosamente insolidario y apático frente a los problemas sociales que afectan a otros, llegando a convertirse en los peores casos en un respaldo social a las políticas dirigidas a recortar los derechos sociales de los más desprotegidos.

    Sebastián Goldsmith

    Notas

    (1) Feldman, S. “Economic individualism and American Public Opinion”. American Politics Quarterly. Vol 11. Nº 1. 1983.

    (2) Kim, M. “The working poor: lousy jobs or lazy workers?” Journal of Economic Issues. Vol 32. Nº 1. 1998.

    (3) Horin, Adele. “Working but poor: how 476,000 battle”. Sydney Morning Herald. 25 July. 1998.

    (4) Boutwell, Clinton. Shell game: corporate´s America´s agenda for schools. Bloomington. Indiana. 1997.

    (5) Beder, Sharon. Selling the work ethic. Zed Books. London. 2000.

    (6) Furham, A. The protestant work ethic: the psychology of work-related beliefs and behaviours. Routledge. London. 1990.

    http://agenciatigris.blogspot.com.es/2013/07/la-percepcion-de-la-pobreza-como.html
    Artículo de Agencia Tigris

    01 Enero 2014 | 20:37

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