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El cielo sobre Tatooine

Un travelling por el cine más actual con flashbacks al clásico.

¡Grábalo todo, y cuanta más sangre mejor! (‘Nightcrawler’)

Lou Bloom (Jake Gyllenhaal) es definitivamente alguien desagradable. No es que sea un tipo raro, es que es alguien que ni siquiera siente simpatía por sus otros semejantes. No le gustan las personas. Pero sabe lo que quieren, en cuestión de imágenes y noticias. Y es bueno, muy bueno en lo que hace.

Y Gyllenhaal sabe quién es Lou Bloom. Por algo se mete en su piel, en la de ese ser que se pasea con mirada depredadora y fría, con una sonrisa tan impostada como siniestra y una voz indolente, sin alma. Un ratero reconvertido en Nightcrawler, un rondador nocturno. Acude rápido y veloz, después de interceptar los mensajes de los servicios de emergencia o de la policía, en busca de las imágenes de sucesos que ocurren durante la noche de Los Angeles. Él hace el trabajo desagradable para que, en poco tiempo, puntual a su cita, los telediarios tengan su provisión de carnaza con la que atraer al público.

Lou Bloom es inquietante, espectral, incluso poco creíble, pero se erige en símbolo del morbo que atrae a los telespectadores, los mismos que en el interior de un vehículo aminoran la marcha, paran o no pueden mirar fijarse si ante un accidente de tráfico hay heridos, muertos o sangre. Bloom no tiene reparo alguno en mover cadáveres para que el encuadre quede mejor, entrar en la escena del crimen, filmar en primer plano una vida agonizante, un cuello desangrándose; tampoco tiene inconveniente, ni remordimiento alguno, en deshacerse de competidores o provocar fatídicos sucesos con los que alimentar su cámara digital, y con ello a esa audiencia famélica que le espera.

Nightcrawler - Jake Gyllenhaal

( Filmax )

Nighcrawler es la mejor interpretación de Gyllenhaal hasta ahora,  y la más desasosegante desde Donnie Darko. También el mejor largometraje del veterano Dan Gilroy, aunque esto sea lógico porque a pesar de sus 55 tacos Dan es un debutante tras las cámaras, no detrás de ellas como guionista donde había participado en los guiones de la extraordinaria The Fall. El sueño de Alejandría o El legado de Bourne. Es hermano de Tony Gilroy (director de El legado de Bourne o Michael Clayton), y esposo de Rene Russo, la maravillosa Rene Russo, estupenda aunque esté a punto de cumplir los 60 y aquí interpretando a Nina Romina, la directora de los informativos de un canal de televisión en horas bajas que hallará en Lou Bloom su aliado idóneo y alguien “inspirador”.

El personaje de Nina Romina también sabe lo que el público desea ver. La sangre es  portada, y las imágenes que ofrece no son sangrientas sino “gráficas”. Para ella la imagen es la de una mujer gritando por la calle con la garganta rajada; y los límites de los informativos y el periodismo no son los éticos o morales (tonterías para ella), mucho menos la calidad, sino los puramente legales. Y ya está.

Hay otro protagonista en Nightcrawler, omnipresente, y es la ciudad de Los Angeles, esencialmente de noche. El encargado de retratar sus malas calles, sus carreteras perdidas y mansiones asaltadas entre tiroteos es el director de fotografía Robert Elswit, también estuvo en El legado de Bourne. Utilizó una cámara digital ARRI Alexa para rodar de noche potenciando ese aspecto nocturno de Los Angeles con saturación de colores vivos verdes, naranjas o rojos en una historia y una iluminación a la altura de Collateral de Michael Mann, o Drive de Nicolas Winding Refn.

La crítica al periodismo sensacionalista es la misma que el gran Billy Wilder ya nos ofreció en El Gran carnaval (Ace in the Hole, 1951); sólo ha cambiado que ahora hay más: más medios, más tecnología, más público. Network, un mundo implacable (1976) también fue ilustre precursora en su alegato, con una Faye Dunaway en un personaje no muy lejano al que interpreta Rene Russo o un Peter Finch, presentador de telenoticias y predicador catódico, dispuesto a inmolarse ante las cámaras para satisfacer al respetable.

Y luego vino él. Lúgubre, psicótico, sociópata, entre el icónico Travis Bickle de Taxi Driver y el yuppie asesino Patrick Bateman (Christian Bale) de American Psycho. El lado oscuro del conductor de ambulancias neoyorquino Frank Pierce (Nicolas Cage) de Al límite (Bringing Out the Dead), de nuevo de Scorsese. Este es Lou Bloom, un artista de lo macabro y real. Llega con su funesta estampa y todos podemos reflejarnos en el espejo que nos acerca. Lou Bloom es un buitre carroñero que sale por la noche en busca de sangre, abasteciéndose de las desgracias ajenas, pero para alimentar a una fiera hambrienta, insaciable. Una fiera denominada audiencia. Y Nightcrawler es otra de las películas indispensables del momento.

 

1 comentario

  1. Dice ser Clarisa

    Buena crítica. Con la trayectoria de Gyllenhaal, no defraudará. El ya carroñero y nauseabundo tema del sensacionalismo, pero que igual nos lo tragaremos, como el espectáculo cotidiano de cualquier medio.

    03 febrero 2015 | 16:51

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