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¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

Un ‘Feliz año nuevo’ prohibido


“Vi en la televisión que los comercios buenos estaban vendiendo como locos ropas caras para que las madamas vistan en el reveillon. Vi también que las casas de artículos finos para comer y beber habían vendido todas las existencias”.

Así comienza Feliz año nuevo, uno de los relatos más conocidos del brasileño Rubem Fonseca.

Feliz año nuevo se publicó en 1975, en un volumen al que daba título y que incluía otros ocho relatos.

El libro estuvo prohibido durante largos años. El ministro de Justicia en persona, Armando Falcâo, ordenó a la Policía que lo retirara de todo el territorio del Brasil. “Leí muy poco, tal vez unas seis palabras, y eso bastó”, dijo el ministro al explicar su decisión. “Suspender Feliz año nuevo fue poco. Quien escribió aquello debería estar en la cárcel y quien le dio acogida también. No conseguí leer ni una página. Bastaron media docena de palabras. Es una cosa tan baja que el público ni siquiera debería conocerlo”, agregó el senador Dinarte Martiz.

¿Qué había en ese libro (como en tantos otros de Fonseca) para que se escandalizaran así esos próceres? Un retrato brutal de nuestro tiempo, de la violencia urbana, de las sentinas del poder, de la corrupción, de la mierda de los ricos y de la mierda de los pobres. Era un espejo donde gente como Falcâo o Martiz apenas podían mirarse durante media docena de palabras.

(…) “Robamos un Opala. Seguimos hacia San Conrado. Pasamos varias casas que no nos interesaron, o estaban muy cerca de la calle o tenían demasiada gente. Hasta que encontramos el lugar perfecto. Tenía a la entrada un jardín grande y la casa estaba al fondo, aislada. Oímos barullo de música de carnaval, pero pocas voces cantando. Nos pusimos las medias en la cara. Corté con la tijera los agujeros de los ojos. Entramos por la puerta principal.

Estaban bebiendo y bailando en el salón cuando nos vieron.

Es un asalto, grité bien alto, para ahogar el sonido del tocadiscos. Si se están quietos nadie saldrá lastimado” (…).

Fonseca es uno de mis narradores preferidos. Me encontré hace muchos años su primera novela, El caso Morel, en la madrileña Cuesta de Moyano. Me sugestionó tanto que he leído todo lo que ha caído en mis manos: las novelas Agosto, Bufo & Spallanzani y Vastas emociones y pensamientos imperfectos, los volúmenes de cuentos El cobrador, Feliz Año Nuevo, el reciente Secreciones, excreciones y desatinos…

(…) Pereba bajó la escalera solo.

¿Dónde están las mujeres?, dije.

Se encabritaron y tuve que poner orden.

Subí. La gordita estaba en la cama, las ropas rasgadas, la lengua fuera. Muertecita. ¿Para qué se hizo la remolona y no lo dio enseguida? Pereba estaba necesitado. Además de jodida, mal pagada. Limpié las joyas. La vieja estaba en el pasillo, caída en el suelo. También había estirado la pata. Toda peinada, con aquel pelazo armado, teñido de rubio, ropa nueva, rostro arrugado, esperando el nuevo año, pero estaba más para allá que para acá. Creo que murió del susto. Arranqué los collares, broches y anillos. Tenía un anillo que no salía. Con asco, mojé con saliva el dedo de la vieja, pero incluso así no salía. Me encabroné y le di una dentellada, arrancándole el dedo. Metí todo dentro de un almohadón. El cuarto de la gordita tenía las paredes forradas de cuero. La bañera era un agujero cuadrado, grande de mármol blanco, encajado en el suelo. La pared toda de espejos. Todo perfumado. Volví al cuarto, empujé a la gordita para el suelo, coloqué la colcha de satén de la cama con cuidado, quedó lisa, brillando. Me bajé el pantalón y cagué sobre la colcha. Fue un alivio, muy justo”. (…)

Hace unas semanas encontré un volumen recopilatorio publicado por Alfaguara en 1998, Rubem Fonseca. Los mejores relatos, y he visto algunos que no conocía y releído otros. Como Feliz año nuevo, que acaba así:

“Coloqué las herramientas en el paquete, las joyas y el dinero en la bolsa y lo llevé al departamento de la vieja negra.

Doña Cadinha, dije, mostrando la bolsa, esto quema.

Pueden dejarlo, hijos míos. Los del orden no vienen aquí.

Subimos. Coloqué las botellas y la comida sobre una toalla en el suelo. Sequinha quiso beber y no lo dejé. Vamos a esperar a Pereba.

Cuando el Pereba llegó, llené los vasos y dije, que el próximo año sea mejor. Feliz año nuevo.

Feliz año nuevo.

2 comentarios

  1. Dice ser Cambio de planes

    Gracias por la recomendación.Feliz año nuevo!

    31 diciembre 2005 | 15:10

  2. Dice ser Xeix

    Feliz Año nuevo Arsenio!

    31 diciembre 2005 | 21:05

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