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¿Qué fue de? ¿Qué fue de?

"Si eres una estrella del deporte, eres una estrella del deporte. Si no lo consigues, te conviertes en entrenador. Si no eres capaz de entrenar, puedes ser periodista". Desmond Lynam, comentarista deportivo.

Quién fue… Joe DiMaggio

Como sabéis, soy un gran amante de los mitos deportivos de Estados Unidos. Es un país con una historia joven, pero en lo concerniente al deporte, muy extensa. El llamado ’pasatiempo favorito de América’, el béisbol, es un auténtico semillero de grandes historias y grandes nombres. El de hoy es nombre muy famoso, del que segurísimo habréis oído hablar. Pero ello no quita para que no merezca salir en el blog. Su historia merece ser contada y recordada. Es el mítico Joe DiMaggio.

Martinez, California, 25 de noviembre de 1915. El matrimonio de italianos formado por Giuseppe di Maggio y Rosalia Mercurio tienen a su octavo hijo, al que llaman Joseph Paul (en honor al padre y al santo favorito de éste, San Pablo). Giuseppe era pescador. Había llegado a California desde su Sicilia natal de la mano de su suegro, también pescador, que llevaba ya unos años en el país de las oportunidades. Cuando el pequeño Joe tanía un año de edad, la familia Di Maggio se trasladó a North Beach, un barrio de San Francisco poblado masivamente por italianos. La familia Di Maggio se había dedicado durante generaciones a la pesca, y el viejo Giuseppe quería que así siguiera siendo. Pero Joe no sabía como escaquearse. El olor a pescado de la barca de su padre le provocaba náuseas, lo que provocó no pocos disgustos al patriarca, que lo acusaba de vago y decía que “no era bueno en nada”.

Precisamente su poco gusto por el oficio familiar fue lo que llevó a Joe a fijarse en el béisbol, deporte que ya practicaba su hermano mayor Vince y que luego atraería a un hermano menor, Dominic. Es curioso ver cómo un deporte como el béisbol consiguió enamorar a tantos y tantos emigrantes italianos… Pero a lo que iba. En 1932 se enroló en los San Francisco Seals, un equipo semiprofesional en el que empezó a demostrar sus habilidades con el bate. En 1934, una mala caída casi le retira del deporte, pues se lastimó los ligamentos. A pesar de ello, un ojeador de los ya poderosos Yankees de Nueva York llamado Bill Essick consiguió que el club le diera una oportunidad y, tras una comprobación del estado de su rodilla, lo ficharon, pagando 25.000 dólares y cinco jugadores a los Seals, si bien DiMaggio debía pasar una temporada más en California antes de cruzar el país de oeste a este.

Así, el 3 de mayo de 1936, Joe DiMaggio debutó como profesional con los Yankees. Además, lo hacía bateando justo antes de una de las grandes estrellas del béisbol de la época, Lou Gehrig, al que una enfermedad neurológica se llevó del mundo con sólo 37 años. Los Yankees llevaban cuatro años sin ganar el título. Justo tras la llegada del californiano, ganaron cuatro seguidos (es el único atleta estadounidense en lograr esto: cuatro títulos seguidos empezando desde el año de su debut). En total, y en los siguientes 13 años, los Yankees ganaron la Series Mundiales 9 veces. Como podréis imaginar, DiMaggio se convirtió pronto en una de las estrellas del equipo. El comentarista Arch McDonald lo bautizó como ’Yankee Clipper’ (por su agilidad -el clíper o clipper es un tipo de velero muy rápido-).

En 1942, y como buen americano, Joe DiMaggio ingresó en el Ejército. Durante los tres años que estuvo sirviendo a su país no entró en combate (en la Segunda Guerra Mundial, por si andáis despistados), pero sí estuvo destinado en California y Hawai, dedicándose, sobre todo, a jugar al béisbol (formaba parte de la formación física de las tropas). Tras licenciarse a finales del 45, en la primavera del 46 se reincorporó a la disciplina de los Yankees, donde estuvo hasta 1951, año en el que se retiró.

Pero la figura de DiMaggio trascendió más allá del deporte. En primer lugar, porque se le considera la última gran estrella de la radio en Estados Unidos. Tened en cuenta de que DiMaggio no llegó a aparecer en la televisión y su figura fue más seguida por las ondas hertzianas. Pero si por algo es o fue famoso Joe DiMaggio es por una mujer, una de los más icónicos de la historia del cine: Marilyn Monroe.

En 1937 Joe DiMaggio se había casado con Dorothy Arnold. En los cinco años que duró el matrimonio tuvieron un hijo, que se llamó Joseph. Años más tarde, en 1952, conoció en una cena a Marilyn. Tras dos años de cortejo, ampliamente seguidos por los medios, DiMaggio y Monroe se casaron el 14 de enero de 1954, un evento catalogado como ’La boda del siglo’. Según los que los conocían bien, el bateador quería sentar la cabeza y la actriz quería detener la línea descendente que había emprendido su carrera. Pero ambos tenían fuertes carácteres y el matrimonio no llegó al año de duración.

A pesar de la brevedad de su matrimonio, la Monroe y DiMaggio siguieron siendo grandes amigos. Tal es así que cuando la tentación rubia falleció en 1962, fue DiMaggio quien se hizo cargo del cuerpo y organizó el funeral, asegurándose de que la carnaza de Hollywood no molestara el último adiós de su ex mujer. Y durante 20 años seguidos, Joe DiMaggio envió una docena de rosas rojas, tres veces por semana, a la tumba del que siempre fue su gran amor. Joe DiMaggio nunca se volvió a casar y jamás hizo ningún tipo de declaración pública sobre su relación con la actriz angelina.

Tras su retirada, DiMaggio se convirtió en la imagen de un banco y de una cadena de cafeterías. Además, creó un hospital para niños a través de una fundación con su nombre en Florida, donde vivió tras su retiro.

Pero el 8 de marzo de 1999, en un Hollywood, pero el que hay en Florida, un cáncer de pulmón (siempre fue un fumador empedernido) acabó con la vida de todo un mito del béisbol. Durante todo ese año, los Yankees llevaron un 5 bordado en las mangas de los uniformes (era el dorsal de DiMaggio, que fue retirado por los Yankees sólo un año después de retirarse). Hay un monumento en su honor en Nueva York que reza “Una leyenda del béisbol y un icono americano”. En su lápida, situada en el cementerio de la Santa Cruz de Colma, California, se puede leer “La dignidad, la gracia y la elegancia personificada”, unas palabras elegidas por su hermano menor, Dominic, que resumen el carácter de uno de los grandes héroes del deporte de los Estados Unidos durante el siglo XX.

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