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Abuso sexual infantil: respuestas de afecto

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

El abuso sexual infantil se produce cuando una persona, aprovechándose de una situación de cierto poder jerárquico donde se da una asimetría entre las partes, coacciona de una forma explícita o implícita a un menor para satisfacer sus deseos sexuales. Lo pueden cometer otros niños o adolescentes, pero suelen ser hombres adultos los que más abusan de menores, lo que anula cualquier idea de que sea una relación libremente consentida, como son las de los adultos.

Imagen original de Sergio Perea.

Las víctimas de abuso sexual se sienten abandonadas y aisladas a su suerte. Imagen original de Sergio Perea.

Las estadísticas son llamativas y alarmantes. Según la OMS estamos hablando de que un 20% de las mujeres y casi un 10% de los hombres que manifiestan haber sufrido abuso sexual en la infancia; esa cifra según muchas organizaciones las elevan en el caso de las mujeres a un 25%- 27%, lo que supone que de cuatro mujeres hay una que ha sufrido abuso sexual.

En las noticias uno puede escuchar que una menor fue violada en la India por un grupo de hombres, que un grupo de niñas fueron abusadas por adultos en Méjico… No hay que irse lejos, el abuso sexual infantil está aquí, en nuestros barrios, calles y casas. Me voy a centrar en el abuso sexual a las niñas, por ser las principales víctimas, pero las secuelas negativas, el daño y el trauma en niñas y niños son equitativos.

El abuso se refiere a conductas más o menos explícitas relacionadas con la sexualidad; cuanto más violentas y explícitas más daño suponen para la niña que lo sufre. Hay en países donde el maltrato infantil está más generalizado, y por tanto el abuso sexual infantil aparece con más frecuencia. Además existen por desgracia lugares donde se legitima la prostitución infantil, y hay niñas de menos de once años siendo abusadas por adultos de forma constante, pero eso no significa que sólo ocurra ahí, o que por ser más frecuente sea menos perjudicial en la construcción de la identidad de estas menores.

Una cosa que sucede en un abuso es que el adulto frecuentemente manipula a la niña para darle atención, regalos, afecto, a cambio de un intercambio sexual más o menos explícito. La menor, lógicamente, no es consciente de lo que significa el sexo adulto, pero el abusador le da mensajes contradictorios, lo que genera un enorme desconcierto, niega sus sentimientos y altera las percepciones de lo que está viviendo. Ella puede saber de juegos, diversión, de poderse sentir más o menos a gusto, pero cuando el adulto abre la puerta sexual se produce una gran confusión. ¿Para que me quieran, o recibir afecto y atención, necesito que me hagan, o hacer, esas cosas?, ¿Para sentirme importante o valiosa para alguien tengo que hacer algo que no me gusta? La respuesta, el apego, y la base afectiva que pueda tener la niña por parte de su entorno es clave a la hora de poder distinguir lo que es el verdadero afecto de lo que es un hecho violento, desagradable y dañino siendo niña, y por tanto pedir ayuda. El abuso sexual a menudo se esconde en las familias, en las escuelas, en las relaciones de pareja fomentando que la víctima se sienta abandonada y aislada a su suerte.

Niñas y niños que no reciben atención y cuidado en casa y entorno cercano pueden verse envueltos en las utilizaciones y abusos sexuales de un adulto y no saber cómo pedir auxilio, o si lo que les están haciendo es algo bueno o malo.

En terapia he visto muchas mujeres que habían sufrido abuso sexual en la infancia y que a menudo no lo habían verbalizado a nadie, culpabilizándose ellas o sintiendo vergüenza por lo sucedido, como si ellas hubiesen sido las responsables, y su entorno pasó por alto e ignoró lo que sucedía. Me comentaba una mujer de veintidós años en psicoterapia que un primo suyo quince años mayor abusó de ella cuando tenía seis años en varias ocasiones. Se lo dijo a su madre, pero ésta no hizo nada al respecto y no volvió a sacar el tema. Cuando ya tenía veinte años, rabiosa y decepcionada, le preguntó a la madre por qué no había respondido, o había pedido ayuda, y ésta sorprendida y angustiada contestó que en su momento pensó que se le olvidaría.

El abuso sexual a menudo se esconde en las familias, en las escuelas, en las relaciones de pareja fomentando que la víctima se sienta abandonada y aislada a su suerte. Este tipo de violencia no se puede olvidar, pero sí digerir de una forma más o menos sana según el apoyo que se reciba. Lo ideal es que se dé una respuesta inmediata por parte del entorno cercano, si no, se arrastra como una gran losa que obstaculiza el avance en el desarrollo de la persona. No se puede esconder porque antes o después sale. El abuso sexual infantil no entiende de países, razas, economía o cultura, tengámoslo presente, saquémoslo a la luz sin vergüenza y miedo, y tratémoslo para que no se repita. De esta forma lo iremos erradicando.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

3 comentarios

  1. Dice ser Nataliya

    Hay que tener cuidado con los hombres, padres, tíos, abuelos, entrenadores, profesores….

    01 diciembre 2014 | 11:19

  2. Dice ser Miguel

    Y con las mujeres también, madres, tías, abuelas, entrenadoras, profesoras, cuidadoras…..

    01 diciembre 2014 | 12:38

  3. Dice ser Antonio Larrosa

    Los peores delincuentes son los pederastas.

    Clica

    01 diciembre 2014 | 16:19

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