Entradas etiquetadas como ‘alimentos no saludables’

Anuncios de comida-comida (la de verdad) en televisión

20 agosto 2014

Deja la comida basuraLa verdad es que esos anuncios a los que me refiero en el título son escasos, la mayor parte de lo que se ve en la parrilla publicitaria de nuestros televisores y que refiere a algo de comer suelen ser alimentos procesados, muchos de ellos de carácter eminentemente dulce, otros son los típicos snacks salados y los demás una amplia panoplia de alimentos también procesados (yogures de sabores imposibles, leches con súper ingredientes, refrescos a tutiplén, productos “sin” y productos “con”, etcétera) y quien dice en la TV dice también en cualquier otro soporte publicitario. Es decir, pocos son los productos que a día de hoy se anuncian y que nuestra abuela podría identificar en su tiempo y en su colmado de referencia. Así, entre estos tres grupos generales de alimentos se copa el prácticamente 100% de lo que se anuncia para comer. Te reto a que hagas la prueba. Un día coges te pones a mirar con detenimiento los anuncios y verás como todo aquello que se anuncia va a parar a uno de los tres grupos mencionados. Una pena.

Una pena porque como ya estarás intuyendo el perfil nutricional, en general, de cualquiera de esos alimentos es entre mediocre, siendo generosos, y lamentable, más en concreto cuando su uso está presente de forma importante en la alimentación de una persona y con su uso se juega a la mala práctica de la “compensación”… y con tanta publicidad no es de extrañar.

Entre tanta vorágine alimentario-inconveniente, de vez en cuando aparece un anuncio de comida de verdad: alguna carne en particular, alguna fruta… y poco más. Flor de un día que rápidamente caen en el olvido (si has tenido la rara casualidad de verla en algún momento) y que si quieres recuperar tienes que recurrir a youtube o recursos online por el estilo.

Como son pocos y la cosa me mosquea suelo hacer un censo (si los veo, porque si no es imposible) Para que te hagas idea ese censo es así de escueto en lo que llevamos de año: Cuatro. No digo no haya más, digo que al menos yo no he visto más que cuatro en lo que llevamos de año. Son estos: El de fresón de Palos, Plátano de Canarias (este he de reconocer que es un clásico y que es el que más se renueva), otro para la promoción de la carne de conejo y otro de la de cerdo. Aquí los tienes:

Bien, como habrás visto los dos primeros, los de las frutas, se centran en el producto en sí, bueno, en realidad el del fresón en una promoción que ofrece la posibilidad de ganar “tablets” con su consumo, y la del plátano en su genuinidad, sabor y demás. Sin embargo, los otros dos, los de las carnes ponen en el acento en los beneficios sobre la salud que tiene su consumo. Un poco en la línea que tienen otros productos alimenticios de la parrilla publicitaria, la de los procesados. Usan sus armas, en especial el de la carne de cerdo, en parte haciendo valer la moda del “nutricionismo” imperante (te lo conté en esta entrada). No me parece mal, tampoco lo mejor, pero no me parece mal.

Si de mí dependiera promovería la aparición de más de estos anuncios, los de comida de verdad, aunque para un resultado satisfactorio habría que cambiar muchas otras cosas: los hábitos de compra de los consumidores, su conciencia culinaria… y desde luego una mayor sensibilidad, de la verdad, no de la de “pegote”, por la salud.

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Nota: quiero agradecer a Darío Rubio (@drubis92) su aportación para este post

Imágenes: Stuart Miles vía freedigitalphotos.net

Historia de la Alimentación en dos minutos

18 agosto 2014

sartén dinero

Gastamos mucho en alimentación y desperdiciamos mucho de aquello en lo que invertimos. Ni que decir tiene que de todo ese gasto, los impuestos y otros gastos indirectos se llevan una buena mordida… no es estrictamente el alimento en sí el objeto de todo ese gasto.

Con frecuencia los problemas que el mundo de la alimentación ha trasladado a nuestro entorno los atomizamos de forma que nos es imposible obtener una perspectiva más general de la situación, una especie de aquello de que el árbol no nos deja ver el bosque, y de tiempo en tiempo conviene tomar cierta perspectiva. Afortunadamente hay quien de vez en cuando se encarga de resumirlo y ofrecer una visión sintetizada de la situación y sus porqués. Y de ahí este vídeo que hoy os traigo.

Cierto es que a estas alturas su contenido no descubre nada nuevo pero es interesante la forma resumida que tiene de exponer las causas de la actual situación sin demasiadas estridencias, al menos yo no se las encuentro. Si acaso algunas carencias, eso sí, en especial alguna referencia a en teoría lo mal que estamos y lo mucho que al menos en apariencia nos preocupamos por estas cuestiones del comer y su relación con la salud… me refiero a la importante cantidad de sistemas dietéticos adelgazantes, curativos… que a día de hoy, como bien sabes a poco que sigas este blog, son legión y a los que no se hace ninguna referencia en el vídeo.

Aquí tienes, dos minutos y poco sobre el origen y circunstancias de lo que nos ha hecho llegar hasta aquí

En relación con los contenidos de esta entrada han aparecido estos otros artículos que igual te interesa consultar:

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Nota: quiero agradecer a Spoony Toons (@SpoonyToons) el hacerme llegar este recurso así como las buenas conversaciones compartidas en Twitter

Imágenes:  Boaz Yiftach vía freedigitalphotos.net

Distribución de carne en mal estado en China y la “Fast Food Nation”

28 julio 2014

Fast food nationSupongo que la noticia de la semana pasada en China a colación de la comercialización de carne podrida no te habrá dejado indiferente. De hecho nuestra susceptibilidad por estos temas ha subido bastantes enteros en los últimos tiempos y como tal supone una tendencia que va a seguir en alza tal y como señalé hace poco en este post (me refiero a la creciente preocupación, no al fraude, esperemos). Quizá no sea tanto que nuestra sensibilidad haya aumentado sino que en la actualidad la facilidad en la comunicación, en la llamada era de la información, nos hace llegar hasta nuestros oídos con mucha más celeridad y precisión este tipo de noticias alarmantes. La cuestión es que el hecho en sí es preocupante con independencia de quién se entere. Antes solo se alarmaban unos pocos y ahora se alarman muchos dado el impacto de los hechos en sí y lo vulnerables que nos hacen sentir cuando conocemos incidentes de este estilo. No es para menos, estamos hablando de lo que comemos y del resultado que sabemos bien puede tener sobre nuestra salud.

Por si acaso no te enteraste te lo resumo: hace unos pocos días un medio de comunicación de este país denunció publicamente de que la compañía alimentaria Husi de Shanghái procesaba y distribuía a sus clientes carne en mal estado, un importante problema agravado por una actividad fraudulenta en toda regla cuando se conoció que además se alteraban (en beneficio de esta empresa) las fechas de caducidad. Es decir, no se trata de un “error” en el procesado, de un incidente… no, se trata de mala baba en toda regla. Merece la pena destacar que no es solo una cuestión de “chinos” ya que la tal compañía Husi es a la vez una filial del grupo OSI de Estados Unidos.

El escándalo subió unos cuantos enteros cuando se supo que este productor/distribuidor proveía de carne y materias primas a grandes multinacionales de la conocida como fast food o cadenas de comida rápida, léase, McDonalds, KFC, Pizza Hut.

De este lamentable hecho yo sacaría dos lecturas. En primer lugar, ser conscientes que, de nuevo, son este tipo de cadenas de “restaurantes” y ese tipo de productos en donde se termina por materializar ese eslabón, el último, en el que el consumidor acaba por tomar contacto con esos alimentos corrompidos. Ya no estamos hablando de la mayor o menor idoneidad nutricional en el uso de este tipo de “restaurantes” y productos procesados, suponiendo que las materias primas estuvieran en un estado higiénico aceptable… es que además, no lo están; y el punto de distribución, de tu bandeja a tu boca, vuelve a ser ese tipo de productos y ese tipo de “restaurantes” que los distribuyen al comensal. Esto a su vez merece dos reflexiones: ¿acaso estas multinacionales de la comida rápida no tienen sus propios controles de calidad? Se supone que en este tipo de establecimientos se ha de hacer un control sanitario de las materias primas recibidas y, o bien se lo saltan a la torera, o bien los realizan y se saltan a la torera sus resultados. Y además, vuelve a poner de manifiesto que es precisamente en los productos más procesados (tal y como te comenté en esta y en esta otra entrada) en donde al consumidor se le pueden meter más goles. Parece que este tipo de productos (ya los adquieras en las típicas bandejas de tu supermercado o bien en este tipo de “restaurantes”) tienen todos los números para convertirse en una especie de vertedero de los alimentos de origen animal.

Tras la polémica, ya te lo puedes imaginar, las grandes cadenas implicadas han salido a la palestra pública para decir a voz en grito que ya han retirado de la venta aquellos productos procedentes de la factoría en la que ha saltado el escándalo. Ya podemos dormir tranquilos.

La segunda de las lecturas que vienen a mi cabeza es que este tipo de polémicas no son precisamente nuevas en este tipo de industria. Para nada. La actualidad trajo a mi memoria la (profética en este caso) película Fast Food Nation (“El país de la comida rápida”) de 2006 dirigida por Richard Linklater y basada en el libro homónimo de Eric Schlosser. En ella se entrelazan varias tramas, varias denuncias sociales para ser más concreto, pero el hilo conductor parte del encargo que recibe un directivo de una de estas cadenas de comida rápida (una hamburguesería) para desentrañar el problema que ha supuesto el encontrar en unos análisis una carga de E. coli, muy por encima de la permitida en el buque insignia de sus hamburguesas, la Big One. Lo que hay que descubrir en la película es el origen de esa mierda (tal cual, porque de eso se trata, se expresa uno de los dirigentes de la multinacional) en esas hamburguesas. Todo ello aderezado en la película con una importante denuncia social enmarcada en la inmigración ilegal, las precarias condiciones laborales de estas personas, el uso de drogas, etcétera. Todo un poema, tristemente real, a tenor de las habituales circunstancias. Este es su trailer.

El caso es que al final no he podido por menos que acordarme del fragmento de la peli en el que aparece Bruce Willis (Harry Rydell en la película) encarnando a un socarrón (por no decir cabronazo) intermediario entre la carne de los mataderos y de salas de despiece, y las multinacionales que finalmente comercializan ésa carne de dudosa salubridad. El muy cabronazo, ahora sí, mientras disfruta a dos carrillos de una espléndida Big One, con todo el carisma que un actor yanqui de pro lo puede hacer cerveza en ristre, le comenta al directivo encargado de encontrar el origen de la contaminación fecal (lo siento por el enlace en italiano, no lo he encontrado ni doblado ni en versión original):

Con sinceridad [aun suponiendo que efectivamente la carne esté contaminada] no sé dónde puede estar el problema. Se supone que la carne ha de ser cocinada… ¿no? Pues cocínala y asunto arreglado. [Además] No vamos a acabar a con la industria automovilística de Detroit porque cada año mueran más de 40.000 personas en accidentes de coche, ¿no? Así que, [no te des demasiado mal], todo el mundo tiene que comer un poco de mierda de vez en cuando.

Te lo traduzco… ¿que tu hamburguesa congelada (antes de cocinarse) contiene además de carne, caca de vaca? ¿Que tu hamburguesa congelada (antes de cocinarse) se cae al suelo y juegan al hockey con ella? No te preocupes, ésta habrá de pasar por la “higienizante” acción de la parrilla o del horno o de cualquier otra fuente de calor y asunto resuelto. Otra cosa será el día que este tipo de establecimientos se dediquen a hacer promociones de steak tartar… ahí la cosa cambiaría de forma importante. Ahora que caigo… no me importaría ver “disfrutar” a uno de los directivos de estas multinacionales delante de una cámara de esta sabrosa especialidad preparada con la carne de sus hamburguesas (tomada al azar, claro).

A mí de momento, y como ya vengo haciendo, no me pillarán en uno de estos “restaurantes”, ni comprando este tipo de productos en el supermercado salvo por causa de fuerza mayor. No me gusta demasiado la idea de no saber qué estoy comiendo y menos cuando una de las alternativas es tan escatológica. Ya sea cruda o a la plancha. Yo lo llamo principio de precaución.

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Barbacoas y cáncer: ¿cuánto hay de cierto?

22 julio 2014

Barbacoa

El verano es uno de los momentos del año en el que más barbacoas y alimentos preparados a la brasa se suelen hacer. No obstante sobre esta particular forma de preparar los alimentos descansa una metafórica espada de Damocles al respecto del riesgo que tiene su consumo en relación con el aumento del cáncer. Los elementos que principalmente se encuentran detrás de esta posible relación tienen nombre y apellidos y se llaman: aminas heterocíclicas e hidrocarburos aromáticos policíclicos.

¿Qué son las aminas heterocíclicas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos?

Se trata de dos familias de compuestos químicos que se forman con especial facilidad cuando se exponen las proteínas de no importa qué alimento, aunque lo más probable es la de aquellos típicamente proteicos (carnes y pescados de cualquier tipo) a altas temperaturas, en especial por tanto cuando se cocina a la plancha, a la brasa o directamente sobre la llama. Su formación depende por tanto de la forma de cocinar, del tipo de alimento que en cada momento empleamos, del tiempo y de la temperatura alcanzadas.

¿Por qué se dice que son cancerígenos?

En esencia porque en modelos animales su consumo se ha asociado a diversos efectos adversos para la salud, en concreto promoviendo daños en el material genético y por consiguiente aumentando el riesgo de desarrollar un cáncer. Tal es así que la mayor parte de colectivos sanitarios recomiendan disminuir en lo posible su exposición. No obstante, también parece más o menos claro que hay una cierta susceptibilidad interpersonal en la forma que estas sustancias pueden afectarnos que depende de diversas variantes genéticas (vuelta otra vez a la nutrigenética y nutrigenómica).

Sin embargo, a partir de los estudios poblacionales no se ha terminado por establecer una conexión definitiva entre la exposición a aminas heterocíclicas y a hidrocarburos aromáticos policíclicos presentes en los alimentos cocinados a la brasa y el cáncer en los seres humanos. De todas formas, otros estudios más detallados en los que se ha previsto la participación de diversos elementos confusores que pudieran alterar los resultados finales han encontrado que un consumo elevado de carnes asadas, fritas o a la barbacoa estaba asociado a un mayor riesgo de padecer distintos tipo de cáncer, más en concreto de colon, páncreas y próstata.

¿Cómo se puede prevenir la presencia de estas sustancias en los alimentos?

Según este interesante artículo reducir la formación de este tipo de sustancias se podría lograr:

  • Evitando exponer la carne directamente a la llama, la brasa o a una superficie caliente de metal, además de reduciendo el tiempo de los alimentos en esas circunstancias.
  • Dando vueltas a los alimentos de forma continua sobre la fuente de calor, en contraposición a dejar el alimento sobre dicha fuente de calor sin voltearla con frecuencia.
  • Eliminando antes de comer aquellas partes del alimento carbonizadas y ennegrecidas.
  • Adobando la carne con marinadas ricas en elementos antioxidantes tales como hierbas aromáticas, especias y algunas bebidas fermentadas (vino y cerveza de forma típica). Algunas investigaciones apuntan a que este tipo de recursos culinarios reducirían la formación de estas sustancias.

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Imagen: tiverylucky vía freedigitalphotos.net

“Refrescos” gratis, y no agua: la última (y lamentable) moda importada de los USA

16 julio 2014

BurgerKing_Rellena gratis 4Sí, lo reconozco lo de “la última” no es para tanto, hay establecimientos que ya llevan un tiempo promocionando este tipo de ofertas, pero lo cierto es que la implantación de este tipo de promociones está cogiendo cada vez más fuerza. Me refiero ya no solo a lo de “refrescos” gratis, sino también al “come todo lo que quieras/puedas por un módico precio” o lo que habitualmente se entiende por buffet o “barra libre” de lo que sea.

Antes de seguir aclararé que por “refrescos” y entre comillas me refiero a esa clase de bebidas que popularmente reciben tal clasificación, pero que de “refrescos”, como tal, nada de nada, por fríos que estos estén, tal y como señalaba el otros día Julio Basulto (@JulioBasulto_DN) en est post… así pues, hablemos de bebidas azucaradas o edulcoradas, y no de “refrescos”.

Bien, sea como fuere, la última campaña de Burger King haciendo promoción de esta oferta está pegando fuerte, ha invertido no poca publicidad en ella y por eso merece una especial atención. Pero no es la única, por ejemplo, el otro día cuando mostré mi indignación sorpresa al hacerme eco de ella en las redes sociales no faltaron (de hecho fueron bastantes) los que me pusieron al corriente de otros establecimientos en los que este tipo de prácticas estaban ya en funcionamiento. Así, a bote pronto y sin hacer una exhaustiva búsqueda en el mercado, me informaron de que Foster’s Hollywood, Domino’s pizza e IKEA (en su web no he encontrado esta promoción pero es una oferta existente según me han confirmado en atención al cliente) también la han llevado a la práctica (actualmente, la mayoría de ellos, o en algún momento reciente otros).

Siendo así, Gemma Tendero (@gemmatendero_dn) tuvo la brillante idea de preguntarse si esta promoción del tipo “rellena tu vaso gratis” traducida nutricionalmente como “suma todas las calorías que quieras que nosotros no te las cobramosse hacía también extensiva al agua. Así pues, me pareció buena idea empezar con una rueda de consultas en las que se trasladaba esta duda a todos aquellos “restaurantes” que ofrecían esta promoción.

Y empecé por Burger King. Lo hice así por la aparente facilidad para contactar con la multinacional a partir del correo electrónico. Bueno, por eso y porque son los que más “ruido” están haciendo ahora mismo y porque son de los que más visibilidad pública tienen como “restaurante”.

Aquí tienes el correo que les dirigí (disculpas por la calidad, pero creo que da para entenderse).

BurgerKing_Rellena gratis 2

Y va y resulta que no han contestado… y no será porque no lo recibieran, ya que a escasos minutos de mi envío recibí este acuse de recibo. Han pasado 4 días laborables y nada de nada. Al final he de dar la razón a mis amigos Guillermo (@waltzing_piglet) y Rosa (@bioamara): estos no han contestado.

BurgerKing_Rellena gratis 3

Además, también han hecho oídos sordos a través de otros canales ya que tras mi consulta vía correo electrónico les mencioné en Twitter haciéndoles partícipes (de nuevo) de mi consulta.

En lo que respecta a Foster’s Hollywood mis pesquisas han dado peor resultado si cabe. En parte por la escasa nula efectividad de los recursos que esta multinacional pone a disposición de los consumidores para trasladarle dudas o preguntas: no hay correo electrónico y sí únicamente una servicio pantomima de atención telefónica. Al final, vía Twitter esta empresa contestó que:

Está incluido el refill de refrescos pagando solo el primero. Es válida para refrescos de máquina. No es válida para vaso de agua, jarras de sangría, tinto de verano, botellas de vino, combinados o licores y café.

Tras intentar continuar la conversación de porqué esta política con excluir el agua en la promoción, de si están al tanto de los aspectos negativos de las “calorías vacías” y demás… prefirieron seguir la adecuada política de Burger King: no responder.

Por su parte, mis indagaciones con IKEA fueron una delicia, tanto en las formas como en el contenido de sus respuestas. En este sentido he de decir que jamás fui atendido con tanta amabilidad y eficacia en un servicio telefónico de atención al consumidor como lo fui por el de IKEA. En resumen, les trasladé de palabra las mismas preguntas que se reflejaban en mi escrito a Burger King. Como la respuesta a la primera pregunta fue afirmativa: sí que se puede rellenar el vaso de agua con agua (con o sin hielo) tantas veces se quiera en sus servicios de restauración las demás preguntas carecían, hasta cierto punto, de valor. Sigo sin estar de acuerdo con eso de “suma todas las calorías que quieras que nosotros no te las cobramos” pero al menos, además de esa opción está la de no sumar, hidratarte y que no te lo cobren.

El tema en cuestión

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando oímos de las malas prácticas y circunstancias (las del mercado, entorno…) que se llevan a cabo en los Estados Unidos como paradigma de país desarrollado con unas tasas de sobrepeso y obesidad desorbitadas. Sin embargo, adoptamos esas mismas circunstancias con entusiasmo a la menor oportunidad. Mientras, nuestras autoridades sanitarias no realizan el menor gesto para regular este tipo de prácticas nada beneficiosas.

No sé (bueno, en realidad sí que lo sé) hasta qué punto lo del “come y bebe por poco dinero hasta que revientes te hartes” es una medida plausible desde el punto vista de las cifras de venta de estos establecimientos; pero de lo que no me cabe la menor duda es que mientras esa especie de buffet libre solo se haga extensiva a los productos menos recomendables, las políticas de estas multinacionales quedan al descubierto. En cualquier caso también he de decir que cualquier propuesta tendente a hacer consumos “XL”, sea con los productos que sea, me parece desacertada. Al menos en nuestro entorno, invitar a comer más de la cuenta no es precisamente ni beneficioso ni necesario. Si acaso más al contrario. Es una cuestión de Salud Pública y este tipo de empresas con este tipo de promociones han decidido mirar hacia otro lado y cubrir “otras” demandas y necesidades de los consumidores.

De todas formas, ¿tanto les costaría poner el agua dentro de este tipo de promociones? No creo que sea una cuestión de logística… tampoco de precio (salvo que el agua sea más cara que los dichosos “refrescos”). Tiene que haber algo más y no nos lo cuentan.

A cada día que pasa queda más claro que nuestro entorno promueve cada vez con más ahínco circunstancias incompatibles con un patrón de vida saludable; así, muchas empresas se empeñan en reforzarlas; y las autoridades sanitarias miran también para otro lado o llevan a la práctica campañas que solo sirven para cubrir el expediente y poder decir que ellos ya ponen de su parte. Sin embargo, hacer eso y nada, es lo mismo. Y mira que sería sencillo.

Para terminar y en especial para esa clase de empresas y sus agencias de comunicación les dejo esta saga de post al respecto del consumo de “refrescos” que aportan un mensaje para nada refrescante. En resumen: con sus promociones están haciendo un flaco servicio a los intereses de Salud Pública de los consumidores de nuestro entorno (y por lo que se ve, les da igual)

¿Sabes de qué está hecho tu kebab?

06 mayo 2014

MINOLTA DIGITAL CAMERAEn el Reino Unido andan un tanto revolucionados con eso de no terminar por saber qué llevan exactamente algunos productos alimenticios que son especialmente procesados. Hace ya un tiempo saltó la polémica con el tema de la presencia de carne de caballo en hamburguesas preparadas y otros alimentos procesados. Una cuestión que terminó afectando a diversos países incluido el nuestro, también con no poco revuelo mediático (es lo que tienen estas cosas de la seguridad alimentaria y de la trazabilidad)

Pues bien, ahora la polémica la ha suscitado un producto que al menos en su planteamiento industrial me parece francamente deleznable: el kebab. Yo ya lo tenía bastante claro, como con cualquier otro producto alimenticio industrial y muy procesado con ingredientes difícilmente identificables, pero ahora ellos han hecho sus análisis y resulta que una buena parte de los kebab que se sirven a domicilio en las áreas metropolitanas de Londres y Birmingham no están elaborados con el tipo de carne que se supone debieran estar hechos o que, además, incluyen otros tipo de carne no declaradas. Los datos hablan por si solos.

En un control realizado por la Agencia Británica de Seguridad Alimentaria (FSA) se constató que de 145 muestras de kebab supuestamente de cordero para distribuir “a domicilio”, 43 contenían otras carnes que no era la de cordero y que, es más, en 25 de ellos el cordero no aparecía por ninguna parte. Es decir, estaban manufacturados con otras carnes distintas de la de cordero. Las principales, carne de ganado vacuno, aunque también de pollo y pavo. Si bien la especialidad culinaria conocida como kebab se puede elaborar con carnes de distinto origen, el cordero es la más habitual. En cualquier caso en la denominación de los productos analizados quedaba claro que lo que se suponía que se estaba poniendo a la venta eran concretos kebabs elaborados únicamente con ese ingrediente bovino.

Este análisis echa más leña a aquel fuego encendido por la asociación de consumidores británicos Which que en su día dio a conocer un análisis en el que se ponía de relieve que hay una importante cantidad de platos preparados que se supone están elaborados con cordero y que sin embargo contiene muchas otras carnes de distinto origen (cerdo y pollo en este caso como las más frecuentes) llegando al punto de no haber podido identificar el origen de 5 de estas carnes dejando en el aire inquietantes dudas con respecto a su procedencia.

Volviendo al control de la FSA, resulta cuando menos chocante que esta agencia se haya apresurado a anunciar que entre las carnes con la que se adulteraban estos productos no estaba el caballo, síntoma inequívoco de la británica idiosincrasia y de los tabús que implican el consumo de este tipo de carne en esta población. No sé, antes que desmentir si había o no caballo, yo me preocuparía de si entre esas carnes utilizadas no figuraba la de rata… por ejemplo. Una cuestión que, tal cual, se le formuló el otro día al vice primer ministro británico, Nick Clegg, tras conocerse este nuevo escándalo alimentario.

El asunto tiene más implicaciones además de las estrictamente higiénicas. Entre ellas, pasando insisto por encima de la principal (la de la seguridad e higiene) la más importante cara a los consumidores hace referencia a consumo de determinadas carnes “prohibidas” en base a diversas religiones. Es preciso reconocer que una buena parte de los consumidores típicos de este tipo de especialidades (kebabs, currys…) suelen ser musulmanes, judíos o hindús, cuyos respectivos credos incluyen directrices concretas con respecto al consumo o no de carnes de diverso origen.

Volviendo al meollo del asunto, este caso vuelve a hacer bueno, más si cabe, la recomendación de  “comer comida” es decir, la de no comer cosas en las que el origen de los ingredientes es… cuando menos incierto. Y más cuando las posibilidades de cometer fraude en este tipo de productos son relativamente altas ya que su comisión va a ser difícilmente identificable por un consumidor medio.

No soy muy dado a poner este tipo de vídeos pero cuando los procedimientos para elaborar algunos de los “kebab” industriales (ahora entre comillas) son los que son… no sé de qué nos asustamos. Y es que aunque el origen sea el que debe de ser, te ruego que le eches un vistazo a este video sobre la elaboración de ciertos kebabs, a ver si te quedan ganas de comer muchos más.

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Imagen: Rainer Zenz vía Wikimedia Commons

Etiquetado nutricional para el olvido: Café mágico o cuando las partes suman más que el todo

14 abril 2014

Adelanto desde ya que es posible que un servidor esté equivocado, por lo tanto os ruego que os toméis esta entrada más como una consulta pública, para conocer vuestras opiniones y posibles soluciones, que como la constatación de un imposible que, en principio, es lo que a mí me parece (y su implícita falta de profesionalidad)

En principio el problema es fácil de entender, otra cosa es que tenga una explicación lógica. En todos, absolutamente todos, de los cafés comercializados a partir de la marca de distribuidor (café de barca “blanca”) de una conocida empresa de distribución de alimentos española aparece lo que para mí no es otra cosa que un sinsentido, un imposible: en su correspondiente tabla de “información nutricional” cuando se citan las kcal del producto y se enumeran las correspondientes cantidades de proteínas, hidratos de carbono, grasas y demás resulta que, al hacer el desglose de las grasas, la suma de las distintas fracciones (la cantidad de los distintos ácidos grasos que caracterizan esa cantidad de grasa total dada) es mayor que el propio total… y no por poco precisamente.

Café Hacendoso

 

Lo puedes ver en las fotos de dos presentaciones distintas del distribuidor, uno de café molido y otro de café en grano. Tomando como ejemplo el caso de la foto de la derecha, nos dice que del total de las grasas 0,16g contenidas en 100mL de bebida obtenida con ese café hay saturadas 0,77g; monoinsaturadas 0,20g; y polinsaturadas 0,82g. Más o menos te viene a decir que:

0,16 = 0,77 + 0,20 + 0,82 (¿?)

No estando muy conforme con esta suma lo primero que hice fue contrastar si mi método de cuantificar (el normal) era el mismo que el que utilizaba este distribuidor en otros de sus productos de “marca blanca”. Para ello cogí un paquete de galletas del mismo distribuidor y contrasté su “tabla de información nutricional” y que hallé… pues lo que sigue:

 Galletas Hacendoso

Que en 100g de esas galletas dicha tabla declaraba que contenían 16,6g de grasas totales, de las cuales saturadas eran 8,3g; monoinsaturadas 6,7 y polinsaturadas 1,7

En el caso de las galletas sí que 16,6 = 8,3 + 6,7 + 1,7 (aprox)

Es decir lo normal, lo esperable.

Entonces es cuando llamé al servicio de atención al cliente del conocido distribuidor (que tiene fama de atender muy bien). En él una telefonista solícita tomó nota de mi duda y me respondió que en menos de una semana recibiría una llamada del mencionado servicio de atención al cliente. Como así fue. Me llamaron y una empleada, menos amable y más seca que la primera, me dio dos explicaciones… bueno en realidad dos excusas. La primera que según sus datos el etiquetado del café cumplía punto por punto la normativa (será la normativa pero no la lógica) y segundo que, en el caso de estar mal (cosa que en ningún caso admitió) la responsabilidad es de los laboratorios a los que mandan sus productos para obtener los correspondientes datos bromatológicos expresados en la tabla. Agradecido, que no convencido, le pedí si por favor me podría dar esa misma respuesta por escrito, para lo que le aporté mi correo electrónico. Me contestó “que haría lo posible”. Bien, pues no debe de haberle sido posible porque ya ha pasado un tiempo más que prudencial y el correo no ha llegado.

En fin, querido lector, si sabes o se te ocurre alguna explicación para justificar el diferente proceder a la hora de contabilizar las grasas en el café y en las galletas de este distribuidor, no me importaría nada que la compartieras en los comentarios. Gracias.

Antes de despedirme… en el caso del dato relativo a los hidratos de carbono a pesar de ser “lógico” no aporta ninguna información, más bien, la que aporta es absurda. En la misma etiqueta comentada afirma que 100mL de su café aportan 1,81g de hidratos de carbono y que de ellos son azúcares menos de 2,5g… nos ha fastidiado.

Nota: Esta inexplicable etiqueta (entre otras) llegó a mi conocimiento como fruto de un trabajo en grupo de los alumnos de 2º de Enfermería en la asignatura de Nutrición y Dietética Humana de la Universidad San Jorge (¡Gracias!)

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Etiquetado nutricional para el olvido: snack de gambas… pero sin gambas

03 abril 2014

Menos mal que uno ya está de vuelta de ciertas cosas y en vez de enfadarse con el universo pues me da en ocasiones por tomármelo a cachondeo. Como digo, divertido cuando menos me resultó este envase de un aperitivo del tipo “patata frita” que se auto promociona en la bolsa como Prawn cracker spicy flavour  que viene a ser algo así como “Pan/galleta de gambas, sabor picante”.

Se trata de un producto de importación, elaborado según parece en Filipinas, que me encontré en el típico ultramarinos “chino” de barrio. No voy a entrar demasiado en la idoneidad nutricional (que es como para hacerse el seppuku si un día te enteras que una de tus hijas ha probado estas cosas) y sí pretendo dirigir vuestra atención hacia la existencia de unos elocuentes mensajes en la bolsa más falsos que una patada de culebra, y que nos recuerdan la presencia en el alimento de unos de sus ingredientes principales y que luego, en la propia lista de ingredientes no aparece por ningún lado.

Pan de gambasImagen1

Veamos, en el anverso se vierte claramente un mensaje que deja poco espacio para la duda: “solo camarones naturales” (Only natural shrimps) y en el reverso algo parecido, en este caso además acompañado de una jugosa imagen de unos camarones: “Los camarones son recolectados vivos y posteriormente congelados para asegurar toda su frescura hasta el día que son utilizados para elaborar tu pan/galleta favorito de gambas” (shrimps are harvested and frozen to lock-in freshness until the day it is made into your favourite prawn crackers)

Bien, hasta el momento una declaración que nos hace el fabricante de las excelencias que nos quiere hacer destacar de su producto. Vayamos a ver la “información oficial” de la lista de ingredientes a ver si tanta gamba se refleja de algún modo. Veamos lo que pone en esa lista.

Ingredientes: Harina de trigo, almidón de tapioca, aceite vegetal (puede consistir en aceite de coco y/o aceite de palma) almidón de maíz, azúcar, fécula de patata, sabor camarón, sal yodada, potenciador de sabor E-621, acetato sódico, ajo en polvo, especias (chile y pimienta), pimentón , inosinato sódico E-631, guanilato sódico E-627, ácido cítrico E-330, vitamina A, colorantes E-102, E-129 y BHA como antioxidante.

Ole, ole y ole… ¿dónde están esos camarones, solo los naturales, recolectados vivos y congelados para la elaboración de las galletitas estas?

Y qué decir de su valor nutricional: féculas, almidones, azúcares… qué maravilla; sabiamente combinados con grasas (seleccionadas solo entre las menos recomendables), saborizantes, potenciadores de sabor, colorantes, antioxidantes, especias (sin duda lo único salvable) y por su puesto una buena dosis de vitamina A (insisto, entre los ingredientes, no presente de forma original) para poder cascarle la correspondiente pegatina al producto de rico o fortificado con vitamina A y hacerlo pasar por “saludable”… porque “natural” ya sabemos que lo es.

Este producto, en mi opinión,  podría ser empleado como el vivo ejemplo de los productos que de forma típica caracterizan la industria del tentempié; es decir, tal y como puse de relieve en esta entrada mucho de todo lo que no es bueno y, además con una nefasta y engañosa publicidad.

Solo espero que la entrada en vigor del nuevo reglamento europeo sobre la información vertida al consumidor en el etiquetado y demás sea suficiente para prohibir la importación de este tipo de basuras nutricionales. Solo faltaría que los de casa cumplieran con la normativa y al mismo tiempo se pusiesen a la venta productos importados que la incumplieran de forma flagrante. Hay determinados producto basura en los que lo importante es quitarlos de en medio sea como sea o, al menos, hacerlos lo menos presente posible. Si para ello hay que recurrir a lo falaz o fraudulento de su etiquetado… pues adelante.

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¿Qué es lo que “grita” un snack desde la cúspide de la pirámide?

24 febrero 2014

Parece el comienzo de un chiste… pero no lo es. Podría serlo de no ser porque se trata de la triste realidad de muchas empresas de la industria alimentaria que tienen su principal negocio en la elaboración y venta de snacks, aperitivos y tentempiés “de conveniencia” (¿conveniencia, realmente alguien piensa que nos convienen en algún sentido?). Para responder a esta imaginaria pregunta me ha parecido adecuado hacer un símil con una película de culto del cine negro “Al Rojo vivo” (White Heat, 1949, con un incomensurable James Cagney de protagonista).

En la peli que comento James Cagney interpreta a Cody Jarrett, que para el post de hoy se identifica con ese snack cualquiera al que me refiero. Muy en resumen, el tal Cody Jarrett es un personaje más malo que una madrastra borracha, un malhechor que se dedica a delinquir aquí y allá, a robar bancos, a matar gente buena, como por ejemplo a los policías, y demás etcéteras todos perversos y malvados. Va de duro malote, le gusta serlo y no se pone disfraz alguno, salvo… salvo cuando tiene que rendir cuentas a una madre, la suya, a la que quiere con el alma (habría que ver qué tipo de amor es ese) y a la que prometió que un día sería un tipo importante (sin contarle cómo, claro). El caso es que Cody, tratando de hacerse una carrera en el mundo del hampa, a los buenos se les terminan por hinchar las narices y se van por él a saco, en plan rollo jauría humana o casi. Y lo consiguen acorralar en una refinería, pero él no se rinde. Al final, los buenos deciden arriesgarse y emprenderla a tiros, le dan, y claro se monta la mundial en la refinería. Así, justo antes del gran petardazo, con llamas por todos lados, encaramado en lo alto de un depósito de combustible y herido, Cody Jarrett grita a los cuatro vientos:

Made it ma: top of the world

 (¡Lo conseguí mamá: la cima del mundoooooo!)

Y tú, querido y fiel lector, es posible que estés pensando, ¿qué cable se le habrá cruzado hoy al Nutricionista de la general para relacionar el fragmento de esta peli con los snaks? No te culpo, así que déjame que lo explique en un puñado de líneas.

Pues tal y como yo lo veo no es demasiado complicado. Es probable que hayas comprobado que los envases de no pocos snaks (patatas fritas, aperitivos, chocolatinas, bollos industriales, etc.) se acompañen de una manipulada lustrosa pirámide de los alimentos en las que además una leyenda nos informa con un mensaje absolutamente tergiversador de que el consumo de ese producto puede formar parte de una dieta variada y equilibrada.

En la cima del mundo¡Manda webs! que diría aquel. O sea, ni de coña. Venga va, sí, para ti la perra gorda. Los snaks y todas estas zarandajas tienen una mención en no pocas (no en todas) de aquellas guías elementales de alimentación saludable destinadas a la población general (en especial en aquellas que tienen la forma de “pirámide”). Pero ¡caramba!, cuando aparecen estos snaks lo hacen en la cúspide (“en la cima del mundo” que diría Cody Jarret en la peli mencionada) lo que implica, si hacemos una lectura adecuada de lo que significa, que su presencia en esa alimentación equilibrada y saludable ha de ser anecdótica y que en cualquier caso es prescindible.

En definitiva, cuando un alimento perteneciente a la denominada comida basura se pone la falaz medalla de estar en la pirámide de la alimentación saludable ¿qué es lo que tenemos? Tenemos un caso muy parecido al de Cody Jarret, un producto absolutamente innecesario, terriblemente presente en nuestro medio y que además, se vanagloria de estar en el Top.

Así pues no dejes que te vendan la moto sin manillar. Por muchas pirámides y demás mensajes buenrollistas que puedas encontrar en los envases de los snaks, estos están hechos únicamente para aplacar el escozor de tu conciencia. Para disimular y camuflar la verdadera naturaleza del snak como alimento. No por lo que en realidad son, sino por la presión a la que los consumidores son sometidos gracias a su márquetin torticero y a su sobre-abundancia en no importa que entorno en el que nos hallemos.

Snaks diversos, dejadme que os diga una cosa, que lo sepáis: estáis muy ricos, pero no hacéis ninguna falta. En realidad, lo que no hace ninguna falta es el coñazo que dais en nuestras vidas (y en la de nuestros hijos) que no ayuda, ni un poquito, a mantener esa tan cacareada alimentación saludable a la que tanto aludís y de la que tanto adolecéis.

¿Lo hice mamá, estoy en la cima del mundo?… Anda que no hay que ser hipócrita.

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¿Cuándo fue la última vez que comiste un alimento “prohibido”?

04 febrero 2014

Chico pensandoEl otro día, hablando con Carlos un compañero tuitero (@PerdiendoMasa) salió a colación la cuestión de si todas las dietas implican “prohibición” de alimentos. No nos engañemos, en la mayor parte de los casos “dieta” igual a “alimentos prohibidos”. Esta es al menos una de las igualdades que muchas personas atribuyen a la palabra “dieta”, bien sea en el sentido más estricto con una lista concreta de alimentos prohibidos (por grupos o detallándolos de forma concreta) o bien a modo de restricción más o menos imprecisa: “de esto poco frecuentemente”.

Carlos argumentaba si yo, por ejemplo, defensor de un patrón de alimentación “libre”, pero con condiciones, no prohíbo el bacon. Solo la casualidad quiso que yo la noche anterior a esta conversación hubiese cenado eso, bacon. Y aunque fueran solo dos lonchas en el marco de una cena eminentemente vegetal, le tuve que decir que no, que no lo prohibía. Más que nada porque, al menos en lo que a alimentación se refiere, trato de poner en práctica aquello que recomiendo.

Para matizar mi respuesta le comenté que si bien cené aquella noche bacon, recuerdo perfectamente cuándo fue la anterior vez que consumí ese alimento… y fue el 12 de octubre (tres meses y medio atrás). Y no, no es porque lo tenga apuntado, es porque lo consumí en una ocasión especial, en el pueblo y junto a la chimenea.

Y a este tipo de consumo es al que me refiero con lo de poco frecuentemente o esporádicamente. Si hay algo que consumes muy de ciento a viento es probable que lo recuerdes lejano en el tiempo… o bien que ni te acuerdes. Voy con otros ejemplos propios a ver si se me entiende mejor.

  • ¿Cuando fue la última vez que comí bollería industrial? Quitando los roscones de Reyes sinceramente ni me acuerdo. Probablemente hace años, y no pocos.
  • ¿Cuando fue la última vez que comí en una cadena de hamburgueserías? Creo que fue hace dos años en verano, con mi mujer, a solas, y en unas circunstancias que hacían imposible otra elección (o la que había era de similar enjundia) Creo que fue en un McDo, pero igual me equivoco y en un BK, sinceramente, no estoy seguro.
  • ¿Cuándo fue la última vez que comí un caramelo, golosina, gominola, chocolatina tipo chuche, galleta de chocolate, etcétera? No me acuerdo, es la pura verdad.
  • ¿Cuándo fue la última vez que comí una pizza industrial (en casa o fuera)? Fuera hace muchos, pero muchos años, igual 20; y de las de calentar en casa… ni me acuerdo, muy de ciento a viento un bocado para terminar por concluir siempre que no sé porqué se lo di…

Etcétera.

Ni que decir tiene que preguntas referidas a otros alimentos, de otros grupos, normalmente vegetales, alimentos menos procesados, legumbres, etcétera, tienen al menos en mi caso y en el de mi familia unas respuestas completamente diferentes a las antedichas.

La idea por tanto es saber si esas cosas que se recomiendan comer poco frecuentemente forman o no parte de tu habitual catálogo de alimentos. Es decir, prohibiciones las justas; y sí un adecuado planteamiento de prioridades alimentarias… desde las más a las menos priorizadas. Si eso es prohibir alimentos, pues vale. Pero yo creo que no.

Me alegró el haber llegado a un punto de encuentro con Carlos.

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Imagen: imagerymajestic vía freedigitalphotos.net