El enemigo también lo tiene Zaplana en casa
Eduardo Zaplana -ex alcalde de Benidorm, ex presidente de la Generalitat Valenciana y ex ministro de Trabajo y Seguridad Social y portavoz del último gobierno de Aznar, y ahora portavoz parlamentario del PP de Mariano Rajoy- es uno de esos políticos a los que, estando muchas veces bajo sospecha de corrupción, nunca se le han encontrado más indicios que su tren de vida, impropio de los ingresos que oficialmente recibe. Los cercanos al portavoz del PP dicen en su defensa que la mujer de Zaplana es riquísima de familia, hija de Miguel Barceló, que era el propietario de enormes superficies de suelo en Benidorm antes del boom turístico y que hoy es senador por el PP.
Ahora le ha salido a Zaplana un grano gordo. Dos empresarios han dicho a parlamentarios socialistas, y éstos lo han grabado y se han ido al juzgado, que en el casi quebrado parque temático Terra Mítica (Benidorm) se pagaban suculentas comisiones, y que parte de ellas iban al bolsillo de Zaplana.
Zaplana se ha defendido estos días presentando todo como una campaña del PSOE contra su persona. "Siempre que se queda sin argumentos, el PSOE intenta destruir a las personas", decía el pasado domingo en El Mundo.
Me temo que no es ése el principal problema del político cartagenero. Esta vez han sido los socialistas quienes han puesto el ventilador en la basura, pero en otras ocasiones son sus propios compañeros de partido.
En la Comunidad Valenciana, el PP está dividido en dos mitades irreconciliables: los zaplanistas y los campsistas (partidarios de Francisco Camps, el actual presidente autonómico). No sólo se llevan mal, es que se hacen mutuamente la vida imposible. Soy testigo, vi el espectáculo en primera fila en marzo pasado, cuando la asociación de editores que presido (la AEEPP) organizó en Benidorm el II Congreso Nacional de Editores de Prensa y Publicaciones Gratuita, y tuve que recibir o visitar a dirigentes de instituciones locales, provinciales y autonómicas. Curiosamente, en las guerras del PP valenciano Miguel Barceló no ha tomado partido por su yerno sino por los campsistas.
Al problema de la división del PP valenciano se le puede sumar a Zaplana otro en Madrid, en la sede central del partido. Algunos consejeros de Mariano Rajoy, preocupados porque no remonta en las encuestas, le vienen aconsejando desde hace meses que suelte lastre alejando de su entorno más inmediato a dos vestigios de la pesada herencia de Aznar: Ángel Acebes y Eduardo Zaplana. Sobre Acebes sugirieron que fuera candidato a la presidencia de Castilla y León en las autonómicas del próximo año. Pero encontrarle una salida de Génova a Zaplana es más difícil, dado como están las cosas en su tierra. Claro que también hay quien piensa que ahora, precisamente ahora, no se puede mover a Zaplana, ya que sería poco menos que reconocer que en el caso Terra Mítica hay algo que le salpica.

