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La Gioconda del Prado, una vieja novedad

Por Francisco Javier Barbado

En el artículo “El Museo del Prado de la A a la Z” se afirma que “en 2012 se descubrió en los almacenes del museo una réplica del famoso cuadro de la Gioconda”. Sin embargo, la Gioconda del Prado está documentada en la Colección Real desde 1666 y ya figuraba en el Alcázar de Madrid en 1686.

Gioconda del Prado (ARCHIVO)

Gioconda del Prado (ARCHIVO)

En 1921 don Pío Baroja ya vio este cuadro en el Prado y Ortega y Gasset (Meditación del cuadro, 1936) analizó la Gioconda de Madrid. Antonio J. Onieva (Nueva Guía completa del Museo del Prado, 1965) recomienda un puesto de honor para esta obra maestra. Nuestra Gioconda no ha sido descubierta, fue restaurado recientemente su paisaje oculto tras un repinte negro añadido en el siglo XVIII. La Gioconda del Prado, con su sonrisa de vampiresa aún más cautivadora que la parisiense, es, sencillamente, una vieja novedad.

 

 

 

 

 

 

1 comentario

  1. Dice ser J. J. Sayas Abengochea

    ¡GRAN CUADRO! ¡Y GRAN PINTOR!
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    …¡La Gioconda! ¡Gran cuadro, amigo Francisco Javier! ¡Obra maestra! También conocida como ‘La Mona Lisa’. Su autor, archiconocido ya, don Leonardo da Vinci Carduccio, hijo de unos navegantes argentinos que llegaron a Venecia en el siglo XVI. Su padre se llamaba Giovanni; su madre, Francesca. Primero se ganaron la vida repartiendo marisco (percebes y ostras) en el puerto Mandolato; después, como criados sirviendo a los marqueses de Brindisi. De ahí que el pequeño Leonardo naciera entre algodones.
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    …En el instituto, un joven profesor que se llenaba la boca de decir que la enseñanza pública era mejor que la privada, un tal Lucio –bajito, con gafas metálicas y cara de pelársela más que un babuino–, nos aseguró que el pequeño Leonardo aprendió las cuatro reglas en el palacio de los marqueses, junto al hijo de los señores. Fue allí donde el autor de ‘La Mona…’ comenzó a hacer sus primeros pinitos en dibujo artístico. Pintaba casas con chimeneas humeantes, árboles frutales, cordilleras de montañas picudas, trenes saltarines, soles sonrientes y el típico niño agarrado de la mano de su papá con los genitales colgando. Sin embargo, algo había ya en esos dibujos que resultaba genial.
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    …Pero no fue hasta los 14 años cuando empezara, en el taller de Umberto Tozzi, su formación artística seria. Allí aprendió a bocetar, colorear con pinceles y a fabricarse sus propios bastidores. Lo más complicado para él, según los historiadores, fue el encaje de figura. Y esto, quien se ha matriculado en Bellas Artes lo sabe perfectamente. Se trata de reducir aquello que se quiere dibujar a las proporciones del lienzo. No es sencillo. Sobre todo para aquellos que tienen delirios de grandeza o están obsesionados con diversas partes del cuerpo de la mujer (o del hombre).
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    …Una vez aprendió a encajar las figuras, Leonardo pintó ‘La Gioconda’ de un tirón. De ahí su genialidad.
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    …Sobre la Mona Lisa existen muchas teorías. Usted, querido amigo, seguro que las conocerá de sobra; pero para quienes nos están leyendo debemos decir que no se sabe si la Gioconda era china o filipina, si estaba o no embarazada cuando la retrataron, o incluso, si se trata de un hombre travestido. El propio autor (ya que no se conserva ningún retrato verdadero del mismo) o su novio. Porque Leonardo, como casi todos los artistas italianos, de antes y de ahora, era homosexual. Y sufría con frecuencia trastornos de la personalidad. Esto está sobradamente comprobado, como usted sabrá. Le dejo, no obstante, la referencia de una fuente fidedigna por si quisiera consultarla. (Ventura Rojas, José M. 2001. Guía del Prado. Madrid: Editorial Alfiz. Pp. 456-7.)
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    …El paisaje de fondo es un tapiz encontrado hace tiempo en la propia casa del autor. Significa esto que, de ser un autorretrato y no la representación de su amante –un tal Albano Carrisi, cantante de la corte de los Luises–, el autor se pintaría a sí mismo situándose detrás de un espejo. Por cierto, dicen que desnudo de cuerpo para abajo, debido a las altas temperaturas estivales de Venecia.
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    …Otra teoría es que se trataría de una pintura hecha al fresco por su autor, que se encontraba de vacaciones por las rías de Nápoles, en el cordón montañoso de la ciudad, donde estaba el Monte Vesubio, antes de que un terremoto en el siglo XVI lo desplazara 50 km más hacia el sur-suroeste. De ser así estaríamos ante el primer selfie pictórico de la historia. Porque estos pintores renacentistas nunca viajaban o salían a la calle sin sus lienzo. Igual que hacemos nosotros en el siglo XXI con los smartphones. Si algo les gustaba, sacaban su espejo y su lienzo y lo pintaban en media hora. Increíble ¿no le parece, querido Fran?

    21 noviembre 2015 | 23:56

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