Un deportista es aquel que sabe que el triunfo del otro es también una recompensa: la de haber encontrado alguien mejor

Archivo de febrero, 2008

La mano negra

Ha llegado la Copa del Rey, y ha llegado ese fútbol de entrega constante, de correr sin desmayo, de intentarlo una y otra vez. Porque a los equipos de Copa les pasa como al caballo viejo: después de esta vida no hay otra oportunidad.

Vimos un partido primoroso: de esos que se te quitan las ganas de enredar con el mando a distancia (y eso que en la 2 cantaba el gran Yusmanis, que lo merece todo). Un Barcelona razonable, al que el juego de las rotaciones, tan necesarias, dejaba con una delantera de las que dan miedo: Messi, Eto´o y Henry, con Xavi al servicio y Deco barriendo junto al solemne y espléndido Touré Yayá. Atrás un central que se sale, Milito, nuestro Puyol y dos mundialistas en las bandas, como Abidal y Zambrotta. O sea, la repera.

Enfrente, un Valencia muy ordenado, que apostó por el sacrificio, con Mata, Silva, Joaquín y Villa prersionando en el centro y pegándose a Caneira y Moretti cuando el balón circulaba por las bandas. El centro de la defensa fue un muro doble, Albiol y Helguera (¿será posible que el Madrid tenga problemas en el centro de la defensa y que ayer jugaran a gran nivel Milito y Helguera? ¡Vivir para ver!), tapando las avalanchas blaugranas hasta donde podían. Para lo demás estaba Timo Hildebrand, la figura del partido. Buen trabajo de Maduro y un sorprendente Banega, que puede llegar a figura: sobre todo cuando deje de conducir el balón. El que conduce lo pierde: y el Valencia perdió ayer mucho el balón.

Pero fue un partido estupendo, en el que las ocasiones (cerca de quince) fueron catalanas casi siempre. El valencia llegó una vez en el primer tiempo, con un gol anulado a Joaquín por doble infracción, pero no dio sensación de arrugarse. Quedaba por saber si el desgaste físico les pasaría factura en el segundo tiempo.

A algunos sí. Un Joaquín asfixiado dejaba su sitio a Arizmendi. En una jugada muy bien trenzada, con dos paredes al primer toque, el chaval dio un servicio espléndido que Villa no desaprovechó. 0-1. No era justo, probablemente: pero el partido lo estaba ganando el Valencia en defensa de un modo ejemplar, de manera que hasta el soberbio Messi empezó a parecer previsible. No se rindió el Barça, que sacó a Iniesta por un Deco que ha interrumpido su idilio con la afición, acaso injustamente. Y sallió Bojan a hacer de Henry: craso error (no es bueno que a los chicos jóvenes y llenos de talento se les ponga a jugar en sitios cambiados, cosa que le gusta mucho a Rjkaard). El valencia no se descompuso: Pipo baraja suplió al canchero chupón y Vicente a Mata, que se había matado, como su nombre indica.

Siempre hay un detalle triste cuando en el campo está un árbitro tan dotado como arrogante. Eduardo Iturralde no vio una mano de Eto´o a dos metros de su posición: la jugada acabó en gol, del omnipresente Xavi, y deja las espadas mucho más en alto.

No es injusto el resultado: es injusta la manera de producirse. Tampoco es muy justo que tengamos que soportar otra retransmisión a cargo de J. J. Santos, más sacamuelas que nunca. Quizá si le psuieran un traje de buzo…

Contar lo invisible

Se ha producido un vuelco en la clasificación. A toro pasado es fácil decir que podía suceder, pero no eran esas las previsiones.

¿Cuáles eran las previsiones hace dos jornadas, con ocho puntos de diferencia entre los dos primeros? Las cuentas del líder parecían claras: un par de victorias más y el Barcelona se desalienta y se concentra en los otros dos torneos. ¿Con qué contamos? Básicamente, con la costumbre de ganar. Porque tenemos el equipo partido pero no se está notando: ni Pepe, ni Metzelder, ni Snejder, ni Heinze por entonces, ni Robinho… Bueno, tiramos de archivo, sale otra gente, todos son buenos, ganamos en el Villamarín y en casa y se acabó la Liga.

Pero no era verdad. A los dos delanteros se les nota que han pasado de los treinta y les falta esa décima que los hacía imparables. Ahora son temibles si estás dormido. O si juega Robinho, que abre huecos imposibles y descompensa cualquier defensa. De los laterales suplentes ni hablamos. Y, además…

La ventaja mayor, la costumbre de ganar, es frágil. Se ha acabado de pronto. Y en el equipo aparecen dudas desconocidas: perder el partido de Roma tuvo que hacer mucho daño, tras jugar primorosamente.

¿Y detrás? El Barcelona de Samuel Eto´o. Mi jugador favorito, mi balón de oro permanente. Quizá se quede sin él, como se quedó sin él el Raúl de las tres copas de Europa. Y será otra injusticia.

Ahora el Barcelona depende de sí mismo. Y ha pasado la crisis que todos los equipos deben pasar en una Liga tan larga. El Madrid todavía no. La pasará, sin duda: el equipo debe dar su mejor rendimiento en primavera. ¿Le dará tiempo?

Lo veo difícil.

¿Han pasado su calvario los aspirantes? El Atlético de Madrid y el Espanyol siguen arriba porque todos están jugando a ver quién comete más disparates. Pero se acerca el Seviklla como un tren. Tal como están las cosas, háganle sitio. O espabilen.

Porque, un poquito más abajo, sólo un poquito, hay muchos equipos en peligro de descenso. Dos jornadas locas salvan a cualquiera o condenan a cualquiera. Y en ese grupo está la mitad de la aristocracia de la Liga.

Una Liga a la que se le puede acusar de cualquier cosa. Menos de aburrida.

Schuster y el futuro

Quizá no sea hoy el mejor día para hablar bien del proyecto de Schuster. ¿O sí? Ví sólo el primer tiempo del partido del Olímpico romano por problemas de agenda: del segundo tengo, entre otras, las muy valiosas referencias de mis compañeros de deportes.

A mí el juego del Madrid me deslumbró. Hacía mucho tiempo que no veía jugar a este equipo tan bien, con algo que se parece mucho a mi concepto del fútbol, velocidad y engranaje, fantasía y rigor. Desde aquel malhadado entrenador llamado Carlos Queiroz no había visto nada parecido. (Por cierto: ¿para cuándo un homenaje de desagravio a un hombre obligado a jugar con Bravo y Pavón como centrales porque la vanidad infinita del presidente de entonces no le dejaba ver la realidad?) Desde entonces todo han sido experimentos, caros y luxemburgueses: incluyendo el del año pasado, cuando los solistas tenían que cantar a capella por falta de violines.

Bien: el Real Madrid perdió en Roma ante un equipo muy eficaz. No tuvo fortuna, cosa evidente. Pero eso no es grave, porque la fortuna va y viene. está pasando un siniestro idilio con el poste contrario, al modo en que ha disfrutado ese mismo idilio con el propio no hace tanto. Pero marcó fuera de casa, y eso es muy importante en estas eliminatorias. Las posibilidades de pasar a cuartos siguen intactas. ¿Y…?

El proyecto, laboriosamente construído, está ahí: fantasía y rigor, velocidad y engranaje… Y un montón de jugadores muy interesantes y comprometidos con las ideas del técnico. No sólo hay equipo para el encuentro de vuelta en el Bernabéu: hay equipo para unos años. Un equipo al nivel de la historia del club blanco. Y eso es mucho decir.

La niña que gritaba

Se ha ido, en un silencio abrumador, la que pudo ser la tenista más grande de todos los tiempos, Mónica Seles. Pocos casos de infortunio como el suyo: el público, que la admiraba, nunca la quiso: quizá por aquellos gritos agónicos cada vez que empalaba desde el fondo de la pista, quizá por aquellos dientes de ratita, tan agresivos… Quizá porque destronaba a una tenista tan cabal y tan queridoa como Steffi Grafff, la niña de la cara seria y las piernas inolvidables.

Fue injusta, absurdamente apuñalada en un partido contra Steffi, creo recordar: uno de los atentados al deporte más inicuos que se puedan concebir. Salvó la vida, por fortuna: pero se truncó una carrera que no parecía tener fin, capaz de amenazar la supremacía histórica de esa gran dama del tenis que se llama Martina Navratilova. Volvió a los circuitos: y todo lo que anteriormente fuera antipatía por la eslava se volvió compasión. No sé qué es peor. Para alguien que ha sido arrojado violentamente de las alturas debe ser muy difícil ver cómo chicas diez años más jóvenes se llevan toda la gloria. Y ha decidio marcharse del tenis profesional.

Decisión muy correcta. Menos correcto me parece el silencio que envuelve su abandono. Fue verdaderamente grande y fue apartada de su lugar en el cielo por un puñal alevoso. Desde aquí toda nuestra simpatía, Mónica: acaso un poco tarde. Y toda nuestra admiración: la de siempre, la que mereciste. Suerte, niña…

El divino calvo

Creo que ése era el sobrenombre de Mathews, un brillante y longevo extremo inglés, que acabó sus día como sir Stanley Mathews; y confieso que me muero de envidia ante una Corona tan generosa como la británica, vista la tacañería de la nuestra a la hora de ensalzar a los mejores de entre los españoles. Para los que vimos jugar por primera vez a Di Stéfano en televisión, la primera sorpresa es que era un señor calvo: como don Luis, el maestro, sin ir más lejos. En el imaginario de un niño de diez años no cabía la imagen de don Luis corriendo en pantalón corto: eso era cosa de chicos jóvenes. Ni siquiera de niños: nuestros padres nos perseguían con furia porque no estudiábamos y nuestras madres porque rompíamos la escasa ropa, casi siempre heredada, y las únicas botas. Además, a ver quién era el guapo que encontraba un balón. En mi clase tenía uno Miñanmbres, de reglamento, nada menos; y todos le hacíamos la pelota desafordamente.

Di Stéfano, la Saeta Rubia, era el más famoso de un equipo que ya había ganado las dos primeras Copas de Europa al Stade de Reims y a la Fiorentina. La primera final, en el Parque de los Príncipes joder, qué nombre!) fue también el primer día que obtuve permiso para acostarme algo más tarde: mi padre y sus amigos escuchaban la radio en el bar familiar y había prórroga. luego ganó la segunda, en Chamartín. para la tercera los niños empezábamos a suponer que el Real Madrid era como el Caudillo: campeón de Europa por la gracia de Dios. Así que nos costó asimilar la primera eliminación: ante el Anderlecht belga. Vamos, que aquello era un sin Dios. Pero aún faltaban unos años. Y aún más para la eliminación del caudillo: pero ésa es otra historia.

¿Porqué era el más famoso aquel señor calvo? Éramos niños: no teníamos conciencia de lo que es jugar en equipo y ni siquiera noticia de lo dificil que es construirlo, qué flujos secretos, qué vectores invisibles transformaban a un grupo de gente muy dotada en un equipo invencible. Eso se aprende más tarde: entonces veíamos que Di Stéfano No era tan rápido como Gento, no driblaba como Kopa, no disparaba como Puskas… Eso sí: aparecía por todos los sitios del campo, pedía siempre la pelota, tenía un nerome compromiso con ella: para distribuirla, para tejer cada ataque de un modo distinto, para regalarle al rival una sorpresa mortal.

Se suele citar a los cinco grandes: Pelé, Cruyff, Maradona, Zidane y Di Stéfano. Siempre siento algunas exclusiones desde el lado sentimental, como las de Kubala y Luisito Suárez, (¡qué Barcelona aquel, Dios mío!) y desde el lado, más objetico, de la memoria de lo ajeno: Platini o Laudrup fueron irrepetibles. Como lo fue Eusebio. O Butragueño. Pero admitiendo las cinco estrellas, sin mayor esfuerzo, quizá Alfredo Di Stéfano fuera el menos dotado técnicamente de todos ellos.

Y, sin embargo, sobre sus hombros se sustentó un mito que será probablemente irrepetible: un equipo capaz de ganar cinco veces seguidas la Copa de Europa. Y con nueve chicos de aquí: sólo Alfredo y Héctor Rial eran foráneos en el primer campeón.

¿Qué tenía Alfredo Di Stéfano? ¿Espíritu ganador, como todo el mundo? Leyendo las cosas que se han publicado estos días, he creído atisbar que, en el campo, era imposible no obedecerle. Tenía tanta clarividencia y tanta generosidad que todos sabían quién era el jefe. Y por qué. Mi amigo Mateos (no el Fifirichi que jugó una de las finales) cuenta una historia que me encanta. El Madrid había fichado a Pachín, excelente alteral, precisamente del Burgos. En su primer partido, queriendo deslumbrar, metió un pase en profundidad que acabó en las botas de un rival. Alfredo se le acercó y le explicó con genio: “A usted se le ha fichado para que corte el balón. ¿Está claro? Pues ya sabe: corta y me lo da a mí.” Pachín siguió siendo un excelente lateral: estaba, con todos, en el homenaje al amigo al que adora.

Eso, que te adoren después de dar una orden, está al alcance de unos pocos: los grandes estrategas, los grandes conductores de masas. No les tengo simpatía, pero sí admiración. Cuando se trata de un juego que sublima toda intención lesiva, les tengo a la vez admiración y simpatía.

Pues bien, la historia del fútbol no recuerda a nadie como Alfredo Di Stéfano para conducir un ejército. Por eso, siendo el peor dotado de todos ellos, es el más grande.

Felicidades, maestro.

La semana de San Valentín

Será cosa del santo del amor… Ya se sabe que para hacer bien el amor hay que venir al sur: por si había dudas, los cuatro equipos andaluces han ganado sus partidos, dejando un aroma a South Power muy interesante. Sobre todo en Huelva, donde Zambrano se está saliendo: hay ahora muchos equipos con problemas, con más problemas que el decano del fútbol, y cada vez quedan menos jornadas.

El otro equipo andaluz en la zona de riesgo, el Betis, aprovechó muy bien las carencias del Madrid, bastante menos líder que la jornada anterior: ya hemos dicho que la Liga es muy larga, y parece que, por fortuna, lo va a ser para todos. El Madrid estaba jugando bien; acaso el resultado de la semana anterior ejerció como un narcótico, y los jugadores blancos supusieron que los goles caerían por su propio peso. No fue así: Raúl no llegó a ningún balón y Robben falló un gol cantado. Los supervivientes de Chaparro sabían de la debilidad del equipo rival en los laterales, e hicieron dos goles bien estudiados, bien trabajados, idénticos: desbordar por la derecha a Míchel y centrar más allá de los dominios de los centrales, para que el hombre que se encontrara con marcelo se encontrara con medio gol e hiciera el otro medio. Del resto se encargó Juanito y sus chicos, que lo hicieron muy bien.

El Almería es, de verdad, el equipo revelación de una Liga en la que ya asombró el Rácing el año pasado. Una nueva victoria de un equipo que es muy fuerte atrás y tiene paciencia: en algún momento aparecerá Negredo. Lo suele hacer. El que de verdad dio un golpe de autoridad fue el Sevilla en Barcelona. Que nadie se olvide del equipo hispalense. Sobre todo si Villarreal y Atlético de Madrid siguen jugando con fuego.

Mucha angustia en el norte: por Coruña y Pamplona empiezan a notar que no les llega la camisa al cuerpo. También en Murcia se encomiendan con calor a la Fuensantica, claro… Y hasta la Mare de Deu dels Desamparats parece acordarse del Levante: si hay un entrenador y una plantilla que merece salvarse, tal como están las cosas, es di Biasi y es el equipo granota. Pero va a hacer falta mucho amapro, las cosas como son.

No sé si vale la pena hablar del partido de La Romareda. Otro atraco: y van… Algo tienen los auxiliares en aquel campo, que supuso la consagración de Rafa en el circo nacional. Pues el del sábado no le va a la zaga, el hombre… Un poquito de por favor, caramba.

El Numancia

Me resulta difícil encontrar un equipo más meritorio en el fútbol español que el Numancia. Primero en la tabla de segunda división, con un colchón de diez puntos que ya quisieran para sí en las antiguas galaxias, el equipo soriano parece un modelo de punto de cruz: hilos bien elegidos y trabados con minuciosidad y paciencia para dar un cuadro armonioso y con el relieve justo. No esperen grandes goleadas: conocen muy bien su tamaño y la cantidad de éxito asociado a la humildad.

Ha funcionado siempre como una aspiradora, recogiendo de aquí y de allá materiales humanos muy aprovechables, chicos que juegan muy bien al fútbol y que no han encontrado su valedor, su lugar al sol, su punta de fortuna. Ese material lo han puesto en manos de Gonzalo Arconada, un aparente perdedor. Venía Gonzalo de entrenar a la Real y al Burgos. En el equipo castellano, con un equipo apañadito, se las tuvo muy tiesas en el ascenso con el superSevilla B de Dieguito Capel. Ahora, en las mismas condiciones de aparente penuria, se está saliendo.

Juega muy bien al fútbol el Numancia: que nadie piense que el aire de epopeya de su nombre y la persistencia de entrenadores vascos le confiere un estilo metalúrgico. Juegan muy bien: un planteamiento en el que destacan la paciencia, esa virtud amarga de frutos dulcísimos, al decir de Rousseau, y un modo muy sutil de entender el contragolpe, en el que predomina el talento sobre el vértigo. Arriba hacen daño cuando pueden: una vez más la ausencia de estrellas de relumbrón concede galones a mucha gente que conoce su oficio.

Si somos sinceros nadie (ni siquiera yo, tan numantinista) esperaba esto un año en el que pugnan por el ascenso Celta, Real Sociedad, el Málaga de los Sanz y alguno de los eternos puntos fuertes de la segunda división: Sporting, Elche, quizá Salamanca, el recién descendido Nástic

Ahí está el equipo de Soria: ahí sí que siento yo que la Liga es muy larga y miro todas las semanas los resultados con la pasión que da el conocimiento. Hay que aguantar, chavales, sorianos…

¡A quíen se lo digo, si se llama Numancia el equipo…!

El niñato

Parece que la prensa inglesa vuelve a levantar el fantasma de un suspuesto racismo español. Detesto, como casi todos, el racismo. Pero este asunto se inscribe en otras coordenadas. Como aquel desliz verbal de Luis intentando motivar a Reyes: la espléndida relación del antiguo entrenador del mallorca con Eto´o era una estupenda demostración de la ausencia de racismo en aquel comentario, sistemáticamente desoída por los tabloides británicos, apoyados por un sector de la prensa española, por cierto.

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El asunto es Hamilton. Un ¿deportista? de élite capaz de hacer perder a su equipo un campeonato mundial. No por accidente: no es el caso de Zubi tragándose un gol de Nigeria desde el banderín de córner o el de Cardeñosa disparando al muñeco. Lo que hizo Hamilton en Hungría tiene nombre: ese chico es un felón. La conducta del resto del equipo Mc Laren con Alonso fue una prolongación de esa misma felonía, fue de una bajeza como no se recuerda en los anales del deporte. Esa parte quizá no la han estudiado con la profundidad que merece los periodistas británicos. Así que el desprecio por las cualidades éticas del señor Hamilton, así como algo parecido a la inquina, es algo muy extendido en nuestro país, y no siento rebozo en compartir ambos sentimientos.

Y eso no tiene nada que ver con la raza de ese mismo señor. Una pena que quienes van a los entrenamientos a denostar la conducta del piloto btitánico no sepan elegir un insulto más presentable. Porque yo también salto cuando oigo llamar a alguien negro de mierda. O español de mierda, o rumano de mierda, o maricón de mierda.

En el caso que nos ocupa, la cosa es muy sencilla: el tipo, en el mejor de los casos, es un niñato.

Pues ya está

Uno más uno son siete…

A uno le parecía escuchar a Fran Perea de cuando entonces, que los Serrano tenían algo de gracia. ¡Quién me lo iba a decir, caray, viendo a Sisi darle un cursillo rápido a marcelo de lo que es un extremo!

Hasta siete goles marcó el Madrid en una noche que empezó con un susto para Casillas, siguió con un bonito gol de Baptista, en el que Robben puso el talento y la paciencia de esperar a la segunda oleada, y se continuó con una exhibición de los de Pucela: Guti jugando al huuuyyy, casi, Gago mostrando su peor versión, que es la del legionario con ansia y Baptista derrochando potencia y confusión. El empate, como tantas tardes, parecía a punto de llegar. Y, de repente, a Guti le salió un pase sin huy: recibió Raúl en medio del desierto, desbordó al pobre Asenjo e hizo el segundo.

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Y el Valladolid desapareció. Aturdido por llevar un 2-0 en contra después de tanto juego, adelantó líneas y dejó espacios. Justo a un equipo al que le salía todo: un contraataque eléctrico de Robben, definido con mucho arte, otro de Julio Baptista que acabó en panalty (un placer ver a Raúl tomar el balón y ponerlo en el hierro, que es su sitio) y un quinto gol de Guti, que ayer parecía recién bajado de los cielos. En el descando los amigos, merengones ellos, nos pusimos a jugar al mus: ya estaba visto todo. Ganamos Manolo y yo, como era de esperar, mientras Guti hacía un gol de zurda, que ya ve usted qué cosas, y asistía de cabeza a Drenthe para que hiciera el séptimo. Señalar que no jugaba Van Nistelrooy, que se retiró Rombinho lesionado y que lo del empate no era broma. Hasta Soldado tuvo unos minutos, el hombre.

La goleada del Bernabeu oscureció resultados del mayor interés: la recuperación del Atlético en el difícil y entrañable Sardinero, en el que el Rácing empieza a pagar la atención a dos competiciones con los mimbres justos, la agónica victoria del Atlethic ante un Levante carente de fortuna, el atraco de Murcia, que es de los que dan mucha rabia y mucha pena, lo crudo que está todo en la zona batida, con el Depor quiero y no puedo, el Osasuna ganando con lo justo, el Recre puntuando en serio en Sarriá ante un Espanyol que echa mucho de menos a Raúl Tamudo, los apuros de un Betis qye plantó cara en Mestalla, con Villa recobrando su olfato, que es siempre la mejor noticia para la selección… Y el Barcelona dimitiendo un poco: el Sevilla es mucho Sevilla, pudo golear en el primer tiempo y perderlo todo en el segundo. Pero a este Ronaldinho, el gato rico con las uñas limadas, no le sale nada. No sé si lo intenta.

Golpe de autoridad, se dice en estos casos. Más bien partido irrepetible por el estado de gracia en todas las acciones de ataque. Lo que si se va a repetir es la concentración, la velocidad de los jugadores, los buenos engranajes y las buenas conexiones, que salen del laboratorio de unos entrenamientos más que correctos. Dejó el Madrid un aura de ganador que a mí me pareció lo más significativo: jugando así, la Liga está muy herida.

Salvo para mis amigos los merengones

La Copa de Rudy

Habrá que descansar un poco de tanto partido espléndido: la Copa del Rey de baloncesto, ya se sabe… No podía irse a la NBA el maravilloso hondero balear, el gran Rudy Fernández, sin llevarse un título español. Ya lo tiene. Juagando de alero, en el puesto que tanto ennobleció su presidente, Jordi Villacampa, hizó lo que tiene que hacer un gran jugador: echarse el equipo a la espalda cuando más falta hacía y llevar al triunfo a este meritorio Joventut de Badalona. Los que tenemos el alma verdinegra desde los tiempos de Nino Buscató sentimos algo muy grande ayer: la Copa, jugando fuera de casa y ante un equipazo como el TAU de Vitoria.

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En estos caso no somos justos los comentaristas. No se puede centrar en Rudy todo el mérito de tres partidos: hay que añadir el acierto enloquecido de Mallet ante el Madrid, el trabajo tan serio y tan decente de hombres como Ferrán Laviña, Edu Hernández Sonseca o Pau Ribas… Y Ricky el Niño, con su eterno aire de pistolero, su descaro y su talento. ¿Hay que decir que hasta ahora sólo he escrito nombres de jugadores españoles, salvo el base americano? Eso es la Penya. Ahí queda eso. Y eso no significa desdeñar la excelente contribución de los extranjeros, siempre un poco menos extranjeros en Badalona: Moiso, Barton…

Y Aito. Dando carrete, como ante el madrid, aguantando la época de desacierto y sabiendo esperar tiempos mejores. Llegaron. En parte por la generosidad de Mickeal, al que la televisión delató: se ganó una técnica a pulso, de esas que hacen daño de verdad.

Bien, un gran espectáculo. Como siempre. Quizá los entrenadores deberían ducharse antes de hablar ante los medios: no hay que meter a los árbitros en los resultados, porque cuando alguien escupe al cielo le termina cayendo en la cara. Es evidente que hay errores y que, con resultados tan apretados, parece que determinado detalle pudo cambiar el partido. Pero no es así, señor Plaza: tengo una extraordinaria opinión de usted y no quisiera estropearla