Cómo limpiar la fruta, la verdura y las hortalizas (I): Generalidades

22 septiembre 2014

Limpiar ensalada 2Inicié la semana pasada poniendo de relieve el sinsentido que a mi juicio supone traer hasta nuestros supermercados (o tiendas especializadas) productos con el sello de ecológicos y que al mismo tiempo fueran “made in muy lejos”, es decir, con una producción muy alejada del punto de venta.

Una de entre las muchas razones por las que alguien puede decantarse por el consumo de alimentos ecológicos es la de evitar los pesticidas “de síntesis” presentes en los productos de la agricultura convencional (que por otra parte están dentro de los márgenes permitidos en su más amplia mayoría). Sin entrar a valorar las decisiones de cada cual, creo que sería conveniente el saber que un adecuado lavado, así como la aplicación de diversas tecnologías culinarias reduce, cuando no elimina, la posible carga de los famosos pesticidas (ya estén presentes en los productos ecológicos o en los convencionales). Unas prácticas, las del lavado y demás, que por otra parte se han realizado toda la santa vida con independencia del origen del producto vegetal. Es decir, lavar, pelar y cocinar en su caso son estrategias que sirven de forma eficaz para librarse o minimizar todos aquellos elementos contaminantes presentes en los alimentos vegetales. Veamos cómo debe de realizarse.

Consejos previos

  • Compra productos de cercanía: Reducir el tiempo de transporte y la distancia puede ayudar a limitar las posibilidades tanto de contaminación como de proliferación bacteriana.
  • Adquiere cantidades de alimentos acordes con tú capacidad, y la de los tuyos, para consumirlos sin que estos se pongan pochos. Los productos vegetales frescos suelen tener una vida media bastante limitada si los comparamos con otros productos procesados.
  • Si no vas a consumir los alimentos de forma inmediata y antes de guardarlos, es mejor que les apliques una limpieza superficial en seco, quitando los posibles restos de tierra, frotándolos, etcétera que lavarlos con agua. La humedad y por ende el agua facilita el crecimiento bacteriano y puede acelerar el deterioro de este tipo de alimentos. Es mejor por tanto lavarlos de forma inmediata al momento de su consumo. No obstante, si te decides a lavarlos con agua antes de guardarlos preocúpate también de que antes queden bien secos.
  • También antes de guardarlos, conviene revisar la existencia de hojas más deterioradas o pochas, y retirarlas en su caso, en productos como la lechuga, el apio, la col de hoja (berza), la acelga, la borraja… en general en cualquier tipo de verdura u hortaliza de hoja.

Manos a la obra (en general)

  • Limpia comenzando limpio. Para manipular cualquier alimento es muy recomendable, por no decir obligatorio, que lo hagas con las manos bien limpias, además de utilizar una superficie de trabajo y menaje también limpios.
  • Lava incluso si vas a pelar el producto (pepino, fruta, etcétera). Esto ha de hacerse así ya que el cuchillo o la hoja del pelador al llevar a cabo esta acción entra en contacto con la piel “contaminada” y puede dejar restos de esa contaminación (química o bacteriana) en la pulpa ya pelada. La única excepción que se me ocurre, más o menos lógica es la del plátano.
  • Lavar de forma adecuada bajo el chorro de agua corriente no “esteriliza” los alimentos (no garantiza la completa eliminación de todos los micoorganismos) pero si ha demostrado ser una medida eficaz para reducir de forma importante su presencia así como para reducir también los posibles pesticidas.
  • No dejes que el jabón ni los detergentes entren en contacto con los alimentos. El lavado de estos productos se debe realizar con agua, de forma concienzuda si fuera necesario, lo que incluye, si es el caso, el frotarlos con un cepillo suave o trapo limpio.

Sobre el uso (no recomendado) de productos específicos “higienizadores” o “limpiadores”

No hay un consenso sobre el uso de productos especialmente diseñados para lavar los vegetales (normalmente a base de hipoclorito sódico –lejía- de uso alimentario). Es más, en este sentido la única recomendación “no comercial” que he encontrado de un organismo sanitario, en este caso la FDA, recomienda no hacer uso de este tipo de productos ya que la seguridad de sus residuos no ha sido evaluada y su eficacia tampoco ha sido probada ni estandarizada de forma independiente.

En el próximo capítulo se abordarán cuestiones concretas en virtud de las características particulares de los distintos alimentos de origen vegetal. Al mismo tiempo se dará respuesta a la pregunta si verdaderamente hay pruebas que demuestren la utilidad del agua (u otros elementos) en la eliminación de pesticidas. Continuará…

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Imagen: Dino De Luca vía freedigitalphotos.net

Todo podrido: los intereses de la industria alimentaria distorsionan las políticas de salud pública

19 septiembre 2014

Raising Healthy Children: Maragret ChanQue uno diga en este blog que las políticas de salud de los principales gobiernos del mundo se hallan mediatizadas y confeccionadas en base y en cierta medida por los intereses crematísticos de la potente industria alimentaria… puede ser tomado a pitorreo o incluso considerarse que el bloguero en cuestión, o sea, un servidor, ha caído en el más burdo de los planteamientos conspiranoicos. Lo tengo asumido.

Sin embargo, que lo diga públicamente la Directora General de la Organización Mundial de la Salud, la Dra. Margaret Chan, y que no le tiemble el pulso a la hora de explicar con pelos y señales esta acusación, es probable que cambie sustancialmente la forma en la que se interprete el mismo mensaje.

Sí, has leído bien, la OMS acusa a la industria alimentaria de intervenir de forma importante y negativa en las políticas de salud de muchos gobiernos. Y a los gobiernos de dejarse hacer. Hace poco más de un año, en el discurso de apertura de la 8 ª Conferencia Mundial de Promoción de la Salud de 2013 que protagonizó esta valiente mujer, señaló con su dedo acusador y sin el más mínimo asomo de duda a la industria alimentaria y a las administraciones de buena parte de los gobiernos de tergiversar las políticas de salud dirigidas a la población general en beneficio propio. La primera, la industria, para aumentar las ventas de sus negocios y los segundos, los gobiernos, dejándose “untar” (consciente o inconscientemente). Así, las políticas de salud que se publican están formuladas en cierta medida en base a los intereses, nada loables, de cada uno: la industria y las administraciones… todos salen beneficiados. Todos menos uno, el sujeto pasivo de la película que al mismo tiempo es el actor principal, es decir, la ciudadanía sobre la que se dirigen esas políticas.

¿No me crees? No te culpo, si a mí antes de leer el discurso al que me refiero en la misma página oficial de la OMS, me lo hubieran contado, tampoco me lo hubiera creído. Para que seas tú mismo quien pueda juzgarlo, puedes encontrar el discurso íntegro en este enlace. Me he tomado la libertad de hacer una traducción libre de parte de su mensaje (no soy traductor oficial) para que se entienda mejor tratando de mantener al máximo su literalidad y contexto. Estas son algunas de las verdades que lanzó Margaret Chan a la cara de la industria alimentaria y a la de aquellos gobiernos que retuercen los programas públicos de salud a su antojo. Por lo que deja entrever de sus palabras, no se trata de unos pocos gobiernos, ni unas pocas empresas, sino que más al contrario, se trata de algo bastante habitual:

[…] En la actualidad las campañas de promoción de estilos de vida saludables y la adopción de conductas para alcanzarlos se encuentran con la oposición de fuerzas que distan mucho de ser “amables”. Más bien, todo lo contrario.

El esfuerzo público dirigido a prevenir las enfermedades no transmisibles [tras hacer una especial alusión a la obesidad, la diabetes y el cáncer] se enfrenta a intereses comerciales de poderosos agentes económicos. En mi opinión, este es uno de los mayores retos a los que se enfrentan las campañas de promoción de la salud.

Tal y como pone de manifiesto la publicación que resume esta conferencia [ver al completo en este enlace] no solo se trata del problema observado en otro tiempo con las grandes tabacaleras (Big Tobacco). Ahora, la Salud Pública tiene que lidiar también con otras industrias en los mismos términos que entonces; se trata de la “Big Food”, “Big Soda” y “Big Alcohol”. Son estas industrias las que en este momento temen una regulación de sus productos por parte de las administraciones sanitarias y las que están recurriendo a las mismas tácticas que antaño puso en práctica la industria tabacalera.

El pasado reciente aporta pruebas suficientes para documentar que estas tácticas por parte de la industria alimentaria ya se han puesto en marcha. Entre ellas, se incluyen la creación de empresas dentro del mismo grupo con una “cara amable”, la creación de grupos de presión [lobby], el realizar promesas de autorregulación, el interponer demandas y el financiar estudios de investigación que lo que consiguen es tergiversar la evidencia y confundir al ciudadano.

Además, este tipo de tácticas también incluye la realización de donaciones, regalos y contribuciones relacionados con causas nobles, o bien vistas por parte de la comunidad, de forma que estas industrias terminan siendo percibidas como corporaciones respetables tanto a los ojos de la ciudadanía como ante los de la clase política. Entre sus estrategias destacan también el hacer descansar la responsabilidad de una mala salud en cada persona, individualmente; así como pretender hacer creer que las acciones de los gobiernos por regular estas cuestiones no son otra cosa sino una forma más de interferir en la libertad personal de cada cual y su derecho a elegir libremente.

La oposición ejercida es de una magnitud formidable. Ya que un amplio poder en los mercados se traduce en poco tiempo en poder político, son pocos los gobiernos que han priorizado las cuestiones de salud frente a los grandes negocios. Tal y como hemos aprendido de experiencias anteriores, como con la del tabaco, cuando una corporación poderosa se lo propone, puede vender casi cualquier cosa a la población.

Déjenme recordarles una cosa. Ni un solo país del mundo ha conseguido darle la vuelta a la epidemia de obesidad en todos los grupos de edad. Esta realidad no es consecuencia de una falta de voluntad individual. Es consecuencia de la ausencia de voluntad política a la hora de meter mano en este gran negocio.

Estoy profundamente preocupada por dos actuales tendencias:

La primera implica la posibilidad de que la industria y las administraciones lleguen a acuerdos “comerciales” fruto de las denuncias de la primera sobre las segundas. En la actualidad, algunos de los gobiernos que han establecido medidas para proteger la salud de sus ciudadanos están siendo llevados a los tribunales por parte de la industria. Y esto es peligroso.

La segunda se refiere al interés que pone la industria para moldear las políticas de Salud Pública, en especial aquellas medidas que afectan a sus productos. Si una industria está involucrada en la formulación de políticas de Salud Pública, tengan la seguridad de que aquellas medidas más eficaces serán o bien minimizadas o bien apartadas en su totalidad. Esta tendencia también está bien documentada y es así mismo peligrosa.

Gracias.

Dinero

Palabra de Margaret Chan actual Directora General de la OMS (inició su mandato en 2012 y se prevé dure hasta 2017).

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? A mí muy bien por una parte… y muy mal por otra. Bien porque no son habituales las personalidades de este tipo que se atreven a hablar sin pelos en la lengua, o que tras haberlo hecho permanezcan más de una semana en su puesto… y de esto hace poco más de un año.

Y mal por lo mismo, porque fue hace más de un año, y algunos gobiernos que tenemos muy (pero que muy) cerca no se han debido leer todavía este discurso… o si lo han hecho aun están por el suelo mondándose de risa (lo que aun es peor).

Si te ha gustado esta entrada no dejes de consultar:

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Post data: por vez primera en la existencia de este blog te invito a que por favor difundas esta información de la mejor forma que puedas. Creo que atañe a cuestiones que nos conciernen a todos y sobre las que en cierta medida vivimos con una venda en los ojos. Venda fabricada por la industria y anudada a nuestra cabeza por las administraciones. O al revés.

Nota: Apenas hace tres días que fui conocedor de este demoledor discurso en el blog “Comer o no comer” cuando Julio Basulto se hacía eco de él. No suelo publicar artículos que tengan como tema central uno recientemente publicado en blogs “afines”, pero por lo anteriormente dicho en la post data con este hago una excepción habida cuenta de la impresión que causaron en mí estas palabras y la necesidad que creo debiera de existir en darlas a conocer.

Imagenes: World Economic Forum vía Wikimedia Commons y Ambro vía freedigitalphotos.net

Contaminantes químicos en los alimentos: su origen

18 septiembre 2014

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Hoy os traigo un video sencillito en el que se ponen de relieve los posibles distintos orígenes de los contaminantes químicos en los alimentos. Como podrás comprobar no todos los contaminantes químicos proceden de su adición “artificial” ya que algunos de ellos pueden ser “naturales”. ¿Contaminantes químicos naturales? Pues sí, a ver si de alguna forma se puede ayudar a que algunas personas cuestionen su posicionamiento cuando consideran que todo lo “químico” en los alimentos procede de la ingerencia humana o que todo lo “natural” es bueno per se.

Empezando porque todo es química, al menos aquello que goza de materia, y que por tanto, por mucho que consideramos un alimento como “intacto” y “natural” habremos de atribuirle una química consustancial (¿te acuerdas?) y acabando porque hay otra serie de “químicos” que con muy diverso origen pueden acabar en el alimento.

Si, ya sé, cuando las personas se refieren a los “químicos en los alimentos” se refieren a aquellos productos que se le adicionan con el fin de promover su crecimiento, de evitar ser el punto de mira de una plaga cualquiera, etcétera. Pero sin embargo, hay muchas otras sustancias químicas que no son añadidas artificial ni voluntariamente en principio en un alimento determinado y que sin embargo pueden aparecer de forma completamente “natural” en los mismos, y por supuesto considerarse “contaminantes”. Por eso, tratando de hacer un resumen categorizado de la cuestión química en los alimentos traigo este video para que una experta de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) nos lo explique de primera mano.

Además de interesante, acertada y breve presentación no sé si te has dado cuenta, pero este es de los pocos vídeos que a día de hoy pueden descargarse legalmente desde youtube, evidentemente con fines didácticos.

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Imagen: digitalart vía freedigitalphotos.net

Nutrición-área 51: Frutos secos “activados”

17 septiembre 2014

Almendras

Recientemente he sido conocedor de una nueva tendencia nutricional consistente en “activar” los frutos secos antes de comerlos y obtener con está práctica una serie de beneficios.

Al menos se trata de una recomendación nueva para mí y que por lo que he podido comprobar está especialmente asociada a los ritos las prácticas de la alimentación alternativa (ya sabes ese tipo de “alimentación” que se encargan de popularizar  Gwyneth Paltrow y otros especímenes afines). Si bien es cierto que el respaldo que tiene esta práctica con respecto a sus beneficios es prácticamente inexistente, hay que reconocer que algo hay que rascar, muy poco, en esta “activación”. No obstante, antes de que lancemos las campanas al vuelo y de que te desesperes buscando el interruptor de cada almendra veamos qué es eso de la activación de los frutos secos, muchas veces asociado a las almendras en particular.

¿Qué se supone que es la activación de los frutos secos?

Según sus defensores y promotores consiste en someter los frutos secos a un remojo en agua durante un tiempo variable. Digo variable porque entre los que promueven este tipo de prácticas no se ponen de acuerdo, llegando a variar entre las 2-3 horas y las 24. En la temperatura del líquido elemento tampoco hay unanimidad, mientras unos dicen que caliente, otros que “del tiempo” (¿del de Suecia o del de Marruecos?), otros que guardarlas en el frigorífico… y así, en fin, obtener una serie de beneficios nutricionales que de otra forma no se obtendrían. Es aquí, precisamente en el punto de los pretendidos beneficios, cuando llega el desmadre buenrollista. Para una buena parte de los defensores (hay cientos o miles de páginas en internet que te hablan de ello) se consigue:

  • Eliminar o reducir el ácido fítico;
  • Eliminar o reducir los taninos;
  • Neutralizar los inhibidores enzimáticos;
  • Promover la producción de enzimas beneficiosas;
  • Aumentar el contenido vitamínico, especialmente el de las vitaminas del grupo B;
  • Descomponer el gluten y hacer más fácil la digestión;
  • Hacer que las proteínas sean más fácilmente absorbibles;
  • Evitar deficiencias minerales y la pérdida ósea;
  • Ayudar a neutralizar las toxinas en el colon para mantener el colon limpio;
  • Prevenir muchas enfermedades y condicionantes negativos de salud.

¿Qué buen rollo, no? Pues no.

Lejos de semejantes planteamientos lo único sobre lo que se sospecha a ciencia cierta que se obtiene como beneficioso es el punto uno. Nunca una eliminación y sí una reducción de la presencia de ácido fítico. Un compuesto que en cierta medida tiene la categoría de antinutriente de forma que, estando presente en una determinada ingesta puede dificultar la absorción de algunos minerales, en este caso y hablando de frutos secos, principalmente del calcio, del hierro, zinc… No obstante, este mismo ácido fítico también tiene su vertiente positiva, y no poca, sobre la salud, así que cuidadín con las demonizaciones descontextualizadas.

En el “mundo real”, la “activación” de semillas sí tiene una justificación más que contrastada en el terreno de la botánica y de la producción agraria, pero no tanto, o más bien nada en absoluto, en el de la nutrición.  Además, dicha “activación”, la real, la buena… requiere de condiciones cambiantes (tiempo, humedad, temperatura) en virtud de la semilla que se pretenda activar. Para más señas te sugiero que le eches un vistazo a este post “¿Es mejor comer pre-remojados los frutos secos?” de Inés Alonso en su muy recomendable blog ¿Sabemos lo que comemos?

¿Estás seguro de lo que dices, tienes pruebas?

La mejor de ellas, tengo la prueba en boca de quien se dedica a producir y distribuir almendras, en concreto de uno de los mayores productores mundiales, el Almond Board of Australia o Consejo de la almendra australiana (en España la “mesa de productores de frutos secos” no se ha pronunciado a este respecto) quien en este documento afirma que “quienes creen” en esto de la activación de las almendras lo hacen sin ningún respaldo científico ya que no hay publicaciones serias (y creo que de las otras tampoco) en las que se pongan de relieve tales prodigios activadores. Sin embargo, afirma que la venta de “almendras activadas” es un hecho y que por ser un proceso relativamente caro que encarece el precio final del producto sugiere que te las actives tú en casa. Y, ¡oído al parche! en esta activación almendrera se incluye como ya hemos visto el remojo… pero después también una deshidratación.

Por mi parte, y después de haberle dedicado un tiempo a la búsqueda en un sentido u otro de los posibles beneficios de la activación de los frutos secos no he encontrado nada serio (pero nada de nada) y sí mucha palabrería sin fundamento.

Entonces, ¿qué hago, las “activo” o no?

Mi consejo es que no, salvo que seas un seguidor de este tipo de rituales sin mayor fundamento y tu tranquilidad mental espiritual dependa de ello. Incluir una adecuada cantidad de frutos secos en nuestra alimentación cotidiana (en su justa medida) es, en líneas generales, una sana recomendación en el marco de muchas otras. Tu balance mineral, dependerá de muchas otras circunstancias más que allá de que estén “activados” o no. Al final, preocuparse por estas cuestiones tiene el mismo sentido que inquietarse por llevar la bragueta abierta mientras te precipitas desde lo alto de un rascacielos (menudas preocupaciones tienen algunos).

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Nota: Quiero agradecer la iniciativa y aportaciones de Luis Almagro (@drluisalmagro ), de Pablo Zumaquero  (@pzjarana)y de Inés Alonso (@inalma) para la redacción de este post.

Imagen:  lobster20 vía freedigitalphotos.net

Los niños con sobrepeso y sus padres identifican mal su verdadera situación

16 septiembre 2014

Taparse los ojosTan solo una cuarta parte de los niños y adolescentes que tienen sobrepeso, así como solo una quinta de los padres de esos niños y adolescentes son capaces de valorar adecuadamente el peso de sus hijos. Dicho al revés, cerca del 75% de los implicados con sobrepeso y el 80% de sus respectivos padres son incapaces de percibir su verdadera situación ponderal cuando se padece sobrepeso. Unas cifras que se suavizan, aunque no lo deseable, en el caso de niños con obesidad.

Esta fue una de las conclusiones más relevantes de un estudio de seguimiento recientemente publicado por el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades Estadounidense recientemente publicado.

Pero no fueron las únicas. Otras de las conclusiones importantes y que ponen de relieve la relevancia de estar objetivamente al tanto del peso de cada uno como del de nuestros hijos radica en saber que la adopción de medidas para controlar ese exceso de peso es casi cuatro veces más probable cuando se hace una estimación acertada que cuando se está equivocado. Es decir, tanto hijos como padres se ponen manos a la obra para tratar de atajar esa situación cuando la evaluación del peso es acertada. Es algo lógico por otra parte que el aporte de soluciones sea más elevado cuando se tiene constancia de la existencia de un problema y no antes.

Al final, con una muestra de cerca de 2.600 participantes se obtuvieron los siguientes resultados en cuanto a la autopercepción del peso y la percibida por los padres según los sujetos en cuestión tuvieran un peso adecuado, tuvieran sobrepeso y obesidad.

Malinterpretación del peso de los hijos

Habrá quien piense que estos resultados no son extrapolables a España, y no seré yo quien le saque de su error ni tampoco el que le diga que está en lo cierto ya que no hay estudios similares realizados en España (o yo no los conozco). Sin embargo, este error en la valoración ponderal de los hijos cuando estos presentan un exceso de peso se ha contrastado en otros estudios cuando los participantes son de otras nacionalidades, por ejemplo, este de aquí en Alemania, o este otro en Finlandia… y no se me ocurren las razones por las que en España este tema fuera distinto. Más al contrario, y siendo como somos uno de los países europeos líderes en obesidad infanto-juvenil, todo apunta a que los resultados irán por el mismo camino. En lo personal desconozco las razones últimas de esta mala interpretación del peso propio por parte de lo chavales o por parte de los padres, pero entre la “estrategia de la avestruz”, la pereza ante las consecuencias de realizarla de forma adecuada y la vergüenza de verse reflejado uno mismo en la misma situación pueden ser parte de las claves lógicas que expliquen esta situación.

Con esta realidad en el horizonte es preciso darse cuenta que de poco o nada sirven todos aquellos esfuerzos encaminados a reducir la obesidad infantil si los propios implicados no se reconocen a sí mismos como portadores del problema. Y es que tal y como menciona Julio Basulto en este post ad hoc, hay muchos padres, y en especial muchas madres, que consideran normal… e incluso deseable que sus hijos estén “fornidos” o “rellenitos”.

El primer paso para aportar una solución es reconocer tener un problema… y así, en este terreno vamos muy mal.

Valorar de forma adecuada el peso de los hijos facilita tomar las medidas oportunas.

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Imagen: Personal and Parental Weight Misperception and Self-Reported Attempted Weight Loss in US Children and Adolescents, National Health and Nutrition Examination Survey, 2007–2008 and 2009–2010 vía CDC y sippakorn vía freedigitalphotos.net

Productos ecológicos con más kilómetros que la maleta de la Piquer

15 septiembre 2014

manzana ecológica 2Este debate no es novedad, lo sé, pero cada vez que la realidad me pone frente a él me llevan los demonios. Se trata como te puedes imaginar de poder adquirir diversos productos con el sello de “ecológico” cuando su origen o lugar de producción está a cientos cuando no a miles o decenas de miles de kilómetros de distancia. Esto es lo que me pasó el otro día al entrar en mi “súper de conveniencia” (el más próximo a mi domicilio) y contrastar la existencia de unas manzanas ecológicas (con todos los diplomas pertinentes) provenientes de Italia. La distancia, tristemente, ya no es novedad, otros productos de ese supermercado también lucen su lugar de origen y se remonta a países tan exóticos como Sudáfrica, Perú, Marruecos, Chile, pero en estos otros casos o no eran un producto perecedero (estoy recordando una soja ecológica de Chile) o no eran ecológicos (por ejemplo, el caso de las hortalizas y frutas americanas y africanas es habitual, por mucho que en España estemos en plena temporada de esos mismos productos). Pero esto es radicalmente nuevo en mi supermercado: producto ecológico, perecedero y lejano. Una contradicción. Un sinsentido. Una pena. Y las tres, legales.

¿Cómo se supone que han llegado esas manzanas ecológicas producidas en lejanas tierras a instalarse en nuestro supermercado o tienda ecológica? Ya sabemos que esos productos, en pro del “ecologismo” (uso de comillas obligado), han sido producidos sin utilizar “químicos” o determinados fertilizantes o plaguicidas (en el reglamento pone sin que sean “de síntesis”, pero con una boca más ancha que la del metro) pero… ¿acaso hemos de suponer que los camiones que las trasportan funcionan con besos y abrazos? (la irónica propuesta no es mía, es de Antonio Foncubierta, pero tiene más razón que un santo)

Esos camiones, barcos, aviones o lo que sea que las trajo hasta nuestros supermercados para contentar a un consumidor (pijo donde los haya o sin el menor asomo de verdadera conciencia ecológica) sabes muy bien con qué funcionan. Al así hacerlo deja aquello que se conoce como huella ecológica y que en estos casos se mide, entre otras variables, por la cantidad de combustible fósil y de agua que ha sido preciso consumir para hacer llegar ese producto hasta el consumidor final.

¿No sería más ecológico además de más lógico a secas el consumir en este caso manzanas producidas en el entorno próximo? Recordemos que además, en las fechas que corren, las manzanas en nuestra zona están de rabiosa actualidad, perdón… de temporada. De hecho algunos productores de productos ecológicos (Francisco José Acedo entre ellos, @Errolbabash) están que trinan con esta perversión legal de lo “ecológico”.

¿Acaso tienes un miedo cerval a la hora de consumir esas “peligrosas” sustancias químicas presentes en las manzanas de producción convencional? ¿Te asusta el menoscabo que sobre tú salud se puede originar al comerlas? Tres cosas te diré:

  • Puedes lavarlas antes de comértelas,
  • Si aun así no te fías, puedes pelarlas y, en cualquiera de los casos,
  • Has de saber que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria tras un exhaustivo análisis se ha pronunciado en un informe a cerca del peligro que supone la presunta presencia de plaguicidas, y el 98,1% de las muestras analizadas estaba está dentro de los límites permitidos. Es decir, a largo plazo y en el 99% de los casos, cualquier temor sobre este tema es infundado… y a corto plazo habría que comer cantidades ingentes de esos alimentos con niveles por encima como para que pudiera apreciarse. (A este respecto te sugiero que le eches un vistazo al análisis que hace Jose Manuel López Nicolás en su recomendable blog, Scientia)

Yo lo tengo claro y en la práctica me he autoimpuesto un par de normas antes de poner un alimento sobre mi mesa:

  • La primera: Ceñirme habitualmente a la producción nacional de la mayor parte de lo que consumo. Además, si un producto en particular puede tener dos o más posibles orígenes, elegir el más próximo haciendo un balance entre esta variable, el precio y su calidad.
  • La segunda: Adquirir solo aquellos productos que están de temporada.

Esta y no otra es, así por encima, mi conciencia ecológica sobre estos temas.

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Imagen: @juan_revenga

Ni más ni menos: el pan tiene las mismas calorías que el pan

12 septiembre 2014

Antes de meterme en harina con la tediosa cuestión de las calorías (aburrida como ella sola) voy a dejar este texto aquí para que lo leas detenidamente:

El etiquetado [de los productos alimenticios] y las modalidades de realizarlo no deberán ser de tal naturaleza que induzcan a error al comprador, especialmente: […] sugiriendo que el producto alimenticio posee características particulares, cuando todos los productos similares posean estas mismas características.

El fragmento extraído pertenece al RD 1334/1999 sobre la Norma general de etiquetado, presentación y publicidad de los productos alimenticios.

Así pues tomando en consideración que el pan, en general, tiene un aporte calórico de unas 250 kcal/100g resulta llamativo que algunos productores de pan en sus más diversas presentaciones realicen una publicidad haciendo destacar precisamente este dato y dando a entender (por descarte y solo en apariencia) que el resto o al menos una buena parte de los panes tienen más calorías que el suyo. Algo que desde mi modesto punto de vista resulta en una infracción de la mencionada norma.

Thins agrupado

El ejemplo más preclaro lo tenemos en el anuncio de Thins de Bimbo que publicita a modo de ventaja frente a otras opciones, que las porciones en las que se comercializa ese pan aportan 99 kcal. ¡Bravo!, teniendo en cuenta que cada porción pesa según la etiqueta 39g tenemos que los 100 gramos de Thins de Bimbo contienen 247 kcal (en la web 242, y si haces la regla de tres con los datos de la etiqueta, por 100 gramos, salen 253… lo que es ya la pera, no se aclaran ni dentro de la misma empresa). Pero bueno, pelillos a la mar, caloría arriba o caloría abajo… como todos los panes en general, Thins aporta esas mismas 250 kcal/100g de las que te hablaba.

¿Quieres pruebas? Aquí van unas cuantas:

  • El pan de molde “básico” de la misma marca aporta 257 kcal/100g (imagen)
  • El pan de molde sin corteza de Panrico 239 kcal/100g (imagen)
  • El pan de barra de verdad consultado en la Base de Datos Española de Composición de Alimentos (BEDCA) aporta 240 kcal/100g
  • El pan integral sin sal en la misma BEDCA  251 kcal/100g
  • El pan blanco en la Base de Datos de Composición de Alimentos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (o lo que los americanos entiendan por pan blanco) aporta 266 kcal/100
  • El pan integral en la anterior base de datos norteamericana, 252 kcal/100g

Bimbo_Panrico

¿Puede además Thins decir de sí mismo que es un pan ligero?

El eslogan no deja mucho margen de maniobra: “Thins, el pan ligero de 99 kcal”, y por este motivo también podría (el uso del condicional es accesorio) entrar en conflicto con el Reglamento Europeo 1924/2006 sobre s declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos. Para decirse “ligero”, “light” o cualquier otra expresión de similar calado, el producto en sí tiene que cumplir este apartado del RE:

Las declaraciones en las que se afirme que un producto es “light” o “lite” (ligero), y cualquier otra declaración que pueda tener el mismo significado para el consumidor, deberán cumplir las mismas condiciones que las establecidas para el término “contenido reducido”; asimismo, la declaración deberá estar acompañada por una indicación de la característica o características que hacen que el alimento sea “light” o “lite” (ligero).

¿Y qué dice el 1924/2006 al respecto del “contenido reducido”?

Solamente podrá declararse que se ha reducido el contenido de uno o más nutrientes, así como efectuarse cualquier otra declaración que pueda tener el mismo significado para el consumidor, si la reducción del contenido es de, como mínimo, el 30 % en comparación con un producto similar […]

¿Aporta Thins un 30% menos que las calorías aportadas por otro producto similar? Ni de coña.

¿Se hace acompañar el paquete de Thins con una indicación de la característica o características que hacen que el alimento sea “light” o “lite” (ligero)? Pues tampoco.

¿Dónde está el signo diferencial que anuncia Thins de Bimbo? en mi opinión en ninguna parte, para la misma cantidad de producto las calorías aportadas por uno u otro pan son casi idénticas. Así pues, teniendo en cuenta solo el sumando calórico, en vez de las famosas Thins cualquiera puede confeccionar ese sándwich que tenía en mente con dos rebanadas de pan de molde de cualquier otro fabricante (o del mismo) con un resultado calórico prácticamente idéntico. Por ejemplo, dos rebanadas del pan de molde sin corteza de Panrico aportan 108 kcal… ¡9 más!… ¡ya ves que descontrol! (modo irónico activado).

Panes aparte… y calorías también (por favor)

Keep calm and stop counting calories

Parece que hay quien no aprende a la hora de transmitir con sus productos un mensaje coherente con respecto al qué comer, que desde luego no pasa por la decimonónica estrategia de andarse con la calculadora en ristre todo el día contando calorías. Y mucho menos si, aun haciéndolo, el mensaje que se deja flotando en el aire de cara al consumidor medio tergiversa la realidad… y ¿va en contra de la legislación? De todas formas, como ya he dicho tantas veces, una de las innumerables claves para llegar a entender el concepto de “alimentación adecuada” pasa, en principio, por NO contar calorías.

Otra cosa es la cuestión de los gustos, habrá quien prefiera el pan-pan de verdad y rehúya del de molde, habrá quien dentro de los de molde prefiera unos u otros, con corteza, sin ella, con salvado de alforfón salvaje del Himalaya o con espelta ecológica… pero las calorías, que lo sepas, serán muy similares.

Con sinceridad, no sé cómo se permiten este tipo de publicidades con “errores” tan zafios mientras todos tragamos. Quizá este post tenga algo que ver en la respuesta.

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Actualización (12/09/2014): Me acaban de hacer saber (gracias @nacho_zizou) que Aitor Sánchez (@Midietacojea) también dedicó hace poco un post al tema de la publicidad utilizando las calorías (y los números) con interesantes aportaciones sobre esta cuestión, además de un análisis de las alegaciones “integral” y “con fibra” utilizando para ello el ejemplo de este mismo producto. No dejes de leerlo aquí: Pan de 99 calorías ¿es mejor que el resto?

Imágenes: Juan Revenga (@juan_revenga)

Concretar visualmente la cantidad de azúcar podría reducir la atracción por las bebidas azucaradas

11 septiembre 2014

Corazón de azúcarMuy al hilo del post de hace un par de semanas Azúcares añadidos: recomendaciones y etiquetado (deshaciendo la madeja) en el que destacaba el galimatías que supone el etiquetado nutricional cuando de controlar la cantidad de azúcares añadidos que incorporamos se trata (en especial el de las bebidas azucaradas) surge un clarividente estudio que pone de relieve un hallazgo importante. Simple, pero hallazgo al fin y al cabo: no es lo mismo que al consumidor se le informe de que la bebida que se va a tomar contiene 70g de azúcar, que decirle que esos mismos 70g suponen 28 terroncitos de azúcar… y mucho menos mostrárselos, por ejemplo, en una foto. La expresión “contiene 70 gramos de azúcar” es asumida con una muchísima mayor indulgencia que el saber (y no digamos el ver) que esa cantidad de azúcar son 28 terrones. En el segundo caso, contar o ver terrones, hay más probabilidades de que el consumidor decida no consumir la bebida en cuestión y termine haciendo otra elección.

Como decía, esta interesante publicación en la revista Appetite, Concrete images of the sugar content in sugar-sweetened beverages reduces attraction to and selection of these beverages (Representar mediante imágenes el contenido de azúcar en las bebidas azucaradas reduce su encanto y la posibilidad de elección de las mismas) ha puesto de relieve estas cuestiones. Así, tal y como señalan los autores, este tipo de medidas, el poner imágenes en plan terrones o sobrecitos en el etiquetado de las bebidas azucaradas podría ser una herramienta a considerar dentro de las políticas de salud pública y en los mensajes de educación nutricional dirigidos a la población con el fin de frenar su consumo masivo; cuestiones estas que redundarían en un claro beneficio para la sociedad en su lucha contra la obesidad.

Lo cierto es que todos nos llevamos las manos a la cabeza cuando alguien nos “descubre” la verdadera cantidad de azúcar contenida en este tipo de bebidas, que si bien es la misma y se corresponde con los gramos mencionados en el etiquetado, la percepción que se tiene de la burrada realidad no es la misma. La red está plagada de imágenes, blogs y vídeos con este tipo de representaciones que comentan la jugada.

Unidades de conversión: terrón-gramo y sobre-gramo

Las medidas “terrones” y “sobres” de azúcar no son nada precisas, eso es cierto. Por lo tanto decirle a alguien… “lo que te vas a beber tiene 15 sobres de azúcar dependerá mucho del tipo de sobre del que hablemos (y con los terrones pasa igual). A día de hoy los sobres de azúcar que con mayor frecuencia podemos encontrar en la hostelería oscilan entre los 5 y los 10 gramos, con un amplio espectro posible entre estos dos límites que además tampoco son fijos. En cuanto a los terrones, lo habitual es que pesen de 5 a 7 gramos y también es habitual que en ocasiones los encontremos “partidos” en terroncitos de unos 2,5 a 4 gramos. Así pues, más que hablar del número de terrones o de sobres, lo ideal para los fines perseguidos (ejercer cierto efecto disuasorio) sería contar con imágenes tal y como propone el estudio.

Con sinceridad, no me siento especialmente optimista al respecto de esta futurible medida, es decir, no creo que se implante a corto-medio plazo. Sin embargo y en principio no debiera ser así, veamos: no se trataría de una medida coercitiva ni amenazante como pudiera ser: “las autoridades sanitarias advierten que el exceso de azúcar favorece el desarrollo de innumerables enfermedades” tal y como por ejemplo se hace con el tabaco. Tampoco se trataría de grabar con impuestos su consumo… No, esta medida lo único que implicaría es una mejor información.

En sentido contrario parece que eso, el dar una mejor información, no interesa demasiado.

Si te ha gustado este post, quizá te interese consultar:

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Nota: Quiero agradecer a Alfonso Méndez (@alfon_mendez) su interés y aportaciones para la redacción de este post.

Imagen: Tina Phillips vía freedigitalphotos.net

La apetencia y elección de mejores alimentos parecen ser educables

10 septiembre 2014

OK_WRONGAl menos así lo ha puesto de relieve un estudio piloto recientemente publicado en la revista Nutrition & Diabetes que ha analizado mediante resonancia magnética los “centros de recompensa” del cerebro de ocho individuos que previamente se sometieron a un programa de pérdida de peso con una reconducción de los hábitos dietéticos durante seis meses, y los compararon con un grupo “control” de 5 participantes.

Con esta metodología se contrastó que, tras seis meses de intervención, estos centros de recompensa mostraban una mayor actividad que al inicio del programa en el momento que se les suministraba a estos participantes imágenes de alimentos más nutritivos y saludables con un contenido calórico reducido. Además y en sentido contrario, la actividad cerebral del “cuerpo estriado” (centro cerebral vinculado a las respuestas de recompensa) era menor cuando a los mismos participantes se les mostraban imágenes de comida rápida poco saludable.

Estos hallazgos sugieren, en boca de los investigadores, que los participantes en el estudio sufrieron un cambio debido a la intervención dietética de forma que tras ella experimentaron un mayor placer y recompensa en el momento en el momento de elegir productos enmarcados en lo que se podría definir como una dieta adecuada.

Muy en resumen, los resultados apuntan hacia la posibilidad de poder conseguir una especie de reprogramación cerebral de forma que al conseguirlo una persona podría sentirse más “recompensada” al hacer elecciones alimentarias más saludables que las que pudiera sentir en el pasado. Este estudio supone un avance importante en el conocimiento de estas cuestiones ya que hasta el momento muchos expertos dudaban de forma considerable que esas vías de recompensa pudieran ser verdaderamente modificables.

Para que sigamos tomando nota, el programa dietético al que se sometió al grupo de intervención consistió en líneas generales en una dieta con una cantidad importante de fibra (igual o superior a 40g/día), moderadamente alta en proteínas (25% del valor energético total de la dieta) y con un aporte del 50% del valor calórico total de la dieta suministrada en forma de hidratos de carbono obtenidos a partir de alimentos de bajo índice glucémico.

Según uno de los autores del estudio los antojos y los malos hábitos de alimentación son esencia un hábito… y ahora existe una posibilidad para poner en evidencia que es un hábito modificable.

Esperemos que estas nuevas y esperanzadoras posibilidades se pongan de manifiesto en futuros estudios a los que este “piloto” ha dado pie.

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Nota: Quiero agradecer a Guillermo Peris (@waltzing_piglet) y a la Dra. Valdez (@tu_endocrino) sus aportaciones para la realización de este post

Imagen: Stuart Miles vía freedigitalphotos.net

Nuevo libro: Big Brother de Lionel Shriver (narrativa para aprender a base de bien)

09 septiembre 2014

- Si realmente quieres impresionar a Travis, o conseguir caerle mal, y supongo que eso es lo mejor, entonces pierde todo ese peso.

– Joder, cualquiera puede hacer dieta.

– No, cualquiera no. Es lo único que la mayoría no puede hacer.

(Fragmento de la obra)

Big Brother (410x640)Entre los libros que han caído este verano figura de forma destacada Big Brother de la escritora norteamericana Lionel Shriver. Puedo decir con bastantes pocas dudas que es el libro más interesante desde el punto de vista profesional que he leído en años. Algo sorprendente cuando se tiene en cuenta que no es una obra destinada específicamente a tratar cuestiones técnicas de dietética y nutrición. Más al contrario, se trata de una mordaz novela con la que su autora aborda muchas de las cuestiones ponderales desde la perspectiva que tiene la sociedad general. En principio desde el ligero sobrepeso que tiene la actriz principal de la novela, pasando por la obesidad mórbida de su hermano y algunos de los trastornos de la conducta alimentaria, Shriver deja caer entre las líneas de la novela unas más que importantes reflexiones y lo hace al mismo tiempo con una sencillez pasmosa.

El misterio de sus clarividentes apreciaciones sobre las cuestiones dietéticas y la profundidad de las mismas radican al parecer en el leitmotiv que impulsó a su autora a escribir: en realidad contiene una experiencia autobiográfica, una confesión, en relación al fallecimiento de su hermano mayor, que murió víctima de un ataque al corazón tras padecer una obesidad severa (¿Te suena?).

Pero además de todo ello, esta obra se mete de lleno también en las complicadas relaciones familiares, la culpa, las tensiones diarias del tira y afloja entre la familia de uno (la propia) y la del otro (la política).

El argumento, en esencia, tal y como reza la contraportada, relata la historia en primera persona de una mujer (Pamela Halfdanarson) y su familia en el marco de una prototípica vida feliz. Vive en un unifamiliar con los dos hijastros de su marido, un fundamentalista de la vida sana, hasta el punto de poder catalogar a éste como un “nazi de la nutrición”. La “visita” de Edison, el hermano de Pamela que ha engordado de forma inaudita en los últimos años, en el idílico panorama familiar hará poner los pies en el suelo a cada uno de los protagonistas. Con este escenario, en el que se enfrentan bajo el mismo techo el perfeccionismo del marido con la zafiedad del hermano, los conflictos están servidos, hasta el punto que el marido termina por lanzar un ultimátum: o él o yo. Y ella decide marcharse a vivir con su hermano, al menos temporalmente, con el fin de reconducirlo y ayudarle a combatir una obesidad delirante que amenaza ya no solo su salud más inmediata sino también su vida.

No te cuento más… solo que el libro tiene en realidad dos finales uno malo… y el otro peor. Esa es la realidad o al menos lo que a mí me pareció. Sin embargo, y a pesar de los finales, esta obra deja un poso de conocimiento, unas perspectivas, sumamente interesantes para la reflexión. Tal es así que en lo que respecta a mi ejemplar creo que he gastado un bloc entero de post-it para señalar los pasajes más interesantes.

Por último, una nota negativa; pequeña, pero negativa. Puede que sea una apreciación aislada pero a mí la traducción no me ha gustado demasiado. Contiene oraciones de muy difícil comprensión, otras directamente erróneas en su construcción y se usa con frecuencia un vocabulario que no es el “nuestro” (nadie dice “palitos” chinos, y sí “palillos” chinos).

Así pues, ya seas un profesional de las cuestiones dietéticas con una dedicación centrada en la clínica, o simplemente tengas una cierta intención de perder unos cuantos kilos (o más), hacer una dieta o someterte a una operación de cirugía bariátrica, te recomiendo con la mejor y mayor de las intenciones que leas Big Brother. No creo que te defraude.

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Nota: Quiero agradecer a un magnífico amigo y profesional, Miguel Justribó (@migueljustribo) el haberme recomendado este libro.

Nota 2: En el momento de escribir estas líneas y con la intención de enlazar a la página de la editorial (Anagrama) me es imposible hacerlo ya que mi navegador me informa de que ésa página contiene software malicioso. Así pues baste decir de viva voz que la editorial es la antedicha, Anagrama, SA. ISBN: 978-84-339-7895-0; 397 páginas

Imágen: Juan Revenga (@juan_revenga)