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José Ángel Esteban. Señales de los rincones de la cultura. Y, por supuesto, hechos reales.

Un padre enseña

De repente se estrena una película de 1942. En una sala de verdad, con pantalla grande. Un estreno comercial, aunque casi con cita clandestina, dos salas, una en Madrid, otra en Barcelona para ver Había un padre, firmada por Yasujiro Ozu, (el mismo de Historias de Tokio, y El sabor del Sake, y tantas) el maestro japonés de lo pequeño, el tercero de los clásicos junto a Kurosava y Mizogouchi, el hombre que inspira buena parte del cine más moderno, más liviano, desnudo y puro, el de los nuevos contempladores. Es una obra inédita y recuperada, una de sus muchas películas perdidas, pura arqueología emocional y narrativa: pero, oh, paradoja, proyectada con técnicas digitales, es decir, sin celuloide, sin motor de arrastre, sin plato de recogida, sin latas, sólo una señal electrónica, un servidor, un enlace a un nodo en algún lugar del ciberespacio, un proyector, una pantalla, unas butacas, lo viejo y lo nuevo, el riego y… una delicada historia, sutil, cercana, mínima y profunda, de generaciones como casi siempre y con la cámara sin adornos, baja, muy baja, escondida en el suelo, pegada al tatami de una casa japonesa, de una escuela japonesa, para entrar en la intimidad de un maestro viudo y su hijo, de una desgracia que les obliga a separarse, de la distancia en la que crecen, de la manera en que se buscan, en que se necesitan, una historia sobre las cosas bien hechas y sobre lo que enseñamos y aprendemos, sobre lo que trasmitimos. Una delicia.

Hay dos semanas para verla en la pantalla grande, la última historia del año, la última entrega del experimento de una productora y distribuidora especial, Notro Films, metida en muchas cosas todas con un cierto halo de agradecido riesgo, desde Los simuladores, en televisión, hasta este invento del Cine por catorce. Desde el final de la primavera y hasta el final del año ha estrenado una docena de películas distintas, escondidas y sin distribución comercial, historias del nuevo cine asiático (Miike, Jin-ho Hur, Sabu,) que siembran estilo en occidente, recuperaciones de clásicos (Ophlus) o de rarezas fuera de la norma (Jarmush). En la misma sala se puede comprar el dvd, con el descuento de la entrada, y para los espectadores a los que no pilla cerca la parada de metro, propone la distribución inmediata de los dvd.
Desde luego, para dar las gracias.

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Puse ayer un voto en una urna, que siempre es un gusto. Por primera vez había dos candidaturas distintas para el núcleo de la Academia de Cine, por primera vez un patio de butacas lleno en una asamblea. Ganaron Angeles González Sinde, Enrique Urbizu y Manolo Gómez Pereira, se sabe. Yo espero, como lo hemos hablado, que los votos sirvan para quitarse de lugares comunes, de viejas dependencias artríticas y de otras más nuevas, más peligrosas, sin talento verdadero pero especialistas en controles burocráticos y en los pasillos del poder. Obscenas. Ojalá.




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