Se hacía llamar Rebeca. Tomó mi taxi en Manuel Becerra y en seguida comenzamos a hablar de temas cada vez más sugerentes: el tráfico, el paro, la corrupción, su novio y, por último, el amor. Rebeca quería a su novio, pero desde que vivían juntos me confesó que se aburría como una mona. A su novio no le gustaba salir, demasiado casero. Ella, sin embargo, era más de buscar sensaciones, de quedar con gente y vivir más allá del zapping y el sofá.
- Más aún desde que cerraron Megaupload - añadió.
Poco antes de llegar a su destino me dijo que, en realidad, no tenía ningún plan a la vista, que haría tiempo por ahí para no llegar tan pronto a casa. Yo sugerí que me acompañara en mi taxi, que se pasara al asiento delantero y continuáramos con la charla mientras dábamos vueltas por Madrid.
A Rebeca le gustó mi plan. Me pagó su trayecto y luego se sentó delante, a mi lado. Le hablé de este blog, así como de mis proyectos literarios.
- ¡Ahora caigo! Tú eres el taxista ese que salió en Buenafuente, ¿verdad?
Luego me propuso escribir sobre ella en mi blog. Yo le propuse a ella tomar una copa para pensarlo. Los dos aceptamos.
Cinco copas después, tal vez víctimas del alcohol, nos besamos. Luego acabamos en mi casa. En un principio pensé que Rebeca era la típica mujer que necesitaba una vida al margen de su rutina, sentirse deseada a través de otros hombres. De hecho, durante el sexo, se mostró de lo más desinhibida: tuvo más orgasmos que yo.
Pero hoy, al despertarme, ya no estaba.
Tampoco encontré mi guitarra Yamaha (con su funda), ni mi ordenador portátil, ni mi cartera, ni los más de 400€ que guardaba en la mesilla.
……………………………………………………………………………………………………………………
Nota: Escribo esto desde un locutorio. Ya cancelé las tarjetas. También denuncié la tal Rebeca (si ese es su verdadero nombre). Sólo decir que si Megaupload siguiera en activo, tal vez Rebeca se hubiera quedado en su puta casa con su puto novio.









Comentarios recientes