El pin de lo sostenible se viraliza

Siempre se ha dicho que si se menciona a menudo una cosa, acaso una idea, esta puede atraer a alguien o acabar por diluirse en el lenguaje. Pasa con cuestiones tan importantes como amor, valores, paz, bienestar, ética y similares, que llevan viviendo con la humanidad desde sus inicios y han sido objeto de obras literarias, congresos y múltiples manifestaciones sociales. Al final, no solemos pensar lo que decimos cuando pronunciamos esas palabras, tan cargadas de significado y tan demandantes de acciones concretas o compromisos.

Algo similar nos puede suceder con los flamantes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La cantinela transformadora se la han aplicado por todos los lados: desde los calendarios y las marcas de coches hasta el turismo; en la última Fitur celebrada en Madrid incluso vendían destinos de aire sostenible (sic). Qué decir de los recientemente celebrados Premios Goya del cine español. Se ha hecho público que Aenor los certifica como evento cero emisiones lo mismo en el consumo energético que en el transporte y alojamiento de invitados, también en el consumo de agua y en la gestión de residuos, el merchandising, la seguridad y otras cosas; incluso algunas invitadas al evento han reutilizado vestidos de otras personas. Dice la nota de prensa emitida que la compensación se ha llevado a cabo mediante los mecanismos establecidos por la ONU; pero no los especifica. Algo se mueve todo para dar valor al ODS. Núm. 11, Acción por el clima.

Sea postureo o no, empieza a sonar el hecho de que la vida tal cual la llevamos es insostenible, que el pin sostenible debe ser visible permanentemente para recordárnoslo; lo más conveniente es portarlo en el interior de nuestro pensamiento, pero mientras tanto… Nos gustó que lo exhibiese el actor Jesús Vidal, o el director Javier Fresser, premiados por la excelente película “Campeones” en la entrega de los goyas del año pasado.

(SDG ACTION SHOP)

Hay grandes ciudades que se nombran sostenibles y son un continuado desastre en la gestión ambiental y en la preservación de asuntos como la calidad del aire que enferma a sus habitantes, la vida es complicada y otras cosas más. El Observatorio de la Sostenibilidad de España las ha chequeado: Vitoria y Huesca están a la cabeza entre las capitales españolas. Tampoco se libran del dispar sentido del pin empresas de aquí especialmente contaminantes o limitadoras de los derechos humanos, no solamente las energéticas sino grandes constructoras, que los están exhibiendo allá por donde van –tienen intereses en países diversos- a la vez que se olvidan de más de uno de los argumentos implícitos en las sostenibilidad de las personas y el planeta. Al final sucederá que los colorines del símbolo se nos difuminan, por más que cada cierto tiempo un episodio crítico o una catástrofe nos recuerde que la sostenibilidad de nuestro vivir despreocupado debe acabar.

Me ha dado por hacer una búsqueda en Internet y zas: 83.600.000 millones de entradas para sostenible en 0,49 segundos y 84.300.000 para ODS. Otro tanto sucedería si quisiésemos encontrar imágenes sobre los circulitos, que hay que reconocer que visten cantidad. Habrán observado que no hay gente política o empresarial que no lo porte; parece como si la persona que lo exhibe fuese diciendo: ¡Ojo, soy defensora de la sostenibilidad global y hago todo lo posible cada día por acercarme a ella! O no, también puede significar que se lleva el pin de un lado para otro para recordar a uno mismo, y a los demás, que el asunto es grave, que no hemos de perder tiempo en poner mentes y manos a resolver los problemas de manifiesta insostenibilidad de actuaciones, modas y descuidos. El presidente Sánchez es uno de los habituales portadores del pin de los ODS. Por cierto, que fue de los pocos que lo portó en su solapa en la entrega de los premios Goya de este año. Al margen del pin, algo se va notando ya en las palabras de alguna Ministra y Comisionada de su incipiente gobierno.

El pin que lleva Pedro Sánchez en la solapa. (EFE)

Uno, que todavía no tiene pin pues nadie se lo ha regalado, ha acudido de nuevo a Internet y ha encontrado portales en donde los venden o promocionan. El de la ONU  cuesta 7,99 dólares USA, en SDG ACTION SHOP vale menos de tres y tiene buena pinta. Los de metal de colección son más caros, los de eBay vienen sin gastos de envío; si se quiere la bandera de las Naciones Unidas se puede conseguir por 5,87 €.

Al final, nos preguntamos si la vida no va camino de convertirse, al menos en la esfera pública, en una amalgama desordenada de pines y Whatsapp. Lo hacen quienes se ganan la vida con esto, acumulando miles de seguidores de algún acto, no se excluyen escenas que el sentido común calificaría como ridículas o de mal gusto. Ese método lo emplean los políticos de todo signo para decir lo que quieren mostrarnos y mentir sobre lo que a menudo nos ocultan. Hasta la gente sensata vive pendiente de los hilos, incluido Twitter, en donde si teclea ODS le salen tal cantidad de escaparates donde mirar que puede pasarse varios días sin pestañear. También de emoticonos con corazoncitos, caras más o menos sonrientes, manos con pulgares diversos y esos gif que nos inundan cada vez que se nos ocurre mirar el terminal que nos tiene atrapados.

Por lo que se sabe hasta ahora, en España tanto empresas como gobiernos quebrantan lo exigido y comprometido en sus Agendas 2030. De hecho se ha incumplido aquel Examen Voluntario ante la ONU de 2019 que España iba a presentar, será por la inestabilidad política del año pasado. Tampoco la cosa va mucho mejor en el resto de Europa. No lo decimos nosotros. Lo demuestra el informe Europe Sustainable Development Report 2019 de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) y el Instituto de Política Ambiental Europea (IEEP).

Al final, si nos despistamos, corremos el riesgo de que los ODS sean poco más que un bonito pin. Por eso, habrá que desear suerte a la nueva Alta Comisionada para la Agenda 2030 y a la Vicepresidenta de Transición Ecológica. También, recordar a menudo que se empeñen en enseñar a todos que la vida tal cual la manejamos hoy ni siquiera está asegurada para los privilegiados; que adopten todas las medidas comprometidas para rescatarnos del olvido de lo posible, que demuestren constantemente a las empresas y la ciudadanía que vivir mañana exige algo más que ponerse el pin sostenible.

En fin. Tanto se está viralizando el pin de la sostenibilidad que el asunto (moda, preocupación, deseo o engañifla, no se sabe en qué proporción) a algunos se nos está haciendo insostenible.

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