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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

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La peligrosa definición de extremismo en Rusia

En Rusia puedes ser condenado por extremista si eres acusado de “incitar a la discordia social” o por “expresión de superioridad religiosa”. Esta ambigua definición recogida en el Código Penal del país se ha utilizado en el caso contra Pussy Riot que envió a prisión dos de sus miembros durante dos años, y en la condena a un joven de 22 años por grabarse jugando Pokemon Go en una iglesia y subir el vídeo online. Asimismo, el Kremlin ha declarado a los Testigos de Jehová como una organización extremista y sus 170.000 miembros se arriesgan a multas o penas de cárcel si desafían la prohibición.  

El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas se reúne en agosto para supervisar la aplicación de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. El órgano conformado por expertos independientes examina los informes presentados por los Estados que han ratificado la Convención, Rusia incluida. Organizaciones de la sociedad civil presentan asimismo informes ‘alternativos’ sobre la situación y participan en sesiones de debate.

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Ucrania: un país dividido

Maidan

Una imagen de Maidan por la noche que fue centro de las protestas contra el gobierno de Yanukovich a finales de 2013 y principios del 2014 / Núria Segura Insa

Un país dividido. Así es Ucrania y así se vio reflejado en la segunda vuelta de las elecciones municipales del pasado domingo. En la parte Occidental, la más cercanas a Europa, principalmente, ganaron las fuerzas o partidos aliados al gobierno, mientras que en la zona del este, mayoritariamente, vencieron los candidatos simpatizantes con los rusos.

¿Pero por qué se da esa división? Pues bien simple y llanamente, porque mientras en el oeste gran parte de la población se definde como ucraniana, en el este en cambio son rusos. La semana pasada, precisamente, estuve en Zaporiza, una ciudad en la provincia que lleva el mismo nombre y que es colindante con Donetsk, donde hay el conflicto armado con guerrilleros autóctonos prorusos y el gobierno.

Zaporiza, que su traducción quiere decir la ciudad de los rápidos porque la cruza un río, es la tercera metrópolis económica del país porque tiene la mayor hidroeléctrica de Ucrania, así como una fábrica de aviación. Esta ciudad tiene 900.000 habitantes de los cuales el 90% hablan ruso. Por eso, no es de extrañar que ganara el candidato independiente Volodymyr Buriak con el 58,48% de los votos, más cercano a Moscú que Kíev. Aunque este ingeniero jefe de la empresa Zaporizhstal se presentaba como independiente, todo el mundo era consciente de que representaba al Partido Opositor de Ucrania, que está formado, en gran parte, por los antiguos miembros del Partido de las Regiones, que era el del presidente Víctor Yanukóvich, que renunció a raíz de las protestas de Maidan.

En Kíev pasaba todo lo contrario ganaba uno de los líderes de la revolución de Maidan el boxeador Vitali Klitschko con el 40% de los votos. A nivel nacional, el partido del presidente Petro Poroshenko incluye en sus filas miembros de Undar, la formación de Klitschko.

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Occidente y Rusia, aniversario por separado

Marcha 9 de Mayo / Flickr Dmitriy Fomin

Marcha 9 de Mayo / Flickr Dmitriy Fomin

Hace 70 años, Occidente y Rusia derrotaron juntos a la Alemania nazi. En 1945 fueron grandes aliados y hoy se encuentran profundamente divididos y celebrando por separado el 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial.

La ceremonia del Día de la Victoria se celebra en muchos lugares, pero Rusia es el único que lo festeja el 9 de mayo (y no el 7) y el único que incluye una marcha militar.

Boikot occidental

El pasado sábado se realizaron desfiles en 26 ciudades rusas. Moscú fue la que acogió el desfile militar más grande de su historia. Este estuvo, sin embargo marcado por la discordia entre Estados Unidos, las potencias europeas y la Federación Rusa. Los líderes de occidente no acudieron al desfile como castigo por su intervención en Ucrania. La canciller alemana, Angela Merkel; el primer ministro británico, David Cameron; y el mandatario estadounidense, Barack Obama, boicotearon la marcha militar del 9 de mayo en la Plaza Roja de Moscú, mostrando el mismo desdén que el presidente ruso, Vladimir Putin, el pasado 27 de enero, cuando se abstuvo de asistir a la conmemoración de la liberación del campo de concentración de Auschwitz en Polonia. Petró Poroshenko, presidente de Ucrania, tampoco se dejó ver en la Plaza Roja.

Nuevas alianzas

El presidente de China, Xi Jiping, sí asistió a la celebración. Y una columna de tropas chinas desfiló en la Plaza Roja por primera vez en la historia, en señal del acercamiento entre el gobierno del presidente Vladimir Putin y Pekín y que envía el mensaje que Rusia tiene otras alianzas y puede arreglárselas sin la cooperación de Occidente.

Celebración con alto componente político

Vladimir Putin agredeció elsábado la contribución de la coalición aliada a la victoria sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundia. Pero también lanzó un mensajepunzante a Europa y Estados Unidos: “Ahora, transcurridos 70 años, no debemos olvidar que fueron las ideas de supremacía racista y excepcionalidad las que provocaron la guerra más sangrienta de la historia”. El presidente ruso ha alertado reiteradamente este año sobre el resurgir del fascismo en Europa y ha cargado contra la preponderancia de Estados Unidos en el mundo. Putin advirtió de que los “intentos de crear un mundo monopolar minan “la estabilidad del desarrollo mundial”.

Marcha 9 de Mayo/ Flickr Dmitriy Fomin

Marcha 9 de Mayo/ Flickr Dmitriy Fomin

“En décadas recientes, lo principios internacionales de cooperación han sido cada vez más ignorados. Estamos viendo como la mentalidad de bloqueo militar está ganando impulso, añadió Putin. Las declaraciones hacen eco de las quejas hechas en el pasado por el presidente ruso sobre lo que llama los esfuerzos de EE.UU. y sus aliados de la OTAN de rodear a Rusia militarmente.

Putin instrumentalizará la ausencia de sus homólogos de Estados Unidos y Europa para continuar haciendo campaña antioccidental”, sostiene” Kathleen Smith, de la Universidad de Georgetown en una entrevista a la Deutsche Welle.  Aludiendo al discurso oficial ruso según el cual el Kremlin está luchando contra los políticos de talante fascista y ultranacionalista que derrocaron al presidente ucraniano Víktor Yanukóvich y tomaron el poder en Kiev, apoyados por los servicios secretos estadounidenses.


Con darle la espalda al Kremlin, occidente pretender recordar a Rusia que su anexión de la península ucraniana de Crimea en 2014 y sus presuntas estrategias de armar a los rebeldes separatistas en el este de ese país son hechos que no serán pasados por alto. Para el 61% de los rusos las ausencias de algunos líderes políticos internacionales no es importante porque, según argumentan, el desfile va dirigido a los veteranos de guerra y no a los líderes extranjeros, según recoge un sondeo llevado a cabo por el centro de opinión ruso VtsIOM

Hace 70 años Rusia y occidente estaban unidos en la lucha contra el régimen fascista de Adolf Hitler y lograron juntos la capitulación de Alemania, hoy conviven con recelos y reproches.

 

Ucrania, un año después del adiós a Yanukovich

Kiev

Miles de personas se manifiestan en Kíev, un año después de la caída de Yanukovich / EFE

Miles de manifestantes acampan en Maidán, la plaza central de Kíev (Ucrania), mientras en otro lado de la ciudad, el presidente, Víktor Yanukovich, abandona la capital. Horas después, el parlamento ucraniano, la Rada, vota a favor de su destitución. Esto sucedió el 22 de febrero de 2014, así terminaban tres meses y dos días de manifestaciones contra el régimen de Yanukovich, pero se iniciaba el actual conflicto en el que vive actualmente sumergida Ucrania.  En Mayo, el país votó en unas elecciones la configuración del nuevo parlamento más cercano a Europa, pero las bases del conflicto ya estaban servidas.

Yanukovich era de Donetsk, una región al este del país con una amplia mayoría de etnia rusa y en la que los ucranianos que habitan ahí son muy cercanos a Moscú y hablan ruso, ya que viven en la frontera entre los dos países. Tras su destitución, en Donetsk y en la vecina Luganks empezaron haber manifestaciones a favor de Yanukovich y del Kremlin. Estas protestas cada vez se fueron radicalizando más hasta acabar en lo que es hoy: una guerra civil entre los prorusos y las fuerzas armadas del régimen de Kíev. Además, ambas regiones votaron en un referéndum separarse de Kíev y constituir las República Popular de Donetsk (RPD) y la República Popular de Luganks (RPL).

Pero este no es el único revés para el gobierno ucraniano. En la península de Crimea, al sur del país y enclavada en el Mar Negro, unos meses antes, en marzo, sus habitantes votaron en un referéndum independizarse de Ucrania y anexionarse a Rusia.

Este año de conflicto nos han dejado episodios tan sonados como el que tuvo lugar el pasado verano, el  17 de julio de 2014, cuando un misil derribó en Donetsk un avión de Malasya Airlines que cubría la ruta de Amsterdam – Kuala Lumpur.  Las 298 personas que viajaban en el vehículo, 283 pasajeros y 15 tripulantes, murieron y hoy en día aún no se sabe quiénes fueron los responsables del ataque, ya que ambos lados culpan al contrario de lo sucedido.

Minks

Putin, Hollande, Merkel y Poroshenko en el encuentro de Minks / 20Minutos

Para intentar poner punto y final la crisis, recientemente, el 11 de febrero Bielorrusia acogió una cumbre entre los presidentes de Ucrania, Petró Poroshenko, Rusia, Vladimir Putin, Alemania, Angela Merkel, Francia, François Hollande, y los líderes de la RPD, Alexánder Zajárchenko, y el RPL, Ígor Plótnitski. Finalmente, se logró consensuar el acuerdo de Minsk II para tratar de poner punto y final a la crisis.  Este es el segundo intento tras el fracaso del acuerdo de Minsk de septiembre de 2014 que si bien no consiguió parar el ruido de las armas, sí que palió la intensidad de los combates.

Esta semana, en el marco de Minks II, Ucrania anunció que inicia la retirada de sus tropas en las zonas de batalla del este del país, uno de los puntos básicos para alcanzar el alto el fuego definitivo.

Un año después de la caída de Yaunovich, Ucrania no encontró la paz. Hoy analizamos con Bricio Segovia, experimentado periodista de la cadena Russia Today y que ha sido enviado especial en Ucrania durante el conflicto, cuál es la situación se vive en ese país, que es la puerta de entrada del gas ruso hacia Europa.

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Siria. Eras, eres.

Lo que empezó la primavera del 2011 como un ápice de esperanza ante la posibilidad de derribar a un régimen opresor y autoritario es ahora la peor pesadilla que jamás ninguno imaginó. Era una revuelta. Era primavera árabe. Eran jóvenes sin miedo. Hoy Siria es guerra civil, es el infierno entre fronteras, son más de 140.000 muertos, millones de desplazados y refugiados y cerca de 9 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria. Hoy Siria no es miedo, es horror. Y lo que más duele: ya no es esperanza.

Tras tres años de conflicto la situación sólo ha empeorado y las perspectivas de una mejora para el país son palabras vacías en el aire. Cuando en marzo de 2011 parte de la población salió a la calle para protestar Occidente miraba a otro lado. Para Estados Unidos Siria era para aquel entonces insignificante. A medida que la represión se brutalizó y empezó a crecer el número de muertes el país se incomodó. Mientras, la oposición se armaba y se fraccionaba. En agosto de 2012 Obama fijó una línea roja: un ataque con armas químicas. La línea roja que el mundo no debía permitir cruzar a Bachar Al Asad, o mejor dicho, la línea roja que Estados Unidos no permitiría, más por lo que ello simbolizaba que por lo que podía causar.

Un año después esta línea fue cruzada. El 21 de agosto de 2013, el régimen de Asad usó armas químicas contra la población y provocó más de 1.000 muertos. Obama se levantó entonces para hacer oír su voz. La gran preocupación de Estados Unidos no eran los cuerpos sin vida sino la credibilidad de su presidente y el miedo a que países como Irán comprobaran que el uso de arsenal nuclear no tenía ninguna consecuencia en el juego internacional.

Durante semanas Obama se dirigió a los estadounidenses para convencerles de una intervención en Siria. El mensaje para convencer a sus ciudadanos se basaba en tres premisas:

1. Siria no es Irak ni Afganistán. Estados Unidos no quiere meterse en otra guerra.

2. No habrá botas americanas sobre el terreno. O sea, no volverán cadáveres a casa.

3. El coste de la inacción será más alto que el de la acción. Obviamente no en términos de víctimas mortales porque desde el ataque con armas químicas la violencia en el país no se ha detenido, el gas sarín ha sido sustituido por bombas y el número de víctimas no para de crecer.

Pero el 27 de septiembre el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó una resolución unilateral que pedía a Asad la destrucción o la entrega de todo el arsenal químico antes del verano de 2014. La cosa iba encaminada y fue el empujón necesario para que Rusia y Estados Unidos apostaran por co-liderar la vía diplomática hacia unas negociaciones de paz.

A principios de este año tuvo lugar la conferencia de paz de Ginebra II, el primer encuentro entre representantes del poder y miembros de la oposición. Y terminó sin ningún avance concreto. No era la primera vez que lo intentaban. Ya lo hicieron en 2013, cuando el secretario de estado norteamericano, John Kerry, y el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, acordaron “sentar ambas partes [el gobierno de Asad y la oposición] en una misma mesa”.

A esta interminable pesadilla que es hoy Siria se le añade ahora la crisis abierta entre Obama y Putin por Ucrania y la anexión de Crimea. Si había algún indicio de diálogo sobre Siria se ha desvanecido. La vía diplomática está claramente estancada y es momento que Estados Unidos replantee su política exterior.

Hoy Siria no es miedo, es horror. Y lo que más duele: ya no es [ni será] esperanza.

BLANCA BLAY


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blanca.blay@gmail.com

Crimea: No estamos en 1914 y esto no es Serbia

 USA-Russia“Éste es probablemente el momento más peligroso desde la crisis de los misiles en Cuba (1962). La clave es si Putin intenta moverse en el resto de Ucrania”, señaló al diario digital La Tercera el analista estadounidense Clyde Wilcox, de la Universidad de Georgetown, en Washington D.C.

La ocupación de Crimea por parte de Rusia ha provocado la mayor crisis entre Este y Occidente desde el final de la Guerra Fría en los años 90.

Al mismo tiempo que la Unión Europea advertía que “ni reconoce ni reconocerá ” la anexión de Crimea, La Casa Blanca calificó las decisiones de Vladimir Putin como “una amenaza para la paz”. Si el año pasado la situación en Siria ya había agregado más tensión a la delicada conexión entre Estados Unidos y Rusia, los hechos en Crimea convierten esta relación en una situación sin precedentes desde el colapso de la Unión Soviética. Lee el resto de la entrada »