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Los espárragos blancos frescos no crecen en las latas

16 mayo 2013

Pelar espárragos

¡Mediados de mayo y yo aun sin escribir sobre los espárragos!

Ya sabes que en este espacio no te vas a encontrar monográficos de alimentos que hablen de sus virtudes nutricionales y todas esas cosas. Por eso, el volver a hacer protagonista a un producto concreto debiera ponerte sobre la pista del particular aprecio que le profeso.

Pero es que no me resisto, en especial cuando queda patente que a mí alrededor una buena parte de la población no entiende por “espárragos” lo mismo que un servidor. Lo digo por que la mayor parte de la gente sabe que hay dos tipos de espárragos, los verdes y los blancos, eso está claro; sin embargo muchos de ellos se debe creer que los blancos crecen en las latas o se ponen blancos por estar en ellas. Tengo algunos conocidos cercanos que afirman que nunca (repito, nunca) han comido espárragos blancos que no sean de lata o bote, es decir, no conocen los espárragos frescos. Te pongo un ejemplo real como la vida misma.

Supermercado abarrotado de gente, pasillo de las conservas (muy próximo a la zona de frutas y verduras frescas). Entonces, a mí espalda, oigo cómo una mujer joven se dirige a su interlocutor, varón, diciéndole:

¡Mira cariño, ya hay por fin espárragos!

Como eran principios del mes de abril no pude por menos que sorprenderme (difícil encontrar en esa época espárragos de temporada y menos este año que empezó tan tarde) y me di la vuelta. Esta mujer, con su “por fin hay espárragos” se refería a ¡los espárragos de lata!

Más cercano tengo el caso de mi vecina de blog “En busca de una segunda oportunidad” que practicando un recomendable vegetarianismo de baja intensidad (o flexitarianismo) me confesó el otro día que nunca había probado espárragos blancos frescos… frescos solo los verdes.

Aprovechando que este año aun tenéis tiempo si queréis probarlos (el espárrago fresco tiene una temporalidad francamente efímera) quiero dejar claro mi parecer al respecto del valor gastronómico-culinario de los espárragos blancos frescos.

En mi opinión el parecido gastronómico que hay entre los espárragos frescos y los de lata o bote es de un orden de magnitud similar al que se puede establecer en el parecido entre un huevo y una castaña o entre un rodaballo salvaje al horno y los “palitos de cangrejo”, o entre una McHamburguesa y un solomillo de cerdo ibérico a la plancha por poner solo unos pocos ejemplos. Como ves, cosas que a pesar de tener un relativo mismo origen, al final, no tienen nada que ver. Absolutamente nada que ver.

Si quieres probarlos, y te animo a ello, te recomiendo que vayas a una verdulería o a ese tipo de supermercados que se suelen caracterizar por tener “de todo”. La temporada habitual para comprar espárragos frescos va desde principios de finales de abril, principios de mayo hasta mediados de junio. Te sugiero que optes por los espárragos de Navarra, a mi juicio nada que ver con los espárragos frescos de otro origen. Se distinguen porque habitualmente los de Navarra se presentan más “feos”, con una buena parte del tallo (no solo las puntas) y no es infrecuente que aun conserven cierta cantidad de tierra adherida. Calcula cerca de 400g por comensal.

Una vez adquiridos, un precio razonable es de entre 3 a 7 €/kg habrá que lavarlos y pelarlos. Una vez lavados se trata de seccionar los 2 ó 3 últimos centímetros del tallo (por arriba) y sin terminar de producir el corte estirar hacia la punta (hacia abajo) quitando esa parte de la piel. Una vez que el espárrago te haya “dicho” cuánta piel quitar con ese primer corte habrá que pelar desde arriba y hacia abajo el resto de la superficie de cada ejemplar (nota: conforme te acerques a la punta del espárrago hay que eliminar menos piel, las puntas se quedan intactas)

Ya pelados se ponen en una olla exprés y entre 20 y 30 minutos después (dependiendo de su grosor) ya los tendrás listos.

Espárragos (640x233)

 

A los puristas nos gusta comerlos sino calientes al menos si tibios. Para ello, mi forma preferida consiste en poner una ligerísima capa de aceite y vinagre (ambos de la mejor calidad) en la superficie de un plato, servir los espárragos tibios bien escurridos de su agua y acompañar de una buena mayonesa casera… a partir de ahí a disfrutar y a entornar los ojos en cada bocado. Ya me contarás tú si hay o no diferencia con el mejor de los espárragos en conserva.

Por cierto, no tires el agua. Te servirá para hacer otra exquisitez, la crema de espárragos que podrás consumirla tanto en frío o como en caliente. Para ello pon a cocer 3 ó 4 patatas grandes y peladas en el agua hasta que se abran. Añades un chorrito generoso de aceite de oliva, una “nuez” de mantequilla, sal y pimienta al gusto… y a disfrutar de nuevo. Ha de quedar clarita pero al mismo tiempo con cierto cuerpo.

Para los más sibaritas comparto con vosotros una receta que me pasó el otro día mi santa madre por teléfono. Consiste en tener la crema ya caliente, hacer a parte un huevo escalfado, añadírselo a la crema y poner por encima unas gotitas de aceite de oliva aromatizado con trufa. Si además te has reservado unos pocos espárragos para trocearlos e incorporarlos a la crema, mejor que mejor. Creo que me dijo mi madre que esta receta se la oyó o vio o yo que sé a Martín Berasategui.

Y ahora sí que sí #slurpslurp. Vaya que sí.

Crema de espárragos

 

¡Buen provecho!

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Foto 1: franky242 vía FreeDigitalPhotos.net

Pinzimonio: una sabrosa y saludable opción de picoteo o aperitivo

08 mayo 2013

Pinzimonio_Benedetto Dell'AricciaAlguna vez he comentado que una buena parte de las causas de nuestro malos hábitos es el ambiente obesogénico en el que vivimos. Hay muchos, muchísimos, elementos implicados en esta cuestión del ambiente obesogénico. La vida que llevamos muy facilitada desde el punto de vista  de la actividad física, una superabundancia alimentaria, un aumento de las “soluciones” para comer a base de alimentos procesados, un decreciente saber hacer culinario, una oferta casi ilimitada de picoteos (dulces o salados) más o menos poco adecuados en especial cuando estos se repiten con demasiada frecuencia, etcétera. Como tantas veces he dicho no hay soluciones milagrosas sino posibles cambios de hábitos hacia aquellos más saludables; retomar buenas costumbres y desterrar las malas.

Una de esas posibles herramientas podría ser la inclusión de mejores alternativas a los típicos aperitivos caseros a base de snacks salados, fritos y demás. Y hoy os acerco una que nos viene desde Italia. Se llama Pinzimonio y consiste servir verduras y hortalizas cortadas normalmente en bastoncitos con los que poder untar en una salsa vinagreta preparada a tal efecto.

Como siempre no se trata ni de que te aburras con opciones hipersaludables ni de que aburras a los posibles invitados que en un momento dado recibas en tu casa. Considéralo una alternativa, una opción más que, o bien sola o bien junto a otros aperitivos, pueda estar presente en tu mesa en un momento dado.

¿Cómo se hace el pinzimonio?

Es sumamente sencillo, has de escoger las hortalizas frescas que tú prefieras y cortarlas en tiras o bastoncitos. Entre las más típicas que suele incluir este aperitivo de origen italiano están el apio, la zanahoria, el hinojo, el pepino, el pimiento rojo, los rábanos (estos no suele hacer falta cortarlos), endivias, cebolleta… y todas las demás que tu quieras considerar. Lo más frecuente consiste en disponer los bastones de las hortalizas en vasos o recipientes altos y estrechos formando una especie de ramillete.

Para la vinagreta puedes utilizar los ingredientes que más te plazcan, para mí los básicos serían un buen aceite de oliva virgen extra con sabor acentuado (por ejemplo de aceitunas arbequinas) un buen vinagre de jerez añejado de los que tenemos fantásticos en España y una pizca de sal. A partir de ahí, tú mismo, puedes incorporar distintos tipos de pimienta, mostazas, un picadito de cebolla, alcaparras, zumo de limón u otros ingredientes. Es importante batir de forma vigorosa la vinagreta sabiendo que con el paso del tiempo lo más probable es que se separen sus fases y haya que volver a batir. Lo cierto es que creo que la receta tradicional de este palto no incorpora vinagre y se untan las hortalizas en el propio aceite especiado o no. Normalmente yo soy más de vinagretas, aunque depende de los días. Tú mismo.

Al final se trata de hacer una especie de aperitivo del tipo “dip” (untar) pero con unos ingredientes más alejados de la cultura americana (nachos, nuggets, snacks con salsas picantes, mayonesas, etc.) y más próxima a nuestras tradiciones o en este caso a las tradiciones vecinas.

Poco se puede innovar en un plato tan sencillo y básico, pero por probar que no quede y depende de tus gustos que la vinagreta la puedas cambiar o combinar con otras salsas como por ejemplo salsas de yogur de tipo griego como el tzatziki, salsas orientales a base de soja o de influencia árabe como un sabroso hummus.

A untar y a disfrutar. #slurpslurp

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Foto: Benedetto Dell’Ariccia

¿Qué pasaría si funcionases con pilas alcalinas en vez de con alimentos?

29 abril 2013

Human BatteryNo sé si alguna vez te has parado a pensar con cierto detalle la “maravilla” que supone eso de “funcionar” como funcionamos. La pregunta es rara, lo sé; me refiero a si alguna vez has considerado el “milagro” de cómo damos respuesta a nuestras necesidades energéticas. Los coches necesitan gasolina, las televisiones enchufarlas a la red, el mando de estas las pilas, etcétera. Y nosotros… solucionamos esos requerimientos energéticos con comida. A diferencia de los elementos citados, en nuestro caso, con la ingesta de alimentos obtenemos esa energía que nos hace falta para funcionar día a día. Así, de forma genérica, a estas alturas ya sé que lo sabes, se estima que una mujer media necesita unas 2.000 kcal/día y un varón medio entre unas 2.300-2.500 kcal/día.

A lo que voy, ¿te has parado a pensar realmente cuánta energía es esta? Es decir, ¿has reparado alguna vez en, por ejemplo, cuántas pilas tendríamos que ponernos todos los días si toda esa energía que necesitamos hubiera que aportarlas con pilas alcalinas como las del mando de tu televisor?

Bien, te diré que los cálculos son sencillos, pero hay que tener una mínima base sobre las unidades físicas, así que vamos a intentarlo, ¿te atreves? Vamos con ellos:

Lo primero que hay que hacer es pasar esta incómoda unidad que son las calorías a la del Sistema Internacional de Unidades, es decir a julios (J). Si pensabas que la caloría era una unidad pequeña de energía, espera a ver el julio, te lo digo porque…

1 caloría = 4,18 julios

Para que te hagas una idea el julio es tan pequeño que equivale, más o menos, a la energía necesaria para lanzar un metro hacia arriba una pelota de béisbol o también la energía gastada por una mujer media en una centésima de segundo mientras está en reposo.

Con este dato podemos decir tanto que 2.000 kcal/día es el gasto medio de una mujer media, como que es de 8.360.000 julios/día (ocho millones trescientos sesenta mil julios al día, o bien 8,36 x 106 J/día)

Vamos con las pilas:

Cada pila del tipo AA (las de tu mando de televisor) proporcionan una carga eléctrica de unos 2,4 amperios-hora (Ah), teniendo en cuenta que tienen un voltaje de 1,5 voltios (V) y sabiendo que en términos de electromagnetismo 1 vatio(W) es igual a 1 voltio por 1 amperio, tenemos que una pila puede llegar a aportar 3,6 vatios-hora (=1,5V x 2,4Ah)

Sabiendo que en la mecánica clásica 1 vatio es igual a 1 julio/segundo y que una hora tiene 3.600 segundos tenemos que esa pila AA de nuestro mando aportará una energía equivalente a la de 12.960 julios.

Y ya solo nos queda lo más sencillo: si una pila aporta12.690 julios, para llegar a aportar 8,36 x 106 julios (que es lo que necesita nuestra mujer en un día) harán falta nada más y nada menos que… ¡645 pilas AA para un día! (=8,36 x 106 / 12.960)

Pilas_ tomblois

En resumen: La energía que precisa el patrón medio de las mujeres, 2.000 kcal/día podría ser aportada por unas 645 pilas alcalinas del tipo AA. Y en el caso de un varón medio a razón de 2.500 kcal/día se necesitarían unas 806 pilas del mismo tipo.

Como verás a continuación hay algunas ventajas interesantes en funcionar con comida y no con pilas. Por ejemplo, los aspectos económicos de la cuestión; todos sabemos de lo cara que está la cesta de la compra, lo que ha subido el pan, el aceite y la leche, y que si mira Ramón a cuánto está el salmón, etcétera. Pero por mucho que suba será difícil que se llegue a tener que invertir más de 500 € al día las mujeres y más de 630 € los hombres… que es la cifra que necesitaría invertir en pilas en vez de en alimentos. Al año, más de 182.500 € las mujeres; y cerca de 230.000 € los hombres.

Otra de las ventajas es que, probablemente, el quitarse y reponer todos los días de 645 a 806 pilas fuese más lento que seguir con nuestro rudimentario sistema de comer y obtener la energía de los enlaces químicos de los principios inmediatos de los alimentos. ¿Te imaginas que mientras estás acabando de ponerte las pilas estas “salten”? Por cierto, si esto se hace por las mañanas, antes de ir a trabajar, las mujeres en este caso tardarían menos que los hombres en salir del baño (tendrían que reponer menos pilas)

Después de tanta greguería energético-alimentaria, sólo me queda por aclarar que todos estos cálculos se han realizado contando que los seres humanos seríamos tan ineficaces en la obtención de la energía de las pilas como lo somos al hacerlo desde los alimentos. Para que te hagas una idea, solo el 20% de la energía química contenida en los alimentos que ingerimos es aprovechada en forma de energía mecánica o calorífica. Si fuésemos 100% eficaces en la obtención de la energía de las pilas “solo” necesitaríamos el 20% de las cantidades señaladas, es decir, 129 en el caso de las mujeres y 161 en el caso de los hombres.

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Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia

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Foto 1: http://mrbadger.deviantart.com/art/Human-Battery-Poster-Series-196273487

Foto 2: tomblois vía Flickr

¿Adelgazar a base de masticar chicle?

25 abril 2013

Chewing_gum_stickSé que la idea puede parecer de bombero. Bueno en realidad lo parece y también lo es, pero hay gente (¿seria?) que se ha llegado a plantear esta cuestión. El punto de partida es muy sencillo: para masticar hace falta invertir una cierta cantidad de energía, mayor que el no hacerlo, y si el chicle no aporta energía, al final se genera un gasto que podría contribuir a la pérdida de peso. Otra teoría (insisto, una teoría) es que el masticar pueda ayudar a aplacar el apetito. No digo a eliminar, pero si al menos a reducir en cierta medida unas ciertas ganas de comer.

Así que, en definitiva, no resulta tan ridículo el poder llegar a teorizar acerca de que el masticar chicle termine por ayudar a perder peso. Como te decía, por impensable que te pudiera parecer, hay gente que lo ha investigado.

Por ejemplo en 1999 en una carta al editor de la prestigiosa revista New England of Journal Medicine firmada por James Levine, un investigador  con bastante experiencia a sus espaldas en la investigación del cálculo del gasto energético, refirió haber estimado el gasto calórico “extra” por el hecho de mascar chicle. Para ello contó con 7 sujetos no obesos a los que midió su gasto energético en reposo y luego mientras masticaban un chicle sin calorías durante 12 minutos y a una frecuencia prestablecida de 100 batidas de mandíbula por minuto marcada por un metrónomo (¡menuda tensión!). Pues bien, se halló que el masticar chicle suponía un aumento medio del gasto energético de unas 11 kcal por hora más que si no se mascaba chicle. Es decir, masticar chicle supone un 19% más de gasto que si no se mastica. Con esta cifra como referencia el investigador se aventuró a afirmar que masticar chicle mientras se está despierto, al cabo de un año podría propiciar pérdidas de peso de hasta 5 kg. Conclusión que al menos a mí me parece un poco precipitada y fuera de lugar. ¡Perder 5 kilos en un año por masticar chicle! Veamos, este dato se obtiene de extrapolar el resultado del gasto por estar masticando durante 12 minutos (solo 12 minutos) a hacerlo durante todo el tiempo de vigilia (al menos no implicaría seguir masticando mientras duermes, algo es algo) y además con esa frecuencia. Sinceramente, me parece desproporcionado.

Desproporcionado en especial cuando en el mismo escrito el autor señala que el incremento del gasto con respecto al gasto basal por el hecho de permanecer de pie es del 11% y que, por ejemplo, del 106% por caminar 1,6 km. En mi opinión, al igual que no se debe, por que no se puede en la práctica, extrapolar los datos puntuales del incremento del gasto por andar 1,6 km, tampoco se deberían extrapolar los datos puntuales de masticar chicle durante 12 minutos.

Bubble gum_Enokson

Sin embargo, el tema del chicle da para estirarlo un poco más (como la propia goma de mascar) o al menos es lo que debió de pensar un equipo de investigadores en la Universidad de Alabama que en 2012 decidió llevar a cabo un ensayo clínico titulado:  Estudio controlado y aleatorizado sobre el uso del chicle para la pérdida de peso (más claro, agua) y publicado en la revista Obesity. Para ello, durante el periodo de intervención, 8 semanas (2 meses) 201 adultos con sobrepeso y obesidad, divididos en dos grupos, contrastaron la teoría de si el chicle (además de recibir información sobre alimentación adecuada) utilizándolo durante un mínimo de 90 minutos al día conduciría a mayor pérdida de peso que si solo se recibiera la información nutricional.

Y el resultado fue… que masticar chicle diariamente 90 minutos al día durante dos meses no facilita la pérdida de peso en adultos con sobrepeso y obesidad. La parte buena de este estudio es que se está bastante seguro que el grupo al que le tocó usar el chicle fue bastante escrupuloso en el seguimiento de esta pauta. Es decir, no es lo mismo que le digas a alguien que coma chicle todos los días durante dos meses, que le sugieras que corra durante hora y media todos los días.

Wrigleys Doublemint

Y para que conste de cómo sí se puede hacer buena ciencia desde la industria patrocinando investigaciones, el estudio fue patrocinado nada más y nada menos que por Wm. Wrigley Jr. Company, Chicago, IL, es decir, una empresa que fabrica y comercializa chicles. A pesar de lo negativo de los resultados para lo que me imagino les hubiera gustado a la empresa Wrigley, ahí está el estudio, publicado en una revista científica (y no en cualquiera)

Por último, nos queda el tema de si el masticar chicle pudiera aplacar las ganas de comer o el apetito. Algunas personas sostienen que el chicle les ayuda a reducir la ansiedad y que ello se traduce en una reducción de las probabilidades de picar. ¿Será cierto? Pues parece que en esto sí que hay algo más sustancioso y útil. Este estudio sostiene que el chicle podría ayuda a reducir el apetito, aun más, a reducir el deseo específico por comer algo dulce y a reducir la cantidad de comida ingerida en un picoteo. Y este otro, editado en la misma publicación que el anterior y firmado por el mismo autor, concluye de manera semejante. Pero el problema es que si bien parece que es posible que se reduzca en cierta medida el apetito y la ingesta, ¿se traducirá eso en una pérdida cuantificable del peso? Está claro que hacen falta más estudios al respecto.

Sinceramente y a modo de resumen, si adelgazar fuera tan fácil como el aplicar una solución consistente en masticar chicle, no creo que a día de hoy hubiera muchos obesos… salvo por su gusto. Que es cierto que en algunos casos el usar el chicle podría ayudar… pues pudiera ser cierto, pero no es ni mucho menos la madre del cordero.

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Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia

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Foto 1: Lusheeta vía Wikimedia Commons

Foto 2: Enokson vía Flickr

Foto 3: Hephaestos vía Wikimedia Commons

¿Exceso de publicidad emocional? (también de alimentos)

22 abril 2013

El otro día en Twitter un seguidor correspondido (@EstoNoEsComida) se expresaba contundente: “Demasiada publicidad emocional estoy viendo últimamente, sobre todo en alimentación” y yo suscribí, que me parecía que llevaba toda la razón, la publicidad emocional se usa demasiado. Será cuestión de la crisis, no sé.

Twit esto no es comida

Adelanto que no soy experto en estas cuestiones del márquetin y la publicidad, pero al mismo tiempo reconozco que me apasiona y, a falta de Mr. & Mrs. Brief por estos lares, hoy le voy a dar caña a este tema.

¿Qué se entiende o qué entiendo yo, que entiendo poco, por publicidad emocional?

Se trata de esa publicidad que está diseñada con el fin de provocar en el receptor una serie de emociones o sentimientos de relativa gran intensidad y que confiere un valor añadido al producto o a la marca. Los puristas dicen que toda publicidad es “emocional” en cierto grado, y creo que aciertan, muchos anuncios dejan en el receptor una u otra emoción (deseo, curiosidad…) incluida también la de indiferencia. Pero en el caso concreto de la publicidad que recibe este apelativo, se trata de que los consumidores vinculen esa emoción a la marca normalmente a partir de mensajes humanizadores, afectivos, próximos que transmitan una cierta empatía e incluso cercanía y/o solidaridad (¿real?) con el consumidor. Dicho a las claras, la publicidad emocional transmite o pretende transmitir “buenrollismo”. Muchas veces en ella no se llega ni tan siquiera a mencionar producto alguno, solo se habla de la marca.

¿Quieres ejemplos? Aquí tienes uno bien reciente del mundo de la Banca y aquí otro . El mundo del motor tiene también innumerables muestras del valor de las emociones en la publicidad, aquí tienes un ejemplo y aquí otro. Curioso, anuncios de bancos en los que no hay bancos y de coches en los que no hay coches (o casi)

Pero en este blog lo que nos importan son los anuncios de alimentación y en el post de hoy publicidad emocional de marcas de alimentos. Veamos ejemplos:

Ejemplo 1 de Campofrío

Ejemplo 2 de Coca-Cola (hay decenas de esta marca usando la publicidad emocional)

Ejemplo 3 de Werther’s Original (los caramelos)

Ejemplo 4 de Nescafé

Ejemplo 5 de Casa Tarradellas

He puesto solo 5 ejemplos pero la lista es interminable y no sé qué me da que actualmente el sector publicitario en general y el de la alimentación en concreto está “abusando” del recurso este de la sensiblería.

En líneas generales la publicidad emocional como tal se contrapone a aquella otra más de corte informativo, la que acerca al consumidor las soluciones, características y/o ventajas de optar por el producto objeto de la publicidad y no por otro.

Son diversas las estrategias para la utilización de la publicidad emocional: la utilización del sexo, del humor y de la diversión, de argumentos que ensalzan las cualidades de los consumidores de ese producto… pero como digo, últimamente me parecen más frecuentes las que se enrocan en la nostalgia, la ternura, las escenas de la vida cotidiana, las (supuestas) virtudes de la condición humana, etc.

Y no me parece bonito. Como decía aquel, todos tenemos nuestro corazoncito, y que nos traten de calcar un producto tocándonos la fibra sin tener en cuenta o logrando que el consumidor pase por alto las cualidades inherentes al producto anunciado, no me parece adecuado. Y más cuando una de las cosas que se ponen en juego es algo tan importante como la salud, por que al final de lo que se trata de anunciar en este caso al que me refiero son alimentos. En mi opinión, la publicidad emocional debiera estar prohibida para alimentos (o marcas que los elaboren) que se sitúen de forma típica en la cúspide de la alimentación saludable. Es decir, prohibida para todos aquellos cuyas más elementales recomendaciones aludan a un consumo ocasional y en cantidades reducidas.

¿Y tú, has visto alguna publicidad emocional que promocione alguna marca de alimentos? ¿Qué te parece que se use este tipo de publicidad, está todo permitido en este terreno?

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Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia

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¿Cuánta deficiencia hay de vitamina B12 entre los vegetarianos?

18 abril 2013

ensalada_freddy

El asunto del vegetarianismo, siempre ha sido relativamente controvertido tanto entre los que lo practican como entre los que no.

Dejando a un lado las diversas motivaciones que pueden llevar a cada uno a seguir este tipo de pauta dietética, que también son variadas y motivo de polémica, la cuestión de la adecuación nutricional suele terminar por ser el centro del debate. Incluso entre los propios vegetarianos ya sean de un tipo o de otro. Muy en resumen hay dos grandes grupos: los vegetarianos estrictos, también llamados veganos; y los ovo y lácteo vegetarianos, es decir los que solo comen vegetales y además lácteos y/o huevo.

En realidad, las dietas vegetarianas bien planificadas son seguras y adecuadas para una gran mayoría de la población. Sin embargo, hay una serie de nutrientes “clave” que siempre planean por encima de la cabeza de este colectivo cual si de espada de Damocles se tratara. A modo de síntesis, los nutrientes “calientes” y origen de debate con respecto al vegetarianismo por su posible deficiencia son, dentro de los minerales, el calcio, el hierro, y el cinc y, dentro de las vitaminas la B12 y la D.

Digan lo que digan, en realidad el nutriente verdaderamente limitante en este tipo de planteamientos es la vitamina B12 . La razón es que esta vitamina solo se encuentra en cantidades apreciables en los productos de origen animal. Del resto, aunque hay que asegurar su aporte, no hay un mayor riesgo de incurrir en una deficiencia siempre que se haga una adecuada planificación dietética.

Aun y todo, siempre ha habido debate acerca de cuánta deficiencia hay (prevalencia) en el colectivo de vegetarianos de esta vitamina. Con mucha frecuencia se ha sostenido que los veganos tienen un mayor riesgo de déficit frente a los vegetarianos que además incorporan lácteos y/o huevo. Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista Nutrition Reviews titulado como esta misma entrada How prevalent is vitamin B(12) deficiency among vegetarians? (¿Qué prevalencia hay de vitamina B12 entre los vegetarianos?) no deja nada claro que haya que ser más indulgente con la deficiencia de B12 en los vegetarianos no estrictos. Para ello se ha abordado esta cuestión realizando una revisión de la literatura a este respecto.

El principal hallazgo obtenido en este estudio fue que los vegetarianos, con independencia de su estilo de vegetarianismo, todos ellos, pueden presentar pérdidas o deficiencias de vitamina B12 independientemente de las características demográficas, de su lugar de residencia y de la edad.

En cuanto a los datos obtenidos de esta deficiencia en B12 por grupo de edad y población, se encontró que:

  • Entre los niños: entre el 25 y el 86% presentaban deficiencia.
  • Entre la población de adolescentes: entre el 21 y 41%
  • Entre las personas de edad avanzada: entre el 11 y el 90%
  • En la población de mujeres embarazadas: cerca del 62%
  • También es cierto que se encontraron mayores tasas de deficiencia entre los vegetarianos estrictos que entre los que consumían además huevo y/o lácteos.
  • Fueron mayores también las cifras de deficiencia entre aquellos que eran vegetarianos desde muy temprana edad, prácticamente desde el nacimiento, que entre aquellos que se hacían vegetarianos en edades más avanzadas.

El aspecto más interesante de este estudio a mi modo de ver es que las medidas preventivas deberían adoptarse por igual con independencia del tipo de vegetarianismo que se siga. Por tanto, recomiendan los autores de este estudio, los vegetarianos (todos) deberían tomar medidas preventivas para asegurar la ingesta adecuada de B12 incluyendo, si es el caso, el uso regular de suplementos que la contengan.

¿Pero es que el huevo y/o la leche no contienen suficiente vitamina B12 como para que quienes los consumen se olviden de su posible deficiencia?

Pues en principio parece que sí… siempre que esos vegetarianos tomen una suficiente cantidad, que no es desorbitada. Sin embargo, la realidad de este tipo de vegetarianos nos dice que con mucha frecuencia se comienza siendo vegetariano mixto (con leche y/o huevos) pero que en la trayectoria de estos vegetarianos mixtos cada vez se va prescindiendo más de estos productos. No es que se terminen por ignorar, haciéndose finalmente veganos (o sí) sino más bien que se terminan por incorporar en menor cantidad.

Así que ya sabes, si has decidido practicar el vegetarianismo controla las cantidades de esos nutrientes “clave” y, muy en especial, asegúrate de obtener regularmente una buena fuente de vitamina B12. Sin lugar a dudas yo le pediría opinión y consejo a un dietista-nutricionista.

Antes que se os disparen los dedos en los comentarios, no me quiero despedir sin citar las conclusiones de este reciente metaanálisis (Mortalidad por enfermedad cardiovascular e incidencia del cáncer entre los vegetarianos: Metaanálisis y revisión sistemática) que dicen textualmente:

Nuestros resultados apuntan hacia el hecho de que los vegetarianos tienen, frente a los no vegetarianos, una mortalidad significativamente menor (29% menos) por enfermedad isquémica del corazón y también una menor incidencia de cáncer en general (18% menos)

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Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia

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Foto: freddy

 

La alimentación como paradigma de la doble moral química

15 abril 2013

Química_ohmann alianneCon paradigma me refiero a esa doble moral de la población general y que precisa de las mismas dosis de alegría e irracionalidad para tornar su discurso, ahora quimiofílico ahora quimiofóbico, en base a… no sé realmente en base a qué, porque bien pudiera ser al horóscopo de ese día o al pie con el que se levantan.

El caso ejemplar como digo lo tenemos en la alimentación. Una muestra de ello son los aditivos, a los que mucha gente tiene encasillados casi como un invento satánico. Pero es curioso, solo nos asustan cuando van codificados, es decir, con su correspondiente “E”. Así, si un fabricante quiere aplacar los temores de los posibles consumidores por la presencia en su producto de un aditivo, no tiene más que dejar de nombrar a los aditivos con su “E” correspondiente en la lista de ingredientes y, como no puede hacer caso omiso de su inclusión, lo menciona por su composición. Veamos, que resulta que el fabricante cree que el producto va a tener una peor aceptación por incorporar E-500ii; no pasa nada, se quita y en su lugar se pone que contiene bicarbonato sódico, que suena como más natural, menos infernal. Que no quiere que figure el E-300, pues nada, lo mismo, le pone que tiene ácido ascórbico que además es la definición química de la vitamina C, y que queda mucho más chic que el seguro pernicioso y cancerígeno E-300 (modo sarcasmo activado). Y así suma y sigue. Puedes entrar un poco más en materia en esta entrada de Naukas (por cierto, te recomiendo también que leas su “continuación” en este enlace de mano del mismo autor, Jose Manuel Lopez Nicolás @ScientiaJMLN)

Pero no es este, ni mucho menos, el único ejemplo. Hilarante y vergonzante al mismo tiempo es el caso que nos trae “La columnata” cuando en el reciente Día de los Inocentes anglosajón (1 de abril) a dos periodistas norteamericanos les dio por hacer cundir la alarma entre la población al manifestar por la radio que nuestras cañerías estaban llenas de monóxido de dihidrógeno (es decir, nada más y nada menos que de agua pero dicho en plan complicado) Ya ves, “monóxido de dihidrógeno” chungo pero “agua” guay (y mejor si es mineral); E-300 protervo, y vitamina C chipén. Etcétera.

Pero me he dejado para el final el peor-mejor (o mejor-peor) de los ejemplos de cómo pasar de la quimiofobia popular más galopante a la quimiofilia más ridícula pero, eso sí, con aval académico (el modo irónico sigue activado). Me refiero a la exaltación descontextualizada del nutriente como concepto y sus propiedades. Esto sucede cuando se promueve lo que se conoce como nutrición ortomolecular. Triste, apesadumbrado, me quedé el otro día cuando leí en esta entrada del blog “La lista de la vergüenza” que la Universidad de Almería ha lanzado un curso de “Experto Universitario en Macronutrición y Micronutrición Aplicada a la Salud y Calidad de Vida”. El título ya en sí, me imagino que buscando el efectismo, provoca el escalofrío (supongo que en ese sentido habrán cubierto las expectativas). Pero por si el título no te dice demasiado no hay más que escudriñar un poco entre la formación del personal docente (según la fuente citada). Más de la mitad de ellos detentan un título o una formación especializada en osteopatía, homeopatía (ambas consideradas terapias alternativas o complementarias) y, la más recurrida, la consabida nutrición ortomolecular.

¿Y en qué consiste la nutrición ortomolecular? Bueno, pues en esencia, en el uso de dosis muy altas de vitaminas u otras sustancias que están presentes de forma natural en el cuerpo. Las “otras sustancias” son minerales, enzimas, antioxidantes, aminoácidos, ácidos grasos esenciales y fibra dietética, entre otras. En román paladino, en hacer bandera de la quimiofilia más descontextualizada, barnizándola con una gruesa capa de cientifismo (que no ciencia). Y lo malo no es que sea falaz en sus planteamientos, lo peor es que además podría ser peligrosa. Si quieres conocer la postura del Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas, puedes consultar su documento de posicionamiento en este enlace. Por si te sirve de adelanto, el GREP-AEDN considera que la nutrición ortomolecular puede calificarse como una propuesta paracientífica, engañosa, fraudulenta y potencialmente peligrosa.

En definitiva, creo que nos haría falta un poco más de formación general junto con una pizca un poco mayor de sentido crítico para observar todos estos temas relacionados con la química de los alimentos con el rigor que se merece. Ni más ni menos.

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Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia

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Foto: ohmann alianne

Plásticos, alimentos y horno microondas

28 marzo 2013

El uso del horno microondas está desde sus orígenes ligado a diversos temores, muchos de ellos infundados. Bueno, en realidad todos ellos son infundados cuando el microondas se usa observando todas sus instrucciones y recomendaciones. Es decir, entra dentro de lo normal que si se contravienen sus instrucciones obtengamos resultados no deseados. Ahora bien, si seguimos sus indicaciones de uso, y las de los materiales que se van a emplear conjuntamente, lo normal es que no haya un mayor problema. O si lo hay, aun no se ha puesto en evidencia a pesar de todos los años que lleva entre nosotros este electrodoméstico y que su uso es bastante cotidiano.

Hoy no entraré en si es cierto o no que su uso per se esté vinculado al aumento del riesgo del cáncer, que es que no. La entrada de hoy se refiere a la posibilidad de que determinados materiales, más en concreto el film transparente de uso alimentario, pueda transferir, generar o aportar sustancias nocivas para la salud cuando se usa junto a los alimentos en el microondas.

El film transparente en el microondas

Film transparenteEste tipo de material se usa normalmente en el microondas con dos finalidades básicas. Por un lado, con la intención de retener la humedad permitiendo que el alimento se cocine de forma de más homogénea y al mismo tiempo que permanezca más jugoso; y por otro lado evitar que las salpicaduras manchen el interior del horno y se nos quede decorado con un poco higiénico gotelé.

Es preciso tener en consideración que la idoneidad o no de un elemento plástico junto a los alimentos dependerá de que pueda soportar determinadas temperaturas con independencia del método que se haya seguido para alcanzarlas. Las microondas no calientan el plástico directamente. La posible trasferencia de sustancias negativas a altas temperaturas ocurre normalmente cuando el alimento que está en contacto con el elemento plástico calienta a este por conducción.

Al igual que ocurre con otros recipientes plásticos no todos los film transparentes están preparados para su uso a altas temperaturas cuando se usan junto a alimentos. Así, la mayor parte de los elementos de cocina que son susceptibles de ser usados a temperaturas elevadas vienen marcados convenientemente con este fin, incluidos los film trasparentes.

Así, el otro día me acerqué por mi supermercado y comprobé que había dos grandes tipos de film transparente: los que aportaban información en su embalaje sobre los usos que se le podía dar, y los que no decían nada de nada (siendo estos, curiosamente, “primeras marcas”). Entre los que sí aportaban información había films que indicaban su idoneidad para usarlos en el microondas y los que no (tal y como puedes ver en la foto que saqué).

¿Se puede usar un plástico o un film transparente aunque no informe de sus posibles usos?

Se puede, pero yo no lo haría. La elección de un elemento plástico sin ningún tipo de marcado específico para su uso en el microondas (o en cualquier otro elemento de la cocina) no es necesariamente dañino o peligroso, pero no se tiene la seguridad de saber que este elemento se ha probado y evaluado con ese fin.

En cualquier caso y a título personal, a mí el microondas no es un electrodoméstico que me entusiasme demasiado como “utensilio” de cocina. En casa lo utilizamos lo justo para calentar la leche o la comida y siempre lo hacemos en la vajilla (que no es de plástico, ni tiene decoración alguna) y con una tapa de plástico apta para este horno que guarda una distancia considerable con el alimento.

Esta entrada responde a la consulta que me hizo David (@Swiwel) a través de Facebook

Puedes conocer un poco más al respecto de este tema en los siguientes enlaces:

¿Cuándo seas padre comerás huevos? Hoy ya no (creo)

26 marzo 2013

Último trozo_SchultzLabsEsta expresión, “cuando seas padre comerás huevos” deriva tal y como explica a la perfección mi vecino Alfred López en su blog “ya está el listo que todo lo sabe” de otras épocas en las que no había ni mucho menos la disponibilidad alimentaria con la que ahora contamos. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y ya no hace falta reservar unos recursos alimenticios escasos para mantener mejor nutrido al “cabeza de familia” con el fin de que este pueda asegurar el jornal.

No sé qué dirán mis padres cuando lean estas líneas al decir que un servidor tiene un vago recuerdo de haber escuchado esta expresión en casa cuando era pequeño, aunque también con sinceridad, he de reconocer que no recuerdo las circunstancias concretas que propiciaron su uso (si al final mi memoria no me falla, cosa que tampoco tengo muy claro). También es posible que me fuera dirigida con otros fines distintos de los nutricionales, para aludir más probablemente a la prohibición de dejarme hacer algo por falta de edad o por inexperiencia.

Hoy en realidad lo que quiero es haceros partícipes de una duda, que no es otra que el saber quién en vuestras respectivas casas se lleva “la mejor tajada” de un plato o alimento, quién también se come el último trozo, porción o ración de un alimento concreto. Lo digo porque el otro día mientras comíamos surgió este tema de conversación entre mi mujer y yo.

En principio hay dos posibles escenarios. Por un lado, el de a quién se le sirve en el plato el mejor trozo, el más jugoso, el más “limpio”, en definitiva el más apetecible y; por el otro, quién se come el último trozo de algo que a todos o a varios les apetece.

En nuestro caso, en nuestra casa, en ambas circunstancias son las niñas las que tienen prioridad, y conste que jamás lo habíamos verbalizado, siempre habíamos decidido al unísono sin la necesidad de haberlo hablado. Ellas se llevan las mejores porciones, las que no tienen espinas o huesos, las que son más fáciles de comer. Nos parece lo más evidente. Además, basta que manifiesten su interés por seguir comiendo que aunque sea el último trozo o ración, será para ellas. A partir de ahí, si hay algún descarte de las peques, y sólo quedamos mi santa y un servidor en la ecuación, decidimos sobre la marcha con una especie de “hoy por ti y mañana por mí” de buen rollo. Nunca hemos discutido por estas cuestiones… por estas.

Así que por lo que yo conozco, la expresión de “cuando seas padre comerás huevos” ha pasado a la historia y, más al contrario, hoy se podría hacer buena la contraria, alguna que plasmara que los bocados más predilectos, apetecibles y llegado el caso nutritivos se reservan para los hijos.

Y vosotros, ¿cómo lleváis en casa lo del reparto de la comida más apetecible y el de las últimas raciones?

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Foto: SchultzLabs

¿Qué tienen en común las manzanas y el aspartamo (aditivo E-951)?

08 marzo 2013

Apple vs sweet_Walt Stoneburner

Si sufres del corazón no leas esta entrada, y si lo haces, allá tú, pero eso sí, sé bueno y lee hasta el final.

A estas alturas no hace falta que explique a nadie qué es una manzana, pero sí quizás el aspartamo, un edulcorante artificial autorizado dentro de la lista de aditivos al que corresponde el código E-951. En inglés se le conoce como aspartame y hoy me he propuesto ponerlo en relación con las manzanas y ver qué tienen en común, porque lo tienen, no lo dudes. Con esta entrada, aprovecho, y doy respuesta a las no pocas veces que se ha preguntado en este blog y de forma concreta mi opinión acerca del aspartamo. Antes de meterme en materia quizá quieras conocer algunos datos sobre el tema:

El aspartamo es uno de los edulcorantes artificiales que casi desde su aparición siempre ha estado en el ojo del huracán. Fue descubierto accidentalmente  en los “alegres” años 60 del pasado S. XX  por el químico James Schlatter mientras trabajaba para la G.D. Searle & Company en la búsqueda de un fármaco anti-ulceroso. Es posible que parte de su polémica quizá pueda explicarse porque la compañía Monsanto compró en 1985 la empresa mencionada y pasó a comercializar el aspartamo creando para ello una empresa subsidiaria (NutraSweet Company) que a su vez diversificó su negocio originalmente con dos marcas, NutraSweet y Equal. Lo cierto es que a día de hoy, y a pesar de la rumorología popular (incluyendo la propia Wikipedia) estas empresas ya no pertenecen a Monsanto que las vendió en 2.000 de forma separada a J.W. Childs y Merisant; compañías que a día de hoy son las que comercializan las marcas NutraSweet y Equal respectivamente. Así pues, y para que quede claro, Monsanto no produce ni comercializa desde hace más de 12 años ninguna marca que incluya aspartamo como edulcorante.

Aspartame-from-hydrate-xtal-2000-3D-balls

La composición química del aspartamo consta de dos aminoácidos unidos, el ácido aspártico y la fenilalanina. Se trata por tanto de un dipéptido, para los puristas de la química, se trata del N-(L-α-Aspartil)-L-fenilalanina,1-metil ester. Estos dos aminoácidos están presentes en infinidad de alimentos (entre ellos en la leche materna, la carne, las frutas y las verduras) y además en cantidades importantes. Tiene un poder edulcorante 200 veces superior al de la sacarosa (azúcar de mesa), patrón con el que se suelen comparar estas cuestiones y su Ingesta Diaria Admisible (IDA, recientemente revisada) es de 0 a 40mg/kg. El aspartamo actualmente se emplea en la elaboración de más de 6.000 alimentos y bebidas a lo largo y ancho de este mundo: Refrescos, edulcorantes de mesa, helados, pasteles, etc. (su mayor limitación la encuentra entre los productos que precisan horneado).

 

Sí, estupendo, ¿pero cuándo llega lo de la manzana?

Voy, por partes, en seguida. El caso es que cuando es ingerido, el aspartamo se digiere y fruto de esta digestión resultan sus aminoácidos constituyentes por separado y una pequeña parte de metanol que se absorbe y metaboliza…

 

¿Has dicho metanol, el alcohol… pero eso no es tóxico y/o genera metabolitos tóxicos?

Pues sí, las dos cosas, pero déjame que te explique. El alcohol metílico, alcohol de madera o metanol es un líquido tóxico, venenoso e inflamable. Resulta que en la metabolización del metanol en el hígado, una vez absorbido, se forman dos compuestos tóxicos y acumulativos. El primero el formaldehído (formol) con probadas propiedades carcinogénicas, que a su vez se transforma en ácido fórmico.

 

Pero, pero, pero… entonces el aspartamo es veneno puro, ¿no?

Pues no, o depende. Como ya he citado tantas veces, parafraseando a Paracelso: “Todo es veneno, nada es veneno. Sólo la dosis hace el veneno” Y como ya te estarás empezando a imaginar hay otras fuentes de metanol en nuestra dieta y mucho de él procede de fuentes tan “naturales” como un zumo de frutas… y aquí entran, por fin, las manzanas.

 

¡¿Cómo… que en las frutas y/o la manzana hay metanol?!

Apple hollowpoint_nebarnixNo exactamente, pero lo que sí que contienen son cantidades apreciables de pectina (un tipo concreto de fibra dietética) y en la degradación que se produce en nuestro intestino grueso de este material (en su mayor parte debida a la flora intestinal) también se produce una cantidad significativa de metanol que es fácilmente absorbido.

Pero que no cunda el pánico, tal y como menciona el Committee On Toxicity of Chemicals in Food británico que ha evaluado recientemente la toxicidad y presencia del metanol en la dieta  o el que se deriva de la misma:

[…] la presencia normal de metanol en el cuerpo humano puede provenir de tres vías características: Derivarse de la digestión de frutas y hortalizas; de la degradación del edulcorante artificial aspartamo;  así como producirse naturalmente en el cuerpo como un subproducto del denominado metabolismo intermediario.”

 

Ya, pero seguro que la cantidad de metanol derivada de la degradación del aspartamo es muy superior que la de las manzanas… ¿no?

Pues no creas que hay tanta diferencia y, como siempre, dependerá de la cantidad de aspartamo y de manzanas ingeridas. En un interesante estudio se cuantificó la presencia de metanol derivada de una sobrecarga de pectina de entre 10-15 gramos y también de la obtenida por una cantidad de manzanas tales cuales que, se estimó, contiene la misma cantidad de pectina, es decir 1 kg. de manzanas (más o menos 4 piezas). Y resultó que se producía una cantidad de metanol de entre 0,4 a 1,4g. Guarda en tu memoria este dato: 0,4 a 1,4 g de metanol producido tras la ingesta de cuatro manzanas, y ponlo en relación con el siguiente.

La cantidad máxima permitida de aspartamo en una bebida “tipo” es de 600mg/L y se ha calculado que la producción de metanol fruto de la degradación del aspartamo es de cerca de un 10% del peso de partida de aspartamo. Por tanto, el metanol obtenido tras tomar medio litro de refresco con la cantidad máxima de aspartamo permitida en él es de unos 0,03g.

Conclusiones:

  • Los miedos sobre el consumo de aspartamo son ciertamente injustificados salvo que haya una particular y excepcional susceptibilidad a alguno de sus componentes. Más en concreto, para aquellos que sufran de fenilcetonuria, una rara y grave enfermedad que cursa con intolerancia a uno de sus aminoácidos constituyentes, la fenilalanina. Pero créeme que para estas personas el tema del aspartamo es el que menos les preocupa.
  • La formación de metanol tras la ingesta de aspartamo es inferior a la que pueda derivarse de la ingesta de alimentos de origen vegetal. Todo ello considerando ingestas razonables de todos los alimentos en liza.
  • A pesar de que encuentres poco habitual que alguien se coma cuatro manzanas, has de tener en cuenta que no solo las manzanas contienen pectina; el resto de alimentos de origen vegetal, otras frutas, sus zumos, las verduras, los frutos secos, etc. son una fuente dietética habitual de pectina que a buen seguro van a contribuir a incrementar la presencia de este elemento en la dieta diaria (y en mayor cantidad que la que aportan cuatro manzanas). Y no hay nadie que haya puesto el grito en el cielo por ello. A diferencia de lo que ocurre con el aspartamo.
  • Con el fin de intentar quitarte el miedo del cuerpo, considera que la formación endógena de metanol también es una realidad, con independencia de la dieta (o si lo prefieres, sin haber comido nada) y esta cifrada en unos 0,3 a 0,6 gramos de metanol al día.
  • Mi recomendación, como siempre, es que se haga un uso de los alimentos siguiendo las más habituales recomendaciones. Es decir, y con respecto a los dos protagonistas generales de este post, que por un lado nuestra dieta tenga una presencia importante de alimentos de origen vegetal y, por el otro, hacer un uso ocasional de los refrescos y en poca cantidad (ya sean de los “normales” o con edulcorantes). Esto último no porque sean malos per se, sino porque con su uso se desplaza a otros alimentos/bebidas más recomendables, empezando por el agua.

Con esta entrada espero que haya quedado clara mi opinión con respecto al aspartamo o aditivo autorizado E-951.

Esta entrada participa en el XXIII Carnaval de la Química alojado en el blog molesybits

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Foto 2: WkimediaCommons Benjah-bmm27
Foto 3: nebarnix