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La historia de un embarazo o cómo la espera de un bebé pone a prueba una relación de pareja

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Fobia a los caballitos

Este fin de semana ha habido feria en mi ciudad con sus caballitos, su tren de la bruja, sus puestos de garrapiñadas y sus tómbolas. Es decir, la clásica feria. Hemos paseado por las calles con Q. y he notado que, a pesar de estar a mi lado, su pensamiento volaba lejos. Y sé el porqué.

Q. no tiene miedo de ser padre, tiene el gusanillo normal en el estómago por tener que afrontar algo nuevo y desconocido, pero lo que realmente le preocupa es cómo va a superar su fobia a las tradicionales celebraciones festivas que ha sorteado con éxito los últimos años. Qué le vamos a hacer, él es así.

Os explico. No le gusta el carnaval ni los bailes de disfraces. Tampoco las ferias, ni las atracciones. No se ve en las fiestas de final de curso y, para entendernos, en general, no le van todas la movidas tradicionales que acostumbran a llenar las calles muchos días festivos del calendario.

Le pregunto: –Pues será normal que tu hijo quiera subirse a las atracciones y comerse una nube de azúcar, ¿no crees? Y, ¿qué vas a hacer? ¿No llevarle?

Tendré que hacerlo, ¿no? No nos quedará otro remedio…, me responde con cara de penilla.

Me temo que sí.

Continuamos paseando. Y por un momento he visto a Q. montando a su hijo en los caballitos, haciéndole fotos y, entre vuelta y vuelta y saludo con la mano, me lo he imaginado hasta disfrutando y todo. Tiempo al tiempo.

¿Un secador… para qué?

El otro día fuimos al hospital donde nacerá nuestro hijo. La comadrona nos entregó un papel impreso con todo lo que tendremos que llevar el día del parto para la higiene de la madre y del bebé (una de las listas sobre las que ha hablaba en mi anterior post). Mientras lo releía va y me dice:

-¡Ah! Es muy importante que traigas un secador.

-¿Un secador para el cabello?, le respondo pensado que la del hospital no es una habitación de hotel con secador automático de pared.

-No.

-Entonces, ¿un secador… para qué?

-¡Para los puntos…!

Q. y yo nos miramos y asentimos. De vuelta a casa intenté imaginarme la escena del secador (sin los complementos, está claro) en un lavabo de hospital de puertas endebles, en camisón y zapatillas…La verdad es que es una imagen muy poco glamurosa que me reservo para cuando llegue el momento. ¡Suerte que mi secador es de viaje, y no uno de casco de peluquería!

Sin duda, el embarazo es un apasionante camino lleno de detalles que serían totalmente absurdos fuera de contexto. Jamás me habían hablado del secador y, en cambio, sí que recuerdo a mi hermana con una faja tubular sentada encima de un flotador. ¿Cómo es que nadie me ha comentado nada de ello? ¿Ya no se utilizan estos complementos?

(Comentario foto: no hay mejor secador que el aire libre)