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Un blog sobre el (des)uso de la lengua en la política, los medios de comunicación, la publicidad, la calle...

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¡Hasta luego, Lucas!

El pasado 16 de mayo comenzamos este blog. Y hoy, seis meses después, lo damos por concluido.

Los motivos son claros: toda bitácora o medio de comunicación ha de cumplir con un número de visitas para poder seguir adelante, y este blog no lo ha hecho. No hay que hacer mayor drama por ello: si no se ha conseguido alcanzar los objetivos que nos marcamos al principio, nos marchamos. Asimilando los errores e intentando aprender de ellos para futuras aventuras.

Por mi parte, no puedo pronunciar una sola palabra de reproche a mis compañeros de 20minutos.es. Y, para que no quede duda, quiero agradecer muy personalmente la ayuda y el trabajo de Melisa Tuya, Virginia Pérez Alonso y Arsenio Escolar, las tres personas que hicieron posible el parto de este blog. También quiero daros las gracias a todos los que habéis pasado por aquí y habéis nutrido este blog tanto de comentarios como de aportaciones y sugerencias.

A todos, muchas gracias. Si me necesitáis para cualquier cosa, aquí me tenéis. Y si no, nos vemos en la próxima 😉

Un abrazo.

El ministro de Finanzas griego fue un hijo… no deseado

Cosas de las que se entera uno leyendo la prensa. Un día estás viendo fotos sobre los recortes en Grecia cuando de repente te encuentras con esto:

 

 

Como supongo que os habréis fijado solo en la imagen, os adelanto que lo mejor está en el pie de foto. Os lo amplio para que podáis verlo con detalle:

 

 

Pobre ministro de Finanzas griego. No solo tiene que aprobar recortes en su país, sino que además tiene que ir al Parlamento para saber que era un hijo no deseado. Desde aquí animamos al compañero que redactó el texto a tener más cuidado, que el ministro no está para más disgustos.

P.D.: Gracias por el aviso, Roberto.

Un texto claro… pero mejorable

Ayer tuve que trabajar, así que estuve viendo el último partido de la final de la Copa Davis en la web de RTVE. A la derecha de la retransmisión, los usuarios de la web podían comentar diferentes aspectos del partido, como podéis ver en la siguiente imagen:

Sin embargo, me llamó la atención la redacción del texto que anima a comentar. Lo ampliamos:

Vale, no es un texto escandalosamente incorrecto, pero tampoco es el mejor. De entrada observamos una errata al escribir corre en vez de correo. Por otro lado, la redacción no es, ni mucho menos, la mejor. La oración O también con tu usuario de Facebook está algo desangelada con esa autonomía que no parece demasiado merecida. El punto y seguido se me antoja excesivo, del mismo modo que veo innecesario que salgan las palabras o y también. O una u otra, pero que aparezcan las dos es demasiado.

No son errores graves, repetimos, pero recordemos que siempre hay que procurar escribir de la forma más sencilla y clara posible. Se nos ocurren dos formas de elaborar de nuevo esa parte del texto:

a) Puedes comentar el tenis utilizando un nombre de usuario y un correo electrónico o con tu usuario de Facebook.

b) Puedes comentar el tenis utilizando un nombre de usuario y un correo electrónico; también con tu usuario de Facebook.

 

¿Esto es un adjetivo… o un adverbio?

Un lector (gracias, Jorge) me pasa el siguiente titular:

Tranquilos, que no nos vamos a poner a responder la pregunta. Lo que nos preocupa, por lo pronto, es ese rápida, que no parece convencer a Jorge: “¿No debería poner rápido? ¿No es un adverbio?”.

La verdad es que aquí tengo mis dudas. Al principio sí pensé que se trataba de un error y que habría que optar por escribir viajar más rápido que la luz. Sin embargo, luego se me ocurrieron dos posibilidades que quizá ( y digo quizá) justifiquen la aparición de esa rápida:

a) Adjetivo. Por un lado, podríamos pensar que rápida no fuese un adverbio, sino un adjetivo. En ese caso, el autor de la frase le habría otorgado la función sintáctica de complemento predicativo. Sería una construcción similar, por poner un ejemplo, a Laura viajó cansada.

b) Adverbio. Supongamos que la intención del autor es que rápida, efectivamente, funcione como adverbio. De entrada pensaríamos que es un término mal formado y que el autor se ha liado. De hecho, parece lo más probable. Pero, puestos a complicarnos, ¿y si el autor usase rápida como adverbio omitiendo el sufijo -mente? Estaríamos ante una construcción similar a las de los adverbios de modo en secuencia (Juan lo hizo rápida y sencillamente)… pero sin incluir el adverbio que termine la secuencia, lo cual resulta bastante confuso.

¿Qué os parece? Yo aún no lo tengo demasiado claro.

¿Aceptamos “mentorizar” como animal de compañía?

Hace unos días, una compañera responsable de un gabinete de prensa (gracias, Silvia) me hizo una pregunta: “¿Existe mentorizar?”. La primera intuición me decía que no y, efectivamente, enseguida comprobé que en el DRAE no aparece. Lo único que aparece, lógicamente, es mentor.

De entrada, puede que mentorizar parezca un término raro e incluso se pueda pensar que mentor está en desuso, pero no es así, ya que el término está siendo muy usado últimamente en el sector del emprendimiento: escuelas de negocio, aceleradoras, incubadoras y otros agentes del ecosistema emprendedor recurren a menudo a la figura del mentor, que es aquella persona que, de un modo u otro, suele guiar a los emprendedores. Por lo general, un mentor suele examinar el modelo de negocio de una start-up, proporcionar contactos a los emprendedores, ofrecerles su experiencia, darles consejos, etc.

Debido a la intensa afluencia de esta figura, el ecosistema emprendedor ha empezado a usar el verbo mentorizar. La pregunta, recordemos, es la siguiente: ¿existe esa palabra?

Lo primero que pensé es que mentor quizá podría ser una derivación de mentar, en cuyo caso estaríamos, de nuevo, ante un verbo (mentar) que desemboca en un sustantivo (mentor)… para acabar desembocando en otro verbo (mentorizar). Sin embargo, luego me enteré de que el término mentor, en realidad, procede de un nombre propio. Concretamente, del de Méntor, un personaje de La odisea que se encargaba de cuidar y educar a Telémaco.

Fue, por tanto, a partir de este nombre como se creó el sustantivo mentor, referido a aquella persona que, de un modo u otro, aconseja o guía a otra persona en un determinado aspecto.

¿Qué hacemos, entonces? Ya hemos hablado por aquí alguna vez de palabras inventadas que entendemos sin mayor complicación. Además, no parece un verbo mal formado, ya que hace uso del sufijo -izar (si bien es cierto que este sufijo se usa para hacer verbos, sobre todo, a partir de sustantivos).

Entonces, ¿aceptamos mentorizar? Cada cual tendrá su opinión; la mía es que podemos aceptarlo. Pero si prefieres no usarlo, puedes emplear algunos términos similares, como tutorizar o guiar.

P.D.: Por cierto, para los que no entiendan el ‘chiste’ del titular: Anuncio Scattergories.

¿Cuál es el plural del verbo ‘haber’?

Anoche, leyendo el enésimo artículo sobre la posibilidad de que España sea rescatada, me encontré el siguiente párrafo en un periódico digital:

 

 

¿Han habido conversaciones? ¿Han habido? En fin, quiero pensar que no se trata de un error, sino de una errata. En cualquier caso, parece una errata más que reprochable.

El Diccionario Panhispánico de Dudas nos lo deja claro, pero, por si acaso, es importante recordar que el verbo haber solo puede conjugarse en plural cuando funcione como verbo auxiliar… de un verbo que no sea haber.

Conviene no perder de vista esta regla, no sea que llegue el día en que nos encontremos con palabras como hayn o alguna otra aberración.

Tres (absurdos) argumentos lingüísticos contra el matrimonio homosexual

Como casi todos ya sabréis, el Tribunal Constitucional avaló ayer oficialmente la ley que regula el matrimonio homosexual, algo que, dicho sea de paso, me produce una inmensa alegría.

Como también sabréis, el Partido Popular y una parte medianamente significativa de la sociedad española se manifestó, en su momento, en contra de lo que consideraban una ley injusta.

A día de hoy, son muchos los ciudadanos que se siguen amparando en supuestos argumentos lingüísticos para criticar abiertamente la ley. Hoy nos hemos propuesto rebatirlos. He aquí los tres argumentos aparentemente lingüísticos que esgrimen los principales  defensores de que el matrimonio siga siendo entre un hombre y una mujer:

1.- “La RAE lo define como la unión entre un hombre y una mujer”. Efectivamente, el DRAE define el matrimonio como la “unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. Sin embargo, ya hemos dicho alguna vez por aquí que lo que dice el diccionario NO tiene por qué ir a misa, del mismo modo que hemos recordado los criterios que hacen que la RAE ‘admita’ nuevas palabras o acepciones. La Academia, casi por obligación, ha de ir por detrás de la sociedad y esperar a que una palabra o acepción se asiente definitivamente para incluirla en el diccionario. De modo que, ¿aún no se refiere al matrimonio homosexual? Tranquilos. No tardará en hacerlo.

2.- “Es que matrimonio viene de mater“. Este es, con diferencia, el argumento más divertido (y, por ende, absurdo) que he escuchado nunca: aludir a ese mater (madre). En ese caso, ¿qué pinta el hombre, si no aparece en la etimología de la palabra? ¡A ver si al final el único matrimonio válido va a ser entre lesbianas! Por cierto, matrimonio viene de mater (madre) y munus (oficio), ya que se consideraba que era la mujer la que verdaderamente hacía un acto de entrega a su marido y a la labor de procrear. ¿De verdad queremos ser tan escrupulosos con una palabra cuya etimología debería, como poco, sonrojarnos?

3.- “La gente sigue pensando que un matrimonio es entre un hombre y una mujer”. Si bien es cierto que casi todos preferimos ser precisos y decir “matrimonio homosexual” cuando queremos dejar claro que se han casado dos personas del mismo sexo, esto es solo cuestión de tiempo. Como decíamos en el primer punto, la sociedad siempre va por delante. A día de hoy, ¿entiende una mayoría de españoles el matrimonio como la unión exclusiva entre un hombre y una mujer? Seguramente. ¿Lo seguirán haciendo dentro de diez años? Yo lo tengo clarísimo: NO.

Así que ya sabes: si alguna vez alguien te alude a la lingüística para oponerse al matrimonio homosexual, recuérdale estos puntos. A lo mejor así te acaba contando los motivos reales por los que se opone.

P.D.: La foto es de EFE.

Cosas del directo

Captura de pantalla de un programa de televisión de hace unos días:

 

¿No lo has visto? Espera, que lo ampliamos:

 

“No es necesario los recortes”. Nos encontramos ante una clara falta de concordancia entre el sujeto (“los recortes”) y su predicado (“no es necesario”). Lo correcto habría sido “No son necesarios los recortes”, “No es necesario hacer recortes” o algo similar.

Además, me jugaría un brazo a que entre “necesario” y “los” hay un espacio doble (un error tipográfico sin importancia, por otra parte).

En cualquier caso, no haremos sangre de ello. No se trata de errores, sino de erratas fruto del directo.

Messi: “Mi sueño es acabar mi carrera en el Barça antes de ir a Argentina a retirarme”

Hace un par de días, echando un rato por Twitter, me encontré con un curioso ‘tuit’ de Edu Polo, un (fantástico) periodista de la SER, que comentaba lo siguiente:

 

 

Las declaraciones, según Edu Polo, correspondían a la rueda de prensa que Leo Messi dio después de que le entregasen la Bota de Oro. Lo que me llamó la atención no fueron las intenciones deportivas de Messi, sino la construcción de la oración.

¿En qué quedamos? ¿Cuál va a ser el último club de Messi? ¿El Barça? ¿O uno argentino? Porque por “retirarme” podríamos entender que Messi se aparta de la actividad futbolística profesional, pero cuando un jugador de fútbol dice que va a retirarse a un sitio, por lo general, se refiere al sitio en el que va a desarrollar su última etapa como profesional, no al lugar en el que descansará una vez retirado.

Por tanto, podemos tomar “acabar mi carrera” y “retirarme” como sinónimos, con lo que la frase no tendría mucho sentido, ya que nos quedamos sin enterarnos de dónde va a acabar Messi su carrera.

Y, en este contexto, iba a escribir una entrada señalando las confusas declaraciones… cuando he visto que la confusión no la ha creado el jugador, sino el propio periodista. Podéis ver las declaraciones de Messi en este vídeo (minuto 9:30):

“Todo un iPad de arriba abajo”

El otro día, visitando la web de Apple, me llevé una grata sorpresa:


Mi sorpresa no fue por el nuevo iPad (que, siendo sinceros, me importa más bien poco), sino por el eslogan. Más concretamente, por ese “de arriba abajo”, una construcción que muchas veces -de forma errónea- se ha considerado incorrecta.

De hecho, he de reconocer que es un error que yo cometía hasta hace bien poco. (De hecho, si os fijáis en la url de esta entrada, veréis que al principio escribí “de arriba a abajo” de forma mecánica. He decidido dejar así la url como forma de castigo.)

Como digo, es un error que yo cometía hasta hace muy poco. Y no solo lo cometía, sino que, de hecho, lo defendía a ultranza, ya que estaba convencido de que la supresión de la preposición a se debía a un efecto de asimilación llevado a cabo en la lengua oral. Por suerte, un día me dio por consultar el Diccionario Panhispánico de Dudas, que me sacó de mi garrafal error:


abajo
. 1. Adverbio de lugar que, con verbos de movimiento explícito o implícito, significa ‘hacia lugar o parte inferior’: «Camina arriba y abajo manteniendo el mismo ritmo» (Belbel Elsa [Esp. 1991]); «No mires abajo» (Delibes Madera [Esp. 1987]). Suele ir precedido de las preposiciones de, desde, hacia, para o por, nunca de la preposición a, ya incluida en la forma de este adverbio: Le miró de arriba abajo (y node arriba a abajo). Puede indicar también estado o situación, con el significado de ‘en lugar o parte inferior’: «Te espero abajo» (Santiago Sueño [P. Rico 1996]); «Las doncellas estaban abajo, en la cocina»(Caso Peso [Esp. 1994]).

Apple 1 – 0 Carlos Otto