Un blog sobre el (des)uso de la lengua en la política, los medios de comunicación, la publicidad, la calle...

Archivo de mayo, 2012

¿Podemos crear una palabra nueva con lo que queramos?

Cuando uno va al supermercado, se puede encontrar con palabras y términos de lo más variopintos. Sin ir más lejos, hace unos días me encontré con un plato precocinado que aseguraba ser ‘microondable’.

Microondable. Es una palabra rara, como poco, pero no me pareció descabellada. Me puse a buscar por Internet y no solo descubrí que se usaba más de lo que yo creía, sino que, además, la Fundéu se había pronunciado al respecto: “[Su uso] no es ni correcto ni incorrecto; se trata simplemente de un neologismo (una palabra nueva) que se usa cada vez más y se entiende bien”. Y tienen razón. El sufijo -able se usa a partir de verbos para formar adjetivos que pueden ser afectados por la acción de este verbo. Es evidente que microondar no existe, pero no parece que microondable sea una opción demasiado mala.

¿Quiere decir esto que podemos crear palabras nuevas con lo que queramos? La respuesta corta es ‘No’; la larga, ‘Sí, siempre que estén bien formadas y tengan algún tipo de sentido gramatical’.

Recuerdo que, hace varios (en mi época de botellones y otros jolgorios), un amigo mío tiró al suelo y rompió una botella de whisky, algo por lo que le acusé de ‘whiskycida’. La respuesta de mi amigo fue decirme que esa palabra no venía en el DRAE y, por tanto, no existía. Yo sabía que no existía, pero no me parecía del todo inaceptable. Unos años más tarde, en la universidad, me acordé de esta palabra y le pregunté por ella a mi profesor de Morfosintaxis, que me respondió: “Si formas una palabra con sentido, que se entiende y con un mínimo criterio gramatical, no veo por qué no vas a poder usarla, aunque no venga en el diccionario”.

P.D.: En cualquier caso, ¿tan difícil es decir ‘para microondas’?

Jordi Évole y su manía al verbo ‘prever’

Como periodista y ciudadano, solo puedo estar agradecido a Jordi Évole (antes conocido como ‘El follonero’) por el excepcional trabajo que hace cada semana en Salvados. Sin embargo, hay una cosa de él que me sigue martilleando la cabeza cada vez que la hace.

Atentos al minuto 10:55 de este vídeo:

 

 

Por si no os habéis dado cuenta, volved a oír esta frase: “Entonces, con el viejo Mestalla recalificado, y preveyendo que de allí el Valencia va a sacar mucho dinero…”. Y no es la primera vez que el bueno de Jordi Évole comete este error (sé que lo volvió a decir hace no mucho; prometo encontrar el vídeo).

Un error de lo más común, y, precisamente por eso, más grave. Évole tendría que haber dicho ‘previendo‘. El error radica en mezclar los verbos prever y proveer.

Si eres de los que duda entre los dos verbos, aquí tienes las conjugaciones de ambos: prever y proveer.

A Ana Mato se le ‘lengua la traba’

Hay políticos que son verdaderas joyas para todos aquellos que solemos analizar su forma de expresarse. Son muchos los que, durante sus ruedas de prensa o comparecencias públicas, demuestran que expresarse de forma correcta no es lo suyo, precisamente. Es cierto que en un discurso oral e improvisado se puede cometer multitud de errores, pero está claro que algunos se lían demasiado y acaban convirtiendo sus intervenciones en un caótico -aunque divertidísimo- discurso.

Una de mis preferidas es la ministra de Sanidad, Ana Mato, y ayer me encontré con un extracto de intervenciones suyas procedentes de una misma rueda de prensa. Aquí lo tenéis (el audio es de la Cadena SER):

 

 

He de reconocer que la construcción sintáctica de sus oraciones no es mala (de hecho, está muy por encima de la media), pero está claro que las intervenciones públicas no son lo suyo. Entre sus joyas, me quedo con “los parados sin prestación parlamentaria”. Y no olvidemos que “no hay cosa que tenga más valor que una medicina que cura enfermedades”. Es lo que tienen las medicinas. Que acostumbran a curar enfermedades. Les ha dado por ahí.

Podéis ver una transcripción aproximada aquí.

P.D.: La foto de Ana Mato es de Juanjo Martín/EFE.

“No hay víctimas sólo daños materiales”

Estaba ayer desayunando, con los ojos todavía a medio abrir, cuando el Telediario de La 1 me los hizo abrir de golpe con un terremoto de 5,9 grados en la escala de Richter que se estaba produciendo en Sofia, la capital de Bulgaria:

 

 

Por suerte, el terremoto no provocó víctimas… o eso me dijo mi sentido común, porque el rótulo del Telediario parecía algo confuso:

 

 

Vale, no seamos tiquismiquis. De acuerdo, cualquier persona habría entendido que no había víctimas, que es lo que los compañeros de TVE querían decirnos. Sin embargo, más allá de la posible confusión (que no parece demasiado probable), el breve texto tiene dos fallos importantes. En primer lugar, ese sólo no lleva tilde, ya que la RAE eliminó esa posibilidad incluso cuando existan posibles ambigüedades. Lo cierto es que esta medida no ha gozado de muy buena fama, y he de confesar que yo soy el primero que, a menudo, me resisto a dejar de poner tilde al adverbio, pero lo que dice la RAE va -¿o no?- a misa.

En segundo lugar, es evidente que ahí falta una coma. Como decíamos antes, no parece probable que la gente pueda confundirse, pero, ¿y si lo hiciera? Una oración como esa sin comas nos pueden hacer pensar tanto que no ha habido víctimas (“No hay víctimas, sólo daños materiales”) como que no sólo hay víctimas, sino también daños materiales (“No hay víctimas sólo, daños materiales”).

Una errata que -cierto es- no entraña demasiado peligro, pero hay que tener cuidado. Sobre todo con este tipo de cosas.

Pepsi estaba en lo cierto: “El asiento del medio” SÍ se puede

Cuando empiezas a hacer un blog sobre los usos correctos e incorrectos de la lengua, automáticamente empieza la cuenta atrás hasta el momento en que el ‘corrector’ (un servidor) es corregido. Como el cazador cazado, pero con la lengua, que -por suerte- es inofensiva 🙂

Este lunes publiqué un post en el que señalaba la aparente incorrección de la expresión “el asiento del medio”. Ya hubo un lector que no estaba de acuerdo con mi interpretación y, tras una consulta a la RAE, la propia Academia nos ha sacado de dudas:

“Las dos alternativas que usted plantea serían gramaticalmente admisibles en nuestro idioma (del medio o de en medio), si bien la más habitual —en contextos en los que equivale a ‘situado en la parte central’ o ‘en situación intermedia entre dos extremos’— es la que se construye con determinante y omite la preposición en (del medio).”

Por lo tanto, no me duelen prendas en rectificar: “El asiento del medio, ¿puede ser?”. SÍ, sí que puede ser.

Moraleja: que tengas un blog sobre el uso de la lengua no te convierte en Lázaro Carreter 😉

“El asiento del medio, ¿puede ser?” No, Pepsi, no puede ser

Seguro que (casi) todos ya habéis visto el último anuncio de Pepsi. Atención, pregunta: ¿qué palabras exactas le dice la azafata al protagonista del spot? Afinad bien los oídos:

Cuando vi por primera vez el anuncio, pensé: “No. No has oído lo que crees que has oído. Lo han dicho bien”. Pero cuando lo vi por segunda, tercera y enésima vez, supe que había escuchado perfectamente. Y esta imagen publicitaria lo confirma:


Sí, amigos, habéis leído bien: “El asiento del medio”. Una frase como protagonista de un spot que, sin embargo, contiene un importante error gramatical, ya que la construcción correcta sería: “El asiento de en medio”. Pero, ¿por qué se produce este error? Es más que probable que se deba a un mal entendimiento mediante tradición oral. Es decir, que cuando un oyente escucha a alguien decir “el de en medio”, cree escuchar “el del medio”, con lo que la mala construcción sale sola.

Si nos pusiésemos a intentar defender a Pepsi, podríamos argumentar que el spot en realidad está haciendo una elipsis, queriendo decir “El asiento del sitio medio” o “El asiento medio”, ya que la segunda acepción de medio en el diccionario de la RAE lo define como “que está entre dos extremos, en el centro de algo o entre dos cosas” . Sin embargo, parece más lógico pensar que Pepsi está cometiendo un error que, dicho sea de paso, comete a menudo casi cualquier hablante.

P.D.: Pero no te agobies, Pepsi. Los chicos de Estopa también cometen ese error  y mira lo bien que les va.

¿Volverán “las antiguas pesetas”?

Con esto de la subida de la prima de riesgo, ayer volvió a boca de todos un rumor que no para de extenderse desde hace varias semanas: ¿abandonará España el euro después de la posible salida de Grecia?

Histerias colectivas aparte, muchos españoles empiezan a tomárselo con sentido del humor. Eran muchos los que ayer hablaban en Twitter de “las futuras pesetas”, haciendo, de forma indirecta, mofa de una de las expresiones que más gustan a los políticos y -por qué no admitirlo- a los propios periodistas: “las antiguas pesetas”.

¿Se puede saber por qué nos empeñamos en decir “las antiguas pesetas”? No solo es una expresión cada vez más manida, sino que, además, no tiene mucho sentido. Es cierto que, según el DRAE, algo es antiguo tanto si existe desde hace mucho tiempo como si dejó de existir en un momento determinado. Además, podemos reconocer que añadir “antiguas” le da cierta expresividad. Sin embargo, si abandonamos la lingüística pura y dura y nos centramos en el aspecto meramente económico, expresiones como “60 euros; ¡10.000 de las antiguas pesetas!” no son del todo veraces. Más que nada porque el IPC (Índice de Precios sobre el Consumo) nos demuestra que algo que ahora cuesta 60 euros, hace diez años no habría llegado, ni de broma, a las 8.000 pesetas.

Si nos ponemos aún más exquisitos y jugamos a imaginarnos una Europa con euro en la que España conserva la peseta, está claro que nuestra moneda se habría devaluado, con lo que el cambio tampoco valdría. Que la lingüística es muy bonita, oiga, pero la economía también interviene.

De modo que no. 60 euros -para nuestra desgracia- no son “10.000 de las antiguas pesetas”. ¿Acabaremos llegando a “las futuras pesetas”? Vaya usted a saber.

P.D.: Por cierto, no soy el único al que le irrita este tema. A Berto Romero también. Y él es más gracioso:

¡Arrancamos!

Hola a todos. Bienvenidos a Errores y erratas. Me llamo Carlos Otto, soy periodista y, a partir de hoy, también seré vuestro anfitrión en este blog 🙂

Como ya habréis adivinado por el título, en este blog hablaré de las erratas y errores lingüísticos que a diario cometen los políticos, los medios de comunicación, personajes públicos, publicistas, etc. Pero no solo de eso. En general, quiero hacer una revisión acerca de cómo se usa la lengua y el lenguaje en nuestra sociedad.

¿Cómo habla Rajoy? ¿Y Rubalcaba? ¿En qué se diferencian sus discursos y qué consecuencias tienen esas diferencias? ¿Por qué el discurso de unos políticos impacta más que el de otros? ¿Qué construcciones sintácticas nos encantan a los periodistas (y horrorizan a cualquier otra persona)? ¿Cómo hablan los futbolistas? ¿Por qué un anuncio de televisión usa una palabra y no otra? ¿Cómo influye el uso de la lengua y el lenguaje en la publicidad?

Son muchas las preguntas que se plantean, e intentaré dar respuesta a todas ellas. Mientras tanto, espero que os guste el blog y que vuestro paso por aquí sea lo más placentero posible.

Bienvenidos a Errores y erratas 😉