Goldman Sachs is not an after shave Goldman Sachs is not an after shave

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El viejo Sam jugando con la economía mundial

Vista de un cartel y una calla que prohíben el acceso al Memorial Lincoln, en Washington. (EFE / Shawn Thew)

Vista de un cartel y una calla que prohíben el acceso al Memorial Lincoln, en Washington. (EFE / Shawn Thew)

Una semana después de ocurrir no deja de sorprender la noticia del cierre parcial del Gobierno de Estados Unidos. En este país las cosas suceden así, a lo grande. ¿Os imagináis algo parecido en un país europeo? Que de repente, de la noche a la mañana, una buena parte del funcionariado del estado reciba la indicación de tomarse ‘unas vacaciones’ mientras se resuelva la cuestión. Parques nacionales y museos: cerrados. Emblemas norteamericanos como la estatua de la libertad: en standby. Como quién cuelga un cartel en la puerta de una tienda indicando que está cerrado por reformas, vacaciones o traspaso, estos días la Casa Blanca ha colgado el cartel de ‘cerrado por falta de acuerdo’. Es por ello que anima a los ciudadanos que expliquen cómo este ‘cartel’ les está afectando. Tras día de mucha confusión e incertidumbre intentamos resumir los datos y fechas clave para entender la noticia.

¿Qué ocurrió el día 1 de Octubre?

En Estados Unidos está establecido en el calendario que el día 1 de Octubre es el inicio del año fiscal –en la mayoría de países este coincide con el inicio del año natural, es decir, el 1 de Enero- y debe aprobarse el presupuesto anual. El pasado día 1 la Cámara de representantes y el Senado debían aprobar los fondos para financiar el funcionamiento del Gobierno, sin embargo, lo que normalmente es un trámite burocrático más terminó sin acuerdo. Cuando se llega a este punto la ley establece que parte del gobierno debe cerrar sus puertas.

 ¿Quién está en desacuerdo y sobre qué?

 Las dos partes que están en desacuerdo son las dos cámaras que forman el Congreso: la Cámara de Representantes y el Senado. Si bien sorprendió que no llegaran a un acuerdo sobre la aprobación del presupuesto no resulta raro que no compartan posiciones ya que la Cámara de Representantes tiene mayoría republicana desde 2011 y el Senado es de mayoría demócrata. Esta situación ocurre porque al reelegirse la composición de las cámaras en las últimas elecciones del poder legislativo los republicanos consiguieron mayoría en la Cámara. Por ello, desde 2011, las dificultades del Congreso para aprobar leyes o reformas legislativas ha sido mucho mayor que durante los primeros años del mandato de Obama.

 ¿Qué hay más allá?

En realidad la falta de acuerdo no viene del presupuesto aunque la excusa está ahí. La Cámara de representantes -influida por el sector republicano más conservador, afín al movimiento Tea Party– ha condicionado la aprobación de los fondos al aplazamiento de la aplicación del resto de la reforma sanitaria promulgada en 2010. La estrategia pasa por poner la administración Obama bajo la presión del calendario y la situación extraordinaria del cierre parcial del Gobierno para conseguir así que los demócratas cedan y se aplace el gran triunfo a nivel doméstico del presidente Obama: la reforma sanitaria. El presidente de los EUA, por su parte, está decidido (de momento) a no ceder bajo la amenaza y está dispuesto a seguir haciendo su llamada a los republicanos para que aprueben el presupuesto antes de hacer cualquier negociación.

 ¿Por qué el 17 de Octubre está en el punto de mira de los actores internacionales?

Se resuelva o no la falta de acuerdo en la aprobación del presupuesto en los próximos días, hay otra fecha que alerta mucho más: el 17 de Octubre. Este día está previsto que EE.UU. llegue a su techo legal de deuda (desde Mayo, cuando ya se alcanzó el límite, el Tesoro ha recurrido a decisiones excepcionales para hacer frente a los pagos), un mecanismo que obliga al ejecutivo a pedir permiso al Congreso para seguir endeudándose y pagar sus facturas. Lo que de verdad preocupa y asusta es que los republicanos vuelvan a jugar la carta de la presión y sometan la elevación del techo de deuda (o sea, subir la cifra de endeudamiento legal del país) a cambio de recortes en la reforma sanitaria.

Por este motivo la directora del FMI, Christine Lagarde, afirmó que “el cierre parcial de la administración es suficientemente malo, pero el fracaso en elevar el techo de deuda sería mucho peor y podría dañar seriamente no solo la economía estadounidense si no toda la economía global”.

¿Qué ocurriría si los Estados Unidos entraran en suspensión de pagos?

Si no se llega a un acuerdo para elevar el techo de deuda, el Gobierno ya advirtió el pasado jueves que sería imposible dar prioridad a pagos de deuda por sobre otras obligaciones y el Tesoro se quedaría sin efectivo. Es decir, que la potencia mundial entraría en suspensión de pagos porqué no podría hacer frente a las deudas por falta de liquidez. Si bien se desconoce la magnitud que ello conllevaría es seguro que tendría efectos muy negativos sobre la economía mundial, como ya ocurrió en la crisis del 2008. Sería una situación insólita, nunca antes ocurrida. Así que probablemente acabaría repercutiendo de forma negativa en la economía, no sólo la de los EUA sino en la de todo el mundo.

¿Cómo puede terminar todo esto?

Esperemos por el bien de la economía que termine con un acuerdo in extremis de ambas cámaras que evite otra crisis. Según Barack Obama, solo hay una manera de salir de este insensato y perjudicial cierre del Gobierno: “que aprueben un presupuesto que financie a nuestro Gobierno, sin ataduras partidistas”. ¿Tendrá razón al decir que hay suficientes republicanos y demócratas en la Cámara de Representantes para poner fin a este cierre? Esperemos que el viejo Sam reaccione a tiempo y deje de jugar con la economía mundial.

BLANCA BLAY

blanca.blay@gmail.com

@BlancaBlay

Para entender mejor el calendario de toda la información relacionada con este tema te recomendamos el siguiente enlace:

http://www.nytimes.com/interactive/2013/09/30/us/politics/the-back-and-forth-over-the-shutdown.html?ref=us

“Nosotros somos los Estados Unidos de América”

ImagenHace unos días el periodista Carlos Elordi escribía en eldiario.es un artículo bajo el titular Qué difícil es opinar sobre Siria…Lo cierto es que desde que empezó el conflicto a principios de 2011 la complejidad de su forma y los intereses de los países vecinos y las potencias occidentales han enturbiado cualquier información e intención y dificultado que nos formemos nuestra propia opinión. Lo único seguro que sabemos son los hechos y los números, la frialdad de la estadística, el poco margen de error. Más de 100.000 muertos, 2 millones de refugiados, 4,25 millones de refugiados internos. Y los últimos datos: más de 1.000 muertos tras el ataque con armas químicas del pasado 21 de agosto.

Hasta ahora la llamada comunidad internacional ha fracasado en sus varios intentos de poner fin a la guerra civil mediante un hipotético proceso de paz. Mientras, sin embargo, cada país ha hecho sus pinitos. Rusia ha armado el régimen de Bachar el Asad y Estados Unidos ha participado junto con otros países a reforzar los rebeldes. La Unión Europea, como de costumbre, no se decidió a hacer algo hasta hace unos meses, cuando terminó el plazo que había establecido para el embargo de armas, hecho que dio luz verde a aquellos países que querían armar los rebeldes, como es por ejemplo el caso de Francia.

Ahora, tras el desastre humano que tuvo lugar hace unos días debido al uso de gas sarín, la suerte (o desgracia) de la guerra en Siria puede cambiar. Si bien, como era de esperar, Obama no logró convencer a Putin en la última reunión del G-20 en San Petesburgo de la necesidad de actuar, está decidido a seguir adelante. Su campaña a favor de una intervención de corta durada (60 días) y sin botas americanas sobre el terreno (así disminuye el riesgo de volver con cadáveres estadounidenses) ya está en marcha y por ahora parece no importarle para nada la reacción de Rusia.

Para conseguir que el Congreso apruebe la resolución sobre una intervención en Siria, Obama empezó sumando adeptos en la reunión del G-20 y volvió de San Petesburgo con el respaldo claro de Francia y el soporte ambiguo de otros países, como España. Ahora su objetivo es convencer los indecisos en el Congreso y para ello el Ejecutivo recurrió a la difusión de trece vídeos que contienen duras imágenes de las víctimas después del ataque químico.

También dedicó su discurso semanal a defender una acción militar limitada en el país árabe. En el discurso no falta, como es habitual, la dosis de americanismo necesario: “Sé que el pueblo estadounidense está cansado después de una década de guerra, incluso ahora que la guerra en Irak ha terminado, y la guerra en Afganistán está terminando. Es por eso que no estamos poniendo nuestras tropas en medio de la guerra de otro. Pero nosotros somos los Estados Unidos de América. No podemos hacer la vista gorda a las imágenes como las que hemos visto fuera de Siria.”

Ahí está: “nosotros somos los Estados Unidos de América”. Y nosotros, y yo, ¿que soy? Yo tampoco puedo hacer la vista gorda a esas imágenes, ni a los más de 100.000 muertos, ni a los que cada día intentan huir del país con la esperanza de sobrevivir. Yo no sé que es lo que debe hacerse al respecto pero rechazo la inacción sólo por seguir un discurso anti-imperialista, como se limitan a hacer algunos. Del mismo modo, rechazo la inacción de la Unión Europea como tal, que todavía cree que “sólo una solución política dará lugar a una Siria unida y democrática” y que sólo así se puede “poner fin al horrible derramamiento de sangre, graves violaciones de los derechos humanos y la destrucción de gran alcance”, como dijo la Alta Representante para la UE, Catherine Ashton, el pasado 7 de Septiembre en un intento de esconder la disparidad de opiniones de los 28 estados miembros de la UE.

De todos los caminos posibles ya sabemos que todos son malos y también sabemos que quizás el camino más correcto -que sería una actuación en bloque de la comunidad internacional con el respaldo de Naciones Unidas- es inexistente debido al veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad. Visto este panorama y con muchas líneas rojas cruzadas en Siria (no sólo el uso de armas químicas como dijo EUA) la responsabilidad del resto de países quizás debería ser la de examinar cuál es la opción menos mala a corto y a largo plazo, no sólo teniendo en cuenta sus intereses sino prestando especial atención a las consecuencias para el pueblo sirio.

La comunidad internacional no puede seguir callada ni de brazos cruzados, debatiendo en reuniones cada equis meses qué debería hacerse. Tampoco pueden Francia o EUA embarcarse en una intervención de la que no se conozcan los detalles o de la que no se sepa cómo servirá para evitar que se repita un ataque con armas químicas y disuadir el régimen (y de paso, países como Irán) de su uso. Todas las preguntas deben tener respuesta antes del mínimo gesto. Es una lástima que seamos incapaces de hablar como Nosotros, las Naciones Unidas y que acaben pesando más los intereses nacionales que la moralidad y los derechos humanos.

BLANCA BLAY

blanca.blay@gmail.com

Respecto la intervención en Siria, desde GS recomendamos este artículo del periodista Jordi Pérez Colomé: “ Escoge tu aventura en Siria”.