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Claro que las mujeres son idiotasAl fin y al cabo Dios las creó a imagen y semejanza de los hombres George Elliot

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Me han metido mano en el gimnasio

Como cada mañana que me apetece, hoy he ido a nadar un rato a la piscina del gimnasio en el que estoy apuntada desde hace unos meses.

Me he puesto el bañador, he salido a la piscina, he hecho unos largos y, cuando he considerado, he regresado al vestuario, camino de las duchas.

Allí, me he encontrado con las mismas mujeres de siempre: mayores, jóvenes y alguna que otra adolescente que, como están de vacaciones, matan su tiempo libre tonteando con uno de los salvavidas que hay y que está como un panecillo recién horneado.

Hasta aquí, todo normal. Pero en la ducha me ha pasado algo que nunca me había sucedido: una chica de unos 35 o 36 años, con la que alguna vez he intercambiado palabras de cortesía, me ha tocado el culo.

El hecho ha sido ridículo. Ha ido así: Ambas en bolas. Yo, enjabonándome el pelo. Ella me pregunta qué tal va el mes de julio. Yo le respondo que bien. Y, cuando menos me lo esperaba, pas-pas. Me ha dado dos cachetes en el trasero.

Me he puesto roja, amarilla, azul… Me he apartado un poco y he seguido enjabonándome el pelo. Al salir de la ducha se lo he comentado a una señora mayor encantadora que está aprendiendo a nadar. Me ha dicho que no soy la única a quien le ha sucedido.

La verdad es que, a pesar del azoramiento inicial, no le voy a dar más importancia al hecho en sí.

Pero mi problema es el siguiente: a partir de ahora, ¿qué hago cuándo la vea en la piscina? Siempre que voy está…

Vaya brazos tiene Rafa Nadal

Por favor, cómo está Rafa Nadal. Ya sea así:

así:

o así:

Ayer, con mi pandilla, vimos parte de la larga final de Wimbledon en nuestra oficina, el bar de nuestro pueblo que nos ha visto crecer.

Y entre las chicas, el comentario era el mismo: “Este chico no es humano”. Incluso entre algunas que hace un tiempo no le veían ningún tipo de atractivo porque, según decían, el chaval es demasiado joven.

Pero vaya corpazo tiene. Yo me dejaría abrazar y me perdería gustosamente en ese torso. Y me da igual la edad que tenga…

Por no hablar de sus brazos que, todas, analizamos minuciosamente hasta que uno de nuestros amigos nos cortó el rollo.

“Pues claro que tiene unos brazos musculosos y desarrollados. Es normal, trabaja con ellos”, nos dijo.

“Ya, pero es que los suyos…”, le replicamos.

“Tonterías. ¿Os habéis planteado cómo tienen la herramienta los actores de pelis porno?”, nos dijo mientras se iba a la barra.

Nos dejó a todas boquiabiertas. Qué mala es la envidia…